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roby3000 Roberto R.

Un joven intenta tener un momento de intimidad con su tímida novia; pero su propósito se ve frustrado por la intervención de un "experto" en la materia: el pintor borracho Pito Pérez. Safe Creative. Registro: 2007014628778


Humor Humor negro No para niños menores de 13. © Safe Creative. Registro: 2007014628778

#amor #enredos #347 #cuento-corto #incomprensión #humor
Cuento corto
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Pito Pérez y la damisela tímida

Yo tenía una novia muy tímida que se llamaba Alicia.
Resulta que, un día, me la llevé a casa de mis padres, una vivienda grande con mucho espacio y muchos cuartos aunque un solo servicio muy pequeño. La idea era encontrar un poco de privacidad y una cama donde dar rienda suelta al sexo aprovechando que mis progenitores estarían fuera. Pero las cosas se torcieron.

En la casa sólo quedaban dos personas: mi abuela, en silla de ruedas y mi tía abuela.
Al principio todo fue bien: nos abrió la puerta mi tía abuela que ya andaba bastante despistada con su demencia senil y ni se fijó en que yo venía acompañado. Rápidamente, la chica y yo nos deslizamos para el último cuarto, junto al baño, y cerramos la puerta por dentro.
—Ay, yo estoy muy nerviosa —Murmuró mi novia, en un temblor —¿Y si regresan tus padres?
—Mi amor, tú tranquila, ellos vendrán muy tarde. Aquí estamos solitos tu y yo.
—¿ Y tu abuela y tu tía? Creo que no voy a poder. Nos pueden oír...
—Alicia, mi amor: ellas ya estan viejitas y sordas... No te preocupes.
Comencé a acariciarla y lentamente le fui quitando la ropa. Primero, la blusa, que tenía una cantidad infinita de botones. Y luego intenté sacarle los ajustadores, pero se aferró a ellos con fuerza. La besé suave en los labios, en el cuello y empezó a relajarse. Le saqué la saya despacito y me dispuse a encargarme de los blumers cuando...
—Por Dioz: ¿ Quién ezztá en el baño? —Preguntó una voz que enseguida reconocí desde el otro lado de la puerta —¡¡ Me ezztoy meando!!
Era Pito Pérez, el pintor borracho amigo de mi padre.
—¡¡ Ay, mi madre!! —gritó Alicia y aferró su ropa contra el pecho.
—Shhh, calladita —le advertí, me acerqué a la puerta y haciendo bocina con ambas manos grité: —¡Pito, esta no es la puerta del baño!
—¡¡ Robertizco!! — dijo el pintor, reconociéndome.
—Si, amigo, soy yo. El baño está al lado...
—Ah, bueno, ya... Me ubizco. Voy a rezolver el azunto y regrezo...
—¿ Pito, cómo has entrado?
—Tu señoraz tia abuela gentilmentez me abrió la puertaz paraz desahogar mi humilde pichiliz!
—Bueno, pasa al baño y vete. Yo estoy durmiendo... —le advertí.
—¿ Durmiendo? Ja-Ja. ¡Ziento olor a dama!
—Ve de una vez al baño, hombre. Y déjame descansar.
Sentí un gran alivio al notar que sus pasos se alejaban y chirriaba la puerta del servicio . Pero cuando me volví hacia Alicia, ya estaba vestida de nuevo y se disponía a salir de la habitación.
—¿ A dónde vas?
—¡Me largo de aquí!
Me interpuse entre ella y la puerta.
—¡Tú no puedes hacerme eso, Alicia!
—¡Quítate del medio o empiezo a dar gritos!
—¡Ezo dizen algunaz al prinzipio, Robertizco! Je, Je. —Aseguró Pito desde el otro lado de la puerta —¡Yo sabía que había una dama!
—Pito, por favor, vete al baño. Estoy ocupado...
—Ya terminéz . Fue rapiditoz: tres chorritoz y dos zacudidas. ¡Ahora he venido a tu rezcate, picarón!
Alicia, dio un paso atrás.
—¿ Qué quiere decir ese tipejo pervertido?
—Es un amigo de la familia, él es una buena persona, sólo que a veces se pasa de tragos... Alicia, no tienes que irte así. Déjame manejar esto, salgo un momento y...
—No, no zalgaz ahora, Robertizco. —Vociferó Pito Perez —Aprovecha ahoraz mismoz, ella ez el sexo débil. Te lo dicez un ezpertoz en la materiaz: Agárralaz por la zintura y lánzala al camaztroz. Yo quiero divertirme con los ruiditos...Los ruiditoz nada más... Ji Ji...
—¿ Qué ruiditos? — se revolvió ella avergonzada —¿ De qué está hablando este loco?
—¡De nada! —Y dije decidido: ¡Tú no te vas a ninguna parte!
—¡Me dejas ir o empiezo a gritar y se entera todo el vecindario!
—¡No le hagaz caso: Si la tocaz donde le gusta, ella no lo haraz! —Aconsejó Pito.
—¡Auxilio! ¡Auxilioooo! —gritó Alicia y , para evitar el escándalo, abrí la puerta inmediatamente. Enseguida hizo silencio, me miró despectiva y salió andando; pero Pito se interpuso mirándola fijamente con sus ojos azules.
—¡Alto, preciosaz damisela!
—¡Déjeme pasar, viejo borracho o le doy un bofetón! —Amenazó Alicia; pero Pito Perez, caballero avezado y sonriente, le hizo una reverencia y continuó:
—Así estáz desaprovechando los mejorez años de tu vida. ¿ Por qué huyes del amor, linda flor? Te advierto, tímidaz damiselaz, que no vaz a encontrar fázilmente un galán tan bien dotadoz como Roberticoz.
—Salga de mi camino: ¡Usted es un pervertido!
—Yo sóloz queríaz escuchar los musicales suspiroz del amor.
—¡¡Uf!! Me voy, me voy. Los dos están locos...locos... —Y haciendo una pirueta, Alicia abandonó la casa.

Pito Pérez me había estropeado la aventura; pero, pasándome un brazo por encima de los hombros, concluyó:
—¡Lo Sientoz muchoz, estimadoz Roberticoz! Fatalidad: Aunquez los caballeroz brindan hasta en los momentoz maz ozcuroz, por eso creoz que noz merecemos un traguitoz!

—¿Y con qué vamos a brindar? - dije tratando de zafarme de él
—La últimaz vez que estuve aquíz tu padre guardoz una botellita de Ron Matusalén en la cocinaz. ¡Si la encuentraz te explicoz cómo pezcar damiselaz tímidaz!


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1 de Julio de 2020 a las 20:15 3 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Roberto R. Lector apasionado, narrador y poeta libre. Amante de una sola mujer, del campismo, el mar, el ajedrez, la fotografía, el béisbol y la alegría.

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CirKº ·. CirKº ·.
Me divertí mucho a lo largo del relato, Roberto!! Te sigo!!
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