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Christian Valdiviezo


Historias satíricas de humor negro y suspenso sobre lo extraño de la vida común.


Humor Humor negro Todo público.

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Velorios y bares

Estaba haciendo lo mejor que podía para soportar el bullicio, las personas alrededor se le acercaban a darle el pésame. Firo, ahora viudo, estaba haciendo lo que nunca pudo hacer con su mujer en vida, aguantar las miradas llenas de lástima de sus familiares y amigos con su mejor sonrisa.

Aun, con todo su esfuerzo, se le hacía muy difícil, y más en un momento como ese. Sonia, su ahora ex mujer, había sido una persona muy querida por todos, lo que no significaba más que el sitio estuviera repleto. Estuvieron presentes su familia, sus amigas del trabajo y las de antaño.

Era imposible para Firo caminar muy lejos sin tener que escuchar frases como "¿Y qué hará ahora sin ella?" "Pobre hombre" y aunque no eran pocas las voces que lo repetían ni menos lo ingeniosas variaciones de estas, Firo, muy claramente sabía que algo de cierto tenían.

Ya eran las 10 de la noche cuando Don Claudio, el ahora ex suegro de Firo, al ver que este no se movía del lado del ataúd de Sonia, decidió tomar la iniciativa y acercarse él.

- Hijo mío ya es tarde... ¿Has siquiera comido algo?

- No se preocupe Don Claudio, mi prioridad ahora se encuentra acá

- Claro que no Firo... a Sonia no le hubiese gustado verte así, por favor déjanos a cargo un rato... yo me ocuparé de todo, tu ve a comer algo y a descansar un poco.

- Don Claudio de verdad no tiene de que preocuparse, yo...

- Hijo mío por favor, no le pidas a este viejo que no se preocupe por el hombre que amó a mi hija

Firo nunca fue bueno para insistir, y con palabras como esas, aunque hubiese sido bueno, era difícil no aceptarlas, después de todo, la perdida no había sido solo suya.

Firo solo atinó a asentir y a agradecer.

No pasó mucho tiempo cuando Firo bajo del taxi. No se había detenido en un restaurante ni su departamento a descansar, más bien en un bar pequeño y, como se veía, no muy popular.

Aunque con algo de culpa por no corresponder los deseos de Don Claudio, Firo sentía que en un momento así, entrar en un bar era algo totalmente excusable.

Firo se sentó en la barra y ordenó un vaso de cerveza, la chica que atendía en el bar era una joven simpática y de ojos cafés alegres, a Firo le pareció simpática solo con verla, pero en su situación pensar en algo así se sentía repudiable. Firo solo soltó una carcajada para sí mismo cuando recibió una llamada.

"Alo?"

"Don Firo, ya estoy cerca al bar, tengo fe de encontrarlo ya ahí"

"Estoy aquí desde temprano"

"Una persona puntual eh?... a veces es un castigo tanto como un regalo... en todo casi ya estoy cerca, espero que tenga mi pedido"

La llamada se colgó antes de que Firo pueda decir algo más.

Firo, algo nervioso, colocó su mano en su bolsillo derecho y sacó un sobre notablemente gordo. Firo solo lo saco a penas, lo tocó cómo confirmando que siguiera ahí y lo volvió a guardar.

Ya se disponía a pedir otra ronda cuando vio a la chica del bar animada correr atrás de él. Firo, un poco decepcionado, solo la siguió con la mirada con un poco de resentimiento, cuando entonces, se quedó en shock al ver que la chica de bar se había acercado a unas de las mesas y abrazaba a la chica más hermosa que Firo había visto.

Firo nunca había tenido ojos para otra mujer que Sonia, y ciertamente no era creyente de las historias de amor a primera vista, así que no supo explicar lo que sintió al verla en ese momento.

La chica, de mirada tímida y de color café, observó de reojo a Firo. Firo rápidamente volteó su cabeza, pero la curiosidad fue más y como preguntándose "Me miró a mí?" intento repetir la hazaña. La chica estaba ahora observando la carta entregada por su amiga, quien por su parte volvía corriendo a atender su puesto.

"Qué tonto" pensó Firo. Aunque se sintió un poco ridículo por lo que paso, no se lo tomó muy a pecho. En su mente, una chica así jamás se fijaría en un tipo como él, así que ¿para que tomárselo a mal?.

