paparazzip19 Gabriel Gutierrez

En esta cuarentena sin luz en muchas partes del país, sin la Tv e internet, nos tocará sentarnos a inventar cuentos para pasar el rato antes de ir a dormir, como lo hacían los abuelos que contaban cuentos a sus hijos y nietos en los pueblos a comienzos del siglo XX


Cuento Todo público.
Cuento corto
0
660 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Esqueletos

-Abuelo cuéntame esta vez un cuento de espantos, ¿te sabes algunos?

-Ufff Max, de esos si tengo muchos cuentos que me contaron mis abuelos cuando era un niño.

-Ok abuelo, entonces empieza con uno bueno.

-Déjame recordar o no mejor invento uno, así serías el primero en escucharlo.

-En la Caracas de los techos rojos por allá en 1.910 cuando el Gral. Juan Vicente Gómez por la Calle Real de La Puerta de Caracas, que sube hacia El Camino de Los Españoles, por esa calle empedrada de la época, venia caminado lentamente hacia un corralón de bestias la joven margariteña Josefina Marcano, una guaiquerí muy linda que relucía una larga cabellera de un negro azabache liso y coqueta como todas las muchachas de la época, fue al corralón con la intención de recoger una ropa que había dejado colgando en cuerdas y secando al sol, en ese patio grande donde comían las bestias de los viajeros de la posada donde ella trabajaba, como ya estaba anocheciendo tenía que llevar la ropa a la casa de Doña Eulalia, para dejarla en su casa y al otro día temprano ir a plancharla, llevaba la ropa limpia en una gran canasta de mimbre.

-Aja ¿y qué le pasó a Josefina, Abuelo?

-Con calma Max, espera vamos poco a poco con el cuento, al salir a la calle empedrada eran las siete de la noche, tan solo debía caminar unas cinco cuadras bajando por el camino para entregar la ropa y regresar subiendo nuevamente a la posada, aunque en esa época no había electricidad y los pocos faroles de carburo apenas los estaban encendiendo había muy poca luz en la calle, pero con el reflejo de una luna llena resplandeciente que estaba saliendo en una noche, tan solo se veían las luciérnagas alumbrar. La calle estaba totalmente silenciosa, solo se oía el cantar de los grillos, apenas se veía el contorno de las casas y la calle por lo que decidió ir lentamente por el medio de la misma a la Casa de Doña Eulalia Chacón, gocha taribera del Táchira, Josefina tarareaba un vals de la época.

-Aja ¿y le salió un espanto, abuelo?

-No Max, aún no, lo que escuchó fue el sonido de los cascos de un caballo por la calle, que se acercaba por detrás de ella, que venía bajando por el Camino de Los Españoles, escucho claramente el sonido de los cascos que resonaban cada vez más fuertes a su espalda, se volteó rápidamente para ver quien venía pero nada, no veía nada en la penumbra, pero ahora el ruido de los cascos era mucho más claro e intenso, le parecía que se acercaba muy rápido, más cerquita lo escuchaba a cada rato era como del pasitrote de un caballo, no el típico paso de las bestias cuando caminan normalmente, se asustó mucho soltando la canasta de la ropa al suelo, ya que ella venía caminando por la mitad de la calle y pensó que caballo la arrollaría, poniéndose a la defensiva a un lado de la calle, pero no veía nada por lo que empezó a correr muy rápido hacia la casa de Doña Eulalia.

¿Y no se desmayó abuelo?

-¡Todavía no!, Josefina ya muy asustada corría, los cascos de un caballo se oían mucho más fuertes, casi la alcanzan cuando llego a la puerta tocando y pegando gritos para que le abrieran, cuando sintió el resoplido del paso del caballo, fue que vio bajo la tenue luz de un candil colocado a un lado de la puerta de la casa de Doña Eulalia, al jinete lo vio cara a cara y a un caballo.

-¡Que susto se llevó! cuando vio al jinete montado sobre ese caballo.

-Ajá abuelo ¿y qué le pasó, se hizo pipi?

