dreamhopeb 💜DreamHopeB💜

Luego de huir del monstruo que alguna vez llamó madre, Jungkook emprende un viaje sin rumbo hasta terminar en un pueblo fantasmal ubicado en Rusia llamado Burya. Su condición de lobo se manifiesta minutos antes de que un joven leñador llamado Taehyung lo encuentre fuera de su hogar. El joven permite la entrada del animal, sin saber que aquel lobo blanco dócil y lastimado, es realmente un joven humano con una maldición dentro de sí. Su destino se unió ese día, siendo el humano su salvador sin saberlo, y recibiendo la protección del lobo ante los terribles peligros que asechan ese extraño pueblo. Después de todo, eso fue lo que escucho de aquel superior ser de luz, quién le confió la vida del hijo del pecado nacido en tierra de humanos. _________________________________________________ • A c l a r a c i o n e s • -Mención de ángeles, demonios, hombres lobo y almas oscuras. -Escenas fuertes. Leer bajo su responsabilidad. -Inspirado en las creencias Armenias y leyendas. -Mezcla ficción/realidad con alteración del universo hombres lobo. ~No se permiten copias o adaptaciones~


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.

#taehyung #jungkook #bts #lobos #lunallena #v #jk #kookv #jeon #kim
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One

La noche era desolada y fría, únicamente la luz de la luna llena le daba la visibilidad a aquella mujer entre los pastos del campo. Las montañas parecían susurrar con los movimientos del viento, un pequeño sonido, o una advertencia de la naturaleza misma a la mujer que sin que ella lo notara, no estaba sola.


Sus manos a pesar de estar frías debido al otoño, traían consigo una cesta con los alimentos que adquirió en el pueblo para sus tres hijos. Algo de pan, queso, frascos de mermelada y leche. Podía imaginar la alegría de sus hijos al ver la distinta comida que podrían ingerir al menos por esta noche, con esta luna llena que siempre fue su aliada para mostrarle a su amado en un tiempo pasado, cuando el cielo hacía caso omiso a la situación de aquella mujer con uno de los suyos.


Ahora, ocho años después, estaba con sus tres hijos y compartiría una deliciosa cena con ellos.


Sus pequeños. Quienes a pesar de no verse aceptados por el mundo, eran lo único que ella tenía en esta solitaria vida.


Apartada del pueblo, apartada de su familia, apartada de su amado, solo existían sus tres retoños que ella nunca los llamaría un fruto de un pecado. Aún si sabía que el reloj estaba en marcha, y con cada movimiento de las manecillas, los segundos acercaban el castigo divino que se impartiría sobre su vida misma.


Aún no. Pensó al ver la luna en el reluciente cielo.

Aún necesito algo de tiempo.


Pero el tiempo es algo que solo los dichosos e ignorantes tienen en su poder, sin agradecer el tipo de vida en que nacieron y lo mucho que podrán aprovechar aquel espacio-tiempo para crecer a su manera.


Se removió un poco por las brisas que parecían adquirir fuerza a su alrededor. Los pliegues de su viejo vestido se alzaron levemente, ella apresuró el paso al ver que cada vez oscurecía más. La luna llena estaba siendo tapada por grandes nubes grises.


Jeon.


Se detuvo en seco al escuchar esa voz. Su tono cargado de gravedad y una pequeña risa socarrona le hicieron tensar sus brazos. Volteó su vista y apretó sus manos en la cesta al ver aquella figura oscura salir de los árboles. Sus ojos rojos le miraban fijamente.


—Tú...


Gritó al ver la velocidad en la cuál aquella figura se mostró ante ella, ahora le tomaba su mentón con sus largos dedos, oscuros y sin algún aura divina.


Ahora aquel cuerpo que se materializó ante ella tragaba con sus feroces orbes toda luz que se atreviera a verlo, convirtiéndolo en llamas negras que aleteaban por los bordes de su piel. Sus puntiagudas y plumadas alas alejaban cualquier llamado de la naturaleza por su auxilio. Pero es que siquiera él era el verdadero peligro, pues existía alguien allí arriba que era incluso peor que él al mostrar su furia.


