mikaelawolff Mikaela Wolff

Irene lleva una vida relajada junto a su novio Connor hasta que la muerte de su abuela la convierte por su desgracia en la única heredera del club Infierno, un lugar lleno de pecado dónde su principal atracción son cinco chicos que cada noche reciben a las chicas con bailes sensuales mientras se van despojando de su vestuario lentamente. Los problemas están por empezar y su peor dolor de cabeza será tener que lidiar con el líder de los streppers conocido como Daddy, aunque algo más poderoso que ese hombre la hará sucumbir de nuevo a territorios que no quería volver a pisar tras su pasado oscuro. ¿Sera Irene capaz de superar sus miedos?


Suspenso/Misterio Sólo para mayores de 18.

#383 #novela-negra #suspense #258 #misterio
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CAPÍTULO 0

El Club de los Pecados. Pereza.

CAPÍTULO CERO

JHONY ALONSO


Fatigado, agotado, destrozado, exhausto, molido, hecho polvo, para el arrastre... Existen cientos de términos para definir mi estado actual de cansancio. Mi vida desde los últimos seis meses se ha convertido en un sin vivir. Trabajo, trabajo y más trabajo. En la mañana sirviendo café ahogado, por la tarde haciendo reparaciones a trastos que piden a gritos ser jubilados y por la noche... En fin, no quiero hablar de lo que hago en las noches con mi cuerpo. No estoy orgulloso, tampoco tengo tiempo para arrepentirme. Todo por idiota, todo por ingenuo. Mi mentalidad, siempre odiaré mi mentalidad necia a la par que inmadura.

Estoy condenado por el resto de los días y lo peor es que no lo hice solo. Mis errores arrastraron a mi pobre y querida Karen al sufrimiento. Solo quería que fuéramos felices, no pretendí jamás caer en la peor de las desgracias. No se puede arreglar, haga lo que haga parece ser que jamás será suficiente. Todo es tan complicado.

¿Cómo puede ser tan ciego?

Fuí tentado por la codicio. No tendría que haber aceptado un trabajo de escasas horas por un rentabilidad tan elevada, más sabiendo que el asunto era totalmente ilegal.

Tan perdido, tan solitario.

A veces quiero rendirme pero no puedo.

Tengo que averiguar la forma de rescatar a mi hermana pequeña de las manos de la bestia.

.

Disponiendo de una escasa hora para cerrar los ojos, me dejó caer en la hierba del parque mientras que la risa de los felices ignorantes invaden el espacio. Me molesta, pero no lo suficiente como para adentrarme al mundo de los sueños, ese lugar dónde puedo conversar con Karen mientras mantenemos las manos entrelazadas. A salvos dentro un universo donde no hay cabida para los hombres sin corazón.

Un ligero toque me obliga abrir los ojos antes de tiempo. Grito por dentro, lloro sin lágrimas, deseo regresar al lugar del cual me acaban de sacar sin permiso. Busco al culpable mientras que las hojas anaranjadas son llevadas por la suave brisa otoñal, un nuevo toque de bastón me advierte de la mujer de avanzada edad que se encuentra en el lateral. Busco una pista que la relacione conmigo, no existe, su aspecto es más propio al de una abuela entrañable que a la de una de mis clientas. Canosa de pelo corto con un ligero flequillo medio ondulado que le cae por la parte derecha de la cara, mirada oscura provocada por el marrón de la tierra mojada después de un día intenso de lluvia, usa gafas de ligera montura. Y mantiene todo el rato una pequeña sonrisa más propia de un adolescente que a una persona que tranquilamente ronda los setenta años.

¿Y qué decir del vestuario?

Clásico jersey de lana con un pañuelo para cubrir su delgado cuello y unos pantalones elásticos.

Buenas tardes muchachito. ¿Tendrías un segundo para está viejecita?

Definitivamente es la clásica abuela que todo buen nieto adorá por los caprichos que está le ofrece a escondidas de los padres.

Me despeino desperezando el cuerpo, me levanto del suelo pensando en cuánto tiempo me queda para llegar al taller. El tiempo es valioso y no voy a desperdiciarlo por nadie.

Tengo que irme.

Dos minutos, solo te pido eso. ¿Acaso abandonarías a está entrañable ancianita a su suerte? —tratando de ser lo más cortante y distante posible cruzó nuestras mirada. Grave error, con solo el reflejo de sus ojos puedo intuir que está gritando auxilio desesperada —Por favor.

¿En qué te puedo ayudar?

Me he perdido.

¿Cómo qué se ha perdido?

Entiendo que un niño se pierda, lo comprendo en mi mismo por mi estupidez, pero no hay lugar en mi juicio que razone que esta amable señora se haya perdido.

El alzheimer me juega malas pasadas.

No puedo entretenerme con esto, lo mejor es que algún agente se encargue de ella. A mi desgracia y tras revisar un par de veces alrededor parece que la policía se ha puesto en huelga debido a su ausencia, aún así no desisto porque cualquier persona será mejor opción que yo. Ansioso, desesperado, nadie está dispuesto a detenerse a escuchar. La abuela me transmite una caricia en el brazo que me tranquiliza en el acto, tiene un gran poder y lo más probable es que lo haya olvidado.

Muchacho.

¿Recuerdas algo? ¿Alguna dirección?

Siguiendo transmitiendo serenidad con su voz pronuncia una dirección lejana, media hora a mi ritmo, dos horas para ella y contando que use el metro. Pienso en la forma más fácil para indicar la ruta, acto seguido recuerdo el maldito alzheimer comprendiendo que estoy jodido. La única forma para que llegue sana y salva a su hogar es que alguien le acompañe, que precisamente le acompañe mandando a la mierda los problemas.

