butterflybig8 Junnie Dan

Ivette Russel tiene a su grupo de amigos o más conocido como "el gallinero", ella junto a ellos entrena para alcanzar el sueño de ganar la competencia de esgrima. ¿Quedará seleccionada? ¿ganará el concurso?. Ivette te invita a soñar junto a ella en este cuento.


Inspiracional Todo público. © Todos los Derechos Reservados©

#cuento #amistad #deporte #historiacorta #completo #competencia #soñar #esgrima #ivette
Cuento corto
0
681 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

"El Sueño del Quinteto"

—Touché

Tal vez esta palabra no te suene ya que no la utilizas muy a menudo como el gallinero que traigo conmigo o mejor dicho “El Quinteto”. Sábados y Domingos prácticas. Ir mejorando día a día, esa es la meta, por algo cito a todos para afinar algunas técnicas que tenemos en común. —Haz practicado Ivette —he escuchado decir más de dos veces los comentarios que vienen de la boca del instructor. No es que sea la peor del curso o del grupo, pero considerándolo tenía que esforzarme por hacer bien los ataques, porque cada vez y cuando era el hazme reír del gallinero que por más que ocultaban sus risas el verme derrotada les hacía gracia. Pero ¡NO!, antes de comenzar la historia que acaba de pasar hace dos semanas, quiero que sepas que si lees esto verás la fuerza que toman las palabras “soñar” y “sí puedo”

Todo ocurrió un día viernes en el que el sol quemaba todo a su paso, no podíamos salir porque era algo insoportable sin duda. Con el ventilador y un par de refrescos, Gabriela, Lena, Samuel y yo nos quedamos en nuestra guarida secreta esperando la llegada del último (y no menos importante) amigo, Jonathan. Me divertía con ellos ya que el hecho de no tener hermanos era evidente, en un grupo siempre hay: los molestosos, los chillones, los estudiosos y, sobre todo; los serios, que es con el que yo me identifico.

—Díselo Lena —decía angustiado Samuel—, no vaya a ser que quedes fuera.

¡Qué mente la mía!, otra palabra que también me identificaba es la de ser distraída, casi nunca prestaba atención a lo que me decían.

“—Podría ser una excelente noticia, o aún, me podría estar muriendo y tú no escuchas ni mis gritos” —sentenciaba mamá con firmeza.

—Ya lo he pensado Sam, me rehúso a participar, tú sabes que yo tengo demasiados nervios —suspiraba una rendida Lena.

Iba a participar de su extraña conversación que a la vez era confusa para ellos, pero en ese momento llegó “el molestoso del quinteto”, que sudado, se acercó a darle un abrazo a su pequeña (e insoportable hermana) Gabriela.

—Ya era hora, Señor Puntual —se burló Gaby zafándose de su abrazo—. ¿Dónde estabas?

Jonathan alzó los hombros y sin darle la mínima importancia a la pregunta se sentó a mi lado.

—¿Seguimos con el plan? —preguntó.

¿Había un plan? ¿algo que yo no me había dado cuenta antes? ¡Pff!, se supone que entre amigos no hay secretos y aquel plan del que han estado hablando (probablemente durante la media hora que he estado aquí) no me asienta para nada.

—Lena ha dicho que no quiere, así que nadie puede obligarla —se apresuró Gabriela a contestar.

Esto ha sido más complicado de lo que pensé, las miradas del gallinero se tornaron vacías al escuchar la supuesta decisión de Lena, pero… ¿Será algo malo?

—Lamento interrumpir, pero, ¿De qué están hablando? —pregunté entre dientes.

Tal vez conseguí quitarles el estado de estupefacción que tenían, porque al escuchar mi pregunta (al parecer demasiado tonta para ellos) estallaron en carcajadas que mínimo, se les escuchaba hasta afuera. Lo único que conseguí no fue una respuesta certera sino una mirada decepcionada de Samuel al ver que no había prestado atención a la conversación. Hubo segundos de silencio hasta que Gaby se dignó a contestarme.

—Hablábamos sobre la competencia de esgrima que se viene dentro de poco Ivi —habló mostrándome el calendario.

La verdad es que a mi poco me importaba la competencia. La realidad es que yo no era buena en esquivar los ataques; y en atacar siempre me resbalaba o la espada salía volando. En vista del peligro decidí ser un cero a la izquierda para evitar un accidente del que yo podría salir perjudicada.

A la competencia solo iban los que sabían dominar las poses, desplazamientos y ataques con la espada, que, sin ir demasiado a la redundancia, eran escogidos por el instructor. Estaba consciente de que nunca iría a una competencia de esas, porque en casos así, mi torpeza tomaba lugar y haría que cualquier payasada haga perder los estribos al instructor e incluso a mí misma.

—¿Quién de nosotros se presentará ante el instructor y querrá ir a la competencia? —preguntó un inquieto Samuel que no dejaba de juguetear con sus manos.

—Eso nadie lo decide, solo él nos sacará uno por uno —Lena tomó la palabra.

