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Liz Becédez


Antes de nuestro mundo, hubieron otros cuatro, llenos de horribles escenarios y hostiles habitantes. Los Dioses buscaban mayor perfección y una idea les surgió: unificar sus planes anteriores en uno: la Tierra. Satisfechos con su nueva creación, destruyeron poco a poco los fallos, sumergiéndolos en la miseria continúa hasta su muerte. Se creyó que todos habían desaparecido y la leyenda surgió. Sin embargo, ¿qué pasaría si se descubriese que uno de los mundos de aquella profecía logró estar en pie y dispuesto a vengarse de quien les arrebató todo? Cuidado, no seas sorprendido por los conquistadores de universos... No te dejes llevar por la belleza. No caigas en sus encantos. No cedas a sus deseos. Te dejarán incinerarte, en el fuego de una mentira disfrazada de pasión.


Fantasía Viaje en el tiempo Todo público.
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EL PRINCIPIO DEL FINAL.

La luna se impone en medio de la irrelevante oscuridad, los rayos falsos que emana llegan fríos y somnolientos, en un intento de iluminar arduamente el efímero escenario, donde la luz blanquecina recorre con lentitud el paisaje repleto de árboles manchados de un vertiginoso verde intenso.

Un par de suelas desgastadas rechinan, resuenan: toscos, desesperados. Se escucha el susurrante traqueteo de las enormes raíces sepultadas entre la tierra fértil y mojada por la lluvia: azota y ensordece, pareciendo que libera pequeños materiales cortantes.

El viento sopla con vehemencia los pétalos de cientos de flores que pareciesen brillar entre la luz nocturna; mientras las hojas de los imponentes árboles danzan sobre el gélido aire y caen tambaleándose sobre el pasto.

Chispas brillantes se ciernen sobre los árboles, escondiéndose y susurrando con amargura...

Siendo testigos del peor dolor.

El tiempo de la nada parece congelarse y un silencio sepulcral se acomoda en los rincones.

Ya no estaba.

Se la habían llevado.

Los pasos cesan de a poco. El cansancio lo está matando.

Con su cuerpo temblando casi imperceptiblemente, toma una respiración profunda, mientras sus dedos se ciernen y tratan de provocar algún tipo de fricción.

Chasquean. Una. Dos. Tres.

Nada.

Sus manos resbalan ante el contacto y al instante una punzada acalambra los tendones de sus muñecas.

—¡Maldita sea! — su voz taladra y quema su garganta, haciendo que gran parte de esta se pierda al último momento.

Sus piernas punzan y arden, extendiéndose por gran parte de su cuerpo, incluso llegando a lastimar hasta los extremos de sus pies. La camisa blanca se adhiere a él como una segunda piel, rozando sus músculos contraídos por el esfuerzo.

Más luces descienden del cielo. Relámpagos rugen con fuerza, como sí sintieran la misma sensación confusa, exasperada.

Las nubes grisáceas se mueven y abren pequeños huecos de luz. Esta se detiene sobre su piel pálida, al momento la mirada de él se nubla.

¿Por qué no había podido hacer nada? ¿Por qué mierda no era más fuerte? ¿Por qué no se aferró? ¿Habría podido hacer más?

Lágrimas bajan rápidamente.

Rabia, impotencia y dolor contenido juguetean por su interior y esto se reflejan en su expresión.

Sus dedos se ciernen sobre un puño, marcando las venas, dejando que sus uñas liberen pequeños hilos de líquido rojo. Sus rodillas caen con fuerza sobre el firmamento, e instintivamente baja las manos a la tierra, intentando inútilmente aferrarse un poco más a la realidad. Extractos de lodo viscoso se deslizan poco a poco por sus heridas físicas, dejando un pequeño rastro de ardor en partes que ni siquiera ya era capaz de distinguir.

Tomando aire y tratando de apagar las llamas del fuego abrazador en su interior, permite desconsolarse por un momento:

El dolor se expande y se acumula en su pecho, aprisionando su corazón, contrayendo sus pulmones.

No puede respirar...

La imagen de ella en la oscuridad le hace estremecerse, y culparse más a sí mismo.

Había sido débil en el peor momento.

Cada parte de su ser tiembla de impotencia. Sus labios, pálidos y resecos se abren ligeramente para darle paso a las pequeñas exhalaciones de sollozos prácticamente incontenibles.

Más gotas saladas.

¿Qué le harían?

Su vista comienza a visualizar manchas de distintos colores, como estrellas espantosas y sin figura. Un mareo recorre su cabeza y punza hasta su sien; pesar de que es difícil mantener sus pensamientos en una línea equilibrada, lo consigue.

Ella de nuevo.

Sus dedos arden. Toda su anatomía quema. Más chispas se abren sobre el campo de visión. Tantos colores, tantos puntos de distintas formas y texturas. Traga saliva y más pensamientos se arremolinan y rebotan en todas direcciones. El cuerpo le pesa. Todo a su alrededor se deshace.

¿Y sí se estaba rindiendo demasiado pronto?

Un mal sabor de boca inunda desde su estómago hasta su tráquea. Algo más sofoca sus respiración.

Sus párpados pesan, pesan excesivamente. Su estómago se aprieta y se contrae. La piel de su cuello se eriza.

Fuego.

Siente el calor en sus manos y él, sin darse cuenta del todo, comienza a cerrar sus ojos.

Ya no hay tiempo.

Cuando todo parece volverse oscuro, puede oír un poco a lo lejos la continuidad de su voz dulce azotar sus oídos.

Su conciencia divaga una vez más.

—Perdón...— Es lo último que musita antes de que el todo, se reduzca a un nada en cenizas.

22 de Julio de 2020 a las 16:23 1 Reporte Insertar Seguir historia
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𝐂𝐇𝐄𝐑𝐈𝐄 𝐀𝐑 𝐂𝐇𝐄𝐑𝐈𝐄 𝐀𝐑
¡Excelente comienzo!
July 23, 2020, 20:32
~