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Libro III de la Saga: Corazón Mafioso. Después de haber superado todos los obstáculos que se interpusieron en su camino y lograr dejar atrás el pasado: Alekséi, el gran Alfa que ha logrado mantenerse en el tope de la mafia en Rusia y Xander, su pequeño pero increíblemente ingenioso Omega finalmente están juntos sin impedimentos, libres de poder disfrutar de su amor sin temores. Pero ahora, afrontarán el mayor desafío que ha llegado a sus vidas sin ningún aviso: Ser padres. Xander, gracias a la ayuda de la marca de apareamiento, fue capaz de quedar embarazado como siempre había deseado. Aunque Alekséi no contaba que los 9 meses de gestación de su linda pareja, serían los más largos, (pero aún así divertidos) de su vida. Obra registrada en Copyrighted bajo el código myCBSuShwK6MQzre *Capítulos medio largos. *M-preg. *[+19] *Lenguaje vulgar y escenas de contenido sexual explícito entre hombre (Si no te gusta, no leas). *Historia original. No se permiten adaptaciones. *Portada de la trilogía + el especial hechas por mí. Se aceptan críticas constructivas y corrección de errores ortográficos. Siempre son bienvenidos.


LGBT+ Sólo para mayores de 21 (adultos).

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Capítulo 1 — Vida Nueva

Viernes, 9 de Mayo. Habitación de Fredek, 13:45 horas.

FREDEK

Tengo sueño. Los párpados me pesan y tengo que hacer un gran esfuerzo para mantenerme despierto y las caricias de Derek solo lo empeoran.

Angelo se fue hace unas horas, a pesar de lo mucho que insistí para que se quedara. Aunque entiendo que está a cargo de un negocio y a veces no tendrá tiempo para quedarse otro rato con nosotros. Derek sí se quedó, sin embargo. Lo cual es un tremendo alivio para mí.

Ahora más que nunca necesito tenerlos a mi lado. Estamos acostados en la cama, disfrutando de la acogedora compañía y compartiendo nuestro calor corporal entre roces tiernos y suaves besos.

—Angelo me dijo que sería mejor sí viviéramos en su casa de campo — Derek coloca una mano en mi estómago, por debajo de mi camisa y me acaricia suavemente en círculos —. ¿Qué piensas tú?

Lo observo durante un rato, tratando de dar con una respuesta que sea capaz de dejar a todo el mundo satisfecho, pero por más que lo intento, no me llega nada a la cabeza. ¿La razón?

Hace dos días me enteré que estoy embarazado. Sí, yo. Embarazado.

Supongo que eso es lo que terminaría ocurriendo después de haber estado follando como conejos sin protección y la forma en que lo descubrí fue peculiar y bastante cómica, en realidad. Mis dos Alfas me olfatearon por todos lados como un sabueso buscando un hueso enterrado, lo cual obviamente me causó mucha risa.

Al principio estaba muy confundido por el extraño comportamiento que tenían. Rápidamente las risas se sustituyeron por molestia y casi los noqueé con uno de mis zapatos después de insistir repetidas veces que me dejaran en paz. Cuando finalmente lo hicieron, ambos parecían totalmente atónitos.

No se movían, no hablaban. Solo me veían, con los ojos abiertos como platos y tan quietos, que era difícil saber si respiraban.

—No puede ser... — Angelo murmuró sin aliento.

—Maldición... Tu hermano nos va a matar — Derek había suspirado.

Fue lo único que los dos dijeron antes de abalanzarse sobre mí, plantando besos por todos lados y saltando de alegría. «¿Pero qué demonios?», pensé en ese instante, creyendo que se habían vuelto locos. Y entonces, Angelo fue el que dijo:

—Nos has hecho enormemente felices, zorrito — colocó su mano en mi estómago, sus ojos sospechosamente brillantes.

—¿Pero de qué hablas? — curiosidad y ansiedad filtrándose por mis venas —. ¿Van a decirme por fin qué es lo que sucede? — intercalando mi mirada entre los dos.

—Algo que jamás pensé que sucedería, Fred — sonrió ampliamente y me costaba apartar mis ojos de los suyos —. Seremos padres.

