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daniel_alanis Daniel Alanís

Aunque no se ha comprobado mucho sobre el sentido y el efecto de los sueños, lo que sabemos es que pueden acaparar hasta un tercio de nuestra vida, y por ello, nuestra realidad. Imaginar un mundo post apocalíptico nos ayuda a cuestionarnos como es que hemos llegado a este y si, la respuesta la debe encontrar el lector.


Clásicos Todo público.

#war #dream #guerra #humanity #moral
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VIII

La calles de la ciudad se encontraban vacías, no era por haberse escondido el sol, ya la luz no existía y no pude evitar recordar las noches de pandemia en mi juventud. Desoladas.


Sabía que iba más rápido porque el aire comenzó a levantar mi cabello pesado y por la sensación precoz de resequedad en mi piel, justamente alrededor de mis ojos.

Comencé por tomar con mayor fuerza el manubrio de la bicicleta, aunque todavía me temblaban las manos. Me sentía torpe de los brazos. Parecía que la inyección de adrenalina inducida al bajar esa avenida mortal no había tenido efecto...volteaba hacía todos lados y lo único que veía era el silencio de un bosque destrozado de concreto y las sombras a mi alrededor.

Traía puesto un rifle de cacería y una gabardina negra que seguía oliendo a interior de cuerpo, no me molestaba el olor, ya eran meses de haberme acostumbrado pero si me alteraba el hecho de que por el movimiento en bicicleta, lo que colgaba de mi vestimenta hiciera ruido como una bandera en asta.... Ahora le veo el lado divertido a las lineas de las banderas, siempre como símbolo de separación.


La única forma de ver por dónde me dirigía era gracias a las estrellas, las personas que llegaron a habitar esta ciudad difícilmente hubieran podido creer que existían de no ser porque les enseñaron eso en la escuela.

Conforme avanzaba por calles llenas de baches y bultos con materia extraña me fui incorporando a una avenida que se convertía en un paso a desnivel, no pude contener ese pensamiento de "cuantos negocios no se habrían perdido por llenar el bolsillo de políticos con hambre de construcción"... en fin, no podía pasar por la cantidad de agua y carros tapando todo el trayecto.


Procedí a empujar la bicicleta por una banqueta de la manera más silenciosa posible hasta que después de largos minutos, llegue a toparme con una muralla formada por lo que parecía ser miles de vehículos uno encima de otro. Era impresionante lo que el ser humano podía llegar a crear para defenderse. Me era imposible pasar; opte por dirigirme a la casa que se encontraba justo en la orilla, tal vez por dentro de la misma podría pasar. Seguí procediendo de manera sigilosa.


Orille la bicicleta y la dejé ahí, no era mía.


Pase por una puerta de la casa y salí a su patio, brinque ciertas paredes de manera que pude pasar 3 casas más y así pude rodear la barrera colosal de hierro. Me volví a incorporar a la avenida y como si me fuera a regresar, me quede viendo al monumento que actuaba como defensa para el resto de la colonia hasta que escuche los pasos, estaban detrás mío.


— Quieto, las manos arriba.

Escuché una voz tajante masculina, y mi cara de asombro se borro de inmediato como la de un perdedor de ultimo minuto.

— Volteate, lento... nosotros no andamos con mamadas.

Esta era una voz femenina muy agresiva y directa.


Definitivamente me estaban apuntando, nadie te habla así si no trae un arma. Intente voltearme lo mas lento que pude para ver el rostro de las personas que conocían mi lengua, pero no mi persona.


—Hablo español —Dije de la manera más calmada y serena que pude.

—Levanta las manos animal —mencionó la voz femenina. En efecto me quería hacer sentir como uno.

Me iluminaron de repente con todas sus luces, el lugar parecía de día y cuando porfín termine de voltear con las manos arriba vi por lo menos veinte siluetas apuntándome con rifles. Yo no los podía ver, pero ellos si a mí. La luz me cegaba.

Eran muchos, para ser verdad. ya cada quien había decidido hace meses el famoso "sálvese quien pueda" pero veinte personas en un solo grupo.... me sorprendió. Eran demasiados y uno más no les iba a servir, de hecho, si me dejaban ir tenían mucho que perder. No tenían necesidad de dejarme vivir a menos que yo se las creara. Lo podía lograr, lo tenía que lograr.


—¡Ya vienen en nuestra dirección!

Exclamé una mentira con susto.

—¿Qué? —susurro una voz del grupo.

