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el vuelo del colibri


Esta es mi historia la cual no lleva una cronología determinada, más bien, la secuencia está determinada por los eventos que dejaron una huella en mi, y que forjaron a la persona que soy hoy en día, espero que le sea de utilidad aquellas personas que pudieron pasar por situaciones similares a las mías, o bien, se encuentren en este momento en una encrucijada donde no ven una salida real a sus problemas, entiendan que no están solos y que existen personas que comprenden la manera en que se sienten y que han experimentado como ustedes; vergüenza, culpa, dolor, miedo y rencor, pero de igual manera quiero que sepan que existe el sol detrás del arcoíris. Hay heridas que parece que no sanarán nunca, pero les puedo asegurar que si lo harán. No significa que no dolerán más, lo que si les puedo asegurar, es que el dolor disminuirá, al grado que aprenderán a vivir con él sin que los lastime más. Deseo sinceramente este escrito llegue a todas aquellas personas a las que les pueda ser de beneficio. No soy escritora, pero llenándome de valor decidí realizar este proyecto como un forma de exorcizar mis demonios por medio de las palabras.


Historias de vida No para niños menores de 13.
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Hola me llamo Melissa y para que comprendan un poco mi historia es necesario que conozcan algunos de mis antecedentes, primero les hablare de la personas que me dieron la vida, de mi padre por desgracia no puedo ahondar mucho, ya que no lo conocí durante los primeros años de mi vida.

Cuenta mi madre que desde muy pequeña tuvo que ser autosuficiente porque mi abuela era una persona muy enferma emocionalmente hablando, mi abuela padecía de depresión y se la pasaba llorando por los rincones por mi abuelo, quien como buen macho, le gustaba tener varias mujeres además de parrandear para el dolor de mi abuela, un estereotipo muy común y aceptado en esas épocas en nuestra cultura. Mi madre era primer hija del matrimonio en el cual se procrearon como doce hijos pero de los cuales solo sobrevivieron tres, de los cuales ella se hacía cargo por ser la mayor, me contó que le tocó ver morir a dos de sus hermanas, cuando ella solo contaba con menos de cinco años, la primera ignoro el motivo de deceso, pero ella sospecha que murió de hambre, debido a que mi abuela los dejaba solos por varios días y sin alimentos, para seguir a mi abuelo en sus andadas, la segunda murió de meningitis contagiando en el proceso a mi madre, la cual se salvó de puro milagro. Antes de que mi madre cumpliera seis años, mi abuelo abandonó a mi abuela, por nada menos que su prima hermana, lo cual golpeó el corazón y orgullo de mi abuela, quien no dejaba de intentar suicidarse, aun estando embarazada de su último hijo, lo que ocasionó que mi madre madurara antes de la cuenta, al verse responsable de su hermano pequeño, quien al igual que ella había sobrevivido a las duras circunstancias. Para sobrevivir tuvo que ayudar a personas a realizar mandados, barrer calles y cualquier tarea que se le asignara y con ella pudiera conseguir comida para ella y mi tío. Después en venganza mi abuela quiso dejar a mi madre y a su hermano al cuidado de mi abuelo, pero su actual mujer no los aceptó, por lo que él se negó a recibirlos, al verse mi abuela imposibilitada emocionalmente para cuidarlos, se los envió a sus familiares para que se hicieran cargo de ellos, por lo que mi madre y su hermano realizaron un vía crucis extenuante, de casa en casa, de cada uno de sus parientes más cercanos; recibiendo golpes, insultos y burlas como el pan de cada día. Ahí estaba mi madre sintiéndose rechazada y abandonada por los seres que se supone tienen la responsabilidad de cuidarte y amarte, estas experiencias dejaron una huella dolorosa en mi madre y su hermano, a ella regalándole la amargura, el rencor y una hermosa neurosis, como común denominador de su vida y a mi tío un alcoholismo que lo llevó a la tumba.