—¿Q-Qué quieres? — Preguntó con un nudo en su garganta.


No quería temer. No de él.


—Advertirte.— Dejó su mentón luego de una sutil caricia, admirando sus finas facciones temblar.
—Él vendrá esta noche.


—¿Quién?


Un ángel.


La mujer tembló incluso más al ver su sonrisa satisfecha. Sabía que en esa forma, solo disfrutaría de sus emociones negativas. Ya no había amor en su mirada, o calidez en sus toques. Todo era tan oscuro y sombrío como su apariencia física.


—¿Por qué?


El ángel caído la tomó del cuello y ejerció un poco de presión, disfrutando por última vez tenerla bajo su control.


Así como yo cometí un pecado al enamorarme de tí. Tú cometiste un pecado al entregarte a mí.


Sunmi negó, aterrada por la verdad, intentando encubrirla.


—N-No... Yo no te amo.


Era mentira y ambos lo sabía, pues el amor de ella era grande aún si era incorrecto. Y el de aquella figura que en un pasado brillaba con toda su existencia, se apagó al machar lo puro con lo impuro, lo correcto con lo incorrecto, el amor con la obsesión, y la inocencia con un pecado.


No me amas, pero aún así permitiste que me adueñara de tu cuerpo. Caíste por tus estúpidos instintos. Fuiste débil y ahora, tienes un hijo que representa tu pecado más grande.


La mano que sostenía su cuello se apartó, y aquella figura se desapareció junto con la brisa.


Yo pagué mis pecados al transformarme en esto. Ahora tú pagarás los tuyos.


En ese momento, las nubes que mantenían oculta la luna se movieron. Su luz fue más grande, casi cegadora para la mujer que se encontraba en aquel campo.


Se cubrió de aquella luz con sus manos y dejó caer la canasta. Lo que tanto le costó conseguir para sus tres pequeñas luces, ahora regado en aquel pasto sin vida, sin brillo propio ante semejante luz divina. El cielo pareció partirse y mostrar un borde de constelaciones, más allá de este mundo, más allá de la comprensión de los mortales.


Una figura blanca descendió en el mundo manchado de almas con oscuridad, penosas y corrompidas.


Dos alas con plumas adornaban su espalda, y su aureola dorada iluminaban al ser. Vestimenta preciosa, ni las más finas sedas, ni los mejores costureros podrían imitarlo. Su existencia no fue hecha para mostrarse hacia los seres vivos, que su vida depende del tiempo. Ellos fueron creados junto a las estrellas, constelaciones y manto nocturno desde el principio del fin. Su infinita "belleza" en palabras humanas, era lo que los seres vivos trataban de imitar por medio de la moda, los vestuarios, el maquillaje.


¿Quién no admira un rostro fino y delicado para elogiarlo con un "pareces un ángel"? Era curioso para los seres divinos como los mortales seguían su prototipo a semejanza, cuando lo que deberían copiar son sus acciones para detener aquel ciclo de pecado - plegaria.


Sus divinos ojos miraron con desaprobación a la mujer que ocultaba sus ojos de la luz celestial. Sacó un testamento de su bata y lo recito hacia la mujer que por un periodo de ocho años, la observó junto a uno de sus amigos. El ex-ángel Seolgwa.


Jeon Sunmi. Tus acciones hace ocho años condenaron tu vida para siempre. Tu pecado es imperdonable. Serás castigada por tu repulsivo comportamiento y cada uno de tus hijos pagará de igual forma.


Sus delicadas manos se alzaron y dejó caer la maldición en la mujer, haciendo caso omiso a sus plegarias por piedad. Desapareció una vez el castigo fue impartido, cerrando el borde y volviendo a colocar en función el reloj sobre la tierra, dando paso al tiempo que la hacía funcionar con el tic tac de la muerte.


Sunmi gritaba mientras agarraba su propia piel, la cuál empezó a arrancarse y dejar salir el pelaje que se ocultaba dentro. Su boca se extendió, su mandíbula creció junto con los colmillos.


