german335 German Martinez Lobo

En el momento en que la familia RIchardson ganó un viaje en el famoso crucero, SIlver Siren, no imaginaron la forma en la que ese viaje les impactaría. Fue así como lo que empezó como un viaje tranquilo y ameno, mutó sin que ellos pudieran evitarlo, en una experiencia donde las sombras mas profundas tomarían el control de sus destinos, llevándolos por un sendero donde solo verían penumbras y sufrimiento. ¿Podrá la familia superar este problema o serán arrastrados a las tinieblas que han tomado el control del Silver Siren? Averígualo en esta historia para el Universo Heraldo.


Paranormal Lúcido Sólo para mayores de 18.

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El Puerto

Eran las cinco de la tarde de un soleado día de marzo, cuando el viejo Ford fiesta de los Richartson enfiló por una pronunciada pendiente de la zona industrial de Royal Cost. Aquel coche temblaba tan frenéticamente que por unos momentos Jonás creyó que la caja de direcciones se partiría en dos.


—¡Sube, vamos muchacho! —masculló el hombre, quien sudando sujetaba con firmeza el volante, a la vez que pisaba el acelerador del auto que se estremecía en su ascenso por la cuesta.


—¡Gracias, mi señor! —susurró Alexa, la esposa de Jonás, cuando el descolorido automóvil verde superó la subida, dejandolos frente a un gran cartel que indicaba la entrada al puerto de Royal Cost.


—¿Ya llegamos? —preguntó un niño en el asiento trasero. Aquel chico, pecoso y de ojos color café, tenía seis años y no hacia ni una semana que acababa de mudar sus dos maxilares, por lo que cuando sonreía quedaba a la vista un orificio, por el cual podía verse ocasionalmente su lengua.


—¡Anthony, ya es la novena vez que me haces esa pregunta! —comentó Alexa disimulando su falta de paciencia—. ¡Ya vamos a llegar!


—¡Viva! —exclamó Anthony tirándose hacia atrás para tomar su muñeco de Max Stell, elegido por él para ser su compañero en el viaje.


—¡Está muy emocionado! —dijo Jonás mirando cariñosamente a su hijo por el retrovisor—, es su primer viaje en barco.


—Lo sé —agregó Alexa tras asumir una actitud más comprensiva—. Pero así es para todo, no tiene paciencia, debe aprender a calmarse.


—Parece que nunca fuiste niña —replicó él mientras conducía. El auto continuaba adentrándose en el puerto, dejando atrás docenas de almacenes y enormes conteiner`s que esperaban a ser manipulados por las grúas lurfing del puerto. «Estamos cerca», pensó Jonás cuando sintió la salina fragancia del inmenso mar que ya empezaba a ver.


—¡Increíble! —exclamó Anthony al ver a una de las grúas extender su brazo para levantar uno de aquellos conteiner`s. Luego el chico dio un enérgico salto hacia adelante para asomarse por el espacio dejado entre los asientos delanteros.


—¡Papá, cuando sea grande quiero trabajar aquí! —comentó casi gritando.


—Tú quieres trabajar en todos lados, Anthony —dijo Alexa girándose un poco para ver a tu hijo mientras en forma autoritaria lo empujaba con una mano hacia atrás para que se sentara—. Ningún hijo mío será operador de una grúa. Estudiaras mucho e iras a la universidad de Sphere o de San Joseph para ser un ingeniero o un doctor.


—También puedes estudiar en Génesis —sugirió Jonás con una sonrisa. —Sobre mi cadáver ira a Génesis —comento Alexa mirando a su esposo fijamente—. Nada bueno sale de esa universidad.


—¡Yo estudie en Génesis! —recalcó él con seriedad mientras fruncía el ceño—. Y no es por nada, pero por algo soy director finanzas en uno de los bancos más importantes del país.


—¡Tu eres diferente, cielo! —manifestó Alexa tomándolo suavemente por la barbilla para darle un beso—. Además con ese terremoto de hace meses, no creo que esa universidad vuelva a ser lo que era, aunque seamos claros, nunca fue la gran cosa.


Jonás sin decir una palabra continuó enfocándose en la vía, por su parte, Alexa se dedicó a limpiar un pequeño manchón rojo dejado por ella en la comisura de los labios de su marido.


—¡Llegamos! —aseguró Jonás con alegría cuando vio el área más lujosa del puerto, la cual estaba destinada a los cruceros.


—¿Mama y todos estos barcos? —preguntó Anthony pegándose al vidrio de la ventana para ver las ostentosas embarcaciones blancas y azules atracadas en el muelle.


