dotchisaurus 𝐝𝐢𝐧𝐨𝐭𝐜𝐡𝐢

ㅤEntre JeongGuk y TaeHyung hay tanta confianza y nivel de competencia, que, tras un desastroso día para el último, deciden apostar quién puede darle la peor cita al otro. Terminando en un torbellino de cosas que, al final, los pondrá en el pedestal de victoria a ambos. ㅤㅤ𝐝𝐨𝐭𝐜𝐡𝐢𝐬𝐚𝐮𝐫𝐮𝐬 © 2020┃Todos los derechos reservados. Prohibida su copia y/o adaptación.


Fanfiction Bandas/Cantantes Todo público. © Todos los derechos reservados

#romance #comedia #bl #fanfic #boylove #jungkook #kookv #taehyung #kooktae #fanficbts
35
1.1mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Prólogo.

Si alguien en algún momento de mi corta pero dramática existencia me hubiera preguntado cuál era el aspecto en el que peor me iba, mi respuesta automática habría sido un: "En las citas".


No creo en Dios, pero me atrevo a decir —en busca de echarle la culpa por mis fallos y defectos— que me ha convertido en un completo patán para llevara cabo una salida en la que unos de los fines principales es seducir a la otra persona para conseguir vernos una segunda, tercera y hasta cuarta vez como para poder forjar alguna especie de relación.


Contando todas las veces que me ha ido mal, únicamente me veo en la posibilidad de auto declararme el máximo patándepatanes. A raíz de esto me tomo la molestia de colocar una corona de oro puro sobre mis cabellos y una banda alrededor de mi torso con la leyenda Desgraciado#1.


Y lo hago con motivos, si mis amigos, familiares o personas cercanas hubiesen estado presentes en todas las veces que me ha ido mal, me considerarían un amuleto de mala suerte. Podríamos empezar hablando por la primera mala experiencia de este año; Park BoGum, un tipazo de un metro ochenta, azabache, de ojos profundos y sonrisa heredada de ángeles. Astrónomo, me llevó al planetario y me habló de estrellas, comparando la belleza de las mismas con mi sonrisa, mis ojos y dándome el nombre de galaxia por "ocultar planetas y ser un misterio que refugia estrellas". Bogum fue un amor conmigo, se comportó de una manera tan espléndida que me daban ganas de pedirle en ese preciso momento que se casara conmigo: Él quiso volver a verme; sin embargo, yo mismo me lo impedí porque, al estar terminando la cita, se me escapó una... flatulencia. Muertísimo de vergüenza pedí disculpas una y otra vez, consiguiendo que el efímero amor de mi vida se riera y me dijera con ligereza "No te preocupes, las galaxias también tienen gases". ¡No respondí nunca más a sus llamados ni a sus mensajes! Y lo sé, es un motivo estúpido, pero en enero, es decir, hace cuatro meses (casi tres), era demasiado inmaduro y no entendía que un simple pedo era un tema natural que aveces uno no es capaz de reprimir.


Comenzar con Bogum es lo más ligero: Él es un amor, yo soy un idiota vergonzoso, fin de la inexistente historia de nuestro descabellado amor. Pero siguió SeoJoon. Él era un hombre de ensueño. Desde el primer Matchme hizo sentir pleno en confianza con él e intentaba perdidamente que esa confianza también la llevara hacia mí mismo. Un terrón de azúcar que se deshacía en agua, eso era SeoJoon. Cedía ante mis cariñosos mensajes cual perro ante hueso, no me dejaba sentirme solo ni un solo segundo y propuso múltiples planes a futuro, sin siquiera habernos visto. Me había ilusionado con él, sentía que sería la persona indicada que iluminaría mis días con una somnolienta sonrisa y los endulzaría con un ronco "Buenos días". Pero al momento de vernos ocurrió algo que me dejó patidifuso, me hizo sentir ultrajado. La traición nunca había estado en mis planeas, pero hizo presencia aquella noche de sábado, en forma de un compañero mío de la Universidad. Sorpresa la mía cuando, al llegar al lugar de encuentro, vi a mi cita y al susodicho dándose un fuerte abrazo y despidiéndose con un b e s o. El chico se fue, yo sonreí y me acerqué a SeoJoon para explicarle expresamente que ser infiel era algo que estaba mal y se tornaba injustificable, agregando que pensara dos veces las cosas antes de volver a hablarle por Tindera algún chico, que podía dañar a la gente que lo amaba. Sin oír sus excusas de "la relación no funciona bien", me fui con mi barbilla en alto y pasos decididos de la escena: Concluyendo así, con el bochorno de tropezar con el bordillo de la vereda, la segunda cita del año.