Mi madre tendría 15 años cuando conoció a mi padre, dice que lo vio por primera vez, cuando cenando en una fonda de su colonia en compañía de su madre, notó que un hombre de la edad de su madre no les quitaba el ojo de encima, al principio pensó que se encontraba interesado en su madre, porque al solicitar la cuenta, la mesera les dijo que ya había sido pagada por mi padre, lo para ella consistió en una confirmación de su teoría.

Ignoro como mi madre, fue a parar a la casa de la prima de mi padre, como trabajadora doméstica; como era menor de edad mi abuela le pedía que fuera acompañada por su hermano menor, de aproximadamente cinco años. Por lo que puedo deducir, ya que mi madre no cuenta mucho de esos días, es que mi padre vivía en ese tiempo con su prima.

Un día en que llovía tan fuerte que parecía que el cielo se iba venir abajo, la prima de mi padre le pidió a él, que llevara a mi madre y mi pequeño tío a su casa para que no se mojaran, pero mi padre en vez de hacer lo que le pidió su prima, llevó a mi madre con todo y hermano en sentido contrario, según él para dar una vuelta, mi madre le suplicaba que la llevara a su casa, porque si llegaba tarde mi abuela se enojaría, pero él ignoró sus suplicas y terminaron en una área rural de nuestra ciudad, mientras informaba a mi madre de sus afectos, mi madre al encontrarse prácticamente sola (ya que mi tío no contaba) con un hombre que le doblaba la edad pues se asustó y comenzó a llorar, mi padre ante tal situación decidió llevarla a su casa, pero cuando llegaron a casa de mi abuela, mi madre se encontró con su madre en la puerta con sus maletas lista, para luego enterarse de boca de mi abuela que no era bien recibida, ya que había llegado muchas horas después de su hora de llegada, por lo que mi abuela terminó con su sermón...

–A mi casa no entran prostitutas-

En estos tiempos la virginidad era el único bien que tenían que atesorar las jovencitas y aquellas que osaban ignorar esta ley se hacían merecedoras del rechazo y escarnio social. Mi madre obvio que no se quería ir con ese hombre, por lo que intento convencer a mi abuela de que ella no había provocado esa situación, que mi padre se la había llevado sin su consentimiento y además iba en compañía de su pequeño hermano por lo que no había ocurrido nada, pero mi abuela fue tajante y se negó aceptar las explicaciones de mi madre, ella trato de entrar forzosamente a la casa, para después ser interceptada por mi abuela, quien la tomó del cabello y la saco hasta la calle, con la cara llena de llanto, mi madre se encontraba tan asustada y sola que no supo qué hacer; mi padre, quien fue testigo de todo el zafarrancho y al parecer no hizo nada para esclarecer el hecho, aprovechando la vulnerabilidad en que se encontraba mi madre adolescente, le ofreció su protección si se iba con él, por no le quedó de otra que aceptar su ofrecimiento. Tuvo que abandonar su casa materna a los quince años, para vivir a lado de un hombre que le doblaba la edad, quien lejos de ser una salida o un apoyo a sus problemas empeoró su situación.

Nací en el año de 1971, siendo la cuarta y última hija de mis padres, cuando mi madre estaba embarazada de mí, trabajaba como jornalera agrícola, específicamente en la cosecha del tomate. Era por la mañana, cuando mi madre sintió los primeros dolores de parto, fue transportada a la clínica más cercana para que yo emitiera mi primer llanto en este mundo. La vida entre mis padres al parecer no era muy buena, me imagino que por la brecha generacional entre ellos, mi padre trataba a mi madre como una niña en cuestiones de dinero, ya que acostumbraba o prefería darle su sueldo y creo que el de ella también a mi abuela paterna, con quien ellos vivían. Mi madre pasó a ser una hija más del clan, tenía que pedir permiso y dinero para comprarnos ropa, sacarnos a pasear o comprarnos una golosina.

En una ocasión escuchó por casualidad, hablar a mi padre con su primo sobre irse a Estados Unidos, planes que no había compartido con ella, por su parte mi madre empezó a realizar sus propios planes, para volver a la ciudad donde vivía mi abuela materna, porque de ninguna manera se quedaría a cargo de mi abuela paterna.

