johnscott1170 John Scott

AÑO 136500. Ver un número de seis dígitos encabezando la fecha de publicación no era para nada extraño o sorprendente desde hacía 36 mil años. En el Siglo MCCCLXVI, la Humanidad se ha expandido por las galaxias. La República se enfrenta a una etapa oscura por el surgimiento del Imperio Mancomunado en el Brazo Galáctico de Perseo. ¿Puede la paz mantenerse en una galaxia ya cansada de sufrir siglo tras siglo? ¿Puede la Humanidad mantener control sobre sus inmensos territorios estelares sin caer de lleno en un conflicto bélico de escala universal?


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CAPITULO 1 - REPÚBLICA E IMPERIO

<1 semana después del Evento HCYN-7726>


Illion Zanbrosky

Podía leerlo mil y una veces, y nunca se cansaba de hacerlo. Historia Humana: Una Travesía Por El Tiempo, Año 136´500.

Ver un número de seis dígitos encabezando la fecha de publicación no era para nada sorprendente desde hacía 36 mil años.

Tampoco el contenido era demasiado revelador; cualquier información antes del siglo XXI era prácticamente inexistente y borroso. Cualquier persona sensata se alejaba de realizar una ardua investigación a los profundos confines del recuerdo. Lo más antiguo era la República, vigente desde los albores del tiempo e implacable desde su surgimiento.

Para algunos, surgió en el XXV; para otros en el XXIV.

Fuera de la fecha de su fundación y unas pocas anécdotas bastante recortadas, poco o nada se recordaba de aquellas épocas. Olvidadas, se sepultaban bajo un monumento de gloria fantasma.

Un libro de historia humana solía iniciar su viaje a partir del 90´000, más o menos. Los más complejos partían del 80´000, omitiendo datos importantes y dando pistas vagas sobre la historia antes del 50´000.

Por mucho que las personas de aquellos eones se esforzaron por quedar en la memoria, ninguno fue recordado más de quinientos años; ni los ricos, ni los famosos, ni las estrellas.

Las estructuras de aquel tiempo habían sido cubiertas por la modernidad posterior, destruidas en uno de tantos cataclismos o desmanteladas para dar paso a nuevos asentamientos. Aunque la construcción mantuvo ciertos patrones antiguos y se basó en ellos para generar innovadoras formas de manufactura, esos conocimientos se sembraron bajo su naturaleza obsoleta.

Dejó el libro sobre el estante y reflexiono para sus adentros.

El hueco histórico se llenaba con estadística. Al inicio de la República hubo democracia parcial –una dictadura disfrazada de federación. Los mundos eran escuchados, pero ignorados o suprimidos por el poder de las grandes facciones. Las leyes se proclamaban encima de un sistema corrupto y materialista.

El comienzo de las sociedades fue oscuro.

Las colonias, apoyadas por el gobierno galáctico central, estaban bien diferenciadas entre industriales y de cultivo; entre desarrolladas sociedades poseedoras de prestigiosas urbes envueltas en asfalto y mundos forestales llenos de lodo donde sobrevivir se volvía una verdadera proeza.

Dicho sistema quedo parcialmente atrás. Se conservaban algunas colonias para suministrar provisiones a las más importantes –alimentos, agua y recursos-, pero actuaban de forma recíproca a cambio de materiales y no inmorales pagos monetarios inútiles en su forma de vida. Se les llamaba Agro-Colonias, reservadas para las actividades agrícolas.

Pero pese a llamarse República, los millones de mundos colonizados actuaban de forma independiente. Organizados, sí, pero al final libres de mantener su propio gobierno, políticas y poder local siempre y cuando no afectara al orden general. Cientos permanecían en la anarquía o con un reinado soberano; otros miles habían optado hace tiempo por un imperio totalitario, habiéndose percatado de las fallas en ese falso gobierno democrático que había sido la moda, el capricho de los estados de antaño.

La República no lo era, pero se llamaba.

