in_volur I.N. Völur

Por primera vez, en toda su vida, Axel fue capaz de rechazar el bombardeo de estímulos. Las detonaciones, los acelerados protestantes y estudiantes intentando huir; incluso la onda eléctrica que propulsaba el calor a través de su cuerpo. Todo cesó en un minúsculo instante, y entonces, lo visualizó. Recordó al varón de la noche; las pláticas graciosas e incomprensibles de cuando tenía unos 7 años. Ahora tenían todo el sentido del mundo. Quizás reflexionar en medio de un atentado, con un cadáver a la escasez de un metro de distancia y siendo el principal sospechoso en un entramado de conspiraciones, había sido la opción más incoherente. A su vez, había sido lo más esclarecedor en 23 años. Axel Roth, al ojo de muchos, tenía la vida llena de oportunidades que sólo pertenecer a la familia de arquitectos más prestigiosa en Eagle’s Eye podía ofrecer. ¿Su error? Decidir mirar hacia el pasado apoyado en una única referencia: los números romanos sobre su muñeca. --------------------- Esta historia está registrada en safecreative bajo el número 2006214487154. También es publicada en wattpad. Trabajemos en contra del plagio por el bien de los escritores y lectores.


Ciencia ficción Sólo para mayores de 18.

#ciencia #scifi #inteligenciaartificial #381 #biopunk #humanidad #ia #experimentos #cienciaficción #drama #misterio
1
796 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Cada 10 días
tiempo de lectura
AA Compartir

Prólogo

No podía creerlo. Quería pensar que ese momento era la pesadilla más vivida que podría experimentar, pero no era así. Sabía que todo a su alrededor era real: Las personas, los lugares, los eventos. Conocía todo a la perfección ¿no?


En un abrir y cerrar de ojos, lo dudó.


Por primera vez, en toda su vida, hubo un completo silencio. No había gritos ni respiraciones, incluso las vibraciones y el retumbar de su acelerado corazón; todo el bombardeo de estímulos conoció un alto. Su vista seguía nublada, estaba seguro que seguía con la boca entreabierta en busca de aire, pero ni siquiera el nudo que obstruía su pecho se dignó a aparecer. Nada seguía las costumbres y no tenía forma de corroborar lo que ocurría a su alrededor. No sabía si los protestantes seguían allí, no había rastro de detonaciones o de las sirenas que, lejanas, ya habían estado tensando sus nervios con la precisión de una aguja.


De lo único que estaba seguro es que seguía de rodillas contra el suelo, completamente petrificado por lo que alguna vez deseo con tanto esmero.


El silencio era aterrador.


Se cuestionó si su mente sería tan sucia como para reinventarse con un nuevo escenario. Que aquello fuera una malintencionada jugarreta mientras dormía y que pronto, la falta de aire le obligaría a despertar. Por enésima vez, justo antes de alcanzar su destino.


Se obligó a cerrar los ojos. ¡Vamos, reacciona! Gritó internamente, apretando los nudillos contra el concreto del pasillo de tal forma que, de golpearlo, ambos conocerían las consecuencias.


Y entonces, ocurrió. Lo visualizó como si estuviera junto a él, en carne y hueso.


—Axel, necesito que respires ¿De acuerdo?


Esa voz... La conocía muy bien a pesar de la cantidad de años que habían transcurrido. Abrió los ojos inmediatamente, pero seguía en la niebla. Todo estaba en su mente; más bien, en su memoria.


No... no puedo. Respondió, aunque no era él precisamente. Era el Axel de unos siete años, con la voz más temblorosa que nunca, al fondo de una habitación estéril y recientemente destruida. También la conocía a la perfección.


—Claro que puedes. Sólo deja de abrazarte al miedo, no pasa nada.


Guiado por el instinto de huir, su viejo yo seguía sin razonar; intentaba lo posible para fusionarse con la pared. Su actual yo tragó saliva, el remanente de la presión que ese niño sentía le indicó lo que ya sabía: una falta de aire severa y paralizante. Algo que había aprendido a manejar, pero sin estar muy seguro de cómo.