Sigue, en orden cronológico, WooShik. Él me llevó al cine a ver una película de terror. Me ofrecí a pagar ambas entradas, él me dijo que me lo iba a devolver en besos y abrazos "calmantes" mientras veíamos la película. Según él, yo, temeroso, me orinaría ante el miedo que sentiría y él me protegería de todo ante lo que pudiera encontrarme horrorizado. No me gusta que me traten de miedoso o que piensen que busco ser protegido, pero el rostro de Woo había sido tallado por los dioses, hablaba con soberbia marcada y se movía de forma tan elegante que me dejé llevar. Me vi asombrado cuando, en mitad del filme, un grito aterrorizado, idéntico al que daría una de mis primas de tres años, me aturdió el tímpano derecho. Acto seguido, sentí un pegajoso líquido humedecer mis pantalones y parte de mi abdomen, además de ver un montón de pequeños copos blancos caer delante de mis ojos, adhiriéndose por culpa del caramelo a mi ropa y, cómo no, a mi cabello. Esa noche salí a grandes zancadas del cine, siendo perseguido por el chico que me gritaba repetidas veces "Lo siento, lo siento, ¡lo siento!". Estaba furioso, pero aún así frené para darme la vuelta y escuchar sus disculpas mientras respiraba profundo y tranquilizaba el revoltijo de malas vibras que era mi cerebro. Justo cuando fui a mencionar que todo estaba bien y qué lamentaba mi exabrupto, él se acercó a mí, tropezó y cayó encima de mi cuerpo, provocando que yo tropezara y perdiera el equilibrio.


Mojado, pegajoso, solo, molesto y ligeramente humillado, volví a casa. A lloriquear un poco y jugar con Yeontan —mi perro— otro tanto. Mientras de fondo oía los diálogos de alguna película romántica que me hiciera pensar que mi vida no tenía sentido.


Dos semanas después, entró HyungSik en juego: Él fue desde el primer momento un caso especial. No sé si es algo que está claro pero yo conozco gente y planifico mis citas a través de Tinder.Sí,esa aplicación de gente desesperada por tener relaciones sexuales con otras personas y puros tontos que creen que poner toda su vida en las descripciones de sus perfiles les dará alguna oportunidad extra de encontrar a alguien que quiera mantener una charla con ellos, era mi principal fuente de coqueteo y decepciones amorosas. En su perfil HyungSik simplemente tenía un "Prefiero conocer a las personas cara a cara". Fue el primero en hablarme, de primeras me preguntó mi nombre completo, mi verdadera edad —que era la que formulaba en mi perfil— y, luego de devolverle ambas preguntas, me cuestionó si me interesaba conocerle en persona. Yo estaba nervioso, no es que sea súper confiado al salir con desconocidos, pero tampoco me atemorizaba tanto. Simplemente eran nervios de pensar que la otra persona podría no agradarme, y sabía que no era mi obligación quedarme cuando algo no me agradaba; sin embargo, no quería ser una mala persona o del tipo cruel que rechaza al otro apenas llega.


Con HyungSik fue particular: Él viajó desde otra ciudad para verme, un viaje de tres horas hermosas para ir, en forma de cita convencional, a cenar conmigo. Llegamos al restaurante, me dijo que él pagaría la comida y yo, queriendo ir cada uno a pagar lo propio o hacer mitad y mitad, le llevé la contraria durante bastante tiempo, permitiéndome ordenar lo más caro del menú para que me diera opción a pagar lo mío. No me dejó.


Quitando eso, comenzamos a hablar, o al menos intenté hacer que la conversación fluyera entre ambos, sin embargo, me encontré con un narcisista de primer nivel. Empezó a hablar de su familia, a contarme que su vida había sido dura y que era todo un guerrero por haber conseguido salir adelante, cada vez que abría mi boca para decir algo, hacía un gesto con su mano dándome a entender que esperara a que acabara. Cosa que hizo unos cuántos minutos después, cuando olvidé todo lo que tenía para decir y él ya tenía un nuevo foco en mente: Qué buscaba en un chico o qué tipo de relación quería.