Mi boca se abría y se cerraba como la de un pez buscando aire, un escalofrío recorrió mi cuerpo logrando que mis rodillas se sintieran inestables. Observé a Angelo, con las palabras trabadas en la boca y los ojos bastantes abiertos. Él me sonrió y asintió, una lágrima deslizándose por su mejilla.

—¿Lo dicen en serio? — indagué, de alguna manera esperando a que se rieran de mí y negaran todo, que estuvieran bromeando o algo. Pero no, no pasó.

—Estás embarazado, zorrito — Angelo dejó un beso en mi mejilla con dulzura.

—Tu olor ha cambiado — Derek se acercó también —. Al principio nos costó darnos cuenta, pero ya no hay dudas — besa mi otra mejilla —. Gracias a ti, seremos padres — sonrió y posó su mano en mi vientre con cariño.

—No te imaginas lo felices que nos has hecho — Angelo colocó su mano sobre la de Derek —. Seremos una familia, zorrito.

Y ahí, me eché a llorar. Desde ese día, mis emociones han estado constantemente en una montaña rusa. De repente estoy feliz, añorando a nuestro hijo creciendo con cada segundo que pasa, imaginándome en una acogedora casa disfrutando del amor de mis Alfas, acunando entre mis brazos a un pequeño saco lleno de vida, frente a una chimenea y bebiendo chocolate caliente.

Pero después, la angustia de tener que contárselo a Alekséi y que reaccione tan mal como estoy completamente seguro de que lo hará. Que por su rabieta peleemos y dejemos de hablarnos por largos años de nuevo. Luego la tristeza y el temor, de que alguno de mis Alfas se moleste o niegue al bebé si descubre que no es suyo, sino del otro.

Dios, todo esto es tan confuso y aterrador, pero al mismo tiempo maravilloso y alucinante.

—¿Fred? — Derek me observa atentamente y me doy cuenta que tal vez duré más tiempo del que pensaba en silencio —. ¿Qué opinas? — insiste —. ¿Quieres que nos mudemos a casa de Angelo?

—No lo sé — admito y mi confesión parece confundirlo.

—¿Por qué? — acaricia mi mejilla con dulzura —. ¿Hay algo que te preocupe?

—Es solo que... — desvío la vista, apreciando con fingido interés la mancha marrón en el techo de mi habitación.

—Dímelo, Fred — coloca un dedo debajo de mi barbilla, girando mi rostro para verlo de nuevo —. Habla conmigo — susurra.

—Tengo miedo, Derek — sintiéndome inseguro de continuar —. Es decir, aún no le hemos contado a Alekséi y estoy seguro que reaccionará mal.

—Lo enfrentaremos — me afirma con una seguridad que logra aliviar un poco mi ansiedad —. Estaremos junto a ti cuando decidas contárselo. Pero debes tener en cuenta que debe ser pronto, tu olor se está haciendo más y más fuerte.

—Lo sé — susurro con pesar.

—Hay algo más, ¿verdad? — yo asiento, él vuelve a hacer que le mire y sonríe, tratando de inspirarme confianza —. ¿Qué es?

—Qué... — me detengo, receloso de revelar mi temor y con una incertidumbre expandiéndose por mis entrañas —. ¿Qué pasaría si el bebé... Termina siendo de Angelo?

—¿A qué te refieres? — la confusión marcada en sus facciones.

—Bueno... ¿Te enojarías?

Me observa por un largo instante, con las cejas fruncidas. Su silencio me pone más nervioso y temeroso, traté de moverme, queriendo escapar de la intensidad de su mirada, pero él me detuvo.

—Por supuesto que no, Fred — me asegura y no puedo evitar que un suspiro de alivio se escape de mis labios —. No importa de cual de los dos sea el bebé — vuelve a poner su mano en mi estómago —. Lo consideraré como mío de todas maneras.

—¿De verdad? — mis ojos pican, anunciando al llanto llegar.

—¿Te parece que estoy mintiendo? — niego rápidamente cuando la determinación en su mirada hace que un calor se expanda a través de mi agitado pecho —. Perfecto, porque estoy siendo completamente sincero — sonríe —. Te amo, nene. Y lo que llevas ahora dentro de ti demuestra justamente eso, ya sea mío o de Angelo.