¿Karen o la vieja desconocida?

Si ella estuviera aquí para ver como no entrego mi ayuda a la mujer me desafiaría con la mirada, incluso en su esencia natural estaría semanas sin hablarme. No tengo de otra, voy a cumplir su voluntad.

Conozco el lugar —sonríe levemente —Te acompañaré con mucho gusto.

El inicio de nuestra caminata pasa en total silencio, la anciana solo se comunica para decir que tiene pánico a los metros. Insisto una y otra vez pero finalmente sucumbo a su perseverancia. A pasos lentos y paradas inoportunas atribuidas a un dolor de espalda han pasado cuatro desesperantes horas. El cielo nocturno hace caer las temperaturas en picado, el frío otoñal golpea con fuerza. Se abraza congelada, tras renegar en voz baja la cubro con el abrigo, le queda grande pero al menos estará caliente.

Una hora más en el contador del tiempo desperdiciado, finalmente hemos dado con el lugar indicado. Gigantesca mansión de fachada salmón y techo oscuro rodeada por un alto muro de piedra.

Esta es mi casa —la señora busca en los bolsillos cuando abre los ojos de par en par desolada —No, no puede ser. ¿Dónde tengo la cabeza? ¿Dónde? Ay, muchacho, soy un completo desastre.

¿Qué ocurre?

Olvide mis llaves.

No sé si aceptar la idea de que vive aquí. Este lugar apesta a dinero, algo que no le encuentro lógica en ella pues si de verdad es multimillonaria es imposible que vaya sin escoltas dado a su problemática enfermedad. Sospechoso. Me rindo, lo más sensato y lo que tendría haber hecho desde el principio es llamar a la policía, esté jamás fue mi asunto. Otra cosa que puedo hacer es dejar que los verdaderos propietarios de la casa se responsabilicen, a los ricos no les viene mal una vez al año recibir una lección de humildad.

¿Puedes saltar el muro? —miro hacia arriba, demasiado alto incluso para un metro noventa —La puerta se abre desde el interior.

Lo que me estás pidiendo es un delito.

Bobadas. Te estoy dando permiso para que accedas al jardín.

No tengo ni idea de porque pero la creo. Escaló las piedras una por una hasta lograr saltar el muro de tres metros. El lugar es mágico, la fantasía de un paraíso en la Tierra. Eclipsante. Doy un par de pasos observando una inmensa fuente con caída en cascada a un pequeño estanque artificial con un par de kois blancos con motas rojas. Apreció mi aspecto destrozado en el reflejo del agua cuando otra silueta aparece detrás, al dar la vuelta doy con un sujeto de enormes músculos que podrían reducirme en cenizas, algo que intuyó que quiere hacer por su mirada lúgubre. Soy imbécil, me he metido en casa de algún asesino en serie. No quiero morir, no puedo morir. Tengo una misión que cumplir y no puedo dejar que la muerte sea lo que me haga fracasar.

Hola.

Tragó saliva. La voz grave y amenazante hacen temblar hasta la última de las extremidades.

¡Daddy! ¡Hijo del demonio! ¡Abrame la condenada puerta que he olvidado las llaves!

La anciana grita desde el exterior sabiendo que el asesino está enfrente de mis narices. No logro comprender nada de lo que pasa, solo quiero irme y seguir con mi patetica existencia. Sin apartar la atención del peligro lo veo poner los ojos en blanco en un gesto de desaprobación, acto seguido abre la puerta dejando entrar a la anciana que camina a la perfección sin bastón. He sido estafado como un niño ingenuo creyendo fielmente a las palabras de los adultos.

Bienvenida a casa Queen.

Me muero de hambre. ¿Qué ha cocinado Travis?

Travis no está —el rostro de la mujer palidece —Isaac es quién...

¡¿Quién es el loco que ha permitido que Isaac entre en la cocina?! —interrumpe la vieja al asesino gritando a pleno pulmón. Está loca —¡Ni en sus mejores sueños me vuelve a quemar la cocina! ¡Encargate del muchacho!

Deprisa, apurada. Entra a la mansión como alma siendo llevada por el demonio. Esto no es real, solo es un sueño. Estoy durmiendo, sigo en el parque y en cuanto menos me lo esperé abriré los ojos para ir a taller.

Uno, dos y ¡tres!

¡Despierta Jhony, despierta!

Nunca te acabas de acostumbrar a su personalidad —el hombre lleva la mano al interior del abrigo. Ahora es cuando saca la pistola y me mata de un balazo —Algo me dice que necesitas unos cuantos de estos —saca un fajo de billetes verdes.

¿Acabas de llamarme pobre? —agarró el dinero guardándolo —Que no vistamos iguales no te da derecho a juzgarme y menos convertirme en el juguete de esa bruja. ¿Te crees superior a la humanidad o qué? ¡Vete a la mierda!

Jhony —¡¿cómo sabe mi nombre?! —Primera regla, no provoques jamás al Daddy si no quieres ser destruido.

La gola se me seca, el aire que nos envuelve me asfixia. Debo huir, ahora. Antes de que cambie de opinión y me mate. Sin pensar dos veces salgo por la puerta entreabierta. Corro, corro sin mirar hacia atrás. No me importa haber perdido el abrigo, menos morirme helado por el clima.

¡No pienso volver!

Y por último…

Jamás volveré a creer en las ancianas entrañables.



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Nota del Autor: Si deciden formar parte de está historia solo les puedo asegurar que tendrán altas dosis de voltaje. Causadas por el misterio, el amor, lo erótico, los conflictos y mucho más... Todos dentro de un mundo oscuro que os anticipo que os van a capturar desde el primer momento.

4 de Julio de 2020 a las 09:54 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará… Nuevo capítulo Todos los sábados.

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