—Son yates, mi corazón. —afirmó Alexa colocándose unos lentes de sol que sacó de su bolso.


—Cuando sea grande quiero tener varios de esos —dijo el chico enérgicamente bajando el vidrio para sacar la cabeza por la ventana


—¿Ves? Ese es el modo de pensar que me gusta que tengas —agregó ella muy complacida—. Pero mete la cabeza por la ventana o te castigaré una semana.


El automóvil continúo su recorrido hasta que finalmente se detuvo en una fila de autos, formada a uno de los laterales de una plaza con una fuente que poseía la forma de una ninfa desnuda con un cántaro, el cual liberaba un torrente infinito de agua sobre un estanque.


Jonás fue el primero en bajar, sintiendo un gran alivio cuando pudo estirarse y hacer crujir sus huesos. Tres horas manejando desde Silver River lo habían agotado mucho. El aroma del mar, los graznidos de las gaviotas del puerto y los tenues rayos del crepúsculo vespertino lo llenaron de paz. Sin querer perder más tiempo, el hombre fue rápidamente a la cajuela del automóvil, dispuesto a sacar el equipaje de la familia.


Alexa y Anthony esperaron hasta que el jefe de la familia volvió, trayendo consigo dos maletas con ruedas junto a un largo y pesado bolso en la espalda. Aquello era todo lo necesario para las dos semanas del crucero. Ya reunidos, la familia caminó por un pequeño pero pulcro muelle donde fueron interceptados por un hombre que haciéndoles la señal de alto fue hacia ellos.


Era un joven, alto, de piel bronceada y cabello cortó y negro, no debía tener más de veinticinco años y se notaba que entrenaba ocasionalmente. Su uniforme era traje de marinero que constaba de un pantalón y zapatos negros, una camisa blanca con franjas azules a los lados y un gorro del mismo color de la camisa, en el cual brillaba ademas el estampado de una hermosa sirena de cabellos plateados que saludaba desde una roca.


—¿En qué les puedo servir? —preguntó el joven atentamente mientras extendía su mano para saludar a Jonás.


—¡Vamos al Silver Siren! —contestó Jonás respondiendo al saludo con una mano mientras con la otra sacaba tres boletos de su camisa playera.


—¡Fantástico, me llamo Jimmy! —indicó el joven al cual se le dibujo una sonrisa en el rostro tras revisar los boletos—, los ayudaré con su equipaje, síganme por favor, en unos instantes subiremos su automóvil al barco.


Jonás y su familia caminaron detrás de Jimmy hasta que llegaron a una gran escalera donde tres marineros que lucían el mismo uniforme que el joven, sellaban los boletos a los pasajeros que esperaban subir al barco.


—¿Ustedes ganaron el concurso del Banco Federal? —preguntó Jimmy. —¡Correcto! —contestó Jonás.


—¡Que afortunados son! Este será un viaje inolvidable, se los aseguro.


—Mi papá quería el auto del primer premio, se puso triste cuando ganó el viaje, dijo que igual tendría que trabajar —comentó Anthony.


—¡Anthony! —bramó Alexa en voz baja—. ¿Qué te he dicho acerca de no meterte cuando los adultos hablan?


—¡Perdón, mami! —respondió el niño en un tono de voz casi inaudible a la vez que se aferraba a su juguete de Max Steel.


—Los niños no pueden evitar ser así, creo… —agregó Jimmy soltando una carcajada.


—Pero se pueden educar para que no sean imprudentes, él sabe cuáles son las normas —aseguró Alexa lanzando una mirada inquisitoria sobre su hijo.


—Son los ganadores del concurso del Banco Federal, yo los escoltaré a primera clase —informó Jimmy cuando fue el turno de los Richardson para verificar los boletos.


Luego de dar el visto bueno, los marineros sellaron los boletos e invitaron a la familia a subir al barco, quienes aun con el joven sirviéndoles de guía y maletero, caminaron rumbo a las escaleras.


—Su habitación es una siute en la cubierta B, primera clase, síganme por favor —índicó Jimmy a la familia que pronto ascendería por babor, el lado izquierdo del barco.


—¡Muchas gracias, amigo! —respondió Jonás


—Este viaje cambiara su vida, recuerden mis palabras —afirmó Jimmy sonriendo.


Jonás sonrió al escuchar esas palabras, aunque era obvio que aquella era una sonrisa falsa, después de ese momento no pasó mucho tiempo antes de que posara mi atención en los Richardson, después de todo, con alguien tenía que distraerme en este viaje.

14 de Julio de 2020 a las 05:05 0 Reporte Insertar Seguir historia
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