laura-ayala1593393853 Laura Ayala

Libak: un guerrero que fue traicionado. Khirliam: una joven muchacha hija de un político que solo la ve como un buen trato. La constante presión pronto acaba con ellos conduciéndolos a un encuentro que cambia sus vidas de forma inesperada. La guerra cae sobre ellos trayendo muertes y desolación, envolviéndolos en asuntos de los que nunca quisieron ser parte.


Fantasía Medieval Todo público.
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Encuentro

La noche se evaporó con sutileza, dejando a la luz del amanecer inundar el bosque con un resplandor rojizo que atravesaba delicadamente las copas de los árboles.

Los animales se desperezaban y salían de sus madrigueras, el rugir de la cascada acallaba el silencio y el aire era tibio y confortable.

A lo lejos apareció un joven guerrero montando un flarigon blanco, volando en lo más alto del cielo. Al mismo tiempo, no muy lejos, en el pueblo oculto de Bhelil, una jovencita salía de su casa y atravesaba sin permiso la muralla que protegía su pueblo, para escabullirse en el bosque.

Las razones que los llevaron a ese lugar esa misma mañana, eran totalmente distintas, opuestas en realidad, pero con un propósito en común: ''huir''.

...

Después de horas de viaje montando su flarigon, Libak fue alcanzado por aquellos que alguna vez fueron sus compañeros, quienes no dudaron en atacarlo, comandados por el que había sido su hermano.

El guerrero estaba exhausto, pero no podía dejarse vencer ¡no iba a dejarlos ganar!

Y así fue que con su ingenio armó una trampa lo suficientemente elaborada como para deshacerse de ellos. Haciendo que lo que parecía el inicio de un día tranquilo se ensombreciera con la cólera de una batalla y se manchara con la sangre de confiados asesinos.

En ese mismo instante Khirliam salía de su casa y caminaba despreocupada hacia la muralla que resguardaba su pueblo de los extraños. Esperó unos segundos y tras un descuido de los guardias logró llegar al otro lado. Es cierto que era incorrecto, pocos tenían permitido salir y ella no era la excepción. Pero con cautela y perspicacia logró atravesar la muralla para internarse en la tranquilidad del bosque, sin tener la más mínima idea de que ese día podría ser el último de su vida.

Caminaba fascinada por los colores, las texturas y los aromas que la rodeaban ignorando completamente el sangriento enfrentamiento que se desarrollaba muy cerca de ella.

...

Libak no podía dejar de huir en ese momento, no tenía descanso, un enfrentamiento directo era imposible en sus condiciones, estaba exhausto y débil por la última batalla, lo único que deseaba era deshacerse de sus perseguidores y poder vivir en paz. Esta batalla significaba su vida, su libertad y el final de todas las mentiras que lo habían convertido en lo que era ahora.

De pronto un fuerte y estremecedor sonido azotó el bosque, los animales huyeron despavoridos, se ocultaron en sus madrigueras, en las grietas, entre las piedras y los huecos de los árboles, dejando el bosque desértico y sin un atisbo de vida.

Al escuchar aquel sonido Khirliam se tapó los oídos y se hizo a un lado del camino asustada, jamás había oído algo como eso, parecía el resonar de los truenos de la más agitada tormenta, el sonido se repitió un par de veces más haciéndose cada vez más débil hasta dejar atrás un silencio sepulcral.

Sus instintos la incitaban a correr, a huir lo más lejos que pudiera, pero no lograba moverse, estaba aturdida, molesta por el sinfín de preguntas acudieron a su mente llenándola de ansiedad. Quería saber qué era ese sonido, sentía que debía hacerlo y aun en contra de todo sentido común se encamino hacia él.

Cada paso que daba era débil y carecía de la convicción que había mantenido en el momento de su decisión, pero aun asi no se detuvo.

Quizá fue obra del destino, o simplemente la falta de buen juicio por su parte, pero sin saberlo se encaminó a un evento que podría acabar con su vida.

...

Libak había logrado montar su flarigon y alejarse del último hombre que lo perseguía, pero este se negaba a dejarlo escapar.

Llegó hasta un gran lago que albergaba en su centro a un colosal árbol, las hojas coloridas y ramas torcidas adornaban la copa mientras el grueso tronco se erguía con orgullo, sin tener conciencia de que sería participe de una feroz batalla.

A los pocos segundos el perseguidor Riftklein apareció frente a Libak montando un flarigon negro, el odio en sus ojos y la sed de venganza se habían apoderado por completo de su ser, ya no había forma de razonar con él.

El enfrentamiento dio inicio, un movimiento de las riendas desencadenó una terrible pelea entre ambas fieras.

Fue entonces que Khirliam alcanzó el lago, miró a la distancia aun oculta entre los árboles de hojas rojas, podía oír los gruñidos no muy lejos de donde se encontraba, pero aún no veía la terrible escena que se desarrollaba más adelante.

De pronto volando a una increíble velocidad pasaron sobre ella los dos flarigons, luchaban con furia enterrando sus afiladas garras e intentando acertar una mordida con esos grandes colmillos.

Ella jamás había visto animales como esos, eran enormes, cubiertos de pelo y con cuerpos felinos, pero aun así no los creía capaces de producir aquel sonido estruendoso que la había atraído hasta ahí.

Entonces, dando una respuesta a sus dudas, ambos jinetes chocaron sus espadas, produciendo un estruendoso sonido que hizo temblar al bosque.

Khirliam se lanzó al piso tapándose los oídos, el sonido la había dejado aturdida, esperó unos segundos para poder levantar la vista, y entonces comprendió que encima de esos enormes bestias dos hombres luchaban a muerte.

La batalla era ardua, ambos sabían que el más mínimo descuido significaría la muerte.

