lepquezada LEPQuezada

Dos chicas, gemelas secuestran a un famoso escritor para tenerlo como objeto sexual y satisfacerse a si mismas, pero los acontecimientos se vuelven confusos para el secuestrado y acaba enamorado de las dos chicas.


Erótico Sólo para mayores de 18. © Reservados

#estocolmo #amor #sexo #secuestro
Cuento corto
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Todo Comenzó con una Obcesión

Capítulo I




Algunas historias a menudo tratan sobre como una chica o un chico conoció a la persona que pasara el resto de sus días con él o ella. Esta historia es un tanto diferente, ya que no cuenta con un enamoramiento a simple vista, sino que es como un síndrome extraño, el de Estocolmo, el cual se produce al ser secuestrado y posteriormente enamorarse de él o la secuestradora, eso, es exactamente de lo que trata esta historia.

Él era un hombre sencillo, a pesar de sus millones en el banco por novelas famosas que él escribió. Algunas eran de gran renombre, otras hasta habían sido adaptadas al cine. Tenía más de treinta novelas escritas y otras quince por ser publicadas. El día en que dicho escritor, llamado Richard Lotus fue secuestrado, para él era un día tranquilo; caminaba por la acera rumbo a su tienda de supermercado favorita, solo para comprar un galón de leche y así poder disfrutar de un buen café, pero con lo que Richard no contaba, era con ese fuerte golpe que recibió en la nuca, el cual lo dejó en el suelo inconsciente y sin posibilidad de saber que había pasado. Dos figuras esbeltas, subieron al inerte Richard a una camioneta negra, de esas que los secuestradores suelen usar en las novelas e incluso en las películas. Aunque hay quienes dicen que si suelen ser usadas en la vida real.

Richard había sido atado y amordazado, también le cubrieron los ojos y ataron a un poste de más o menos su misma estatura; un metro con ochenta. Las chicas viajaron por lo menos dos horas a las afueras de la Ciudad Doce del Distrito Quince, para así poder tener cautivo a Richard y hacer con él lo que les plazca.

El sótano de la casa era algo amplio, tenía los pilares que sostenía el techo de ese mismo lugar. Había una cama donde Richard yacía atado por pies y manos a dicha estructura. Había sido equipada dos meses antes con un baño con ducha y retrete, también había una pequeña alacena donde la comida que había sido destinada para el escritor esperaba a ser comida. No había ventanas, pero un aire acondicionado funcionaba y mantenía fresco el lugar en pleno Abril.
—Fue mi plan, yo debo tenerlo primero —dijo una voz femenina muy bella bajando por las escaleras que daban al sótano.
—Vale, pero después lo tendré yo —dijo la otra chica.
Ambas eran iguales, tanto en aspecto como en voz. Las hermanas gemelas de la ciudad habían planeado el secuestro después de que Richard se presentara en el centro comercial, también ellas en ese momento le robaron un beso y quedaron fascinadas, sin embargo, la que sí quedó más obsesionada fue María, la chica que planeo de principio a fin el secuestro, su hermana Ana solo la apoyó porque le parecía divertido.
— ¿Dejaras que se venga dentro de ti? —preguntó Ana.
Su hermana sonrió con lujuria. Su cuerpo clamaba placer y ella se lo otorgaría con la persona que más deseaba en el mundo.
—Es posible, pero, no creo poder quedar embarazada —respondió emocionada.
— ¿Por qué lo dices?
—Bueno, no puedo, por eso —dijo sin más.
Se desvistió dejando ver su cuerpo pálido, sus grandes pechos y esculturales piernas. Ella trabajaba muy duro en el gimnasio para mantener su figura perfecta y hermosa para que aquellos que fueran dignos de ella, pudieran observarla.
—Vamos —dijo Ana, quitándose también la ropa. Al igual que su hermana, también era de cuerpo esbelto y llamativo.
Caminaron unos pocos metros y quedaron al pie de la cama, listas para abusar de un hombre que yacía inconsciente atado a una cama sin saber que le depararía.




Capítulo II




La chica desnudó a Richard, tomando entre sus manos el miembro del escritor.

— ¿Puedo? —preguntó Ana.

María se hizo a un lado para que su hermana pasara y con aparente necesidad, introdujo el pene en su boca y empezó a subir y bajar la cabeza. Sintió ella como ese grueso miembro tocaba lo más profundo de su garganta y, cada vez que eso pasaba, su cuerpo se llenaba de placer. La circulación de sangre de Richard comenzó a centrarse en el pene y así hizo que uña erección fuera completa. Mientras Ana hacia ese sexo oral, María se tocaba los pechos y metía sus sendos dándose un poco de placer para esperar al momento de poder sentir el pene de su hombre dentro de ella. Richard despertó e intento zafarse al darse cuenta de que estaba atado a la cama, se asustó, pero el placer que Ana le ofrecía hizo que se centrarla en solo mirarla.

—Hola Richard —dijo María.

— ¿Qué es esto? —preguntó luchando contra el placer.

—Eres nuestro.

El clímax del escritor estaba por llegar, pero por mera coincidencia, Ana se retiró, dejo a Richard caliente y siendo castigado sin saberse.

—Mi turno —dijo María.

Ella se acercó y miró el rostro del escritor, observó que se veía molesto.

—Ese rostro de odio, lo convertiré en placer —dijo y poco a poco, se sentó sobre eso pene de Ruchar, y ambos, demostraron una cara de placer. Cuando entro al cincuenta por ciento, María tuvo un pequeño orgasmo, seguido de un ligero temblor corporal. Empezó a mover su pelvis de arriba abajo, de manera constante y lenta, poco a poco, la movió en círculos, mientras gemía sin mesura. Pedía más placer que el que sola podía darse. Richard, solo luchaba por no sentir placer, no quería demostrar que disfrutaba del movimiento de caderas de la chica. Él instintivamente, dejó escapar un gemido que señaló la llegada de su clímax, lo que hizo que María se levantara.

