pabloronu Pablo Ronú

Un bosque, un hombre, varios animales, una introspección de la vida.


Cuento Sólo para mayores de 18.

#historiacorta #animales #cuento
Cuento corto
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Bosquejos de vida

¡Un par de huellas! ¡Eran de zapatos! Juventino se fijaba en ellas al tiempo que salía de él una risa nerviosa; quien lo conoce, por el tono de su risa sabía que en ella había un eco de esperanza. Tal vez logre salir del bosque en el que llevaba ya tres horas extraviado, su celular sin señal de nada le servía, Juventino ahora solo tenía que seguir las huellas. La angustia de encontrarse perdido disminuía, sin embargo, su corazón latía como máquina a todo vapor.


Un conejo cruzó su camino, giró su cabeza alrededor; hierba, tallos y cortezas de arbustos, raíces, bulbos, semillas, un herbívoro en medio de un bosque, la cuestión de comida la tenía resuelta. Juventino envidió la sencilla vida del conejo; rodeado de hierbas, era imposible morirse de hambre, lo que daría por tener las soluciones al alcance de su boca.


Curioso, Juventino asomó la cabeza junto a un árbol para mirar cómo comía el conejo, un zorro brincó de entre los matorrales, los pataleos del conejo fueron inútiles, el zorro lo tenía prensado del cuello entre sus mandíbulas. En ese momento Juventino prefería ser el zorro, hábil, sorpresivo y preciso.


La escena lo dejó frío, se alejó del árbol con cautela para no interrumpir el festín del zorro, se concentró en seguir el rastro de huellas humanas para salir del bosque. La incertidumbre aumentó, el corazón empezaba a latir más rápido, se sentía inseguro en un ambiente desconocido para él.


A Juventino le extrañaba cómo pudo perderse, solo se había adentrado unos metros en el bosque, quería estirar las piernas de un viaje largo de regreso a casa, no debería estar tan lejos el auto deportivo y la carretera. El olor a hierba y el fresco del bosque hizo que quisiera adentrarse más.


Había hecho una buena venta, la comisión sería buena, con eso ajustaría el enganche de su casa, si conservaba al cliente, tendría la vida resuelta. Ese pedido le correspondía a otro compañero encargado de esa zona, pero Juventino respondió la llamada; le pertenecía ese cliente, la ley del más fuerte, no cedería, al menos eso pensaba él. Cuando conseguías un buen prospecto, la venta de acero era muy redituable. Estuvo en el momento y el lugar indicado, estúpido sería dejarlo pasar.


Una colonia de mariposas hacía agradable la vista, mitigaron ligeramente su angustia, el sol de media tarde acrecentaba el peso del día en su espalda, pero también hacía que resaltaran las hermosas alas de los lepidópteros. Juventino tomó una pausa, necesitaba tomar aire y descansar sus piernas adoloridas. Observaba a las mariposas, rodeadas de la belleza de la naturaleza, pensaba que la vida de las mariposas sería una buena opción de estilo de vida; Juventino soñaba con una cabaña en la montaña, alejado del ajetreo de la ciudad, lejos del estrés, alternando con viajes a otros países, así como ellas emigran. En lo que tomaba su respiro, vio que unas mariposas fueron atrapadas en redes de telarañas, un ave cazó a otra en pleno vuelo, un hilo de hormigas atacaron a las crisálidas indefensas; definitivamente tampoco esa era opción de vida segura, las mariposas también son vulnerables.


Se incorporó y continuó su recorrido. Encontró otro par de huellas de zapatos, ¡ahora eran dos pares! Su pecho se inflaba de entusiasmo, le dio fuerzas para apresurar la marcha, presentía que estaba cerca su salida del bosque, debía apurarse, el día estaba por caducar, su única provisión era una barra energética y un refresco dietético, para el ocaso se los había comido.