El nombre de República Federal era la mera fachada creada para apaciguar las críticas de los liberales que aspiraban una libertad más plena, cuya aprobación en el mejor de los casos generaba desigualdad.

Quizá no era un gobierno nuevo ni original, pero funcionaba. Garantizaba la evolución y el desarrollo equilibrado de los cerca de 73 millones de planetas alineados a su causa.

Ciertamente era difícil mantener el orden en una población de tal magnitud, contabilizada en trillones. Para ello existía la Guardia Roja, un organismo paramilitar que, en conjunto con el Intel-Count COM (Comando de Contra-Inteligencia), garantizaba la seguridad de las colonias, combatía el crimen y luchaba por aplastar a las organizaciones terroristas.

La Guardia Roja ponía por encima de todo su sagrada labor, inclusive por encima de los derechos civiles.

Aun así, muchos mundos rebeldes abandonaron su alineación con los años, al punto de que el Imperio se volvió una realidad. Nació como el principal oponente socioeconómico y político-militar de la República.

Desde su surgimiento, el Imperio se había extendido a lo largo y ancho del brazo de Perseo, uno de los principales sectores de la Vía Láctea y hogar de mundos tan poderosos como Terra Nova, joya indiscutible del poderío humano.

El abandono de dichos planetas hacia la República generó inestabilidad, seguida de un estancamiento económico colosal.

Se avecinaron tiempos difíciles.

El Comando Naval, tan antiguo como la República y siempre leal a ella, mantenía un Muro Fronterizo en caso de cualquier agresión por parte del oponente sosegado. Dicha construcción de escala masiva requirió recursos que solo agravaron los problemas internos. Pero el proyecto continúo y se finalizó con éxito.

Aunque eran muy diferentes, la República y el Imperio conocían sus límites y se abstenían de efectuar cualquier acción bélica contra el otro. Un conflicto a gran escala resultaría en desastre fatal para ambos bandos.

Realmente pocas diferencias tenían. Aparentaban, por integridad propia, ser distintos.

Tanto el Imperio como la República acallaban las oposiciones con fuerza bélica bruta que garantizara su lealtad incondicional. La calidad de las negociaciones consistía la única discrepancia sólida.

Y sin embargo, el Imperio seguía traspasando las fronteras, fortaleciéndose, amenazando a las colonias perimetrales. Carente de una agresión directa, había tensión entre republicanos e imperiales. Cualquier encuentro informal garantizaba una aniquilación mutua.

Illion se levantó de la mesa y tomó una taza de té de debajo de la maquina automática. Acudió a la sala de estar y bebió con tranquilidad mientras observaba por la ventana de su recinto.

Por encima de la boquilla de la taza se dibujaba una delgada silueta de estrellas sincronizadas: la frontera, cuya existencia destacaba encima de los imponentes rascacielos. Detrás de ellos, el grueso cable del ascensor espacial también los opacaba.

Un trueno llamó su atención: dos naves atracando en una estación astillero en la órbita baja; cien kilómetros del suelo. El metal chocaba y crujía con característico fulgor donde los anclajes entraban en contacto con la superficie de los cargueros y pequeños cruceros.

Los cielomotos eran comunes en los cielos de un universo de viajes intergalácticos.

Cualquiera le diría que su tranquilidad estaba injustificada. Debía sentirse temeroso; un avance imperial se tragaría al planeta indudablemente. Pero no lo hacía, porque el Imperio nunca se atrevería a efectuar tal pertrecho.

Una notificación voló en sus pensamientos. Dos horas para acudir al puerto espacial.

Algo inusual ocurría en los engranajes internos de la República. En los recientes años se había presenciado una reducción sustancial del presupuesto colonial y un incremento indeseado de la fuerza militar. La instauración del Servicio Militar obligatorio lo verificaba.

Tal era la incertidumbre que el gobierno se colocaba en números rojos por primera vez en milenios.

¿Qué se podía esperar? El Muro Fronterizo jamás sería una opción económica.