Sus huesos se escuchan al romperse. Agachó su espalda y se posicionó en sus cuatro patas. El coxis se extendió, dejando relucir su larga cola que fue adornaba de un pelaje azabache. Las patas traseras se redujeron, y para cuando la transformación finalizó, ya no era una mujer llena de vida, amor, esperanza y con un pequeño rastro de bondad.


Ahora era un lobo con una inhumana maldición.


Sus ojos dorados y gran hocico empezaron a buscar carne, específicamente a sus hijos, los cuales pensaba devorar tal cual festín.


Tenía hambre, necesitaba comer.


Su instinto gritaba por comida, buscando devorar la inocencia o la maldad, realmente no lo sabía.


¿Algo tan monstruoso como lo era ella buscaría maldad para alimentarse? Por supuesto que no, lo que retorcía su estomago era la busca de brillo, lo mismo que cegó a su amado en cuanto se transformó en demonio, buscando la luz que ellos no tenían.


Empezó a correr por el campo con su nuevo cuerpo y su mandíbula dejaba escapar saliva mientras jadeaba. Ansiosa por empezar a degustar a sus niños.


Míos. Míos. Míos.


Rompió la puerta de aquella casa la cual los ocultó desde que los ciudadanos del pueblo la exiliaron y miró a sus dos hijos menores. Su pequeña Hye-ji de apenas un año se asustó al ver al animal adentrarse a la casa, y su hermano Minso de cinco al escuchar su llanto se acercó a la sala, quedando paralizado a la figura del lobo negro de casi dos metros.


—¡M-Mamá!— Gritó el pequeño por auxilio, sin saber que el lobo que se abalanzó sobre su brazo para empezar a comerlo a grandes bocados, esparciendo sangre sobre el suelo y las paredes, rompiendo sus huesos y devorando sus entrañas, era su preciosa madre.


~


Despertó dos días después, en medio de un solitario hogar. Sintió el sangre en sus labios y enseguida escupió.


No supo que había pasado, hasta que se irguió en su lugar y miró dos pequeños cadáveres a la par de ella. Gritó horrorizada, viendo sus propias manos y vestido manchados del mismo líquido.


Enseguida empezó a vomitar. Los recuerdos de la noche la golpearon y sacó todo de su interior, viendo los restos de lo que fueron sus hijos salir de su boca.


Sollozó mientras veía la escena. Sus manos entintadas se movieron hasta su rostro y empezó a rasguñar.


—¡NO!— Gritó y empezó a rasguñar sus brazos, sus ojos, sus labios.
—No...— Lloró desconsoladamente y volvió a vomitar.


Castigo divino. Se suponía que por este castigo tan cruel sus pegados serían equilibrados ante la justicia.


Justicia de quien. ¿De los altos mandos? ¿De los seres superiores que la castigaron por haber dado su cuerpo en acto carnal hacia el ser más precioso que sus ojos habían visto?


Realmente se preguntaba si es que aquellos seres de alas no tenían en cuenta que los humanos buscaban siempre hacer lo imposible. Ellos mismos a veces repudiaban su propia raza. Y alguien como ella se aferró al primer hilo de esperanza que le tendieron para bloquear la penumbra a su alrededor.


Una vida hostil por poder ver seres que las personas normales no podían ver. Sus padres la dieron por un monstruo al enterarse. Asistió a un internado religioso. Las experiencias vividas allí dentro la traumatizaron por días. Abusos sexuales por parte de hombres que todos adoraban, golpes por parte de las mujeres y su gran túnica con rosario en mano, rezos todos los días en una misma capilla antes del amanecer.


Fue así, hasta que al parecer sus plegarias por buscar algo que le diera esperanza se mostró ante ella. Un hermoso ser de luz la irguió del suelo de la capilla, y ella visualizó sus hermosos ojos. Su corazón latió desbocado, junto a un tinte carmín sobre la piel de sus mejillas. Quedó deslumbrada ante semejante ser que por sus divinos labios, le confesó ser su ángel guardián.


¿Fue realmente su culpa enamorarse de un ser divino? ¿No era que el amor era la emoción humana que los salvaba de este asqueroso mundo?