No pasó mucho rato cuando la puerta se abrió estrepitosamente, aunque el local estaba lleno, casi todos en el bar voltearon a ver quién era. Un tipo robusto vestido de un chaleco de cuero entraba por la puerta. Se notaba a primera vista que, desde su vestimenta hasta su forma de caminar, el tipo se esforzaba por hacer notar que no era un tipo con quien meterse, y eso mismo hicieron todos, casi al instante que el tipo entro, todos volvieron en lo suyo.

El bar, de todas formas, no estaba ubicado en un sitio tranquilo, por lo que era normal para la gente ver tipos así. Por lo que trataban de no metere

El tipo alzó la vista hasta que encontró lo que buscaba, a Firo. Con una sonrisa un poco exagerada, se le acercó y lo abrazó como si de un amigo cercano se tratará.

"Debiste guardarme una silla don Firo... es mala educación dejar a un compañero parado"

Firo, nerviosamente, solo atinó a sacar el sobre para entregárselo, pero el tipo tomó su mano fuertemente y lo detuvo.

"¿Qué diablos haces?"

Firo puso cara de dolor, no era muy asiduo a actividades de tipo de contacto físico y al tipo se le notaba estar tan acostumbrado como para no saber medir su fuerza.

"¿N-No venías por esto?" tartamudeo Firo mientras rechinaba los dientes aguantando el dolor

"¡No puedes darme eso en un lugar como este idiota!" le murmuró el tipo con aires dictatoriales "invítame un trago y luego vayamos a hablar afuera"

El tipo notó como la chica de la barra empezaba a alarmarse al ver la escena, rápidamente volvió a abrazarlo y a retomar su exagerada sonrisa.

"¡Firo mi viejo amigo!... ¡No puedo estar más feliz con el destino por juntarnos!"

"¿Ordenará algo señor?" Dijo la chica, quien, sospechando aún, se acercó al dúo y estiro la carta al frente de ellos.

"Por supuesto lindura, mi amigo invitará" dijo el tipo.

Pasó exactamente una hora de ambos bebiendo cervezas patrocinadas por Firo, el tipo disfrutaba cada trago alegremente, mientras Firo, al sentirse un poco invadido, empezó a girar el rostro como pidiendo no ser visto en compañía de ese hombre.

Mientras bebía con el tipo peligroso a su costado, Firo estaba empezando a chocar miradas con la amiga de la barman. Al inicio pensó que solo era una vista caritativa al ver como el hombre de su lado se aprovechaba de él, pero al empezar a ver como empezaba a mantener sus miradas con él, y hasta ver cómo le obsequiaba de vez en cuando una sonrisa, Firo empezó a sentirse afortunado.

El hombre de su costado tampoco tardo en darse cuenta de lo que estaba pasando.

"Don Firo veo que usted es un galán" le dijo sarcásticamente

"Por favor señor... no me gustan ese tipo de bromas" un poco enojado respondió Firo.

"¿A qué tipos de bromas se refiere?... ¿A las que dicen la verdad?... ¿Cree que soy estúpido para no notar que está coqueteando con esa chica?"

"¿A qué se refiere? Le pido por favor más respeto" Firo mantenía su postura, pero no podía evitar trabarse, era la primera vez que le hablaba a alguien así en su vida.

"No puedo creerlo..." sonrío el hombre al ver la respuesta de Firo "te ves tan pusilánime a simple vista... pero a los días de mandar a matar a su mujer, te emborrachas y coqueteas con una mujer en el bar... jajajaja debería de intentarlo algún día"

"¡¡Por favor señor!!... ¡le pido la misma cautela que me pide usted!" dijo Firo, ahora con más seguridad y enojo hablo Firo

"Tranquilo don Firo... todos están ahora en su mundo... creo que es momento de ir a hacer negocios"

El tipo comenzó a caminar hacía la salida mientras Firo secaba el sudor de su frente y lo seguía.

La vida de Firo cambió cuando Sonia, la única mujer que había amado toda su vida, le confirmo sus sospechas, ella venía engañándolo con su jefe ya 2 años, y como si eso no fuera suficiente, estaba embarazada de ese hombre. Aunque Firo trato de negarlo, ella fue contundente al decir que se iría con el padre de su hijo, según las palabras de Sonia, no podía seguir con un ser tan rastrero como Firo.

Firo, empecinado en limpiar su honor, consiguió por internet, en una página nada fiable, el número de una persona encargada de "deshacerse de cargas ajenas".

Firo no supo nada del hombre que contestó al número que marcó, solo hasta que se enteró del suicidio de Sonia, supuestamente al enterarse de la pérdida de su hijo. Al menos nada hasta ahora.

La parte trasera del bar era un sitio bastante oscuro, se podía escuchar sin necesidad de hacer silencio a las ratas morder las bolsas de basura que se acumulaban ahí.

