charlizeclarke Charlize Clarke

Enya es la hija del laird de su clan y su obligación es perpetuar la estirpe dragón. Aunque ama la libertad, esta le fue negada desde el momento de su concepción. Bruce es un cazador, cuya misión es exterminar a los dragones y, aunque cree en la justicia divina, su deber es hacer cumplir la ley de los hombres. Por caprichos del destino sus caminos se cruzan y deben luchar contra ese ardiente deseo que los hace prisioneros. ¿Logrará Enya encontrar la libertad que tanto ansía? ¿Olvidará Bruce su misión para dejarse abrasar por el verdadero amor?


Histórico No para niños menores de 13.

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Capítulo - 1

Enya fue criada para desposarse con un heredero de su misma especie. La sangre de los dragones no debe mezclarse con la de los humanos, es algo inconcebible y prohibido. Aunque, de cierto modo, se ha sentido querida, mejor dicho, protegida; siempre supo que el haber nacido mujer decepcionó a sus padres. Ellos esperaban que su primer bebé sea un hombre, y su madre se ha encargado de hacérselo saber.

—Jovencita, ya te he dicho que no puedes salir sola y mucho menos sin avisar —suspira exasperada mientras la sigue por el pasillo—. Realmente eres una molestia para tu padre y para mí —le dice entrando tras ella a la habitación—. Una mujer debe aprender las tareas del hogar para convertirse en una esposa ejemplar y así honrar a su marido el día de mañana —el regaño cansino de su madre taladra la cabeza de Enya.

—Yo no pienso casarme, madre, ya te lo he dicho miles de veces —retruca la muchachita y larga un profundo suspiro entrecortado.

—Tu nacimiento fue una maldición para esta familia, Enya. —La madre la apunta con el dedo—. Debes agradecer el pertenecer a este clan. Bien caro nos saldrá ubicarte —camina hasta la ventana y corre las cortinas con fiereza—. No oses llevarme la contraria, tu padre y yo solo queremos lo mejor para ti, y eso es encontrarte un marido —cierra los ojos para contener las ganas de darle un bofetón—, uno que pueda ofrecerte el mismo bienestar al que estás acostumbrada.

De pequeña no comprendía muy bien su situación, aunque, cuando al fin llegó el niño que perpetuaría el apellido Ragon, las diferencias se hicieron aún más marcadas. Toda la atención y el cariño que ella nunca recibió fue dirigido hacia aquel pequeño. Por ser mujer solo había dos posibles opciones para ella; o se casaba con un hombre que fuera elegido por sus padres, o debería tomar los hábitos.

En realidad, no tenía muchas opciones para escoger, lo único que la hacía sentirse libre eran sus paseos por el bosque y el lago que colinda con el castillo de su padre, el laird Ragon. En primavera, el verde del follaje lo cubre todo, la brisa silba entre las ramas de los frondosos árboles y el canto de los pájaros la distrae, haciéndola soñar con un futuro mejor.

En su cabeza es capaz de crear un mundo ideal, uno donde es apreciada por sus padres, uno donde su madre la abraza y le dice lo mucho que la quiere, uno donde es libre como las aves que se pasa horas y horas observando y admirando. Aunque, muy pronto se dio cuenta que vivía en una jaula de oro, y que nunca podría hacer lo que ella realmente quisiese, estudiar o viajar le estaba vetado, en especial desde que nació su hermano.

—Prefiero ir a un convento —espeta Enya con enojo al tiempo que se suelta el cabello para luego sentarse en la cama y sacarse los zapatos enlodados.

—Tú harás lo que yo te diga que hagas y cuando yo te lo diga, eres una chiquilla insolente e ingrata. —Se acerca a la niña y la toma con fuerza del mentón apretándolo entre sus dedos para luego empujarla y soltarla de golpe—. Ya tenemos candidato para ti, tu padre solo está esperando que cumplas los dieciséis para prometerte.

—Falta bastante para eso, madre, pueden suceder muchas cosas en tanto tiempo.

—Mira, Enya, las mujeres tenemos el deber de obedecer y servir, en ese orden. —La mira levantando una ceja y cruzando los brazos sobre el pecho—. Es tradición que nos casemos con el elegido de nuestros padres, el amor no es una opción para los de nuestra especie, pero con el tiempo nos acostumbramos y ocupamos el lugar que nos merecemos. —Camina hasta la puerta y se gira para mirarla con desagrado—. Si tienes suerte, tu futuro esposo será tan generoso como tu padre y si no, de todas formas —sonríe de lado—, tendrás que soportarlo hasta que la muerte los separe.

—Antes muerta —murmura Enya.