Fue débil, como cualquier ser humano que haya vivido en este mundo. Eran débiles por naturaleza, y si descubren algo tan fuerte como lo es un alto mando que tenía poderes fuera de este mundo, un ángel, alguien externo a lo común... ¿No era obvio que acabaría cegada por sus instintos?


Bonita vida que le tocó vivir, al menos hasta ahora. Donde los restos de sus hijos bajaban de la comisura de sus labios y todo rastro de humanidad dejó sus castaños ojos. Ahora solo repudiaba el mundo, y todo ser que tuviera conexión con ellos.


Pasaron quince minutos en los que se recompuso y se levantó de su lugar.


—¡SEOLGWA!— Gritó, ardiendo en cólera.
—¡SAL, MALDITO!


La figura oscura volvió a mostrarse, sus ojos miraron la escena con un poco de lástima en algún pequeño lugar de su corazón. Después de todo, poca emoción poseían los de su especie.


Seguirás haciendo esto en cada luna llena. Hasta acabar con todos los niños de esta región. O hasta que alguien más te asesine, hiriendo tu corazón.


La mujer miró con rabia a aquel ser por el cual cayó de rodillas nuevamente, deteniéndose al frente.


—¿Dónde está Jungkook?


Entre los nubosos recuerdos, no recuerda haber visto al mayor de sus hijos. El primogénito de sus pecados, y él más risueño a sus ojos.


Está lejos de aquí. Vino cuando estabas inconsciente. Miró la escena y se fue. Tal vez huyó, pero ni él mismo se salvó de esta maldición.


Las manos de la mujer volaron hasta su cabeza y empezó a negar, gruesas gotas caían de su rostro junto una asfixiante culpa.


—¿Él también?— Preguntó con un nudo en su garganta, cayendo al suelo.


Seolgwa entrecerró sus oscuros ojos, admirando lo destrozada que parecía.

Es aún peor.


Las palabras del demonio le hicieron tensar su cuerpo. Lo miró con ojos lagrimosos, su mentón temblando.


—¿Peor?


—Tiene tres partes dentro de sí. Humano, lobo y...demonio.


Gritó.


Corrió hacia la cocina con rapidez y tomó un cuchillo, tendiendo el metal a quién se posaba frente a ella.


—Mátame.— Imploró hacia aquella figura.
—¡Mátame!


Aquella criatura oscura que alguna vez fue un ángel, la miró con un poco de tristeza. Ahora que era un demonio por haber caído en los encantos de ésta mujer, sus sentimientos no eran tantos. Pero tampoco eran nulos.


Tomó el cuchillo y la atrajo de la nuca mientras que volvía físico su cuerpo, decidido a cumplir la última petición de quien alguna vez fue todo en su ser.


La miró de cerca unos segundos, sin duda aún era hermosa a pesar de su expresión agonizante, mejillas empapadas en lagrimas y respiración vacilante. Pegó sus fríos labios contra los labios ensangrentados de su amada, devorando su ultimo rastro de luz e inocencia a la vez que clavó aquel metal desde la espalda, llegando directo hacia su corazón.


La herida empezó a abrirse, y sus cuerpos seguían juntos. Sunmi miró con sus últimos alientos de vida a aquel monstruo, antes de morir en sus brazos.


Seolgwa admiró su inerte cuerpo, susurrando en sus labios.


Nos vemos en el infierno, querida.


~


Sus pequeñas patitas corrieron lo más lejos de su antiguo hogar, y peor aún, de aquel monstruo que alguna vez llamó madre. Los recuerdos se repetían en bucle ante lo que llegó a ver con sus inocentes ojos. Y es que había llegado en el momento exacto en que ése monstruoso lobo negro se transformó en Sunmi... su madre.


Sus pequeños ojos dejaron escapar lágrimas sobre blanquecinas mejillas, y cuando quiso correr, se vio atrapado por un terrible dolor en todo su cuerpo. Jamás había experimentado tal dolor.

Gritó, jadeó, lloró, pero nadie le ayudó, nadie estuvo allí con él, nadie le dio una respuesta al por qué esto había pasado.


En la oscuridad del bosque, su cuerpo mutó de a poco, y cuando se dio cuenta ya no era un niño, era un pequeño lobo al igual que su madre.