-No Max, ella vio el rostro del jinete pero este no tenía rostro, la cara era una calavera y su cuerpo un esqueleto con un gran saco que flotaba en el aire, como una capa con un sombrero de hongo en su cabeza a la usanza de la época, los calzones eran con unas chaparreras vaqueras de montar a caballo, en los estribos le vio las botas de montar con espuelas que brillaban a la luz de la luna, en una mano de huesos un fuete de mando y en la otra mano de huesos tomaba la rienda del caballo, se fijó que el caballo que montaba, no era tal caballo, sino el esqueleto de un caballo muy grande, que le resopló frente a sus narices cuando pasó a su lado, tremendo grito que pego, dicen que se oyó hasta la Iglesia San Judas Tadeo allá abajo.

-Huyyy ¿qué miedo abuelo?

-Doña Eulalia y su hijo abren la puerta asustados por el espantoso grito de Josefina con la luz de una lámpara de kerosene, alumbran a Josefina que se había quedado como una estatua de piedra parada y tiesa, la ayudan a entrar a la casa toda temblorosa y gritando histérica, la pobre Josefina se desmaya del susto, es cuando Doña Eulalia y Mauricio su hijo ven a lo lejos que va un jinete trotando sobre un caballo hacia Caracas.

-Salen los otros ocupantes de la casa, los demás hijos y las cocineras Ramona y María a ver qué pasaba, recogen entre las dos del piso a Josefina que se encuentra desmayada del susto, la colocan en un sofá de la sala.

-Grita Doña Eulalia traigan cuervo ciervo (amoníaco) para reanimar a Josefina, ahora con más luz ven que el pelo de Josefina se le puso todo blanco del gran susto, se parecían a las canas de las abuelas.

-Mauricio el menor de los hijos de Doña Eulalia pregunta ¿y quién sería ese jinete? ¿Yo nunca había escuchado pasar un caballo a esta hora ya empezando la noche?

-Le responde Doña Eulalia ¡Pues yo no le sé decir!, esperemos a que reaccione Josefina para que nos cuente que fue lo que vio.

-Al poco rato ya Josefina reacciona y recobra la lucidez, le empiezan a hacerle muchas preguntas y ella respondió lo que vio del jinete y el caballo, que eran dos esqueletos, allí todos los presentes se asustaron de verdad, Doña Eulalia le dice a todos vamos a rezar unos rosarios y Ramona trae el agua bendita para rociar a Josefina, que la proteja Dios de ese espanto maléfico que le salió, llegan rápidamente varias vecinas chismosas a preguntar lo del espeluznante grito de la mujer que habían escuchado, y les echan el cuento, allí mismo salieron corriendo esas viejas a sus casas a encerrarse y regar el cuento del espanto entre su familia, cerrando los portones y puertas de entrada a las casas, por si regresaba el esqueleto a caballo.

-¡Anda Mauricio a buscar la canasta de la ropa que está en medio de la calle! dijo Doña Eulalia.

-¡Yo mamá! ¿Y si me sale el esqueleto?, respondió Mauricio

¡Anda te dije que solo les sale a las mujeres!

-Bueno está bien voy con mucho miedo.

-A raíz de ese espanto todos los que vivían por esa calle a las seis de la tarde ya estaban en sus casas, nadie salía, no vaya a ser que les saliera el espanto de los esqueletos nuevamente.

-¿Qué te pareció este cuento Max?

-Bien fino Abuelo Jii..jii..jii.. como para dormir un poco asustado Jii..jii..jii..

-Abuelo, esos eran los cuentos de esa época, más bien para asustar a las jóvenes, para que no salieran de noche a verse con sus novios, yo creo.

-Pues yo también creo eso, pero más bien que por ahí viene tu abuelita con el espanto de la torta, ya la estoy oliendo, ¿sí o no Max?

-Sí abuelo, allá viene con la torta de espanto y brinco que rica, ¿ella se sabe este cuento?

-Creo que no, lo acabo de inventar ahora, se lo cuentas tú Max.

-¡Eso yo se lo cuento, para ver qué cara pone mi abuela! Jii..jii..jii..

9 de Julio de 2020 a las 00:22 2 Reporte Insertar Seguir historia
2
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
Nelly M Nieto U Nelly M Nieto U
Cuentos de camino! 😊
July 10, 2020, 02:06
Mael Sánchez Mael Sánchez
¡De Espanto y Brinco! 👀
July 09, 2020, 01:06
~