Maniobraban con las bestias de manera impresionante, sin perder el control de la batalla, esperando un momento de debilidad para atacar y acabar con todo.

Los flarigons se desplazaban sobre el cielo, acercándose y atacando, alejándose y gruñendo, avanzaron hasta el centro del lago y rodearon el árbol que ahí habitaba.

De pronto el hombre con el flarigon negro comenzó a elevarse hacia la copa del árbol, Libak lo siguió dispuesto a continuar con la batalla.

Pero antes de llegar a la cima Riftklein movió las riendas y se detuvo en seco, giró abruptamente y lanzó su pesada espada con fuerza hacia Libak, el muchacho apenas pudo defenderse creando un pequeño escudo de coflar que no logró resistir por mucho tiempo, el escudo se quebró y el muchacho perdió el equilibrio dejando caer su espada al lago.
Después de haber lanzado su espada, Riftklein tomo su daga para lanzarse sin temor contra Libak, tratando de cortarle el cuello. El muchacho apenas pudo evadirlo y al darse cuenta de que no podría evitar la caída decidió sujetare de su atacante y caer con él.

La jovencita que miraba con curiosidad la escena, vio con temor como ambos hombres se perdían en las profundidades del lago, inmersa en la batalla se aproximó un poco más para poder observar el desenlace, quedando oculta debajo de un árbol cubierto por una espesa enredadera.

Las fieras lucharon unos segundos para luego alejarse y buscar desde lo alto a sus jinetes. Las aguas estaban en completa calma, tan solo había quedado una ligera espuma en el lugar donde habían caído.

Pero por debajo de esa quietud, ambos forcejeaban por tomar el control de la daga.

De pronto, una luz comenzó a salir de las aguas, cada vez era más grande, siguió creciendo hasta que finamente estalló creando un remolino y haciendo saltar el agua por lo alto.

Una ola llegó hasta la muchacha haciendo que del susto cayera de espaldas.

Mientras tanto, el flarigon blanco se sumergió con prisa en el agua para sacar a Libak, tardó unos segundos, pero logró sacar a su jinete antes de que se ahogara, estaba con la mitad de su cuerpo sobre el lomo del animal, tosiendo toda el agua que había ingerido

Unos segundos después también salió el flarigon negro sujetando a Riftklein entre sus garras.

La muchacha sorprendida por lo que había visto, avanzó sobre el césped a gatas, hasta que se topó con algo tibio y suave que la hizo dar un salto atrás, haciéndola temblar de miedo con un grito que apenas logro silenciar.

Riftklein aún estaba con vida, escupía con dificultad el agua ingerida, su cuerpo estaba cubierto de heridas que no paraban de sangrar y uno de sus brazos había sido arrancado de su cuerpo a causa de la explosión.

En cuanto pudo recobrar el aliento, subió con dificultar al lomo de su flarigon. No pensaba darse por vencido.

—¡maldito mocoso, te matare! —vociferó con una voz llena de dolor y desesperación.

Libak lo miró con tristeza, no deseaba matarlo, pero comprendió que no tenía elección. Entonces con un movimiento de las riendas su flarigon voló hacia Riftklein, el muchacho saltó de la montura hacia su enemigo, dio un giro en el aire y sujetó al hombre por el cuello aprovechando el impulso que había ganado, entonces lo lanzó contra el árbol que tenía detrás.

De esta forma le dio fin a la pelea, dejó atrás su pasado y se sintió aliviado.

El flarigon negro logró atrapar a Riftklein cuando caía, para huir lo más rápido que podía.

Libak cayó sobre su flarigon, pero por el poco respeto que le quedaba hacia ese hombre y en favor de todo lo que le había enseñado, lo dejó ir.

Khirliam que hasta entonces se había quedado en silencio, demasiado sorprendida y asustada para respirar finalmente cayó en la cuenta de que podría morir.

El pánico la invadió y todo el miedo que había estado ausente hasta entonces, la golpeó de pronto trayéndola a la realidad.

Intentó retroceder, pero el crujir de las hojas la delató.

—¡¿Quién anda ahí?! —gritó Libak iracundo.

Aterrada comenzó a huir.

Libak estaba agotado, harto de toda esa situación, pero no podía dejar que huyera, más aún si tenía la sospecha de que fuera una espía.

La muchacha corría con desesperación, ya no sabía a donde se dirigía, las ramas le arañaban el rostro, las piedras la hacían tropezar y sentía la presencia constante de aquél asesino.

Él no se detendría, no podía dejar cabos sueltos.

Khirliam llegó a un punto en el que se sintió totalmente rodeada, podía oír una pesada respiración a su lado, pero por más que buscara con la mirada no había más que árboles y sombras que la llenaban de desesperación.

Aterrada sostuvo con ambas manos una pequeña daga que llevaba escondida entre su ropa, apuntaba en todas direcciones con el cuerpo tembloroso, sin saber la ubicación de su atacante.

Esperó unos segundos y decidió seguir corriendo, pero fue ese instante en el que Libak encontró la oportunidad, y sin mucho esfuerzo le arrancó la daga de las manos, sujetó la sujeto con fuerza y apoyó la daga sobre su cuello.

Aun me pregunto si hubiera cambiado en algo si ese día la madre de Khirliam le hubiera prohibido salir, o los guardias la hubieran encontrado antes de que pudiera cruzar la muralla, si Libak hubiera sido atrapado antes de que pudiera huir, o si Riftklein hubiera acabado con Libak sin que le temblara la mano esa noche, quizá, y solo quizá asi las cosas hubieran sido diferentes.

29 de Junio de 2020 a las 01:38 0 Reporte Insertar Seguir historia
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