—Aun no —dijo y acercó sus pechos a la cara del escritor—. Disfrútalas.

Mientras él luchaba por no sucumbir ante la lujuria, Ana, tomó entre sus manos nuevamente el miembro del escritor y lo metió hasta lo más profundo de su boca. Richard estaba ocupado chupando los pezones de María, que se olvidó del estímulo de Ana. Ella se retiró evitando que el líquido blanco y espeso saliera de la boca, quería todo para ella. El escritor jadeaba satisfecho por lo que Ana había logrado hacer. María se sentó en el pecho de él y lo obligó a hacerle sexo oral.

—Todo esto es tuyo, agradécelo y pruébalo —dijo llena de lujuria, una tan incandescente que no podía ser saciada tan fácilmente. Ana con una mano, trataba de reanimar el miembro del escritor hasta que logro dicho acto. Se subió a la cama e introdujo el miembro en su interior provocando un orgasmo instantáneo al llegar hasta el fondo. El gemido fue tan intenso que se escuchó fuera de la casa. Ella comenzó a moverse lentamente, provocándose placer infinito.

María tomo los cabellos de Richard y lo comenzó a mover para intensificar el movimiento en su zona, así, no sentiría el mismo movimiento, sino que sería más intenso.

— ¡Si, ya viene! —exclamó María estirado su espalda había atrás, dejando escapar un orgasmo húmedo, bañando el rostro de Richard con fluidos, mientras que, al mismo tiempo, Ana llego a su clímax con el miembro del escritor dentro.

Las chicas llevaron a un cansado y asustado Richard a la ducha con ellas, donde de nuevo lo usaron para satisfacerse hasta caer al suelo, con las piernas temblorosas y los ojos en blanco. Richard comprendió que era algo bueno y no algo malo. Las ayudó a salir de la ducha y las llevo a una habitación, donde había una cama al centro, estanterías con libros y ropa, cuadros de dibujos hechos por ellas, una pantalla de cuarenta pulgadas y había un ropero cerca de la puerta.

—A la cama —pidió Ana.

Las dejo ahí y se acostó con ellas, en el centro de la cama. Ana del lado derecho y María del lado izquierdo. Los tres se quedaron dormidos pocos momentos después.




Capítulo III



Los días pasaban, Richard se había acostumbrado ya a los placeres que esas dos chicas le daban y se daban. La comida no faltaba y además era muy buena, pero el escritor quería regresar a su hogar, al lugar donde puede escribir sus novelas, extrañaba escribir.

Una mañana, después de haber tenido sexo toda la noche, al despertar quiso hablar con las chicas, proponerles un trato, uno donde dejarían la casa de su actual residencia, por irse a la de Richard.

—Chicas, todos estos días han estado muy bien, pero, siento la necesidad de volver a mi casa, necesito escribir y, les tengo una propuesta —dijo el escritor.

—Dinos —dijo Ana por las dos.

— ¿Quieren irse a mi casa? -preguntó.

Ellas muy emocionadas lo cesaron y tuvieron de nuevo, sexo más que apasionado.

Cuando todo acabó, al medio día ya iban de regreso a la casa de Richard para acomodarse y dejar su casa atrás. El escritor iba al volante, las chicas en los asientos traseros, ya que, en el copiloto, iba un montón de ropa de las chicas.

— ¿Cómo se sienten? -preguntó.

—Emocionada —dijo Ana.

—Ansiosa —respondió María.

Entraron al patio frontal de la mansión de Richard; ellas emocionadas al detenerse el auto ellas se bajaron y corrieron a la entrada, intentaron entrar, pero la cerradura obviamente no abrió, ya que tenía la seguridad activa. El escritor bajo de la camioneta y busco entre los arbustos a la derecha de la entrada una llave que el tenia de repuesto, en caso de que algo como lo que le había pasado ocurrieran, o no.
—La llave —dijo Richard entregándoles la llave.
Ellas la tomaron y al entrar quedaron sorprendidas por la inmensidad de dicha mansión.
— ¿Y vives solo? —preguntó Ana.
—Con ustedes aquí, ya no.
Ambas corrieron de vuelta hacia donde Richard se encontraba y lo abrazaron.

El tiempo pasó y los tres se quedaron juntos, pasaron por cosas muy buenas, Ana se embarazo y María se fue de la casa, no pudo soportar la idea de que su hermana pudiera tener un niño y ella no. Richard se casó con Ana. El escritor decidió hacer una novela saliéndose totalmente de su género de confort e hizo algo de erotismo, mezclado con ciencia ficción y aventura. El bebé que tuvieron Ana y el escritor fue llamado Stephen, en honor a un gran escritor de terror.

La historia fue un éxito y Richard volvió al mundo de la literatura con un libro un tanto diferente a lo que el solía escribir. Su esposa lo apoyó en todo momento y ambos, vivieron felices.

María desapareció de la vida de ambos, no dijo nada, solo se fue, sin embargo, ella mandaba cartas a su hermana para que no se preocupara por ella. María encontró a alguien que la cuidaba y la ayudaba a superar ese dolor que sintió por el embarazo de su hermana y juntos partieron a recorrer el mundo.



Fin.

10 de Julio de 2020 a las 02:56 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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LEPQuezada Un escritor que lleva años intentando darse a conocer.

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