-adamarysmerida Adamarys Mérida

Él fue obligado por su familia a unirse al seminario; sin embargo, sus anhelos de justicia y de igualdad lo obligaron a convertirse en un luchador anónimo. Ella fue obligada a comprometerse con un hombre mayor, sin embargo, su espíritu libre y aventurero la llevaron a los brazos de un hombre prohibido. Un amor que nació dos siglos antes y que terminó en tragedia; dos almas que volverán a encontrarse en el presente. Él regresa a buscar justicia por sus padres, sin imaginar que la mujer con la que lleva soñando gran parte de su vida es la esposa del peor enemigo de su familia. De nuevo los amantes serán citados por la muerte, pero solo un "Pacto de Amor" convertirá la tragedia en un amor inmortal. Registro: Safe Creative 2007064670383


Suspenso/Misterio Sólo para mayores de 21 (adultos).

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PRÓLOGO

Quito-Ecuador. 1809

Juan de Dios, se colocó la chaqueta y se cubrió con la capa para frenar el frío quiteño, en su mano izquierda tomó la mascara que usaría aquella noche de fiesta, en la otra una lámpara de querosene acompañaba su aventura.

Asomó su cabeza al abrir la puerta de la alcoba para cerciorarse que no anduvieran los sacerdotes que custodiaban las habitaciones de los seminaristas, él era uno de ellos, obligado por su familia, más no porque tuviera la vocación de servir a Dios, consideraba que desde la iglesia no podría lograr su cometido de buscar una sociedad igualitaria y justa.

Andando con pasos rápidos llegó a la antigua puerta de aquel pasadizo que él había descubierto, ladeando su cabeza se fijó que nadie lo estuviera observando, con sumo cuidado abrió la fría reja.

Bajó lentamente las escaleras de piedra, el olor a humedad inundaba sus fosas nasales, trataba de cubrirse con la máscara la nariz, seguía descendiendo con sumo cuidado porque había tramos que no existían paredes, ni barandales, un paso en falso y su cuerpo caería al abismo.

Después de bajar y subir las escalinatas salió a una calle no muy concurrida, tosió por aquel olor a humedad, siguió su camino, unas calles más adelante se mezcló con la muchedumbre que acudía a la Plaza Grande, en donde casi dos mil personas reunidas alrededor del tablado y la galería esperaban que iniciara el festejo, todos enmascarados.

Entre esos rostros cubiertos: aristócratas, sacerdotes, herreros, sastres y gente del pueblo se religaban.

Mientras esperaba con impaciencia observaba a las lindas chiquillas quiteñas caminar con garbo y elegancia, luciendo sus mejores galas, las máscaras que utilizaban solo permitían divisar sus ojos.

Entonces su mirada resplandeció al observar aquellos hermosos ojos verdes que lo tenían cautivo desde el día que la conoció: Juan de Dios, inclinó su cabeza, luego giró hacía un lado indicándole a ella el camino a seguir.

Los amantes trataban de confundirse con la gente que iba y venía. Manuela, caminaba con aquella máscara sintiendo la seguridad que nadie la descubriría, mientras su fiel dama de compañía caminaba a lo lejos para que en caso de peligro darle aviso.

Juan de Dios, abrió la puerta de madera de aquella casa cómplice de sus encuentros apasionados. Manuela, sin ser vista empujó la madera, pues él se la dejaba abierta.

Ella se quitó la máscara, sonrió con su natural sensualidad, mientras los profundos y castaños ojos de él recorrían su silueta.

—¿Estás segura que nadie te vio entrar?

Ella negó con la cabeza mientras se recargaba en la puerta— Francisca, está pendiente de avisarnos en caso de peligro.

—Entonces debemos aprovechar el tiempo—. Manuela, se estremeció al escuchar la ronca voz gutural de Juan de Dios, quién caminó hacia ella la tomó de la cintura estrechándola entre sus brazos, devorando sus labios en un intenso beso, acariciándola con su lengua.

Manuela, exhaló un gemido cuando los dedos de él fueron a dar en su elegante cuello y luego las yemas recorrieron su escote, sus miradas se cruzaron, entonces él le tomó de la mano y con delicadeza le quitó el guante de la mano izquierda, tomó sus dedos y se los llevó a sus labios, ella sintió sus piernas temblar y el centro de su intimidad palpitar en su interior, le habían dicho que las damas de alta sociedad, no se dejaban llevar de los placeres de la carne, la doctrina de esa época era que la mujer tenía como responsabilidad brindar placer a su pareja, dejando a un lado el suyo propio, pero desde que conoció la pasión con Juan de Dios, se olvidó de aquellas enseñanzas, sabía que para la sociedad lo que ellos hacían era prohibido, pecaminoso, ella estaba comprometida con el hijo mayor del Marques de Solanda, y él estaba destinado al servicio de Dios.

Los dedos de Juan de Dios, iban desatando los nudos del corsé que cubría sus pechos, entre tanto su lengua se pasaba por el cuello de Manuela, entonces la falda de terciopelo azul cayó al suelo dejando al descubierto la fina enagua que cubría sus piernas.

Los dedos de Manuela, iban desabotonando la chaquetilla que él usaba, posando sus manos en el fuerte torso de Juan de Dios, así poco a poco fueron despojándose de las prendas.

La piel blanca de porcelana de Manuela, cobraba un matiz dorado al mezclarse con la luz de lámpara, mientras los oscuros ojos de él brillaban como el oro.

—Manuela, me querrás todas las noches dentro de tu cuerpo, no habrá ningún otro hombre que te haga suya y te colme de placer—. Las palabras de Juan de Dios, la seducían, mientras sus manos se apoderaban de sus pechos, y con la otra introducía uno de sus dedos en su interior, ella jadeaba y movía las caderas, entonces él de golpe retiró su dedo. Manuela, gimió desconcertada y antes que pudiera abrir sus ojos y hacer algún reclamo él introdujo dos dedos.

—¡Dios! — jadeó ella.

—No blasfemes querida mía, recuerda que lo nuestro es prohibido— pronunció a su oído acariciándola con su lengua, y abrigándola con el calor de su aliento.

Juan de Dios, pasó lentamente su lengua por el pecho desnudo de Manuela, su boca succionó uno de sus pezones, mientras ella gemía y jadeaba sin control, entonces esta vez con timidez su mano fue a dar al miembro grueso y erecto de él, palpando y sintiendo cada vena, cada línea provocando que él exhalará un gruñido de placer, ella curiosa fue deslizando su mano en sutiles movimientos sintiendo como la virilidad de Juan de Dios, aumentaba su tamaño, él cerró los ojos para deleitarse del placer que las manos de Manuela, le proporcionaba.

Minutos después él se colocó encima de Manuela, avivando el fuego de su piel con cada beso, caricia, que Juan de Dios, le proporcionaba, entonces las caderas de él como si fueran cadenas la sujetaron a la cama, gimió y jadeó cuando sintió como él empujaba con fuerza en su interior, el placer que sentía era infinito, ambos se miraban a los ojos mientras sus cuerpos danzaban en una misma sintonía, cada vez él con brío se introducía hasta el fondo de sus entrañas: cálido, sensual, duro, fusionándolos en un solo ser liberando toda la pasión contenida.

Santiago de Chile. 2018

Imanol, despertó de golpe, confuso y adolorido por la gran erección que en sueños le provocaba aquella mujer misteriosa: «Manuela» era el nombre que retumbaba en su mente; el cuerpo desnudo de ella y los momentos intensos que vivía en sus sueños lo perseguían desde siempre, todo era tan real, como si todo eso ya lo hubiera vivido en algún momento; sin embargo ahora no tenía tiempo para enfocarse a analizar sus extraños sueños, su único fin era regresar a Ecuador, y hacer justicia.

Quito- Ecuador. 2018

Con la respiración agitada, su cuerpo empapado en sudor y su zona intima completamente húmeda Marianela, despertó de golpe, otra vez aquellas escenas de sexo que vivía en sueños la perturbaban, se preguntaba una y mil veces quién era aquel misterioso hombre con el que llevaba soñando años, era ese hombre el único que le proporcionaba placer así fuera todo una alucinación.

Giró su rostro y miró con desprecio al hombre con el que compartía su vida, aquel individuo incapaz de hacerla sentir mujer, y quién detestaba, estaba unida a él por un secreto que guardaba en su interior y que solo sus padres y él conocían.

*****

Mis queridos lectores aquí les dejo el prólogo de Pacto de Amor, esperando esta nueva historia sea de su agrado.

Estaré atenta a sus comentarios, espero disfruten este nuevo libro, sigan leyendo: El color de la venganza, y las demás historias de la Serie Romance.

31 de Julio de 2020 a las 01:33 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Luisa Aguilar Luisa Aguilar
Una pregunta en qué lado se pone la estrellita?
July 31, 2020, 06:47

  • Adamarys Mérida Adamarys Mérida
    Es un corazón que sale al final de cada capítulo July 31, 2020, 11:49
~

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