Era un monstruo.


Cargado de impotencia y miedo corrió de aquel curel pueblo, asegurándose de jamás volver a ese lugar.


Y justo ahora...


Era de día, y no sabía exactamente donde estaba, él corría lo que su cuerpo de lobo le permitía. Se detenía en algunos ríos para beber agua o alcanzar alguna fruta de los árboles. Cuando tenía la energía suficiente, volvía a correr.


Detuvo sus pasos cuando ya no pudo más, encontró una pequeña cueva y casi cayó en ella, completamente deshecho y sin fuerzas.


Miró desde su posición una pequeña señal de humo proveniente de una aldea. Se alegró de sobremanera, tal vez allí encontraría ayuda.


Llegó la noche, y con ella, su nueva condición le permitió ver cosas que siendo un niño, no podía.


Veía los insectos bailar en la noche, las pequeñas cigarras moviéndose en el césped. Las ardillas en la copa de los arboles. Escuchaba algunas lechuzas a unos kilómetros de distancia.


Pero más que todo, se sintió de maravilla al notar que en su condición de lobo no sentía las mismas emociones que cuando era un humano. No con la misma intensidad.


Dentro de diez días, aquel pequeño y blanco lobo podía cazar por si solo sin tener que ir a aquel pueblo a robar carne. Y dentro de un mes, siquiera recordaba lo que era ser un humano.


Se sentía bien... se sentía libre.


Y como si la felicidad fuera algo que no se pudiera permitir, al llegar la luna nueva o noche sin luna, volvió a ser un humano.


Se mantuvo en esa condición hasta que una pequeña fracción de la luna se visualizó en el oscuro cielo. Otorgándole una vez más la posibilidad de ser un lobo.


Pasaron los meses, en donde no supo a donde exactamente es que dirigía. Él corría los veintiocho o veintisiete días del mes que se le permitían. Y se refugiaba los tres días en que era un humano. Fue un poco duro, pero aprendió a sobrellevar los cambios.


Pero a pesar de vagar sin rumbo durante cinco meses, no encontraba un lugar en cual quedarse. No había ni uno solo que pudiera estar al menos dos días.


Trató de comunicarse con otros lobos usando su aullido, pero no recibía señal. No sabía donde estaba, si habían lobos cerca o no. Para cuando pasaron los ocho meses, su cuerpo era un poco más grande. Su pelaje seguía siendo blanco, puesto que aún era un cachorro en desarrollo.


Si, eso es. Cachorro, él ya no era un humano. Ya no.


Vivía felizmente siendo un lobo. Era fuerte, sus habilidades y fuerza eran agudas. No pasaba frío o hambre, tenía una mejor visión, no sufría.


No era débil.


*

Cinco años después.
Rusia, pueblo borrado del mapa: Burya.*


—Parece que habrá tormenta.


Se detuvo un momento de cortar aquella madera y miró el cielo. Se veía tan gris.


—Será mejor que nos apresuremos.— Habló hacia su peludo amigo, recibiendo un ladrido.


Apiló la madera en su trineo y empezó a andar por el bosque, volviendo hacia su hogar. Cuando llegó, metió la madera en el establo y tomó a su pequeño cachorro en sus brazos, corriendo hacia la puerta en cuanto empezó a formarse las primeras ráfagas de viento.


Quitó su gorro de lana y se acercó a la chimenea con el pequeño can siguiendo sus pasos. El chico de cabellos castaños prendió una cerilla y la traspasó a un poco de paja. Luego la dejó caer en la madera y una bonita fogata hizo aparición.


—Hace demasiado frío. ¿verdad Tannie?


Taehyung sonrió en cuanto el pequeño perro lamió su mano en respuesta. Se envolvió con una manta y se acurrucó con el perro cerca del fuego.


Será una larga noche...


~


En algún momento de la noche, pudo escuchar algunos aullidos que pensó, eran producto de su imaginación. Es decir, los lobos no se acercan a los humanos. Mucho menos en un pueblo tan desolado como este. Escuchar uno aullar, era realmente algo loco.