El hombre y Firo decidieron que ese sería un buen lugar para charlar.

"Muy bien Firo!... espero que podamos seguir negocios!" le dijo el hombre al recibir el sobre de parte de Firo.

"No me hable con tanta naturalidad señor... y no volveremos a hacer negocios"

"Jajaja así que el señor viuda negra no quiere que lo tuteen" sonreía el hombre mientras empezaba a contar el dinero del sobre.

"¡No me hables así!... ¡viuda negra que estupidez! ¡fue usted el que la mató!" Firo se alteró en ese instante, algo extraño en él.

"¡Hey! ¡hey! ¡hey! ¡A mí no me hables así maldita rata!" El tipo tomó por el cuello sin dudarlo y y lo alzó con fuerza contra la pared más cercana.

"Quien mierda te has creído, yo solo soy un puto puñal... tu eres el sinvergüenza que lo usa"

"Eso no.... eso tiene lógica" tartamudeaba el adolorido Firo

"¡Claro que tiene lógica imbécil!... ¡quiero escucharte decirlo!... ¡dilo!... ¡di que tú la mataste!"

"N-n-no yo no.."

" ¡Que lo digas maldita sea!" El tipo se aseguró de volver a golpear a Firo contra la puerta mientras le gritaba.

"¡Yo la maté! ¡Está bien maldición! ¡Yo la maté!" Terminó exclamando casi llorando Firo.

En ese momento ambos escucharon el sonido de algo caer, casi en automático giraron ambos la cabeza. La amiga de la barman había dejado caer un par de bolsas de basura, los miro asustada y nerviosamente entró por una puerta que daba de regreso al bar.

Ninguno de los 2 se había percatado de esa puerta, el color gris que tenía se camuflaba perfectamente con el mismo color gris de las paredes y la oscuridad del sitio.

"¿E-e-esa tipa me escuchó?" decía mientras temblaba Firo.

El tipo por su parte tomó su dinero y prendió un cigarrillo mientras se alistaba para alejarse.

"¡Oyeee! ¿No piensas hacer nada?... ¡Esa chica escucho nuestra conversación! ¡¿Quién sabe desde que momento estaba parada ahí!?"

"No me importa" respondió directo el hombre

"Como que no te importa! Podemos ir a prisión"

"Ya te lo dije rata... no me importa... no mataré a nadie si no me pagan"

Firo, claramente nervioso, no asimilaba lo que estaba ocurriendo. En ese momento el miedo y la ansiedad eran lo único que gobernaban en su mente.

"Si no hacemos nada..."

"¿Quieres que la mate?... ¡entonces paga!"

"¡No tengo más dinero!"

"¡Entonces no me importa!... como yo lo veo ella... te escucho diciendo a ti mismo que tú la mataste... no es mi maldito problema"

"¿Te das cuenta de que si me atrapan llegarán a ti?" Firo empezaba a desesperarse.

"¡Oye, oye! tranquilo viejo... te lo explico con manzanas para que lo entiendas... esa chica no nos conoce, si no vuelves por acá no habrá forma que te ubique y si así lo fuera... casi nadie se mete en asuntos de otros... así que si esa chica es inteligente hará como si no escucho nada"

"¡No puedes estar seguro de eso!"

"Cállate rata, ¡aún no termino de hablar!" Interrumpió el tipo a Firo "Y ahora escúchame bien pedazo de imbécil... si esa chica habla y me entero que te tienen... y me entero de que hablaste o que vas a hablar... créeme que yo mismo te sacaré de esa cárcel y te mandaré directo a la morgue... ¿entendiste?"

"P-p-pero..."

"Nada de peros inútil, tu quisiste jugar con fuego, así que debiste suponer que te podías quemar, ahora mismo esto es tu problema... nos vemos rata"

Al ver al tipo marcharse, Firo no pudo evitar recordar a Sonia irse igual al terminar con él. En ese momento Firo decidió pelear por su honor, y esta vez, pensó, no será diferente.

¿Qué debería de hacer? ¿Matarla? ¿Soy acaso capaz de algo así? se preguntaba Firo cada segundo. Eran ya casi la 1 AM, cuando Firo encontró una tienda abierta, gastó el poco sencillo que tenía en comprar un sobre de veneno para ratas.