Siempre odié esa pregunta, jamás tenía muy claro lo que tenía para decir e improvisaba bastante porque en cada ocasión me tomaba desprevenido y la respuesta no sería igual a la anterior vez. Ignorando las náuseas nerviosas que me provocaba aquella pregunta, empecé a contestar lentamente, sin tener muy en claro aquello. El problema conmigo es que busco a alguien seguro de sí mismo, que sepa lo que quiere y que tengas planeas a futuro, ideas de avanzar, de prosperar en la vida. También quiero a alguien que sea inteligente y tenga un grado alto de moralidad, para poder tener conversaciones de temas delicados conociendo los límites de cada situación, sin embargo, no quiero que su intelecto y su ética le prohíba disfrutar de bromas estúpida y de ser alguien divertido. Quizás suena a mucho, sí. Pero busco a alguien con quien poder mantener una relación estable, formal, algo serio: No quiero tonterías o que me tengan yendo de un lado a otro. Busco alguien que no tenga miedo de refugiarse en mí cuando se sienta mal, que cuente conmigo para cada aspecto de su vida y, obviamente, que sea algo recíproco. La gente me suele decir que no encontraré a alguien así jamás, pero HyungSik, al instante de que terminé, volvió a hacer presencia.


Al instante de que terminé mi cita comenzó a alardear, hablando de sí mismo: HyungSik se describía como alguien capaz de ser quien yo buscaba. Se autoproclamó intelectual, moral, divertido y el mejor en cualquier aspecto que yo me imaginara. Recuerdo haber reído atontado por aquello y agregar un comentario, en tonada de broma, acerca de su ego. Ofendido, comenzó a justificarse, a argumentar que cuando uno era el mejor, no podía negarlo. Acto seguido me dijo que podía entregarme el mundo si yo así lo quería, porque gracias a su trabajosa vida pasada —dos o tres años atrás—, tenía mucho dinero; e insinuó que eso me haría feliz. Pero se equivocó, por lo que me fui decidido, alejándome de él y bloqueando su número de mi celular.


Tercera cita del año fallida. Le sigue una cuarta (no tan fallida pero tampoco terminó en relación así que califica): Mark Tuan. Había nacido en Estados Unidos y a la edad de veintidós años había llegado a Corea sin saber nada del idioma. Es decir, hacía cuatro años que había llegado y aún le costaba un poco hablar, pero lo manejaba demasiado bien. Nuestra conversación inicial había tratado de temas superfluos, algo que no me interesaba mucho pero que son esos temas que, por cordialidad, uno mantiene antes de meterse en algo más profundo. ¡Profundo! Mark no solo profundizó sus habilidades lingüísticas en cuanto al idioma, sino que me dio una larga charla de lo bueno que era utilizando su lengua para asuntos... sexuales. Y estaba bien, yo realmente no tenía problema en que hablara del tema, el problema comenzó cuando simplemente se centró en ello y se las dio de fuck boy profesional que podría causarte un orgasmo con tan solo mirarte. No tuve problema en decirle que no me interesaba mantener sexo en un principio. Tampoco tuve problema al permitir que entrara en mi casa para mostrarme sus habilidades, o en encontrarme otras tres veces con él para disfrutar de algunos orgasmos.


Mark no mentía: Pude comprobarlo. Pero tampoco era alguien con quien quería salir con formalidad, él lo entendió y tras una extaciante despedida, nuestros encuentros llegaron a su fin.


El que sigue es Kim YoungHoon. Él fue un amor todo el tiempo, nuestra cita fue algo casual: Un picnic en un parque. Estuvimos toda la tarde en el mismo lugar, habíamos caminado por todo el parque, buscando un lugar en el que asentarnos. Mientras tanto hablamos un montón y coincidimos en varias cosas, estábamos teniendo una tarde genial. Terminamos de comer y beber nuestros respectivos refrescos y nos tiramos en el césped. YoungHoon era precioso. Bueno, estoy seguro de que sigue siéndolo. Todo en él se ve tan puro y angelical que, estando recostados uno frente al otro, solo podía pensar en lo mucho que quería acariciar su rostro y llenarlo de besitos mientras le repetía lo dulce que era. Él pensó lo mismo de mí, lo sé porque no se reprimió y, tras el primer tímido beso que nos dimos, se dejó llevar y estuvo todo el tiempo dándome pequeñas caricias y diciéndome cosas dulces.


YoungHoon fue una buena cita, no lo niego. Sin embargo, el problema estuvo en él y en su vergüenza. Cuando estábamos llegando a su casa —él vivía cerca del parque— empezó a hablar de algunos problemas físicos que tenía. Me había invitado a dormir en su casa. Cerrar los ojos y soñar con angelitos no era lo que pensábamos hacer exclusivamente. No obstante, cuando estábamos por entrar llegó al tema cúspide de sus incomodidades físicas y me comentó que tenía hemorroides. No fue algo que me aterrorizó ni que se me hizo particularmente extraño. Él lo planteó como un problema ante el cual no quería tener sexo. Yo no puse trabas en ello, si no se sentía cómodo no tenía problema en recostarme en su pecho y dejarme mimar por él, pero la vergüenza fue más fuerte y, antes de que pudiera manifestar que no tenía problema con no tener sexo, estaba solo en la acera. Mi angelito había huido ante el bochorno de lo que había dicho, supongo que él lo sintió más como una ignominia.


