deysi-j Deysi Juárez

Una fantástica pintura, ha recorrido el mundo por muchas décadas, cada cierto tiempo su dueño busca la pone en venta para apoderarse del alma de sus nuevas poseedoras. De tras de esto existe una gran historia ¿Quieres conocerla?


Cuento Todo público.

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Capitulo 1 (1460)

Catalina entraba en labor de parto, los dolores se hacían cada vez más insoportables, la fiebre había subido. La partera hacia su trabajo preparando todo para la llegada del bebé, mientras Juan Emilio sostenía su mano dándole valor. La lluvia afuera se había intensificado, los truenos estremecían el cielo y los relámpagos iluminaban el lugar. El viento se colaba dentro haciendo menear las flamas de las velas, era una de esas noches negras de mala suerte, que más podría salir mal, el parto se había adelantado, la madre sufría horrores tratando de mantener con vida a su bebé dentro de su vientre.
—Esa mujer maldijo a mi hija, ella quiere a nuestra bebé, lo siento con nosotros ¡Debes creerme! ¡Está aquí observándonos! esperando el momento preciso para llevársela ¡Créeme!—Gritó Catalina.
— ¡Cálmate mi vida! No hay nadie más en esta habitación, esta mujer ya está muerta. Murió frente a nuestros ojos, tú misma lo viste.
— ¡Si! La vi cuando clavó su mirada en mis ojos y sonrió diciendo que jamás la tendría en mis brazos. La vi caer atravesada por una lanza mientras me señalaba. Jamás cerró los ojos, esos ojos que estando muertos me sonreían, su mirada, esa maldita mirada provocó esto en mi interior, el bebé se está muriendo —Gritó
El dolor volvió a golpear su ser, en eso la ventana se abrió de par en par y el aire frio se coló en el interior. Las gotas de agua llegaban hasta la cama.
— ¡Carajo! ¡Maldita ventana! —gritó el Juan Emilio corriendo hacia ella para volver a cerrarla.
El viento soplaba con fuerza sacudiendo las cortinas blancas, trató de tomar la manija de la ventana cuando la cortina húmeda se pegó en su cara, se la quitó de inmediato y la vio teñida de rojo, retrocedió asustado con el corazón acelerado. Se paralizó unos segundos y ante los gritos desgarradores de la mujer reaccionó, volvió a intentar cerrar la ventana, no podía, parecía que el viento se negaba a ser dejado fuera.
“Jamaaaaás la tendraaaaaaaaaaás” se dejó oír una voz espeluznante, quizás lo imaginó los gritos de su esposa, el viento el ruido del exterior le estaban jugando una mala pasada. Esta vez tomó ambos lasos de la ventana y la aseguró, en eso vio estrellarse contra el vidrio la cara de la bruja que mataron hace dos días. Escuchó el ruido, incluso se cubrió la cara para evitar los vidrios rotos, todo pasó tan rápido.
—Le ocurre algo señor—dijo la partera.
— ¡No! ¡No! —Dijo asustado, estaba sudando y sus ojos por poco salían de sus órbitas. —Solo que creí ver algo, pero supongo que fue el reflejo de mi rostro y por los relámpagos…
Trató de explicarse las razones por las que se sentía tan temeroso. Catalina volvió a gritar, corrió a su lado, la partera colocaba paños de agua tibia sobre su frente, la mujer volvió a gritar retorciéndose de dolor.
—Ya no puedo más, estoy muriéndome—Gritó catalina
La partera se asomó a ver y pudo notar que ya había dilatado, “El bebé está por nacer, necesito que puje” no paso mucho para que el bebé se asomara y la partera apurase a la madre a seguir pujando.
— ¡Ya viene! ¡Solo un poco más! ¡Vamos! ¡Puje más fuerte!
Un grito desgarrador mezclando en el llanto del bebé resonaron en la alcoba. La ventana volvió abrirse, una luz iluminó a la partera que sostenía al bebé en sus manos, las cortinas se tiñeron de sangre y una risa macabra acompañaba sus movimientos. La madre perdía la conciencia; se desangraba. Sus ojos se fueron cerrando, el padre miraba aterrado sin saber que decir, se había congelado.
—Mi bebé—Susurró la madre
—Jamás la tendrás, no lo olvides, jamás, jamás.
Catalina con su último aliento volteo la cabeza y la miró.
— ¿Por qué? — Preguntó casi sin voz
La partera se acercó sonriéndoles, los rastros se fueron cambiando, ahora era esa horrible mujer, “La bruja” como le decían en el lugar ¿Cómo era posible?
— ¡Mírenla es tan bonita! —Dijo acariciando al bebé—Tal vez no lo recuerdes, porque pasó mucho antes de que nacieran. En ese entonces era un poco más vieja—se carcajeó— No importa, lo que realmente interesa aquí, es que sus padres hicieron algo muy malo. Me traicionaron, jugaron conmigo, creyeron que podrían matarme.
—Entrégamela—Dijo Catalina levantando sus manos con gran dificultad, mientras sus ojos se nublaban por las lágrimas.
—Ahora me pertenece ¡Olvídate de ella!
— ¡Por favor! —Suplicó con su último aliento —Déjame verla.
— ¡Cállate! ¿Por qué no solo mueres? ¡Ya no es tuya! —Gritó
Se acercó más y deslizó un dedo por su cara sonriendo.
—Mi pequeña Catalina, mi pequeña luz de vida ¿Qué fue lo que tu padre hizo contigo? Creyó que podías escapar de tu destino ocultándote de mí. Subestimarme fue lo peor.
Miró a Juan, le dio unas palmaditas en la mejilla y volvió a reír. Mirando al bebé caminó al otro extremo de la cama, la colocó sobre las toallas ensangrentadas, tomó el cuchillo que antes había preparado para cortar el cordón umbilical y de un certero golpe atravesó el pequeño cuerpo frágil del bebé.
—“Noooooooooooooooooooooooo” — Fue el grito desgarrador de Catalina que combinado con el último llanto del bebé fue la mejor melodía de muerte que la vieja oyó. Juan Emilio seguía tieso, mirando la atrocidad de esa mujer. Su esposa moría desangraba y él solo observaba que castigo más cruel podía imponerle. La vieja se acercó riendo mostrando el cuchillo lleno de sangre.
—Eres tan frio como tu padre, tan cruel y miserable, ahora que estás viendo derramar tu propia sangre ¿Qué sientes? ¿Qué opinas buen hombre?
Juan Emilio derramaba lágrimas, quería matarla, eso es lo que quería, intentaba mover sus dedos, aunque sea un músculo, pero su cuerpo no respondía. Entonces rompió el silencio y gritó con todas sus fuerzas.
— ¡Maldita! ¡Voy a matarte!—Se lanzó contra la mujer tomándola por el cuello, la llevó contra la pared y por más que sentía que aplicaba toda su fuerza no daba resultado. La mujer sonreía y no mostraba algún síntoma de asfixia.
“Golpea su cabezaaaaaaaaaaaaaaa” susurraron a su oído. Entonces empezó a tirar la cabeza contra la pared una y otra vez con fuerza hasta que sintió la sangre correr por sus dedos. Sonrió satisfecho cegado por la ira.

8 de Julio de 2020 a las 21:31 0 Reporte Insertar Seguir historia
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