—Deja de decir estupideces, aséate y ponte ropa decente, tu padre nos espera para cenar —le ordena y se retira cerrando la puerta de la habitación con violencia.

«Vieja loca y amargada», piensa Enya mientras se saca el vestido con rabia y lo arroja contra la pared con fuerza.

Solo pensar en que tendría que unir su vida a la de un hombre que ni siquiera conoce la entristecía terriblemente. Había sorprendido al ayudante del mozo de cuadras y a la ayudante de la cocinera acariciándose y besándose en secreto, eso la hacía pensar que nunca, pero jamás de los jamases vio ese tipo de trato entre sus padres. Ella quería experimentar algo parecido. Un día se animó a preguntar a la joven mujer qué se sentía, estaba a punto de cumplir catorce años y podía percibir, en el reflejo del espejo de su habitación los cambios en su cuerpo, sus caderas se veían más anchas, sus senos empezaban a asomar.

—Beth, te he visto con el ayudante del mozo de cuadras…

—Niña, Enya, no se lo diga a su madre, por favor —le suplicó la jovencita a sabiendas que sería despedida de inmediato por un comportamiento tan libertino—. Nosotros vamos a casarnos, él me lo ha prometido —se justifica con rapidez.

—No te preocupes, jamás le diría nada a la gran señora de la casa —la tranquiliza Enya—. Solo… solo quiero saber —duda un poco, pero se anima y lanza la pregunta que ha estado dando vueltas en su cabeza hace ya algún tiempo—. ¿Qué se siente? ¿Eso es amor? —indaga con curiosidad.

—Lo es, niña, es el más puro y loco amor, ese tipo de amor que te hace sentir libre —murmura con un deje soñador la joven—. Ese sentimiento que te aprieta el pecho, haciendo a tu corazón latir tan fuerte y tan de prisa cuando estás cerca de tu amado, que te hace pensar que solo a su lado podrás seguir viviendo —sonríe tontamente y cierra los ojos a la vez que suspira profundamente.

—Ha de ser lindo sentir eso —musita Enya y le devuelve la sonrisa.

—Es hermoso, pero no se preocupe, niña Enya. Sus padres le encontraran un joven, que estoy segura despertará ese tipo amor en usted —afirma la muchacha mientras coloca sus manos sobre las de la niña.

—No lo creo, Beth, pero gracias por tus palabras. —Enya niega con la cabeza y siente un desasosiego, su corazón se llena de tristeza—. Mi madre dice que el amor es cosa de gente estúpida.

—Eres una niña hermosa, muy pronto te convertirás en una joven capaz de despertar en cualquier hombre un amor tan grande como el que Gilbert y yo sentimos —asevera la muchacha.

—Bueno, espero que ese hombre también despierte en mí ese tipo de sentimientos —susurra la jovencita y se levanta—. Me voy a dar un paseo, informa a mi madre si pregunta por mí.

La sociedad en la que vive Enya prácticamente desprecia a las mujeres, son vistas como una carga y, cuando los padres logran deshacerse del fardo pasa a estar al mando del marido que, en la mayoría de los casos, ni siquiera aprecia a su esposa, sino que la ve como un objeto que solo sirve para parir hijos.

📷Pero ella no solo tenía que lidiar con eso, sino que también, con el hecho de que no era humana. Le gustaba observar a los sirvientes, sobre todo al hombre que se encargaba del jardín, la forma en que cargaba a sus pequeñas y como las colmaba de afecto era admirado por Enya. Se podía decir sin equivoco alguno que envidiaba a aquellas niñas, y no entendía porque sus padres no se comportaban igual con ella.

Los años pasaron con rapidez, pero también sucedieron cosas que tuvieron ocupado a laird Ragon. La madre de Enya ha comenzado a preocuparse, ya que una joven que pase los veinte años tiende a quedarse solterona. Y lo que ella pretende es unir a su hija con el heredero de algún clan de dragones para crear alianzas. En estas circunstancias, donde los escoceses están luchando entre ellos es sumamente importante crear lazos de sangre que, sobre todo, para un dragón son imposibles de romper, la lealtad que ellos profesan hacia los suyos es inquebrantable gracias al secreto que comparten.

Otro tema que preocupaba a la señora Ragon era lo de los cazadores, estos, en un principio servían a los clanes y al consejo de dragones, pero ahora con la conmoción de los levantamientos, muchos de ellos empujados por el hambre o por simple codicia, se venden al enemigo. Conocen perfectamente la manera más rápida de terminar con un dragón, por lo que son muy bien remunerados y altamente demandados, sobre todo, por las fuerzas extranjeras que pretenden conquistar estas tierras y poner a su rey en el trono.

