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Camila Cruz había luchado, y se mantenía luchando, para lograr las metas que se había propuesto alcanzar en su vida: desenvolverse en el mundo académico de los estudios literarios; como estudiante, como profesora y como escritora. No le interesaba nada más, mucho menos, alguien que la distrajera; sobre todo, teniendo que soportar continuamente el acoso sexual de un superior. Esa era la única distracción que estaba dispuesta a lidiar y evadir. Diego Durand llegó a su vida desestabilizando su paz. Atlético y atractivo, le despertaba sensaciones que podrían desviarla de sus sueños. Pero él también tenía objetivos que alcanzar, y ella se convirtió en uno de ellos desde el primer momento que la vio, por lo que se propuso, que ambos formaran parte de las aspiraciones del otro, sin importar cuántas veces ella lo rechazara, o quien se interpusiera en el camino de la felicidad de ambos.


Erótico Erótico Sólo para mayores de 18.

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Capítulo I

Diego creyó haber visto un hada flotando por los pasillos de la universidad cuando reparó en Camila por primera vez, sus cortos y ondulados cabellos hasta los hombros, castaños con destellos dorados; brillaban gracias a los rayos del sol que se filtraban por las claraboyas del techo, evadiendo la espesura del cielo nublado por el mal tiempo. Parecía una criatura mítica con ese rostro redondo, nariz perfilada y preciosos ojos azules. Era una visión que parecía sobrenatural.

Agradeció la presencia de aquella hermosa chica ese día en particular, contradictorias emociones lo mantenían incómodo y con un mal sabor de boca, debería estar satisfecho de haber ingresado a la universidad, pero luego de tantos años lejos de los estudios, había perdido la confianza en sus habilidades académicas.

Aquella encantadora criatura pasó junto a él, su aroma lo embriagó golpeando sus sentidos. No supo identificar el olor, solo estuvo seguro de que era lo mejor que había olido en su vida. Intentó seguirla, necesitaba averiguar su nombre, pero la chica atravesó una puerta que cerró, sin percatarse, en las narices de su seguidor.

Un cartel que indicaba “SOLO PERSONAL AUTORIZADO”, evitó que Diego abriera el portal para alcanzar su meta.

Permaneció unos segundos paralizado, aturdido, indeciso sobre qué hacer, ¿se quedaba ahí esperando a que su hada saliera? Probablemente había otra u otras salidas y perdería su primera clase para nada. Había sacrificado mucho durante los últimos años, por lo que decidió confiar que la vida lo recompensaría con la oportunidad de conocerla. La vería de nuevo, quiso creer eso.

***

Camila caminó los pasillos de las oficinas administrativas con determinación, rogando para sus adentros no toparse con el Decano Visser, el dirigente de la facultad, a quien no podía evitar identificar como un “viejo verde”, siempre hablando con expresiones de doble sentido, insinuando la posibilidad de encuentros sexuales entre ellos.

Solo una vez se le ocurrió tomar medidas y denunciarlo, debido a que su jefe estaba almorzando, la asistente del Director de Recursos Humanos de aquel momento fue quien la recibió, y cuando Camila le dijo en confidencia la razón de su visita, la secretaria le aconsejó que permaneciera callada y lo aguantara; que fuera fuerte y lo esquivara; Visser tenía el poder de arruinar su vida, acabar con sus estudios y su carrera, y arrebatarle cualquier oportunidad de ingresar a cualquier institución educativa respetable.

De vuelta en el presente, faltaban unos pocos pasos para que Camila llegara a su destino, la contable le había solicitado un par de documentos adicionales para renovar su beca de estudios, en cuestión de segundos los entregaría, y luego saldría de ahí lo más pronto posible. Durante los primeros días de cada semestre académico, Visser se encontraba demasiado ocupado para deambular las áreas de los salones de clases, y ella podía respirar durante ese tiempo.

—Buenos días, Camila —saludó una voz serpentina, o por lo menos de esa manera lo escuchaba ella, como el siseo de un animal rastrero que quería meterse bajo su piel.

La chica sintió como su espalda se erizó, y una desagradable sensación de vacío en el estómago la mareó. Se detuvo en seco, y observó cómo Vladimir Visser la bordeaba para encararla, cada uno de sus pasos producía un escalofrío que sacudía levemente su cuerpo.

