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n_jairi Mimi JM

Amanda acaba de salir de una relación de años por un error que cometió. Ahora, a sus 25 años, debe afrontar qué será madre soltera, sin conocimiento del padre. Adán, un abogado reconocido, se siente perdido, a sus casi 40 años siente que la vida se le va. Su prometida lo ha engañado con otro a tan solo días de la boda. Se resignó a ser el tío soltero de la familia, o así era hasta que vio a una chica sentada en el banco de un bar, con un sobre al lado y un vaso de lo que parecía jugo de arándano. Creía que no la volvería a ver, hasta que la encontró sentada en los columpios de un parque, con el mismo sobre en sus piernas. Despertando su curiosidad, una conversión se convirtió en la frase que desataría toda una travesía entre Adán y Amanda: "-Te propongo un desliz."


Drama No para niños menores de 13.

#amor #desliz #abogado #drama #embarazo
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UNO

:= Amanda =:

Mantengo la mirada en el techo del cubículo mientras mi brazo izquierdo está estirado y pinchado por una gran aguja. Expulso el aire, evitando mirar hacia abajo.

Esto no es algo que haga todos los días, es más, no es algo que no haya hecho más de dos veces en mi vida, pero hoy, después de semanas de incertidumbre, tomé la valiente decisión de venir aquí.

Mi madre siempre dijo que es mejor asegurarse a estar con la duda. Claro que no se refería a esto.

El chico saca la aguja y pone un pequeño y redondo curita sobre la punción.

—Listo. En unos momentos estarán tus resultados.

—Gracias.

Salgo de ese cubículo y paso al sillón en la sala de espera, hermosamente vacía, limpia y preparada para una crisis existencial de mi parte.

El tiempo que pasé allí sentada no fueron más de diez minutos, pero yo lo sentí como una eternidad cuando vi salir al chico que tomó mi sangre por otra puerta ajena al cubículo.

Ni siquiera me miró y le pasó una hoja con, supongo, mis resultados, a la chica del mostrador. Me levanté y, de nuevo, ni siquiera se fijó en mí.

Me postré frente al escritorio, ansiosa, mientras veía a la chica imprimir la hoja con mi resultado y después un maldito sobre. Venga, que estoy en frente de ella, solo tiene que estirar la mano para darme la hoja y no gastar más tinta y papel, pero no, ella se complica las cosas.

—¿Amanda?

Quiero ahorcarla. Soy la única que ha entrado, ¡por supuesto que soy Amanda!

—Sí.

—Tu nota, por favor.

Ay, por favor.

Se la paso, ya con la desesperación en mi rostro. Ella lo sella y me lo entrega con todo y mi sobre.

—Que tengas un buen día.

—Igualmente.

Salgo corriendo de ahí, con el sobre en mis manos, sin saber qué hacer. Lo ideal sería abrirlo, pero al intentar romperlo, pierdo la valentía.

¿Y si no es el resultado que pienso? ¿Qué demonios haré entonces con mi vida?

En mi trabajo no creo que les haga mucha gracia la noticia.

A mí no me haría mucha gracia. No estoy casada, y no es que sea de ideas retrógradas, pero mi familia sí. Y para cereza del pastel, no sabría quién sería el padre pues se me ocurrió la fantástica idea de engañar a mi novio.

Bien, ya estoy decidida. Iré a un bar, no puedo abrirlo y necesito... ¡Ah! No puedo beber alcohol, ¿y si es positivo?

—Es mi karma.


:= Adán =:

La miro sacar la última caja de mi casa y subirla a su auto. Ella ni siquiera se fija en mí, se sube a su asiento y se marcha fuera de mi vida.

Trago saliva con dificultad, sintiendo mis ojos escocer. Pero no voy a llorar, no por ella. No lo vale.

Maldita vida y mi suerte. Estaba tan cerca de empezar a formar mi propia familia, tan cerca de pisar una iglesia y unirme en matrimonio con la mujer que yo consideraba el amor de mi vida.

Quizás ella era el amor de mi vida, pero yo no era el de ella. Solo dijo que no sentía lo mismo por mí, que había conocido a alguien más.

Sí, maldita vida.

La casa se siente tan vacía sin sus cosas que me recuerdo ir a la tienda de muebles por más. Aunque estaría bien solo un cuadro de colores para que le ponga un poco de alegría a mi tristeza.

Me dejo caer en el sillón, mirando mi reflejo en la pantalla negra del televisor. Segundos después observo a Picky, la cachorra que adoptamos Zoey, mi ex, y yo.

—No era para nosotros, Picky. Estaremos bien.

Como si me entendiera, restriega su cabeza en mi pierna para después acostarse en ella.

Quizá mi destino sea ser el tío soltero, guapo y millonario. Pero ni me considero guapo ni soy millonario. Así que ni para ese estereotipo alcanzo.

—Mejor ya llévame, San Pedro.

Pero las cosas no son tan sencillas en mi vida. No, sí así fuera, yo tendría una esposa, dos hijos y uno en camino, en una enorme casa con cuatro perros corriendo en el jardín.

Sí fuera fácil, mi prometida no sé habría ido con otro. Y solo me hace sentir más insuficiente y miserable.

¿Por qué estás cosas jamás le pasan a mi primo José? Siempre ha tenido a muchas chicas detrás de él. Perfectamente podría ser el tío soltero, guapo y millonario.

Y fuckboy, sí en esas andamos.

Picky comienza a roncar a mi lado, recordándome los buenos recuerdos que viví con Zoey. Demonios, ella era la indicada.

Sí me levanto en este momento y voy detrás de ella, quizá podamos volver a intentarlo. Nos casaríamos y mudaríamos a un lugar lejos de su otro "amor". No creo que se haya enamorado, llevamos cuatro años juntos, ¿cómo olvidas a alguien y te enamoras de otro en días? Es imposible.

Sí, debo recuperarla. Me pongo en pie, despertando a mi cachorra, pero me vuelvo a sentar.

—No, ya todo se jodió.

Me paso la mano por el rostro, pensando en una excusa para no quedar como idiota enfrente de toda mi familia después de presumir a Zoey como la mejor mujer del mundo.

Sin embargo, no hay excusa, aunque puedo decir que fui yo quién dejó a Zoey.

No puedo decirle a Jesús. —Ella vuelve a ladrar y después se acuesta nuevamente—. Tienes razón, necesito embriagarme.

Todo es más sencillo con alcohol en la sangre, o al menos eso dicen mis amistades y los jóvenes que tengo cerca de mi mesa. Pero es algo deprimente estar solo en una mesa, bueno, no es deprimente, pero este no es mi mejor momento.

Y el bar que elegí no es exactamente el más tranquilo. Dios, ya estoy grande para estos establecimientos para veinteañeros.

Pero algo bueno ha de tener. Estoy soltero y hay cientos de chicas que tienen problemas paternales a los que... No, jamás ocuparía a alguien para olvidarme de Zoey.

No estoy tan desesperado.

Mi pierna derecha vibra y bebiendo todo el contenido de mi vaso, saco el celular, con la vista al frente, en donde está la barra de bebidas.

Me fijo en la pantalla y leo las notificaciones.


Accidente #1: Una disculpa por la hora, hermano, pero a Lidia se le ocurrió hacer una fiesta mañana. Luz salió en el cuadro de honor en la escuela. ¿Vendrás?


Genial.

No estoy listo para enfrentar a mi familia, en cada reunión familiar iba con Zoey; yo esperaba un poco más de tiempo para poder enfrentarlos y crear una mentira y no quedar como insuficiente.

Bien, sí estoy desesperado y si puedo conseguir a alguien aquí, aunque sea por un día, me salvará de una y mi orgullo no estará por el suelo.


Adán: Cuenta conmigo. ¿Llevo algo?

Accidente #1: No es necesario. Puedes traer a Zoey.


Leo y bloqueo el celular. Llevar a Zoey. Como si eso fuera tan sencillo.

—Estoy jodido —mascullé poniéndome de pie e ir a la barra. No quiero deprimirme más al estar solo en la mesa.

¿Ahora qué excusa debo de poner para justificar la falta de Zoey y la cancelación de la boda?

No me queda de otra que decir la verdad al ser incapaz de crear una mentira creíble. Será más sencillo todo.

—Una margarita de mango, por favor —ordeno sentándome a un lado de una chica de cabello castaño y rizado. No le presté atención y ella tampoco a mí, está muy concentrada en el sobre en medio de sus codos.

Le agradezco al barman el trago y de reojo detallo a la chica. Gracias a que su cabello está en un coleta puedo mirar un poco su perfil, pero pareciera que tiene la mirada perdida, y juraría que entró en estado de shock sino hubiera estirado la mano a su vaso de... ¿es vino? Ni idea, pero se lo llevó a los labios sin perder de vista ese sobre.

¿Qué será? ¿Una carta de un amor? Quizá su novio sea militar y lleva semanas sin saber de él.

—¿Día difícil?

—¿Eh? —Ella se enfoca en mis ojos y me doy cuenta de que tiene pecas en sus mejillas pero por su tono de piel no se le notan tanto.

—A veces funciona hablar con un completo desconocido.

—Lo sé, sino no existirían los psicólogos.

Suelto una risa floja y asiento con la cabeza. Ella también sonríe y bebe otra vez de su vino.