—Yo también te amo — susurro otra vez y las lágrimas aparecen sin poder detenerlas, aunque esta vez es de pura e intensa alegría —. Jamás esperé llegar a ser tan feliz como lo soy ahora, junto a ti y a Angelo.

—No sé de él, pero yo también soy muy feliz — sonríe, entonces se inclina y me besa en la boca —. Entonces, ¿nos mudamos con él? — pregunta una vez se separa.

—Me gustaría poder decírselo a mi hermano primero — muerdo mi labio inferior, nervioso —. Sé que no estará feliz, pero ustedes son mis parejas. Le guste o no, a donde ambos vayan yo iré.

—Bien dicho, nene — su sonrisa se ensancha y me vuelve a besar.

Y bendito infierno, siento el beso hasta la punta de los pies. Su lengua me recorre y me saborea con intensidad, mordiendo y chupando mis labios en el proceso. Su sabor inunda mi boca y hace que me maree de placer.

Mis manos se aferran a su cabello y tiran de él, tratando de acercarlo más, mucho más. Él suelta un bajo gruñido de lo profundo de su garganta y mi polla inmediatamente reacciona, endureciéndose y palpitando dentro de mi pantalón en anticipación.

Pero entonces siento, incluso entre la bruma de placer, como llaman insistentemente a mi puerta. Derek se separa con un suspiro y una expresión molesta. Se levanta de la cama acomodando su ropa y abre la puerta. Lev enseguida entra, un poco sudado y agitado, pareciendo nervioso.

Su estado me pone en alerta y me levanto de un salto, colocando las manos en sus anchos hombros.

—Joder. ¿Pero qué te sucede? — mis nervios se afloran, observando por el rabillo del ojo a Derek cerrar la puerta y acercarse a nosotros —. ¿Estás bien?

—Sí — Lev sisea, colocando una mano en su pecho, intentando controlar su respiración.

—Derek, por favor trae un poco de agua.

Él asiente y se precipita hacia el refrigerador en un costado de mi habitación. Escucho el tintineo de los cristales y poco tiempo después, regresa a nosotros con un vaso lleno del cristalino líquido. Lev lo toma y se lo bebe todo de golpe, suspirando aliviado una vez termina.

—Gracias — medio sonríe —. Realmente lo necesitaba.

—Bien, ahora cuéntanos qué te tenía tan agitado — Derek pregunta, quitándole el vaso para colocarlo en la mesa de noche.

—Alek lo sabe — su mirada salta entre Derek y yo repetidas veces, pero nuestras expresiones le hacen saber que no tenemos ni idea de a qué se refiere. Él rueda los ojos y hace un sonido, frustrado —. ¡Lo sabe! — chilla —. ¡Sabe que estás embarazado!

—¡¿Qué?! — grito, asombrado y aterrado al mismo tiempo.

—Mierda... — Derek murmura, pellizcando el puente de su nariz —. ¿Cómo demonios se enteró?

—La anciana Ewa se lo contó sin querer — hace una mueca y se aparta el cabello sudado de la frente.

—¡¿La señora Ewa lo sabe?! — ahora soy yo quien chilla, angustiado y preocupado por la reacción de mi hermano —. ¿Pero cómo?

—Notó el cambio en tu aroma — Lev se encoge de hombros —. Y déjame decirte, esa anciana tiene un buen jodido olfato, ni yo me había dado cuenta.

—¿Ya ves? — Derek me dice y yo solo lo fulmino con la mirada —. Oye, no me culpes a mí. Te dije que eso podría pasar.

—¡Pero no es mi culpa, estúpido! — trato de golpear su hombro, pero antes de que mi puño siquiera lo roce, me sujeta la muñeca en un agarre firme pero a la vez gentil, no queriendo lastimarme —. ¿Qué iba a saber yo que la señora Ewa, de todas las personas, se daría cuenta?

—Dale crédito, Derek — Lev se encoge de hombros —. Nadie se esperaría que esa anciana fuera tan perspicaz — resopla burlón.

—Y a todas estas: ¿Cómo es que tú estás aquí y no Magnus? — observo a Lev, esperando también por su respuesta.

—Xander logró calmarlo lo suficiente para convencerlo de irse a su habitación sin explotar.