No contestó mis mensajes hasta una semana después, en la que me pidió disculpas y me prometió no volver a molestarme. Su falta de confianza le jugó en contra y terminó bloqueándome, acto por el que estoy apenado. Él realmente me había gustado muchísimo.


Y por último, llegamos al día de hoy: La séptima del año. Realmente no pensé que fuera a salir mal, me sentía motivado para intentarlo una vez más. Pero, tras unos cuántos minutos en el lugar de encuentro, me di cuenta de que no sería así. Pues mi cita no pensaba iniciar algo serio por comodidad, porque quisiera o porque simplemente buscaba enamorarse. No, él estaba buscando citas para superar a su ex.


Notarlo fue fácil, tras presentarnos correctamente e intercambiar algunas palabras triviales comenzó a hablarme de su vida. Me mencionó a su ex e inmediatamente me comentó toda la historia de romance, drama y traición que había vivido con ella. No me molestó en principio, pero cuando el tema concluyó, él lo trajo a colación cuantas veces pudo. Si yo decía que me gustaba sentarme en la plaza a lanzar migajas de pan y ver como las palomas me rodeaban como si fuera un Dios momentáneo, él mencionaba que su ex hacía lo mismo. Y así fue con cada cosa que mencioné, hasta que rompió en llanto y me abrazó para llorar con total libertad, mojando mi camisa blanca con estampado de manchas negras.


Al final se marchó con la cabeza gacha y yo decidí irme a otro lugar para distraerme del desastre. Así que aquí estoy, en la casa de un amigo al que le va igual que a mí en el tema de las citas: Jeon JeongGuk. Lleva un buen tiempo buscando pareja y, al igual que yo, utilizaTinder.Dimos un Matchy nos reímos de tal coincidencia, pero jamás se nos ocurrió tener una cita. Podríamos intentarlo en algún momento, seguro que nos quejaríamos de lo cruel que es el mundo gay para luego discutir por quién era el mejor jugando videojuegos. Ridículo nuestro asunto.


Hoy me recibió con una sonrisa adormilada y el cabello alborotado. Me llevó a la cocina y me invitó a desayunar con él, a las siete de la tarde. No puse quejas y acepté, con mi maravillosa cita no había alcanzado a comer nada de nada, así que algún alimento en mi estómago no me haría mal.


—¿Y qué pasó? —me pregunta con la boca repleta de galletitas, me está dando la espalda mientras sirve chocolatada en dos tazas.


—No supera al ex —suspiro—. Estoy pensando en darme por vencido, ¿sabes? Creo que el amor no es para mí.


—Yo tengo la teoría de que sale mal porque lo forzamos —responde a la par que deja la taza enfrente de mí—. Quizás si dejamos de buscar desesperadamente alguien a quién amar, llegue a nosotros.


—Soy impaciente —refuto—. No quiero simplemente esperar.


—¿Y no crees que estando al tanto siempre encontraras algo malo? —me cuestiona, otra vez vuelve a llenar su boca de galletitas y su acción me tienta a tomar una.


—A esta altura, con lo fatal que me ha ido, creo que puedo aceptar cualquier cosa—resoplo.


—Oh, Tae. Estás diciéndolo como si tuvieras la peor suerte en cuanto a citas —ríe—. Ese título es mío.


—Pff, dices tantas tonterías, amigo mío.


—Con la suerte que tengo en citas, puedo llevarte con el mejor plan a los lugares que siempre hayas deseado y Tae, terminará siendo un desastre porque es mi destino.


—Yo puedo darte la peor cita de tu vida. En un segundo te convertirías en el peor ser del mundo, solamente por estar saliendo conmigo.


—¿Me estás retando? La peor cita será la que yo te daré a ti —apoya sus manos en la mesa y me dedica una sonrisa arrogante, yo relamo mis labios y suelto una risa cansada.


—¿Quieres apostar? —desafío, solamente porque estoy seguro de que ganaré.


—Apostemos entonces.


Perfecto, ahora estaba en una competencia de quién le da la peor cita a quién.

2 de Agosto de 2020 a las 19:32 0 Reporte Insertar Seguir historia
8
Leer el siguiente capítulo Capítulo 1.

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 4 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión

Historias relacionadas