Quizás esa era la respuesta.


Inconsciente, llevó la diestra a la coronilla de sus cabellos, tal como lo haría el guante de aquel varón para tranquilizarlo. Quieto pero firme, recordó el calor tras esa textura lisa; el fuerte aroma de eucalipto mezclado con la colonia amaderada.


Por fin, después de años de enfrentarse a una cara sin rostro, el varón de la noche se reveló más nítido que nunca. Siempre lo había llamado así, pero reafirmó su elección. Esos densos e indescifrables ojos negros lo absorbían todo.


—¿Lo ves? Somos capaces de muchas cosas, cosas que seguro nos atemorizan. Es natural, está en nuestra forma de ser. Pequeñeces desastrosas que con el tiempo aprendemos a manejar.


Un vibrar en la voz firme, pero sereno. Una distintiva nota de intensidad media que seguramente podía llegar a ser severa si se lo proponía. Todo su aspecto y su presencia destilaban eso: autoridad.

Existían detalles de fondo, detalles que se sumían a ese hombre, pero que no tenían valor ahora. No obstante, estaba seguro. Aquel garbo, aquel rostro regio y angular, despertaba inquietud a pesar de que con él, su felina sonrisa se mostrara compasiva.


¿Yo... también? Respondió. Al igual que aquella escena, comenzaba a calmarse. Su visión comenzó a definir los contornos frente a él.


—Por supuesto. Quizás no lo entiendas ahora, pero el hombre es capaz de...hacer muchas cosas. Por placer, por miedo, por poder; por el simple hecho de eso, de ser hombres. Esto sólo ha sido una reacción propia del momento, lo importante es que estás bien.


¿Qué debo hacer?


—Todo a su tiempo, Axel. Tú debes descansar, y seguir tu ritmo. Crecer... Crecer para enfrentar la realidad y continuar. De momento, yo me encargo.


El varón de la noche retomó su postura erguida, movió con el pie algunos de los vidrios y pequeños escombros esparcidos alrededor del suelo circundante a ellos. Hizo caso omiso al polvillo blanco que comenzaba a adherirse a su oscuro traje.

Vamos. Eso era lo que, seguramente, seguía en su discurso tras extenderle la mano a su pequeño yo. Quería que salieran de una buena vez de ese lugar.


El momento de enfrentarse a la realidad, sin él, había llegado.


Quizás reflexionar en medio de un atentado, con un cadáver a la escasez de un metro de distancia y siendo el principal detonante de toda la serie de eventos, no fue la opción más coherente. Sin embargo, parecía ser lo que se necesitaba para esclarecer 23 años de lagunas mentales.


Un impacto que debía ser asimilado con rapidez para sobrevivir.


Eso no era un sueño, era el mediodía del 11 de diciembre. Se encontraba en el pasillo central a las afueras del Vytor Tech, tras la estampida de personas que había irrumpido en el último evento del semestre; los protestantes tomaron el campus el día que se cerraba el año.


Estudiantes, profesores e invitados conformaron la marea; fuera y dentro de la galería todo era un caos: un intento desesperado de huir, detonaciones que no tenían idea de dónde provenían. Los colores vivaces de las bombas de humo, las bengalas y el asfixiante picor en el aire lograron su cometido. Dispersar y desorientar.


Cada colisión, cada vibración en su entorno, retumbaba en su piel. Los cuerpos, los llantos, las esculturas quebrándose igual o peor que cualquier otro objeto. Por un momento se encogió ante la simple idea de escucharlos y sentirlos a todos a la vez, pero eso no ocurriría. No ahora, aunque sus ojos escocían frente al bombardeo de información.


Por instinto había llevado una de sus manos al pie de su oído y verificó. El biochip estaba adherido a su piel. Aquel aparato que...