Juventino se había esforzado mucho para encontrar un trabajo bien remunerado, trabajó incontables horas para conseguir lo que había soñado; la ansiada seguridad económica. Dejó de frecuentar amigos, dejó de cortejar mujeres, dejó muchos compromisos, necesitaba primero una estabilidad financiera, algo qué poder ofrecerles; ahora sí estaría listo, treinta años era buena edad. Se lo repetía una y otra vez para mitigar el ansia y el estrés que lo consumía.


El suspiro alegre de esa estabilidad y seguridad se apagaba junto la luz del día que terminaba, junto con su esperanza. El rastro de pies seguía ahí, le intrigaba a quién podía estar siguiendo en un recorrido tan largo.


¡Un par de huellas de pisadas humanas más! ¡Ahora son tres pares! Antes de emocionarse, se detuvo, observó a su alrededor, el lugar le pareció familiar, un temblor frío lo hizo casi desvanecer, esas huellas… ¡eran las suyas! Había estado dando vueltas en círculo. La oscuridad opacaba su mente.


Se recargó en un árbol dejándose caer lentamente, los ojos se le hincharon, a punto de llorar se contuvo, no, no se permitiría llorar, nunca lo hizo, siempre fue una roca, infló sus pulmones para tomar aliento, sin embargo, una lágrima rodaba por su mejilla, Juventino sentía la gota como un fuego que le quemaba la piel a su recorrido.


La luna llena le permitió buena visibilidad, a dos metros de él vio un arbusto de moras silvestres, ¡comida! Abajo del arbusto una rata de campo comía a gusto. Tomaba impulso para levantarse, cuando un búho le pasó volando por un lado, tomó con sus garras al roedor elevándolo por los aires, el ave y su presa se desvanecieron en la noche.


–«¿De esto se trata la vida? ¿La ley del más fuerte? ¿De sólo sobrevivir? ¿De ser más ágil que tus adversarios?» – Juventino se preguntaba en tono de queja. –«Lo que es cierto, es que en estas horas perdidas he visto lo más hermoso y lo peor de la naturaleza. ¿De qué sirve el esfuerzo si en cualquier momento puede llegar alguien y acabar con lo conseguido? Después de todo, ¿con qué me quedo? Sigo sin respuestas, la vida es un misterio».


Un jabalí que corría apresurado lo sorprendió, Juventino brincó para esquivarlo, el jabalí siguió su carrera en línea recta sin hacer caso de Juventino, se le veía asustado, lo peor estaba por venir, Juventino hiperventilaba, trataba de pensar quién se come a los jabalís, antes de averiguarlo empezó a correr con todas las fuerzas que le quedaban, escuchaba ramas crujir; una manada de lobos a la caza.


El vuelo en círculos de unos buitres, dieron con el paradero del cuerpo de Juventino al día siguiente, a cien metros de la carretera y de su carro deportivo.

29 de Julio de 2020 a las 17:52 3 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Erick Valverde Erick Valverde
¡Me ha gustado tu corto escrito! Estuvo bastante interesante. ¡Aquí te dejo algunas correcciones que espero te sean de utilidad! 1. El adverbio «solo» ya no se tilda. 2. «... un hilo hormigas atacaron ...». Me parece que falta un «de» después de «hilo». 3. Las partes «... definitivamente es era opción ...» y «... no se pemitiría llorar, nunca lo ha hizo ...» requieren correcciones mínimas. 4. «De esto se trata la vida? ... ¿... tus adversarios?». Está bien el empleo de la raya de diálogo en esa parte, pero no los espacios; también, cuando un personaje piensa dentro de sí, se utilizan las comillas angulares /latinas/españolas («») junto con la raya de diálogo. Ejemplo: —«¡Qué cansado estoy!» —pensó.
July 30, 2020, 03:10

  • Pablo Ronú Pablo Ronú
    Erick, muchas gracias por tus comentarios, tengo poco en esta aventura de la escritura, hay mucho camino por delante para recorrer, es alentador recibir apoyo y críticas constructivas. July 30, 2020, 19:01
  • Erick Valverde Erick Valverde
    ¡Me alegra que te haya sido de utilidad! Este es un camino muy difícil, pero lo estás haciendo muy bien. ¡Ánimos! August 02, 2020, 03:19
~

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