El sitio estaba lleno,pensaba Firo, un tipo como él debería pasar desapercibido, solo tenía que entrar, esperar un descuido de la chica y echar el veneno en su trago. El tipo se lo había dicho, el bar era un sitio peligroso, todos los presentes podrían ser posibles sospechosos así que a nadie le convendría hacer un espectáculo de lo ocurrido. Firo solo debía preocuparse por ahora en que la chica no le haya contado nada a su amiga barman, por lo que tendría que pasar lo más precavida entre ambas.

Firo entró y se sentó en la mesa más lejana del bar, la gente bebía, hacía ruido y se movía bastante en el bar, por lo que a Firo se le hacía difícil ver a su objetivo. Alzando la vista lo que más pudo la encontró. Aunque para el disgusto de Firo, ella también lo encontró. Sus miradas chocaron entre sí, Firo se trató de esconder rápidamente pero ya era tarde, cuando alzó la vista de nuevo vio como la chica asustada corría al baño y como la barman empezaba a buscarlo con la mirada.

Firo volvió a agachar la cabeza cual avestruz, estaba decidido, era el momento. La chica estaba en el baño, y la barman debería estar ocupada con tanta clientela.

Rápidamente y con cautela, Firo se escabulló entre la gente más robusta con la que se cruzó hasta que llegó a la esquina del bar, donde se encontraba el vaso de la mujer.

El sobre del veneno ya estaba abierto, tal vez se habría derramado un poco en su bolsillo, pero sin pensar mucho en eso, Firo sacó veneno y esparció lo que quedaba en el vaso. Lo removió un poco con una caña que encontró al lado, y trató de escabullirse lo más que pudo.

"¡Oye, tú!" Firo escuchó la voz de una mujer, lo que menos quería oír, así que solo siguió avanzando.

"¡Oye!!" La misma voz hablo y Firo siguió haciendo oídos sordos.

"Disculpa amigo te habla la señorita" Firo vio un brazo frente a su pecho, cuando levantó la mirada un hombre calvo, mucho más grande que él, lo había frenado "Amigo, no sé quién eres, pero no seas mal educado... eso me enoja"

Firo soltó una sonrisa nerviosa y, con la frente llena de sudor, volteó.

La barman había salido del bar y se acercaba secando sus manos hacia Firo. Quien sabe lo que pudo haber pasado por la cabeza de Firo en ese momento.

"¡Oye amigo!" le dijo, extrañamente amable, la chica a Firo "A mi amiga le gustas"

"¿Ah?" Respondió un incrédulo Firo.

"Mira, vi cómo se miraban así que no tienes que hacerte el ingenuo conmigo" la chica sacó un lapicero de su bolsillo, tomó la mano de Firo y empezó a escribir un número "¿Regresaste por esto no?"

"O-o-oh, sí claro" respondió el aún sorprendido Firo

"Escúchame bien galán, tengo algo más que decirte" La mirada de la chica empezó a apagarse un poco "Mi amiga tiene un pequeño problema, es sorda. Así que cuando salgan los acompañaré yo al inicio. Ella es muy sensible y no sale muy seguido por eso... así que si no te interesa o eres un estúpido simplemente no le escribas ¿de acuerdo?"

"D-de acuerdo" Firo no dejaba de tartamudear.

"Pareces una buena persona, ¡espero verte de nuevo!" la chica volvió a sonreír y empezó a regresar.

"Que suerte tienen algunos" murmuró el tipo calvo que no pudo evitar escuchar la conversación.

Firo no podía mover su cuerpo, después de tanto sufrimiento, ¿por fin la vida le estaba sonriendo?, Firo empezó a sonreír para sí mismo tratando de devolverle el favor.

Su alegría no duró mucho, cuando vio a la chica del bar beber un sorbo de su más reciente conquista.

"¡Oye e-e-espera!"

"¿Qué paso?" dijo la barman un poco asustada.

Todo el bar dio un segundo de silencio para voltear a ver a Firo.

Firo abrió los ojos y volvió a sonreír. Quizá se dio cuenta de algo de lo que nadie más pudo darse cuenta ese día en el bar.

Firo se acercó a la esquina del bar, en el camino pudo ver a la chica más hermosa que había visto, tímidamente entrecerrando la puerta de baño escondiéndose de él. "Muy equivocada no estás" pensó Firo.

"Disculpa" dijo gentilmente Firo.

Se acercó a la esquina del bar y bebió todo lo que quedaba del vaso.

"¿Qué mierda le pasa?" "Ese tipo está loco" Firo escuchó estas palabras mientras salía del bar.

Aunque no eran pocas las voces que las repitan, ni menos las ingeniosas variaciones de estás, a Firo, lo que dijeran los demás, nunca le importo menos.

25 de Junio de 2020 a las 23:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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