Enya, por otra parte, está tranquila, el tema de los enfrentamientos entre clanes ha sido algo que siempre, desde que ella tiene uso de razón existió, por lo que no cree que sea algo que pase a mayores. Es más, está feliz, ya que con todo esto su sentencia de vida fue suspendida, aunque sabe que tarde o temprano deberá hacer frente a su destino. Su madre, a causa de la prolongada ausencia de su marido, se comporta aún más cruel con ella, es como si no soportara tenerla cerca.

—Si tu padre no puede cerrar el compromiso con los McKenna tendré que tomar cartas en el asunto, Enya. Te enviaré al convento de la isla Iona, ahí tendrás el apoyo de la fe, estoy segura de que será lo mejor para todos —le comenta mientras toman el desayuno.

—Yo no quiero que Enya se vaya —chilla su hermanito, Dall.

—Es lo que debe pasar, mi niño. —Dall mira a su madre y sus ojos empiezan a aguarse. A pesar de que son tratados tan diferente, él y Enya sienten un cariño inmenso el uno por el otro.

—No lo creo, mami, y cuando yo sea el laird, jamás permitiré que ninguna hermana sea enviada lejos —declara el niño y abraza a Enya que está sentada a su lado.

—Te quiero mucho, hermanito, y sé que serás un señor justo el día que te toque tomar el mando del castillo y las tierras de los Ragon —le dice y besa su cabeza.

—¡Basta de ridiculeces! —interviene la señora Ragon—. Enya, si ya terminaste de comer puedes retirarte —ordena a la jovencita—. ¡Vamos! —exclama—. ¿Qué esperas?, y no olvides llevar tus trastos a la cocina —añade con enojo.

—Yo también ya terminé mi comida —dice Dall—. ¿Puedo retirarme? —pregunta.

—Por supuesto mi niño, sube a tu habitación en un rato iré a prepararte para irnos juntos a la aldea —le responde la madre. El niño se levanta e intenta coger sus cubiertos.

—Deja eso, Dall, ya vendrán las sirvientas a encargarse de todo —le dice la señora Ragon.

—Pero, Enya…

—Ella es mujer, es su deber colaborar con los quehaceres del hogar —apunta tajante la mujer.

Con el discurso de su madre rondando en su cabeza, Enya, coge su abrigo y sale de la fortaleza Ragon para dirigirse a su lugar preferido. Todo está en completo silencio, la tranquilidad que la rodea contrasta con la tormenta que se ha desatado en su cabeza y su corazón. Esta mañana el sol brilla, bañando los valles volviendo aún más verde el follaje que lo cubre. Para Enya, mayo y junio son los mejores meses y, aunque todavía deba llevar abrigo; los días lluviosos son más escasos y las horas de luz se extienden propiciando que sus paseos sean más largos. Aunque en Escocia el clima puede cambiar en milésimas de segundos al parecer la jornada hoy será maravillosa.

Camina durante un largo tiempo por el estrecho sendero entre los árboles, disfruta observando la forma en que tímidamente los rayos del sol matutino bañan cada hoja, cada rincón. Las montañas, que hace poco mostraban en sus picos más altos un blanco casi impoluto, ahora lucen una gama de colores marrones y ocres que, salpicados por el oro de las flores, crean un paisaje digno de ser inmortalizado en alguna pintura.

Se sienta en lo alto de una pradera mirando hacia el lago. El viento hoy sopla suave, la masa de agua se asemeja a un gran espejo reflejando el azul del cielo. Sabe que al regresar al castillo estará en serios problemas. El salir a dar un paseo sola, ya no solo era prohibido por el capricho de su madre, sino que podía resultar peligroso, pero ella estaba convencida de que su vida, así como la vive, carece de sentido y se encuentra realmente cansada de todo. Se acuesta extendiendo sus brazos a los costados de su cuerpo con las palmas hacia abajo y empieza a jugar con la hierba; cierra los ojos y deja que la calidez del sol la inunde, es el único lugar donde se siente feliz.

Pero no sabe, que desde las sombras del bosque, un hombre capaz de matar a sangre fría la asecha. Lleva días observándola, estudiando cada uno de sus movimientos. Si aún no hizo nada es porque se siente extrañamente atraído hacia aquella muchacha de piel blanca, mejillas sonrosadas y mirada melancólica. Él sabe que tan solo un disparo, una sola flecha lanzada con precisión extinguirá la existencia de aquel dulce ser al que debe eliminar. Nunca le había temblado el pulso para cumplir con su cometido, pero esta vez es diferente, muchas veces empuñó su arco desistiendo a último momento.

17 de Julio de 2020 a las 15:27 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Roberto R. Roberto R.
Bien!
July 19, 2020, 01:34
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