Clavó los ojos en su muñeca, donde el dispositivo holográfico que se proyectaba en ella –el Datapad- tintineaba de forma audaz.

<Tiene un mensaje nuevo>

Toqueteo la pantalla para desplegar el comunicado.


JULIO 24, 136´507 (Calendario Estelar)

0500 HORAS (Hora Estelar)

De parte de la Administración del soberano puerto espacial colonial de Breda IV, Comandante Georghi Ivkano, se le informa a Ud. la partida de su vuelo privado desde la Bahía 4, Sección 12 en 2 horas, 11 minutos.

Gracias por su preferencia.


Confirmó la hora en el reloj cuántico colgado de su pared: 9:00 P.M. local.

La diferencia entre el horario estelar y el local estaba clara. Para dirigir una sociedad galáctica, era indispensable mantener un horario y calendario fijo para los asuntos inter-planetarios. De otra forma se desataría un caos de confusiones.

Breda A, la madre enana amarilla del sistema, le invitaba con fervor a iniciar su travesía mientras se consumía detrás de una cortina de vidrio y piedra estática, un edificio departamental de 1205 metros de altura.

Hace dos días estelares, un alto funcionario del Distrito Científico le había enviado un mensaje a la B.D.P.[1] Según aquel hombre, a quien recordaba con recelo, su presencia era requerida en Génesis.

Génesis. ¡Cuánto honor!

Recibir una invitación para pisar suelo genesiano era un privilegio; la solicitud debía ser aprobada por el Consejo Colonial y los Altos Mandos Militares y Gubernamentales.

Quiso abrir el documento en cuestión para rememorarlo. El Datapad lo transfirió a las gafas cobalto que cubrían sus ojos, reescribiéndolo sobre el polímero letra a letra.


JULIO 22, 136´507 (Calendario Estelar)

1700 HORAS (Hora Estelar)

Para: INT. Illion Zanbrosky

Por medio del presente se le cita a Ud. a acudir el próximo Julio 24 a la Undécima Junta Galáctica que dará inicio al mediodía en el E.C.B. (Entidad de Conservación Biológica) Génesis, ubicado en el sistema estelar soberano de Renacimiento, parte del Brazo de Norma.

Esperamos su puntual asistencia y activa colaboración.

Atte: Zato Wallace,

Jefe de Operaciones Científicas de Génesis.


La Junta Galáctica: ese momento –cada diez años- en que los principales representantes de la Humanidad se reunían para acordar el futuro de los diferentes Sectores Galácticos.

Le costaba mucho recordar cuándo fue la última vez que le invitaron a un evento tan importante. Nunca. La realidad era que no había nada ni nadie tan importante. La Junta Galáctica reunía en un solo lugar al Consejo Colonial, al Consejo de Seguridad[2], al Alto Mando Gubernamental republicano y a los principales dirigentes del Distrito Científico.

Desconocía los motivos de su exhortación a la Junta; se hacía vagas ideas.

Se le cruzó el pensamiento de mediar sobre historia humana. El olvido era peligroso; un arma de doble filo. ¿Dónde quedan las enseñanzas del pasado?

Se silenció tajante.

¿Qué estaba pensando? El gobierno central tendría otras prioridades. La historia no tenía importancia; ya estaba escrita.

Su presencia estaba subestimada. Él mismo la subestimaba. Él solo era un Intendente, encargado de administrar y solventar la economía de pequeñas ciudades.

[1] B.D.P.: Base de Datos Personal. Es un sistema neural implantado en el cerebro que permite el acceso a información de la Red Galáctica; bajar y subir datos, controlar dispositivos remotos y administrar información personal.

[2] El Consejo de Seguridad engloba a las fuerzas del Comando Naval, la Guardia Roja, el Intel-Count COM, el Cuerpo de Protección Civil y la División de Investigación y Control de Eventos Paranormales.

30 de Junio de 2020 a las 18:45 0 Reporte Insertar Seguir historia
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