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Recopilaciones de historias cortas que pudieron pasar a cualquiera de nosotros.


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La luna parece un bombillo

Sinopsis: Geor y Sam son mejores amigos desde que tienen memoria. Su amistad había empezado ya que ambos se entendían perfectamente sobre el mundo que los rodeaba y lo raro que les resultaba. Una noche, aquello que los unió en el principio los separó, y un chiste que al comienzo era ameno se convirtió en una extraña pero válida pregunta.



— ¿Qué hubiera sido de nosotros si nunca nos hubiéramos conocido?


— Probablemente hubiéramos muerto de depresión hace tres años.


— Mierda, tienes mucha razón —ambos reían, chocando la copa de vino mientras miraban el oscuro firmamento sobre el techo de la casa de Geor. Entre ellos se entendían muy bien, su amistad había pasado a ser una relación casi de hermanos. A ambos les encantaba hablar sobre todo y nada al mismo tiempo, y armar teorías absurdas de lo que los rodeaba.


— He tenido una fuerte pregunta por varios meses —declaró Sam, sentándose rápidamente y mirando a su compañero que, tranquilamente, giró la cabeza para prestarle atención.


— La gente es muy rara, ¿No crees?


— ¿A qué te refieres exactamente? Los humanos son raros por norm...


— ¡Siempre somos lo mismo! Fíjate, aquella chica que camina por la calle —señaló a un par de metros de distancia—. Desde hace un año va por la misma ruta a esta hora.


— Espiar es malo... No te ayuda nada con las chicas —rió. Sam lo miró mal.


— Mi punto, es que hay seguramente dos 4 diferentes para ir al mismo punto, ambos lo sabemos bien, pero siempre va por el mismo sitio. ¿No te resulta eso peligroso? ¿O incluso raro de que no quiera ver una calle distinta? Imagínate que alguien estuviera estudiando nuestros movimientos para, que se yo, un programa de tv.


— Lo podrías denunciar, igual que lo que estás haciendo —declaró su compañero que entendía perfectamente lo que se refería. Puesto de esa manera sí le resultaba extraño. Todo el tiempo que han estado en esa casa, la misma chica toma siempre la misma ruta de manera automática.


— Podrías, pero solo te darías cuenta de lo importante que es tomar otra ruta de regreso a casa cada cierto tiempo. Pero para cuando caigas en ese punto, ya habrá pasado algo realmente malo.


— Aprendemos a los golpes.


— Es una lástima que tengas razón —afirmó Sam, volviendo a tumbarse en el techo—. Parece que no se dan cuenta de que viven en un círculo vicioso.


— Sí se dan cuenta, pero cuando ya están tan metidos en ello se les olvida que es importante salir de ahí.


— No quiero terminar de esa manera.


— Creo que nadie en su sano juicio quisiera terminar así.


— Parece como si la idea de "salir" de su burbuja no fuese una opción, nunca hay un viaje inesperado, un "hoy quiero pintar" de imprevisto, solo... Solo hay un montón de tareas que cumplir. Que triste día suena eso.


Ambos se quedaron callados pensando en la situación.


— Quizás por pensar así es que nunca se nos acerca nadie —bromeó Geor—. A nadie le interesa mucho hablar de estas tonterías.


— Y no a todos les agrada estar en el tejado de una casa debiendo whisky —completó su compañero mientras reía—. ¡Somos afortunados!


— Qué real —ambos chocaron los vasos y dieron un largo trago, quedándose en silencio por unos minutos mirando el cielo. Es el periodo de luna llena más largo que se a visto, 8 días. Sam sacó su teléfono y tomó una foto al cielo, chistando los dientes con el resultado.


— La luna parece un bombillo —enseñó la foto a su amigo y este no puedo evitar reír.


— Podrías comparte una cámara profesional.


— Y tomar fotos del viaje de mañana.


— ¿Viaje? ¿Mañana?


— ¡Sí! ¿Qué te parece si mañana salimos a las montañas de las afueras de la ciudad? Cómo los viejos tiempos.


— ... Me gusta la idea. Mañana a las 4 de la tarde en mi puerta, vamos con el auto.


Así pasaron un rato hablando de sus cosas hasta que Sam decidió irse a su casa a preparar las mochilas.

Geor se había despertado por un fuerte ruido cerca de su casa. Un estruendo como si hubiera un choque extremadamente fuerte. Se levantó rápido y miró toda su casa. Todo estaba bien. Tragó saliva mientras sostenía con fuerza su bate. Él vivía cerca de la ciudad pero no completamente dentro. Sam vivía bastante de lejos de él, siendo necesario tomar dos buses para llegar a las casas de ambos. Sam Vivía más alejado de la ciudad que Geor.


En ese sitio nunca se escuchaban ruidos, así que estaba muy alarmado. Al salir de la casa y mirar alrededor, notó que no había ningún accidente. Todo estaba normal. No había nadie en la calle. Esto asustó aún más a Geor. ¿Habría imaginado el ruido?


Se dirigió a la parte trasera de su casa con el corazón en la mano. Llamar a la policía no era una opción, estaba demasiado lejos. Los problemas debía solucionarlos él.


Caminando con cautela, miraba la parte posterior de su casa. Todo estaba intacto. La brisa era fría, las plantaciones estaban bien, el cobertizo...


Calló al suelo bruscamente, sosteniendo su cabeza y mirando hacia arriba. Se había golpeado con algo pero no había nada frente a él. Miro alrededor y tampoco, no había nada ni nadie. Se levantó y tomó de nuevo el bate, poniéndolo frente a él. No podía seguir avanzando porque una pared invisible lo detenía.


— ¿Pero qué...?


Golpeó varias veces y no pasaba nada. Paso la.mano sobre la superficie. Notaba cierta fricción en el tacto. ¿Un tipo de plástico? También tenía cierta curvatura en el suelo de tierra. Geor intentó cavar al borde de la pared pero está atravesaba la tierra incluso. Es como si el mundo... Se hubiera vuelto pequeño...


— Sam... ¡Sam! —Geor corrió al garaje a encender el auto para dirigirse dónde su amigo. Aterrado por todas las ideas de su cabeza empezaba a mirar con detalle frente a él para no chocar con alguna pared. La impotencia lo abrazó completamente cuando, a unos 30 metros de distancia veía la casa de su mejor amigo, con las luces apagadas. La luz del coche rebotaba en la superficie de la pared. Bajó del auto y golpeó la pared con los puños y gritando por su amigo. Geor cayó de rodillas, por alguna razón desconocida estaba llorando. Sentía que le habían arrancado una parte de su vida, que nunca volvería a verlo. Mirando fijamente la casa se dió cuenta que también tenía una superficie extraña mucho más reducida que la de Geor, solo estaba alrededor de su casa. Tenía un extraño haz de luz en su cielo. Geor levantó la vista a la luna y ahí estaba... Pero sobre la casa de Sam también había una luna. A pesar de estar cerca, Geor y Sam no veían la misma luna.


También parecía como si hubieran cortado el suelo de manera perfecta y se elevara en el cielo. Cómo una bola de cristal...


Geor recordó la foto que Sam había tomado. Con las manos temblorosas corrió de nuevo al auto y sacó de la maleta un telescopio que ahí guardaba para las excursiones, apuntando al cielo y haciendo todo el zoom que podía. El alma se desbarataba a pedazos bajo el sentimiento de no saber qué sucedía. Solo tenía la certeza de algo que hace unas horas le pareció un triste chiste, ahora le dejaba un mal sabor de boca.


La luna parecía un bombillo.

9 de Julio de 2020 a las 12:50 0 Reporte Insertar Seguir historia
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