Pero no fue tan loco para Taehyung cuando abrió su puerta por la mañana y encontró un lobo blanco durmiendo en su alfombra.


Se quedó estático al verlo, y de inmediato alzó a Yeontan en cuanto lo miró acercarse a olerlo de cerca. Cerró la puerta nuevamente y se deslizó por la madera.


Que problema...


Taehyung soltó a Yeontan de sus brazos y volvió a levantarse con un suspiro. Abrió un poco la puerta, apenas para asomar sus cabezas y volver a verificar.


Si, había un lobo blanco fuera de su casa.


—Ay Cristo.— Jadeó y volvió a cerrar la puerta, aquel lobo seguía dormido.
—¿Qué hago?


Yeontan optó por ladrar y dar dos vueltas sobre sí. Taehyung frunció sus cejas.


—Me gustaría saber idioma perruno, así podría preguntarle qué rayos hace fuera de mi casa. En serio.— Apoyó la cabeza en la madera.


¿Qué podía hacer?


No podía quedarse encerrado en su casa hasta que el lobo se fuera. Tenía que ir a cortar madera, ir al pueblo para comprar comida y alimentar al ganado.

Abrió sus ojos en demasía al recordar.

—¡El ganado!


Mierda, ¿Y si ese lobo se comía sus ovejas y vacas? O peor aún, ¿Y si ya se las comió?


Tomó el pomo y se decidió a hacerle frente. No podía comerse a sus animales, tendría que comerlo a él primero.


Abrió la puerta una vez más lo miró detenidamente. Su enojo se evaporó de su sistema al notar que una de sus patas estaba herida, aún sangraba.


Oh no, ¿Y si estaba muerto?


Salió de la casa y se acercó a pasos silenciosos, viendo el pelaje de su pata blanca llena de color carmín. Se acercó un poco más y casi grita al notar que el lobo se movió ligeramente.


—Oh, sigues vivo.— Mordió sus labios y miró hacia dentro de su hogar, luego nuevamente al lobo.
—¿Me dejarías curarte?


Escuchó un débil gimoteo de parte del animal y Taehyung sonrió, tomando eso como un sí.


Lo tomó alrededor de su estómago, con algo de miedo por como iría a reaccionar, pero parecía que el can estaba demasiado débil para poder hacer algo. Lo llevó al centro de la sala, en frente de la chimenea. Chequeó su pata, notando la ligera torcedura que poseía. Entonces entendió que había quedado atrapado en una trampa para osos.


Pero... ¿cómo se deshizo del metal?


Vendó muy bien su pata e incluso la desinfectó, escuchando los aullidos de dolor del animal. Acarició su cabeza en modo de consuelo mientras Yeontan ladraba.


—Listo.— Quitó la jeringa de su pata, suspirando.
—No me arriesgaré contigo a pesar de que parezcas dócil. Vas a dormir algunas horas.


La anestesia empezó a hacer efecto, ya que el lobo se durmió de inmediato. Taehyung sonrió y pasó una mano por su pelaje. No era tan suave, pero el hermoso color blanco lo hacía algo curioso.


Sobretodo porque estaba un poco grande para conservar su pelaje original. Cuando un lobo crece, su pelaje cambia a gris, café o en ocasiones extrañas, en negro. Pero que permanezca blanco es... bastante curioso.


—Bien, dormirá al menos diez horas.— Miró a Yeontan, quién siempre recibía sus charlas.
—Ya debemos irnos.


Tomó su bufanda y gorro, dejándolo en su lugar. Miró una vez más a aquel lobo blanco y suspiró, creyendo que era un completo estúpido por dejar un animal salvaje dentro de su casa.












~


N/A: *Burya: significa tormenta en Ruso. Pueblo inventado por mí.

Otra vez, bienvenidos a una nueva historia, espero su apoyo en esta también (✿^‿^) <3

11 de Julio de 2020 a las 22:22 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Pistachis🌸 Pistachis🌸
Woah, me encanta este tipo de temáticas y solo leyendo este primer cap se que esta historia va a ser increíble. Escribis demasiado bien😍 me encanta como logras transmitir todo.

~

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