nv_scuderi N.V. Scuderi

Lucy es una mujer decidida a cumplir sus metas y lo logra. ¿Cómo? Con desenvoltura y algo más.


Crimen Sólo para mayores de 18. © Todos los derechos reservados

#cuentosymicrorrelatos #batalladecomunidades #paranormal #infancia #pasion
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El cuaderno de Lucy

Desde niña amé dibujar, pero mis padres se oponían. Cada vez que lo mencionaba, me apuñalaban con su «preocupación por mi futuro» al no enfocarme en algo más práctico. Lo mismo mis profesores y amigos, incluso aquellos que decían amar otros campos artísticos como la literatura o la música, pues «hay que pisar tierra, ni acá ni en Europa viven solamente de eso».

Quizás era demasiado sensible, o soñadora o ambiciosa, ¿pero por qué debía doblegarme cuando podía ser mejor que todos ellos?

Entrené por mi cuenta con cientos de cuadernos de una raya que debían ser para las tareas escolares. Pero había uno en particular de tapa dura, de color negro y abultado que me regaló mi abuelo, la única persona que me apoyaba, antes de morir a mis catorce años. Él era tan temerario y orgulloso como yo.

Los años pasaron volando ¡y logré vivir de lo que me apasiona! Me convertí en una artista famosa, brindaba talleres y charlas tanto en mi país como al otro lado del océano. Me hubiera gustado que mis padres estuvieran presentes para verme triunfar en la vida, pero desafortunadamente no se pudo.

―¿Es todo? ―inquirió el oficial al resumirle mi infancia hojeando mi cuaderno especial, viejo pero bien conservado.

―Es todo ―confirmé observando atentamente que lo manipulara con el debido respeto. Él tampoco me perdió de vista con esa característica mirada de policía serio y frío, pero tenía unos ojos marrones muy bonitos y que me sugirieron, además de sus manos libres de anillo dorado, que el hielo podría romperse.

―Cuénteme sobre el orfanato al que fue, señorita.

―Qué raro se siente hablar de «usted» en Paraguay, me hace creer que estoy en una serie policíaca yanqui ―comenté al margen con una media sonrisa que, maldita sea, no me la devolvió. El hielo era evidentemente muy resistente―. Sí, ya sé, no estamos para la joda. Seguí haciendo lo de siempre al mudarme al orfanato, o sea encerrarme a dibujar. El resto de mis parientes en el interior ni ahí estaban por mis padres y estos tampoco por ellos, así que, salvo por mi abuelo fallecido que hacía lo que se le cantaba la gana vagando de aquí para allá, contábamos con nosotros mismos nomás.

―¿Entonces no tiene ninguna idea, ninguna pista de qué pudo haber ocurrido? ―insistió todavía recorriendo las páginas―. Desaparecieron hace años.

―No, qué bola... Para eso me llamaron.

No pude evitar replicar ante lo obvio, soné más arisca de lo que pretendía. Al menos, levantó su mirada de nuevo hacia mí, pero frunciendo el ceño. Por alguna razón, lo hallé más atractivo.

—Le creo cuando dice que es tan imprudente como su abuelo —opinó—. Bueno, hay algo más que me gustaría preguntar...

—Mi estado civil es soltera, oficial. No soltera oficial —improvisé de vuelta.

—No todos los policías somos calentones, señorita —aclaró sin inmutarse.

—Me di cuenta, pero también pensaba que, después de cierto tiempo de servicio, los policías enloquecen. Hay más de un «gatillo fácil».

—¿Ahora qué? ¿Me va a salir con que le interesan los policías locos?

—¿Por qué no? La locura no es tan mala si la sabés manejar. Capaz un policía más alocado o vivo, si le parece más apropiado este término, use mejor su pistola para ciertas cosas que uno cuerdo. —Guiñé un ojo.

Suspiró fuertemente arqueando las cejas y juntando paciencia.

—Hay un cierto placer en la locura, que sólo el loco la conoce —dijo más para sí que para mí.

—Hmm, esa frase de Neruda no tiene mucho que ver —disentí.

—No, pero me acordé de repente de tanto hablar de locura.

—Policía literato y guapo, ¿eh? Esa sí que es una novedad.

—Nos estamos desviando del tema —se hartó golpeando con discreción la mesa de la oficina con los nudillos—. Mejor guarde sus ocurrencias para otro tipo que caiga más fácil.