—Buenos días, Decano Visser —replicó Camila con baja voz, conteniendo el asco que sentía ante la presencia de aquel hombre.

—¿Qué haces por aquí? ¿Te puedo ayudar en algo? —preguntó el profesor, y al hacerlo, le quitó el sobre que Camila llevaba presionado contra su pecho, aprovechando la ocasión para rozar uno de sus senos con sus dedos.

Siempre aplicaba alguna táctica similar para tocarla inapropiadamente, ya fuera para “quitarle una pelusa de su camisa”, o entregarle algún objeto; aquel hombre siempre se las arreglaba para rozar sus senos, su trasero o cualquier otra parte de su cuerpo. Camila se encogió hacia atrás, y dijo tratando de sonar lo más tranquila posible:

—Debo entregarle esos documentos a Alexandra.

—¡Ah! Sí. Los requerimientos faltantes para tu beca —replicó el hombre ojeando los documentos.

Camila supo en ese momento que nunca tuvo ninguna oportunidad de esquivarlo, él sabía que ella iría para allá, y que había fingido no saber la razón de su presencia ahí.

—Así es —susurró la chica intentando recuperar su sobre.

—¿Qué te parece si almorzamos para hablar de tu futuro? —preguntó el hombre lanzándole una mirada lasciva—. Quisiera proponerte que le hagas la suplencia a la profesora Meyer, sus médicos recomendaron extender su reposo para que se recupere totalmente antes de regresar al trabajo.

Camila dudó por unos cortos instantes, necesitaba el dinero que ganaría con esa suplencia, y aunque consumiría gran parte de su tiempo, y le restaría necesarias horas de descanso, la ayudaría a avanzar más rápido en su carrera profesional, pero la idea de pasar un par de horas junto a Visser, escuchando sus comentarios obscenos… un ligero estremecimiento recorrió su cuerpo, y tomó mucho esfuerzo de su parte ocultarlo.

—Me gustaría cubrir las horas de la profesora Meyer, pero no dispongo del tiempo para sentarme a almorzar, debo prepararme para las clases, sabe lo importante que es estar preparada para los seminarios del doctor Remus…

—Tienes que comer algo, mi niña —siseó el hombre acercándose más a ella para tomarle un brazo—. Hay que ponerle más masa a ese cuerpecito que puede partirse si alguien la estrecha con demasiada fuerza.

—Camila —llamó la contable apareciendo en ese momento.

—¿Sí? —replicó la chica aprovechando la interrupción para zafarse del agarre de Visser y aproximarse a Alexandra.

—Te estaba esperando —dijo Alexandra intercambiando una mirada cómplice con Camila, el comportamiento del decano era un secreto a voces, todas las mujeres jóvenes, y relativamente atractivas, eran sus víctimas.

—Hasta luego, Profesor Visser —dijo Camila moviéndose con velocidad para recuperar su sobre y caminar ágilmente tras Alexandra.

Visser quedó solo, fantaseando con aquella hermosa mujer.

Mientras Camila caminaba tras la contadora, se preguntó una vez más, cómo alguien tas asqueroso como Visser había logrado una posición de tanta respetabilidad y poder, sus pensamientos fueron interrumpidos por su acompañante.

—¿Trajiste todos los requisitos?

Camila respondió afirmativamente, y entrando a la oficina de Alexandra, le entregó el sobre, quien tomó el paquete y revisó documento por documento con una lentitud poco habitual de una empleada tan eficiente.

—¿Todo está en orden?

—Es mejor revisar todo con minuciosidad —replicó Alexandra mirando tras Camila con disimulo.

Camila se erizó pensando que Visser la estaba observando a sus espaldas.

—Quiero asegurarme de que se vaya a su reunión, es a las 10 —susurró Alexandra hojeando los documentos por tercera vez.

—A esa hora tengo una clase —masculló Camila preocupada.

—Se irá 15 minutos antes, tendrás tiempo de llegar.

Camila tomó asiento mientras miraba el reloj, era las 9:15. Tendría que esperar media hora para evadir al depredador.

23 de Julio de 2020 a las 18:48 0 Reporte Insertar Seguir historia
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