Llegó el día en que mi padre se fue hacia los Estados Unidos, viaje que no tendría retorno y entonces ella comenzó a echar su plan en acción, le pedio a mi abuela paterna dinero para comprarnos unos helados, a lo que mi abuela accedió dándole un billete de mediana denominación, por no tener uno menor, mi madre en vez de llevarnos a la heladería, nos llevó a la central de autobuses, con la intención de tomar el autobús que nos llevaría a la ciudad que a partir de ese momento sería mi hogar hasta la fecha, al llegar a la taquilla donde se vendían los boletos, pregunto el precio de los mismos, aún y cuando los niños pagaban menos, no le era suficiente con el dinero que le dio mi abuela, por lo que mi madre se puso a llorar por su suerte, un hombre que se encontraba en la estación cerca de ella, la observó detenidamente y muy seguramente se percató de su angustia, por lo que le preguntó hacia dónde se dirigía, ella le dijo el lugar de su destino, al darse cuenta que él se dirigía a una ciudad cercana y por lo tanto viajarían en el mismo autobús, le preguntó qué le ocurría ante lo que mi madre le contó su dilema y el hombre muy generosamente ofreció pagar el dinero faltante, en otra ocasión el orgullo de mi madre no le hubiera dejado aceptar, pero como las circunstancias eran apremiantes no dudo en aceptar su oferta y agradecerle entusiastamente por su buena acción.

Al llegar a la ciudad donde vivía mi abuela, mi madre rápidamente se vio en la necesidad de buscar un empleo, porque de ninguna manera mi abuela se haría cargo de nuestra manutención, ella no contaba con estudios, ni siquiera había terminado la primaria, ya que en sus tiempos las mujeres no eran exaltadas a estudiar, sino todo lo contrario, muchos padres decían que mandar a sus hijas a la escuela era pérdida de tiempo y dinero, si de todos modos terminarían casadas y llenas de hijos. Realizó varias actividades, trabajo en una tortillería elaborando tortillas de maíz, trabajó como operadora en una fábrica de ropa y como trabajadora doméstica; mientras alternaba estos trabajos con la elaboración y venta de pan, tacos, etc.

Al sentirse sin apoyo mi madre inició una carrera contra reloj para combatir la soledad. Definitivamente tengo que criticar su pésimo gusto para elegir pareja, siendo el siguiente peor que al anterior, de verdad no sé de dónde los sacaba, pero la cereza del pastel fue el último definitivamente. Siempre he pensado que las carencias afectivas de mi madre la orillaron a establecer relaciones con hombres inaccesibles emocionalmente, hombres dañados que lo único que le dejaron fue más hijos y una autoestima más disminuida, que preparaba el terreno para el siguiente desgraciado. Después de mi padre, mi madre entabló una relación con un excombatiente de la guerra de Vietnam, quien el estrés postraumático no le permitió hacer vida con él, pero le dejo a mi hermana Ileana. Posteriormente conoció a un hombre quien había sido casado y cuya familia ejercicio una gran influencia en él y como la familia de este hombre no miraba con buenos ojos por ser madre soltera, la relación no tuvo futuro, pero sí descendencia, dicha relación dio como fruto a mi hermana Cristina.

Al poco tiempo conoció a un hombre malhumorado del cual la verdad no tengo muchos recuerdos, este hombre maltrataba a mi hermano mayor Gabriel y buscaba cualquier motivo para darle palizas, de esta relación gracias a dios no hubo descendencia, ya que mi madre aborto al parecer unos gemelos que había procreado con él. Por último tenemos al peor de todos un hombre podrido quien gozaba del dolor ajeno, ahora puedo deducir que era un psicópata, con quien procreó a mis últimos dos hermanos Manuel y Francisco.


3 de Julio de 2020 a las 17:00 0 Reporte Insertar Seguir historia
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