— Los vi, dos tanques, por lo menos cien de ellos a pie, no podían cruzar el paso a desnivel por el agua —Continué.

— Con una chingada... deshazte de el Hugo. Dispárale y vámonos. — exclamó la voz femenina que yo ya reconocía.

—Vámonos ya —grito el hombre que también ya había escuchado...Hugo se llamaba.

—Dejen que nos acompañe —dijo una voz preocupada más a lo lejos.

—No hay tiempo que perder —Mentí de nuevo de manera entrometida.

Si los hacía sentir la presión del tiempo sobre sus espaldas, sería más fácil que me incorporaran a su grupo, eso si... mantenían su humanidad intacta. Poco probable.

—Habla nuestro idioma —dijo otra voz desconocida.

Escuche después murmullos dudosos.

—Muchos que vivían en la frontera hablaban nuestro idioma, y de ellos no esperábamos la traición —Exclamo una voz ronca.

—El no nos va a traicionar Armando, pues ni siquiera va a venir con nosotros —Volvió a reiterar la mujer al hombre de la voz ronca.

Esta mujer no me quería para nada en su grupo.

No sabían qué hacer conmigo.

A pesar de formar parte de su tipo, desconfiaban de mí. Lógico en este punto de la vida pero a decir verdad, como especie nunca hemos podido ver la humanidad en las personas, solo lo que nos hace diferente.

Me seguían apuntando con sus armas.

Pensé... Probablemente es más cómodo comportarse de manera hostil ante lo desconocido, que tratar de genuinamente entenderlo. Agrégale que nos persiguen generaciones de un mundo violento por naturaleza... por eso corremos en nuestros sueños decía papá. Pero aquí, yo no podía correr.

—No lo podemos dejar aquí, nos lo llevamos mejor —mencionó Hugo.

—¿A el? ¿Por qué? —Cuestionó la misma mujer.

Opté por lo cómico, y algo que sabía que nos unía a cada uno de nosotros. Era jugármela pues nada más quedaba.

— Si Hugo, no te juntes con esta chusma —Dije en tono sarcástico.

—Me saliste gracioso —Señalo la dama mientras se aproximaba.

— ¿Qué haces Alicia? — exclamó Hugo.

Lo último que pude ver fue a la misma acercándose y el tamaño enorme de aquella culata frente a mi rostro. Sentí el golpe.



....




Me levante para verme sujetado a un poste dentro de lo que parecía la sala de una casa, seguía dominando la obscuridad en todos los sentidos, aunque parecía estar sentado junto a un círculo de personas, un grupo que había estado tratando de sobrevivir a todo esto, solo que en medio no había una fogata, más bien una lampara. Les ví el rostro a todos y no sabía si me encontraba de frente a un culto o un grupo de supervivencia.

Los escuché charlando de manera amena aunque nostálgica. Me dolía la frente.

Comenzó a dar lo que parecía un sermón, sino mal recuerdo, la persona de nombre Armando... Si, la voz ronca que había identificado como la de un señor más grande, el empezó:


Si sabíamos, nuestros líderes estaban jugando, los intereses personales se apoderaron de ellos. Les exploto el cohete en la mano y al final, esos dos cínicos inmaduros nos embarraron el tronido y el mugrero.

— Si autem sciebam — recitaron todos a mi alrededor.

Si sabíamos, que a pesar de encontrarnos en buenos tiempos, todo se iba a acabar, preferimos vivir hoy pues no habría nada mañana, nos olvidamos del futuro.

— Si autem sciebam — recitaron de nuevo todos a mi alrededor.

Si sabíamos que en el fondo nuestra naturaleza era más similar a la de una bestia y que contábamos con tecnología de semidioses y aun así, permitimos que nuestro instinto ganara.

— Si autem sciebam. Concluyeron.

— Y usted, ¿Qué piensa de por qué estamos así? ¿Qué nos falto? —Todos me voltearon a ver.


Justo cuando las palabras comenzaban a plantarse en mi lengua, senti una vibración enorme en todo mi cuerpo. Me desperté con el frio de la calle en la que permanecí recostado. Era la mitad de la noche.

Todo había sido un sueño.

El mismo de todas las noches.

Uno sobre la guerra. Sobre lo que nos persigue.

Con los mismos rostros de siempre... reconocibles, pero no conocidos.

Intento volver a dormir, pero a veces, el sentimiento dura toda la noche.

Ese sentimiento en el que quiero solucionar. Ese en el que busco la respuesta para aquella pregunta.






16 de Julio de 2020 a las 06:07 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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