Recordar que el edificio que mayores consecuencias arrastraría sería el centro de investigación de ciencias biológicas, despertó una alarma en su interior. No pudo evitar maldecir para sus adentros. Debía moverse a pesar del resentimiento, de la decepción; a pesar del malestar. No sabía por qué, pero se vio obligado a actuar.


Surcó los pasillos como nunca antes. Tuvo que aprender, en la marcha, a esquivar los obstáculos sin premeditarlos con una gran brecha de ventaja. Pero no, se repetía constantemente; tenía prohibido arrancar ese aparato de sus oídos. De lo contrario, no podría seguir adelante.


Su antiguo y altanero miedo había sido un grave error. Frente a él, no sólo se evidenciaban las consecuencias de esa decisión de apariencia simple. Los minúsculos detalles de seguir corriendo, haciendo a un lado lo que fuera que se atravesara, lo dirigió a una trampa.

Sabían que a pesar de su enojo por semejante traición, volvería. Materializó la peor de las escenas que sus sueños solían censurar.


—La incertidumbre a veces se encuentra allí por una razón. Seguramente encierra algo. Asombro, corrosión... ese detalle capaz de hacer temblar el suelo, para bien o para mal.


Completamente lúcido, se recuperaba de la repentina sucesión de ataques que le llevaron a perder todos los progresos que había dado. Un pie tras otro, inestable; frenado por el cuerpo intacto, pero carente de la vitalidad que yacía cerca.


Apenas y podía sentir el quebradizo hilo de respiración. Esa palidez de mármol ajena a lo humano amenazaba con volver a nublarle la vista con lo que, años atrás, juró impedirse frente a otros: lágrimas.


Estaba conociendo las desventajas de la solución a sus problemas y era demasiado tarde para arrepentirse. El daño era palpable en esos ojos vidriosos que aún le gritaban. Utilizaban sus últimas reservas de vida para incitarlo a lo que debió haber hecho desde el momento que se le presentó aquella oportunidad.


Arrancó por completo el biochip de su sistema y una carcajada no muy lejana se levantó en la amplitud del espacio.


Terminemos con esto. Pensó el maestro de la jugada. Axel no podría hacer nada. Él contaba con la planificación perfecta, la persona que quería fuera, muriendo a fuego lento; y la orden que esperaba, lanzada.


Con el sedante especialmente confeccionado para su contrincante, tenía todas las luces de una salida campal. Ayudar a acelerar el proceso no le molestaba en lo absoluto.


Los ojos verdes de Cairo centellaron.


Ni siquiera estaba interesado en un combate equitativo. Aunque no lo quisiera admitir, era tan necesario que hubiera ventajas como un atentado, un sedante y una emboscada para poder capturar a Axel... Aunque el imbécil no tuviera ni la más mínima idea.


Desprendió un artefacto alargado de su cinturón, y con el pulsar de un interruptor, adquirió el aspecto de una pequeña bazuca. Apuntó con determinación, lo haría.


Y sí, el sedante tenía un buen efecto, pero no lo suficiente ahora que todos los sentidos del chico estaban libres de controles. Una vez más, los estímulos le acribillaron, y, aunque percibía sus propias flaquezas, estaba seguro de algo.


Los sonidos le guiarían.


Una respuesta natural al entorno, pensó. En esta ocasión no se paralizó ni se encogió frente a la túrbida intensidad. Ya tenía suficiente, estaba cansado de huir y resistir.


La primera detonación se disparó hacía él. Cerró los ojos.


Al comienzo, nunca se hubiera creído capaz de semejante acto. Las decisiones que solía tomar siempre le guiaron a un camino sin salida. Sólo que ahora era distinto, tenía el poder de descartar: Actuar imitando al rebaño no lo sacarían de ahí. Después de sucesivos golpes y gritos, retornaba a su eterna lucha por la libertad.


Sólo así consiguió moverse.


Y sólo así, entendió que estar allí se remontaba a ese mismo movimiento que ejerció a inicios de octubre.

27 de Junio de 2020 a las 01:22 0 Reporte Insertar Seguir historia
3
Leer el siguiente capítulo 1

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 5 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión