aldec01 Aldeco René

El legado de nuestro Señor De Cosluv desconocía la presencia de un ente merodeando en las afueras, un ser minúsculo que ignoraba jerarquías e igualaba los rostros ya fuesen de terciopelo o de barro; la dicha danzaba a su rededor y por un instante parecía que nada podría arruinarse. Aquel niño se deleitaba con el sabor que por primera vez habían probado sus labios, saciaba una nueva experiencia que muy lentamente borraba el recuerdo de aquella postura incomoda, mientras el instinto lo había hecho memorizar el aroma particular de su madre.


Cuento Todo público.

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Aún hay esperanza.


Durante el año de 1376 la peste componía el réquiem que daba la bienvenida al heraldo que anticipaba la llegada de la muerte, la iglesia culpaba la pérdida de millones a razón de unos cuantos pecados o intentaba justificar los decesos señalando aquellos animales que suelen imitar el lloriqueo de los infantes. La corona se ocultaba detrás del trono mientras un rey agónico cubría sus escalofríos envuelto en una manta que el pueblo merecía, la fe se escabullía al no tener en quien resguardarse y la ignorancia se vanagloriaba mirando los cuerpos decadentes de todos los médicos o ilustres que perecieron intentando encontrar una respuesta. Mientras tanto, detrás de aquellos muros y torres, del pecho de su reina se sujetaba un recién nacido digno de portar el nombre de sus ancestros. El legado de nuestro Señor De Cosluv desconocía la presencia de un ente merodeando en las afueras, un ser minúsculo que ignoraba jerarquías e igualaba los rostros ya fuesen de terciopelo o de barro; la dicha danzaba a su rededor y por un instante parecía que nada podría arruinarse. Aquel niño se deleitaba con el sabor que por primera vez habían probado sus labios, saciaba una nueva experiencia que muy lentamente borraba el recuerdo de aquella postura incomoda, mientras el instinto lo aferraba a recordar un solo aroma.

Las trompetas resonaban al unísono anunciando la llegada del Príncipe, la alegría de una nueva vida brindaba esperanza y gracias a ello la ignorancia aplaudía ansiosa a la espera del desenlace.

—Parece ser que este niño será la única esperanza de un pueblo en la miseria —comentaba un invitado a la encantadora señorita que acomodaba su escote cada vez que veía pasar al rey—, no basta solo con ser quien tome una patria fustigada para continuar enriqueciéndose de ella, será necesario abolir las memorias y crear un criterio que perdure y enriquezca el porvenir.

—Tú serás el más grande de los reyes —le murmuraba su madre al recién nacido acariciándole la cabeza con aquellos dedos largos pero delicados—, pues en ti renacerá la cordura y la fe del pueblo por fin se sosegará.

El Rey miraba con orgullo su propia sangre, una tos cacofónica le provocaba presionar su pecho y dar la espalda evitando interrumpir su primer encuentro. Al regresar a su postura retoma los halagos y un momento después decide dejar descansar a su primogénito; delicadamente acaricia la espalda de su hijo y se retira del lugar después de haber besado la frente de su reina.

—¿Te encuentras bien Lahín? —Pregunto la reina—.

—Poco importa —respondió su alteza sin siquiera mirarla—, ahora mi tiempo le pertenece y por ende mis errores no son parte de él.

Su majestad se retiro del salón cerrando las puertas que protegían su futuro y por venir, mientras el fantasma de una desgracia husmeaba entre los secretos.

3 de Agosto de 2020 a las 21:35 0 Reporte Insertar Seguir historia
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