—Cualquiera de nosotros podría ser —dijeron Samuel y Lena con tranquilidad.

Bufé resignada al escucharlos, podría haberme salido de aquel deporte y escoger otro, pero este era el que más me llenaba y no podía dejarlo en la nada. —Te falta practicar —escuché varias veces decir al instructor semanas atrás. Últimamente me estaba sintiendo incómoda por el hecho de que ahora practicábamos al aire libre y eso me daba demasiada inseguridad a la hora de combatir con algunos chicos de la clase.


DOMINGO

—Touché

Tocada cuatro veces seguidas ¡qué horror!, con esto mi animo estaba por el piso. Me quedé sentada en una de las bancas más cercanas en compañía de Jonathan.

—Confía en ti Ivette, solo te hace falta…

—practicar —terminé por él.

Siempre me esforzaba en hacer bien las cosas, ponía el alma si era necesario en cada combate que tenía, pero la confianza había desaparecido sin dejar rastro en mí, con tantas burlas y críticas mi autoestima bajo.

Cuando los demás terminaron la pelea el instructor pidió que nos acercáramos para tratar un tema de urgencia. Al terminar de explicar las bases de la competencia sucedió lo inesperado (y desastroso para algunos).

—He estado observando detenidamente las aptitudes de todos ustedes y llegué a la conclusión de que la persona que nos represente será Ivette Russel.

Al escuchar mi nombre una lágrima se desbordó por mi mejilla, no podía asimilar lo que sucedía y las cosas que pasaban por mi cabeza en aquel momento.



Entrenar, ahora esa era la rutina de todos los días y con más frecuencia. Supuse que el gallinero estaría ausente en toda esta semana, pero ellos tenían el mismo sueño que yo y eso hizo que se presentaran. —Sólo es cuestión de concentrarse —decía Jonathan— piensa en algo que te haga sentir una total campeona, solo inspírate.

Comencé por los ataques, que había aprendido a lo largo del año. ¡Uno!, ¡dos!, ¡tres! Repetía sin cesar mi mente, esta era la única oportunidad para demostrar todo aquel sueño del “quinteto”, el cual era alzar ese trofeo.

Arduas jornadas eran repetitivas y cansinas, mis ganas eran notables y con esto me sentía poderosa, mi progreso se convirtió en uno excelente algo que jamás pensé que llegaría a pasar, pero… ¿será suficiente para ganar la competencia?

Con cada cosa la vida me daba vueltas y vueltas y sin estar prevenida en un abrir y cerrar de ojos ya era la competencia. La noche se me vino encima ya que no podía pegar el ojo, mi corazón marcaba un ritmo, las lágrimas querían venirse de nuevo, pero no se las permití. Tenía miedo de quedar en ridículo, miedo de fracasar, miedo a dejar de luchar… en resumen, miedo a decepcionarlos a todos. —Con temor no se llega a ningún lado, todo depende de lo que dicte el corazón —frase que me inspira a ser más. Sin más me dormí, esperando a que el mañana se vista de gloria.


—Aunque ganemos o perdamos, con nuestro apoyo seguirás contando —sonrió Samuel.

Hoy se decidía todo, las cartas sobre la mesa ya estaban tiradas y solo iba a ver un ganador.

—Ya saben las reglas chicas —dijo el instructor mientras nosotros asentimos con la cabeza.

Recibí toda la confianza del gallinero pese a que yo no confiaba del todo en mí.

¡Ataca, esquiva!, repetía entre dientes tratando de no tropezar.

“Solo basta con soñarlo para conseguirlo” recordé lo que dijo Gabriela en sus entrenamientos. Me llené de valor y en mi mente el “sí puedo” permanecía intacto mientras las ganas de vencer corrían por mis venas.

El combate me dejó exhausta, pero en un movimiento rápido me di cuenta que había ganado pese a todas las críticas que escuchaba.

“El que persevera alcanza” decían.

Al recibir el trofeo me di cuento el importante valor del compañerismo, del apoyo y de aquellas frases motivadoras que escuchaba de todos ellos.

Soñar es importante ya que demuestra la pasión que tenemos por aquello que anhelamos, y sí, el corazón también tomo lugar e hizo su trabajo en dictarme lo correcto.

Soy Ivette Russel, más conocida como “Ivi” y este fue “El Sueño del Quinteto”.

4 de Agosto de 2020 a las 16:17 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Fin

Conoce al autor

Junnie Dan Hey!, gracias por visitar mi perfil, encontrarás historias recién con un par de capítulos, intento de escritora, de persona, de amiga y muchas otras cosas más. Amo las galletas ♦También pásate por mis redes sociales: https://www.instagram.com/lolip70/ https://twitter.com/butterflybig8 ♥Nosotros somos los efímeros... ♥ "Hay personas que convierten su tristeza en alegría para otros" ♥-Las mejores cartas no se las teclea sin sentido; se las escribe con el corazón lleno de tinta -Zion

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

Más historias