—Creí que se bebía en copa. —Señalé su vaso y ella lo miró.

—Es jugo de arándano.

Asiento nuevamente y me fijé en la pista de baile, percatándome de que la chica a mi lado se quedó de frente a mi perfil.

—La vida apesta, ¿no?

—No siempre. A veces es de color rosa.

—O azul. —murmuró pero no entendí su significado.

Ninguno dice nada después, pero siento su mirada en mi perfil, no obstante, me hago el interesante levantando la mano y saludando al poste, pues no conozco a nadie ahí. Como dije, este bar es para adultos jóvenes, no para personas que están más cerca de la muerte.

—Ayuda hablar con un completo desconocido.

Sonrío de lado y asiento, volviendo a colocarme frente a ella. Su complexión es delgada, marcándosele las clavículas. Recuerdo que la meta de Zoey era que se le vieran como a ella, pero no lo ha logrado, quizá sea por complexiones.

—Iba a casarme —le suelto como si estuviera conversando sobre las exploraciones a Marte.

—Wow. ¿Qué pasó?

La miré a través de las pestañas y le pedí otro cóctel al barman, sí iba contarle mis problemas, necesito más alcohol en la sangre. Ella esperó pacientemente a que llegara mi bebida y después le di un gran trago. Para la próximo pediré sin sabor.

Dejé el vaso en la barra y me concentré en sus ojos que por la iluminación no distingo bien de qué color son, pero parecen cafés.

—Se acostó con otro —admitirlo dejó un sabor amargo. Sé que ese es el sinónimo de conocí a otro.

—Ouch. Al menos no estaban casados o le habría tocado la mitad de todo lo tuyo a ella.

—Sí, es correcto.

Aunque eso no le quite dolor al asunto. Ella ya no dijo nada y yo tampoco tenía más por contar. Me giré de frente a la barra, con ella imitando mi acción. Hablar con un extraño es más difícil de lo que recuerdo, quizá sea por la edad. La chica se ve joven, tal vez solo me sacó conversación por lástima.

En definitiva este no es un lugar para mí. Lo mejor será ir a un supermercado y abastecer mi licorera para emborracharme felizmente en mi casa sin temor a hacer algo estúpido.

Iba a pedirle la cuenta al barman pero la chica habló.

—También terminé una relación de años.

La miré, pero ella veía con temor el sobre que comenzó a despertar mi curiosidad. Tragó saliva y la música cesó por completo antes de darle paso a la voz del anfitrión.

Sin previo aviso, tomó el sobre y se levantó, dirigiéndose con prisa a la salida. Dejé la cantidad que consideré adecuado para cubrir mi cuenta y la de ella.

No sé si hice bien en salir detrás de esa extraña, pero no se veía bien cuando corrió. Estaba pálida, y no creo que el jugo de arándano que tomaba la hubiese puesto así.

El aire me heló los huesos al salir del bar. Miré a todos lados, buscándola, y la visualicé entrar en el callejón de enfrente, encogiéndose en su lugar. Unos transeúntes la notaron y se alejaron de ella.

Corrí hacia allí, aunque le pensé en acercarme, pues el jugo de arándano que bebía, ahora se encuentra en el piso.

Venga, Adán, que no es la primera vez que ves a una mujer vomitar.

Quizá no, pero sí es la primera desconocida. ¿Qué más da?

Le auxilio con su cabello, aunque, para mí desgracia, ya lo tenía manchado y ahora mis manos están un poco cubiertas de vomito.

Una arcada sale de mí y suelto de nuevo el cabello, corriendo más dentro del callejón, expulsando el alcohol y la comida de, al parecer, el desayuno de ese día.

Una vez expulsado todo, sin ver, limpio mi mano con un pañuelo.

—¿Tendrás otro?

La miro sobre mi hombro y realmente se ve muy mal. Se puso más pálida. Le pasé el paquete.

—¿Estás enferma?

—Ojalá fuera eso.

Fruncí el ceño y ella levantó el sobre del piso, sacudiéndolo para quitarle un poco de su...

Corro la mirada, no quiero vomitar nuevamente. De reojo la observo moverse para irse, pero se detiene, baja la mirada y continúa su camino.

Es aquí cuando me debato en ir, de nuevo, detrás de ella, o ya irme a mi casa a dormir para mañana tener un día de mierda en la reunión familiar, en la que no llevaré a Zoey.

Sí, debo irme a descansar. Lo que esté pasando en la vida de esa chica no es de mi incumbencia.

Quizá, por obra del destino, nos volvamos a encontrar en unos años. O quizá no.

25 de Julio de 2020 a las 02:20 0 Reporte Insertar Seguir historia
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