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En el pozo de verdad y justicia su rostro emergió como el claro de un destello de una estrella bebé... Los pies descalzos de las nueves no se movilizaron ni por un segundo. ..."Su fe tiene que ser determinante"... Con esa frase sus dieciocho manos se unieron y con gran solemnidad pronunciaron: -Bienvenida seas, Cadence-


Ficción adolescente Todo público.

#amor #carta #reinas #decision #nueve
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Prólogo

Observa con detenimiento la redondez en extremo de las nubes que se cuelan en lo alto de la muralla oeste.

El silencio reina y transita en cubiertas de cinco centímetros por el pasillo de los susurros.

Un nuevo día se tacha en el almanaque de los ocasos.

Se incorpora con cuidado de no moverse más allá de lo aprendido como real miembro de una corta.

Suave posa sus manos a los costados de su rostro, un rosáceo invade sus mejillas tibias matutinas.

—¿Es hora? — interroga a quien besa cada día antes de iniciar si quiera él su rutina.

—Amo, así lo ha decidido— sonríe muy cerca de su boca y con un travieso guiño desaparece.

Su mayordomo ingresa en el segundo exacto en que su alma gemela expira a sus labores reales. Como siempre sus agendas solo colindan una vez al mes, en donde el festín no es el agasajado, si no, sus miradas de amor que permanecen intactas a pesar de los años que han sucedido.

Asiente en silencio ante el atuendo escogido por su mano derecha y con un tiempo corto de espacio se prepara.

Sus damas murmuran que corona debería portar en una ocasión tan especial, sonríe de lado sabiendo que solo obtendrán una negativa de su parte.

—Hemos terminado su majestad— se inclinan en una reverencia de noventa grados que en innumerables ocasiones les suplicó que no ejecutaran, pero así, como los permisos que son un milagro en la juventud lo son su obediencia a ese pedido.

Asiente y se incorpora con la delicadeza de un cisne. Conoce como se dará el ritual y como de costumbre una curiosidad invasiva apresa su mente ante la enigma de la nueva solicitante.

—Las demás reinas la esperan— le comunica su mayor domo quien le extiende su mano para escoltarla al pasillo de los soles.

—¿Has podido descansar? — rompe el silencio que tanto le incomoda.

Asiente sin hacer mal uso del aire que se atrinchera en sus pulmones.

—Aún no sé cómo definir tu silencio—

Permanece impasible al descubrir que no se trata de una pregunta oficial de su majestad si no una real apreciación.

Transita contando cada paso que la separa del salón Justicia y Verdad. Solo se reúnen allí si Amo lo amerita.

Oye el regular sonido de las respiraciones de sus damas y mayordomo que caminan cuatro pasos de distancia.

La ausencia de compañía la aprendió a soportar, pero anhela con ansia oír el alboroto que sus demás amigas ocasionan.

"Que término más despectivo para denominarlas", se reprende así misma.

Los cristales de Cora se tiñen de sus pensamientos y emociones con una nitidez que lucen idénticos a las vitrinas de las grandes catedrales.

—Mi señora— su áspera voz se apodera de su tímpano derecho y de manera automática asigna distintos cepos a sus emociones descontroladas.

—Con su permiso— se despiden sus damas de compañías y es el momento exacto en que se ve por delante de las puertas del salón sagrado de Verdad y Justicia.

—Después de usted, mi señora— asiente y las puertas se abren de par en par.

Sus marcos de granito negro y los distintos proverbios en los que se creó esta sala resaltan delante de sus negros azabaches.

Es imposible no imaginar la naturaleza de aquel ser que provocó tanto revuelo en el palacio de los Nueve Aires.

—¡Oigan los que vigilan los cielos y quienes transitan en la tierra…!— es una presentación a la que aún no puede acostumbrarse.

—La líder de esta unión, la Novena Reina—

Ingresa con paso lento y seguro, las mismas la esperan en sus respectivos asientos. El sol acampa en la terminación bombé que brilla sobre sus coronas.

—Te esperábamos con ansias— es un reproche cálido el que ejecuta la Séptima Reina.

—Un percance— sonríe y esta la comprende de inmediato.

—Salieron muy temprano— la picardía de la Segunda Reina provoca un ligero rubor en sus demás compañeras.

—Lo solicitó con ahínco— ajusta su capa a un costado la Cuarta Reina.

—Se apoderó de mi atención cuando recibí la carta— se confiesa la Tercera Reina.

—Es hora de que nos reunamos en el poso de la Verdad para conocer el rostro de la solicitante— indica la Sexta Reina que extiende su mano repleta de joyas.

Se incorporan en silencio y se despojan de sus respectivas coronas como de las capas que adornan sus vestidos.

El pozo es un cuenco de agua blanca repleta su superficie de destello de diferentes colores.

—Por orden— fue la directiva de la Novena Reina.

El anunciante que permanece inmutable en las diversas reuniones que se ejecutan con frecuencia, recita del modo en que lo memorizó:

—En un día como hoy, diferentes eras las reunieron, sus dones resaltaron y francas decisiones tuvieron que ejecutar sin temor a perecer— en el momento en que aquello estaba siendo recitado sus ojos permanecían cerrados.

—Mis Reinas, por favor—

Su mirada se vuelve al momento exacto en que el sol baña los escudos de las Nueve Reinas.

—Bienvenida seas por la gracia que derramó en ti— coloca la gota que guarda en el interior de su mano para cada ritual.

Continúan sin detenerse.

—Bienvenida seas por el tacto que te otorgó—

—Bienvenida seas por la fuerza que despertó en ti—

—Bienvenida seas por el coraje que cubrió tu corazón—

—Bienvenida seas por la sabiduría que no escatimó en ti—

—Bienvenida seas por la lealtad que brilla como estandarte en ti—

—Bienvenida seas por la inocencia que no perdiste sin importar las circunstancias—

—Bienvenida seas por aprovechar las oportunidades que camufló ante ti—

Se volvieron en silencio esperando el movimiento de la última Reina

—Bienvenida seas, por tu singular fe—

En cuanto el silencio se hace de nuevo en todo el salón, las respiraciones de las nueve puede cortarse con un fino hilo de oro, solo el estruendo de los dragones les avisa del instante.

Inclinan sus rostros y observan con suma atención a la nueva solicitante.

Tomadas de las manos, descalzas, en un suelo templado pronuncian al unísono:

—Bienvenida seas, Cadence—

26 de Julio de 2020 a las 22:58 0 Reporte Insertar Seguir historia
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