Cuento corto
0
664 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Muñeca de porccelana

Dolly, de piel tersa y blanquecina, se acerca hacia el espejo manchado en su tétrico baño luego de una crisis que no le permitió conciliar el sueño. Se acercó más. Su mirada estaba impregnada contra una mancha cuya figura se asemejaba a la de su rostro angelical, perturbándolo. Las bolsas y ojeras también ayudaban. El lavabo, igual de blanco que ella, rodeado de suciedad y cabellos dorados, rectos y opacos tapando la rejilla. Yacían ahogados.

Los muros claros pero ennegrecidos.

“¿Y qué pasará? Si no estoy aquí…”

La estampa pegajosa que tanto la observaba finalmente cobró vida.

“Nada”

Dolly dio un suspiro ante la tan esperada llegada de Minerva. La otra joven rodó los ojos y, sin ningún tipo de voluntad, ejerció una respuesta plenamente impulsiva para contener la irritación que le causaban los seres humanos en general.

“Así es. Nada” reiteró.

“¿Yo soy nada?”

Los ojos de Dolly resplandecían con el titilar de la luz de su baño, la cual parecía estar al borde de un cortocircuito que inminentemente finalizaría de mala manera.

“Exacto”

Unos segundos de silencio. Ninguna largó siquiera una palabra o suspiro pese a que la situación lo ameritaba. Miran hacia un punto fijo por unos instantes. La canilla gotea y va llenando los huecos restantes del antiguo lavabo, silenciosamente, sin molestarlas. Y continuó creciendo.

Dolly viajó al momento exacto en el que se encontraba parada junto al grupo femenino de su clase. Eran alrededor de cinco o seis jovencitas discutiendo sobre temas irrelevantes en el mundo, aunque de suma importancia para ellas. Tan torpemente lo hacían que en cada una de sus mejillas que en cada una de sus mejillas se elevaba un color rosado que tendía a aumentar con el paso de la conversación. Sinceramente, a la joven le daba pena interrumpirlas, pues si aquellos temas carecían de importancia para los demás, la vida de una niña que ni siquiera había experimentado ni la mitad de dichas vivencias pasaría totalmente desapercibida. Estaba totalmente fuera de contexto. Dolly no servía para ello. Ellas continuaron hablando, interesadas, de hecho, en la opinión de Dolly, quien se abstuvo de otorgarla.

Fue alejándose lentamente, caminando sin despegar la mirada de aquel grupo de inocentes niñas, traspasando milagrosamente cualquier obstáculo. La ronda se achicaba, y aun así continuaba dentro. Las chicas se tomaron de las manos y Dolly sintió un cosquilleo en sus muñecas. Prefirió continuar apartándose.

Caminó vagando por un bosquecillo a media tarde, rodeada de desconocidos que la observaron con sonrisas compasivas y triunfales. “Oh, Dolly” parecían exclamar con ternura, como si la joven no entendiese nada.

El día estaba nublado y caluroso. La humedad golpeaba a las voluntades ajenas, aniquilándolas, únicamente permitiendo conductas desganadas. La luminiscencia de aquel tiempo hostil era de un púrpura que, captado por los ropajes de la joven, logró ser visto por cada ser allí presente. Dolly no sentía incomodidad, lo cual era la reacción que en primera instancia se le cruzó por su mente. Entonces ella decidió priorizar el hecho de que se había convertido en el centro de atención de todo aquello y se limitó a soltar una sonrisa leve. Ese gesto crucial se transformó en mueca de un mártir.

Ya no supo qué hacer y se marchó nuevamente. Incapacitada para hablar debido a tan inesperado suceso, ojeó el más alto de los juegos para niños erigido es el parque inmerso en el tétrico ambiente en el que se hallaba. Luego, retomó su lenta huida.

Esta vez sí iba de frente, en busca del baño de si casa. No quería utilizarlo, sino permanecer allí velando por el cese de sus diarios temblores. Sus travesías le devolvieron palabras inimaginables a la mente, la cual ejecutó el impulso y obligó a soltarlas. El murmullo errático se mezcló con sonidos centelleantes que acaparaban el lugar. Volvió a posar la mirada directamente sobre la mancha. Y estalló.

“Pero… si lo di todo”

Minerva, con la intención de someterla a un extenso interrogatorio, supo cuáles fueron sus cometidos y de inmediato trató de incentivarla para que corrigiera sus errores y se equiparase con lo esperado, lo bueno para ella y para su integridad.

“Tal cosa no existe” bramó.

“¿Entonces?” su voz aguda retumbó en el cuarto.

Minerva entrecerró los ojos, mostrándose molesta e impaciente.

“Entonces” retomó “ya está”

Un pequeño quejido brotó de los labios de Dolly, a quien la pena ya había recurrido.

“Pensé que me encontraba atada a mi destino”

“Dolly, mira tus muñecas. Contémplalas”

Ante la falta de iniciativa por parte de la joven, Minerva frunció el ceño. Dolly aceptó esto y detuvo su mirada en las ataduras que rodeaban sus muñecas. Retornó la vista a la figura de su acompañante. Oscura. Sus ojos, perdidos. Finalmente partió, dejándola varada en la incertidumbre.

La abrumó una imagen tenaz del tobogán que recordaba haber visto durante su estadía en el parque, y al cual sintió que estuvo presente en su pasado. El que tal vez ha marcado su presente.

25 de Junio de 2020 a las 02:12 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Fin

Conoce al autor

liana stark dancing queen. Tipeo lo que siento.

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

Historias relacionadas

Más historias

MORNINGSTAR: "El Príncipe De Las Tinieblas" MORNINGSTAR: "El Prí...
El mapa El mapa
Universo Heraldo: Silver Siren Universo Heraldo: Si...