nv_scuderi N.V. Scuderi

Un hombre finalmente está por lograr la venganza contra el padre de su amada, pero ciertas circunstancias cambiarán su rumbo


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#romance #fantasmas #cuentosymicrorrelatos #batalladecomunidades
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Las vueltas del más allá

Sus ojos azules se posaron en mí, los únicos que aún daban señales de que él seguía con vida, no por mucho tiempo. Su cuerpo arrugado y consumido por una existencia entera de arrogancia estaba a pocos pasos de despedirse del mundo del que se creía con derecho a pisotearlo. Me dedicó una evidente mirada de que ni siquiera en ese lamentable estado se arrepentía de nada.

—Sos un maldito —gruñí apretando los dientes para contener mis ganas de apresurar su ida y acerqué mi rostro al suyo cadavérico reclinado en su lecho—. Mirá que estoy tratando de ahorrarle al diablo un latigazo menos de los miles que te va a dar; si es por mí, mejor que suelte a Judas y que te mastique directamente.

—Y vos sos tan simpático —replicó lánguidamente, pero procurando una sonrisita desdeñosa.

—A tu hija le divertía. No voy a rendirme hasta que pare lo que sea que tenés ahí dentro en vez de un corazón. ¿En dónde mierda está ella?

—Si fuiste tan brillante para encontrarme, ¿por qué no la buscás y me dejás en paz?

—Porque no nos dejaste a nosotros en paz. No soy Jesús ni Gandhi, no estoy de acuerdo con eso de dar la otra mejilla.

Estábamos en una choza sucia y olvidada en un barrio alejado de Lambaré, a escasa distancia del río. ¡Qué ironía para un hombre adinerado que vivía opulentamente en una de las zonas de más alto nivel de Asunción!, a pesar de que su forma de haber acumulado riquezas sí se comparaba con la mugre que ahora lo rodeaba y que reveló su verdadero cuerpo.

Él se oponía a que Rosa estuviera conmigo. Durante semanas planeamos huir, su padre tenía contactos en la policía y, claro, sus propios guardias y cámaras de seguridad en cada esquina de su mansión. Rosa sobornó y amenazó a cada peón que pudo para fugarnos una noche, pero, no supe cómo, a los tres días sus gorilas echaron la puerta de nuestro pequeño departamento en Luque.

Me molieron a palos allí mismo mientras arrastraba a su hija y no contento con esto, dejó en la miseria a mis padres y a la humilde tienda que emprendíamos. Sin embargo, recurrí a un amigo abogado que iba por un buen camino político y que despreciaba al viejo porque sus negocios le hacían la competencia. Lo arruinamos tan rápido como sólo las influencias pueden lograrlo en los procesos judiciales.

Quedaba un problema: Rosa no aparecía. También gracias a mi amigo, ciertas pistas me llevaron hasta una cabaña en Ypacaraí, pero sólo hallé una carta escrita por el infeliz de su padre jactándose de que la trasladó a un lugar menos accesible y a varios metros bajo tierra.

—Ella devoraba libros detectivescos, de drama y de misterio —comentó el viejo—, por eso pensé cumplir con sus expectativas, ya que quiso hacerse de la damisela que huye con su amado, y meterla en una habitación lúgubre.

—Te salió fantástico, hasta cumplís con morirte al caer en desgracia —opiné y presioné su cuello zarandeándolo—. ¿Y después? Ya busqué en todos los cementerios y no está, ¿en dónde enterraste a tu hija?

Su pecho comenzó a agitarse hasta expulsar a través de su boca delgada una risa seca y, no bromeo, maligna que me puso la piel de gallina.

—De todos los fantasmas, los fantasmas de nuestros antiguos amores son los peores —recitó, creo que era de uno de los libros de Sherlock Holmes que Rosa amaba—. ¿Verdad, querida?

La habitación se aclaró, la silueta de una mujer se dibujó en medio de la débil luz del crepúsculo. Rosa ingresó con prisa.

—¿Estás bien? ¿Cómo escapaste? —le pregunté aliviado y tomando su rostro en mis manos.

—La damisela en apuros no te necesitó al final —se burló su padre.

—Calláte. Ni muerto dejás de joder, andáte ya —arremetió soltándose de mí y se adelantó a la corrección que estuve por hacerle—. Sí, hace meses que murió.

¿Terminaron por volverla loca? Ella solía decir que veía espíritus y yo le seguía la corriente, pero empecé a temer que fuera en serio.

—Semejante historia de venganza te armaste, por cierto —me dijo y nuevamente se adelantó a mi pregunta de qué estaba hablando—. Los guardias de papá te mataron cuando nos descubrieron y él sufrió un infarto mientras me sacaba del departamento.

—Si es así, ¿qué hacemos en esta chocita entonces? —Crucé los brazos, todavía incrédulo.

—¿Chocita? Ah, sí, vos pensás que lo perseguiste —Rosa puso los ojos en blanco e hizo una mueca, ella también tenía su genio. Luego tomó mis manos—. Respirá hondo y mirá la realidad, por favor. Vine al cementerio de Recoleta y escuché el teatro que estabas montando.

De un momento a otro y casi sin percatarme, ya no me encontraba en una choza, sino en un húmedo y monocromático espacio con todas las características de un panteón familiar. Allí estaba mi cajón envuelto por una manta cosida a mano, unas flores recién cambiadas en un jarrito de vidrio y una fotografía mía. Tampoco noté cuándo se esfumó el viejo.

—No me gusta esta realidad —murmuré todavía abrumado.

—A mí tampoco. Quisiera no poder ver ni sentir fantasmas, porque me duele muchísimo que seas uno y papá lo sabía.

El mareo persistió en mi cabeza ante el cambio de escenario, la pobre de Rosa me concedió unos minutos hasta que tomé mi decisión.

—Y yo quisiera regresar a mi historia de venganza.

—¿Preferís esa versión en la que estoy muerta? —Arqueó una ceja.

—Tu papá dio a entender que estabas muerta, pero puede ser que mintió para molestarme. Voy a seguir buscándote. Total, no es como si tuviera demasiado que hacer acá, es muy deprimente. Cuando vengas de visita, te cuento cómo me fue, puedo inventar más historias. ¿Qué decís? —propuse animándome. ¿De qué servía llorar sobre la leche derramada?

Su sonrisa osada y sus pupilas resplandecieron aun bajo la ausencia de luz diurna. Por disparatado que suene, nuestra relación funcionó. Ella siempre vino a escuchar cada nuevo relato que inventaba y cuando su vida expiró en las siguientes décadas, nos embarcamos juntos a un sinfín de más aventuras.

10 de Julio de 2020 a las 03:08 12 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

N.V. Scuderi Licenciada en Comunicación Audiovisual, pero el amor a las historias a través de la literatura es más fuerte.

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W. E. Reyes W. E. Reyes
La vida es una moneda, a veces es cara y otras veces sello. Excelente.

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Gracias, W! ¡Y muchas felicidades por tu relato como Mejor Historia! Merecido 🎉 3 weeks ago
Marina Andrea Marina Andrea
¡Felicidades! Te ha quedado maravilloso 👏👏

Nataly Calderón Nataly Calderón
Está genial, me encantó.

Jancev Jancev
¡Omg! ¡Te la rifaste con este relato Nat!

Elizabeth Vázquez Elizabeth Vázquez
¡Me encantó! Excelente historia. Felicidades Nat. 💜

Luca Domina Luca Domina
Muy bueno, Nat!! :)

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