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La familia de Juliana cree fervientemente que todos sus actos malvados han sido obra del demonio.


Paranormal Todo público.

#demonio
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01

La naturaleza del demonio era ser un demonio. Un demonio come niños. Pero era como cuando nosotros nos comemos un plato de carne. Era su naturaleza. Él había nacido maldito. Con un peso encima que cargar y del que no se podría librar fácil.
Cuando Juliana le fue infiel a su marido, dijeron que en realidad había sido el demonio, aunque él apenas esbozaba su existencia. Ni qué decir de la del amante, ¿quién es? Al demonio no le importaban las relaciones humanas, únicamente, como cualquier otro ser, buscaba sobrevivir y alimentarse de la esencia más inocente; los niños.
Hombres, mujeres. El demonio no diferenciaba, y no era capaz de sentir empatía porque no era un humano y no podían juzgarlo bajo ese nombre. No era igual que un humano, no funcionaba de esa forma. No era un ser social, no se manejaba por emociones. Tampoco era tan racional, solo estaba ahí. Para existir como lo que era, un demonio come niños. La existencia del demonio era tan plana como para él saberlo. Pero al escuchar que los padres de Juliana lo nombraban tanto, se presentó ante la mujer.
—¿Qué carajo te pasa?—. Gritó imitando a los humanos cuando estaban enojados, y la vena les saltaba en el rostro.
—¿Q-quién eres?
Entonces al verla preguntar como toda humana, lo invadió algo parecido a lo que los mortales llamaban hastío o aburrimiento.
—Yo debo preguntar eso—. Imitó nuestro lenguaje —Quién eres y por qué me vinculan románticamente con tu amante. No los conozco.
Juliana tuvo tanto temor. Claramente no tenía idea de, número uno, qué cosa era lo que tenía en frente, y dos, de qué carajo estaba hablando.
No retiró sus ojos del hombre. Hombre porque a pesar de tener ojos rojos y no sentirse como un hombre, parecía uno, sin pechos, abdomen plano, pelo corto negro y pantalones negros. Dos piernas, los pies en el piso. Dos brazos, un hombre.
—¿Q-qué... eres?
—Tomé una forma humana, pero soy un demonio.
—¿P-por qué...?
—¿Eres tartamuda? Un humano no puede soportar ver mi verdadera forma. Desde luego—. Pensó —, eso me da mucha ventaja con los niños. Me los como rápido y con el miedo que tienen saben mucho mejor.
—Suenas como un depravado... ¿P-por qué estás aquí, vas a... va-vas a...?
—Ya cállate. Vine por...
—Vas a matarme—. Sentenció la mujer al borde de las lágrimas.
El demonio se quedó quieto sin saber qué estaba pasando con ella. Y decidió marcharse. Sin embargo Juliana lo detuvo.
—E-espera, te-tengo que saber, ¿me iré al infierno por haber pecado?
El demonio no supo a qué se refería. No podía entender qué era lo que en realidad quería preguntar. ¿O acaso esa oración estaba bien formulada? Como todo humano, juntó las cejas en un gesto de confusión, y no apartó la vista aunque sus ojos no miraban, más bien, se perdieron dentro de sí tratando de entender porqué de pronto tenía que saber las respuestas a preguntas tan... humanas.
—Sí—. Dijo sabiendo que era una respuesta.
Mas, al ver en la cara de la mujer el terror personificado, juntó mucho más las cejas. Confundido.
—No—. Volvió a decir.
—¿Si o no?—. Reclamó Juliana con las lágrimas empapando sus mejillas.
—Qué sé yo—. Respondió el demonio totalmente sincero.
—¿Por qué me tentaste al pecado?—. Preguntó resurgente, en el papel de víctima.
¿Pecado? Se preguntó a sí mismo el demonio. Pecado sonaba a bocado, y ya tenía mucha hambre, pero él no comía mujeres infieles. Él comía niños, con jugosas entrañas y ojos casi nuevos. Llenos de vida. De emociones. De todo eso que no tienen los demonios.
—¿Qué te pasa?—. Preguntó Juliana viendo como el demonio había plantado sus ojos como si quisiera comerla, y tenían el brillo tal de como cuando se ve un pastel. Rojos, encendidos. Pupilas dilatadas. Se dio cuenta además, de que su cuerpo humano estaba tenso —¡Por favor!
—No sé qué es pecado—. Reaccionó al fin, dispuesto a irse.
¿Qué se creían los humanos?
—¡E-espera! ¡Tienes que hacer que vuelva a ser fiel a mi esposo!—. Gritó apuntándolo con una cruz, y... cerrando con fuerza los ojos vociferó —¡A-aléjate de mí en el nombre de Jesús!

Vaya humana, pensó el demonio.

13 de Julio de 2020 a las 20:39 0 Reporte Insertar Seguir historia
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