—Vaya. ¿En serio? — pregunto asombrado, conociendo las rabietas de Alekséi, es increíble saber que Xander pudo haber sido capaz de controlarlo.

—Oh, sí. Aunque mi bebito no fue para nada sutil al respecto — se estremece y se abraza como si tuviera frío —. Casi logra pegarle en la cabeza con un sartén. ¡Sus cambios hormonales dan miedo!

—¿Cambios hormonales? — Derek cuestiona.

—Sí — nos quedamos mirándole, esperando a que continuara. Al ver que no lo pretendía, yo gruño exasperado.

—A qué coño te refie... — ni siquiera soy capaz de terminar la frase, cuando el entendimiento finalmente se filtra en mi cerebro —. ¡¿Está embarazado también?! — Lev asiente sonriente, Derek y yo nos miramos asombrados sin saber qué jodidos decir o hacer.

—De haber sabido que se iban a poner de acuerdo, me hubiera unido a ustedes — Lev cruza los brazos sobre su pecho y hace un puchero —. ¡Yo también quiero uno, no es justo!

—¿Acaso estás loco? — lo reprendo mientras que el traidor de Derek se ríe a mi lado —. ¿Piensas que nos pusimos de acuerdo?

—Pues sí. Es demasiada casualidad que ambos estén ahora embarazados al mismo tiempo — su puchero se vuelve más exagerado y me dan ganas golpearlo —. Que crueles son por no incluirme — Derek estalla a carcajadas y ahora lo quiero golpear a él también.

—Deja de decir tonterías — lo pellizco en el brazo y él se queja de dolor con un chillido.

—¿Y ahora también me haces daño físicamente? — soba el área afectada —. ¡No puedo creerte, Fredek Magnus!

—Bien, bien. Ya basta — Derek se pone entre nosotros, limpiando las lágrimas de sus ojos causadas por la risa —. Lev, te aseguro que Fred en ningún momento se puso de acuerdo con Xander para que quedaran embarazados — sonríe, Lev lo observa con recelo —. Créeme, yo lo sabría.

—No lo sé. Me siento muy herido en este momento — me echa una mirada de reojo —. Necesito tiempo para pensar las cosas.

—Tómate el tiempo que necesites — Derek le dice con una expresión solemne, como si realmente hablara con alguien cuyos sentimientos han sido pisoteados. ¿Qué demonios?

—Y a todas estas...

Lev no ha terminado de formular la pregunta cuando un escalofrío recorre mi espalda. Lo conozco desde hace varios años y sí hay algo en lo que se tiene que tener mucho cuidado (y temor), es en su curiosidad. Además de su lado pervertido.

—¿De cuál de ustedes dos será el bebé? — cierro los puños a mis costados y necesité de todo mi autocontrol para no abalanzarme sobre él para arrancarle la lengua de raíz —. Es decir, ¿quién lo folló últimamente? — coloca un dedo en sus labios como si estuviera pensando —. ¿Lo hacen al mismo tiempo? El otro día vi en Internet algo sobre doble penetración, pero entonces Yaak entró a la habitación y no quería que me descubriera viendo porno, así que cerré rápido la pestaña.

Derek se vuelve a reír y hago una nota mental para patear su trasero después.

—Lev, si no te vas ahora mismo de aquí, te demostraré lo que soy capaz de hacer cuando me enojo — lo señalo y entrecierro los ojos, tratando de transmitir tanta amenaza como me es posible.

—¡Ah, es por eso que cojeabas! — Lev aplaude y sonríe, viéndome con admiración —. ¡Te metieron dos pollas al mismo tiempo!

—Lev... — le advierto de nuevo.

—¡Pero que zorrito travieso y atrevido eres! No te creía capaz de...

—¡Ahora verás! — mis manos se dirigieron a su cara con la intención de arañar cuanta piel estuviera a mi alcance. Pero antes de poder hacerlo, fuertes brazos me rodean y me apartan de mi objetivo.

Lev gritó escandalizado y salió corriendo, no sin antes detenerse el tiempo suficiente para sacarme la lengua y azotar la puerta tan fuerte que el vaso en la mesa se agitó.

Juro que patearé su trasero tan pronto tenga la oportunidad.

7 de Julio de 2020 a las 23:51 0 Reporte Insertar Seguir historia
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