Iba a hacer un mohín, pero le di el gusto y me puse seria.

—Quería preguntar —recapituló enseñándome una página del cuaderno—. ¿Y este dibujo de sus padres maniatados y pidiendo auxilio en lo que parece una fosa?

—Cada cosa que uno dibuja de chico, ¿no? Más cuando está enojado.

—Justamente hay que atender lo que dibuja una criatura, más cuando está enojada o sufre otro mal —remató. De pronto, la ansiedad por dar en el clavo se apoderó de su voz y hasta brilló en sus pupilas. ¡Qué rápido armó sus teorías! No era ningún estúpido.

—Pues no sé, usted mismo dijo que es de la opinión de que soy osada. Es un dibujito nomás.

Sostuve la mirada con la mayor serenidad que pude reunir. Esto no me lo creyó, hecho que temía como el que descubriera aquel dibujo, sin embargo, tampoco tenía forma de probar su sospecha. Porque, claro, ¿cómo alguien podría corroborar, ni siquiera adivinar, que un cuaderno sencillo en apariencia tendría la habilidad de cumplir mis propósitos?

Excepto este oficial con imaginación, conocí a un hombre que podría y ese era mi abuelo.

―Vas a cumplir todo lo que te proponés, Lucy ―me dijo él con una sonrisa que perdía su luz a cada segundo en su lecho de muerte en el hospital, mientras me entregaba el cuaderno―. Espero que esto te ayude, lo mandé a hacer solamente para vos a un curandero con el que me topé en uno de mis viajes. Sabés lo que es un payé*, ¿verdad? Se puede hacer más de lo que dicen...

El oficial cerró el interrogatorio garantizando que continuaría con este «curioso caso» que días atrás halló guardado y olvidado entre los miles de expedientes de la comisaría.

Era de noche cuando al fin me dejaron ir con mi cuaderno sano y a salvo en mis brazos. Respirando aliviada el fresco aire otoñal, me senté en una deshabitada parada de ómnibus a hacer un nuevo dibujo con un lápiz de un estuche que siempre llevaba conmigo, por las dudas.

Luego de unos minutos, alcé la cabeza hacia el oficial que ya se encontraba de pie frente a mí. El hielo en sus ojos totalmente rendidos se rompió.


*Payé: (pajé en guaraní, que significa «embrujo, hechicería») Según el libro Mitos y leyendas guaraníes, de Girala Yampey, «es como un sortilegio, embrujo o manipulación mágica utilizada para realizar diversos conjuros o exorcismos, en procura de conseguir los favores de una persona amada o para hacer algún daño a quien se desea perjudicar.»

12 de Julio de 2020 a las 02:56 13 Reporte Insertar Seguir historia
9
Fin

Conoce al autor

N.V. Scuderi Licenciada en Comunicación Audiovisual, pero el amor a las historias a través de la literatura es más fuerte.

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Gabriel Mazzaro Gabriel Mazzaro
Genial NV!
November 27, 2020, 13:52
Luis Sanguines Luis Sanguines
Ha sido una historia muy agradable de leer, no pense reirme cuando lei lo del paye.
August 27, 2020, 02:54

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¿Quién dice que no puede ocurrir? Jajaja ¡muchas gracias, Luis! :D September 03, 2020, 20:48
Is Bel Is Bel
¡Una maravilla Nat! ¡Me ha gustado mucho! Muy original y de calidad, bien escrito y curioso.
August 15, 2020, 20:15

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Bel, querida! ¡Muchas gracias y nos leemos! 🤗 August 16, 2020, 01:07
Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra
¡Padrísima historia! Me gustan mucho los cuentos que son cortos, concisos y de calidad. Contiene todo e incluso te imaginas la personalidad de la protagonista y toda su historia. Muy buena.
August 14, 2020, 02:46

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Muchas gracias, Tadeo! También fue un verdadero gusto leer tu cuento con un protagonista que promete 🙌🏻 August 16, 2020, 01:06
Jancev Jancev
¡Me encantó! Necesito ese cuaderno en mi vida... Aunque sea una sola hoja jajajaja.
August 12, 2020, 23:58

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    Sería genial que nos consiguieran uno, la verdad 😂 ¡Muchas gracias, Jan! August 16, 2020, 01:05
Roberto R. Roberto R.
Muy bien!
July 24, 2020, 04:07

Cuenta Borrrada Cuenta Borrrada
¡Una excelente historia!
July 14, 2020, 00:00

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