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Mariangel Garrido


La ciudad de Phoenix está en el ojo del huracán. Año 2018, comienzan una serie de desapariciones en la capital de Arizona. Más de cinco jóvenes de 18 años de edad han salido de sus casas a altas horas de la noche y no han regresado. La policía local está consternada ante éste agravio a la población. Se sospecha de una secta homicida, también de un asesino en serie. Sin embargo, hasta que no haya evidencia física de un cuerpo, no podrán saber qué es lo que está ocurriendo en las calles. Lo único que tienen claro, es que alguien está asechando la ciudad…


Crimen Sólo para mayores de 18.

#homicidio #muertes #dominio #secretos #policias
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Capitulo 1 - Atrapadas

Laura

Viernes 7:00pm


– ¡Mamá, ya me voy!– Le grité a mi madre desde la puerta de la casa. Ella baja las escaleras y me da un beso en la frente.

–Te quiero aquí a las 12:00am– me recuerda tocándome la mejilla.

–Si madre, lo prometo. Te Amo–.

Estuve esperando éste día tanto tiempo. Cada año se hace una fiesta en una de las playas privadas de la ciudad. Se celebra justo en los días más cálidos de Phoenix. Pero, para asistir debes tener la mayoría de edad, y he estado esperando toda mi vida para poder ir.

Subo al auto a toda velocidad y conduzco a la casa de Mónica. Ella y Violet están esperando que pase a recogerlas. Solo me toma cinco minutos llegar allí.

– ¡Hey! – gritan ambas al unísono y luego se echan a reír.

– ¿Listas para la mejor fiesta de la historia?– les pregunto sonriendo de oreja a oreja.

–Por supuesto– Chilla Violet.

–Entonces suban al auto– les ordeno entre risas.

Ambas se ven fabulosas. Mónica va vestida con unos shorts estilo caquis color blanco, un crop-top amarillo y el cabello negro rizado cayéndole por los hombros blancos como la cal.

Violet lleva un vestido corto color verde acuarela, que resalta sus ojos. Y lleva el cabello en dos trenzas que le lucen increíble. Y yo, tengo puesto un vestido suelto azul claro con lunares. Estamos esplendidas.

–Ya estamos llegando– informo a mis mejores amigas. Ambas sueltan un chillido que hace resonar mis oídos.

Llegamos a la playa y está atestada de gente. Lo que no es sorprendente, casi toda la ciudad está aquí hoy. Estaciono en un lugar cerca de la entrada y nos encaminamos a la playa.

–Identificaciones– Exige el guardia.

Es un hombre alto, de tez bronceada y una mirada inquietante. Va vestido con un traje negro, algo muy formal para estar en una playa.

–Tenga– le entrego las tres tarjetas. Nos mira durante casi un minuto. Traza un recorrido visual desde nuestros pies hasta nuestras cabezas. Es como si nos estuviera estudiando.

–Adelante– Dice al fin y nos deja pasar.

Cuando por fin entramos, miro hacia atrás y veo al guardia hablando por su celular y mirando en nuestra dirección. Frunzo el ceño, tengo un mal presentimiento.

Después de la primera hora en la playa, mi paranoia desaparece por completo. Me concentro en bailar con las chicas y divertirme. La música resuena por los altavoces, la gente enloquece, el alcohol recorre cada rincón de la playa, el calor aumenta, la adrenalina se incrementa… Es todo lo que soñamos.

–Hey Laura, aquel chico de allá no ha dejado de mirarte– me dice Mónica al oído. Yo sigo la dirección de su mirada.

–Vaya– exclamo sorprendida. Porque claramente me está viendo, y viene hacia aquí.

–Bueno, te dejamos un rato a solas– Dice Mónica, me guiña un ojo y se lleva a Violet a arrastras con ella. Traidora.

–Vaya vaya, ¿Qué tenemos por aquí? – El chico se ha detenido frente a mi – Primera vez en la fiesta ¿Cierto?– Asiento.

Me tomo unos segundos para observarlo bien. Cabello castaño alborotado por el viento, piel morena, y cuando sonríe se le marca un hoyuelo.

–Sí, y está increíble– Afirmo y bebo lo último que queda de Vodka en mi vaso.

– ¿Qué estás bebiendo? – preguntar don desconocido y observa el vaso en mi mano.

–Vo-vodka– Balbuceo, creo que ya estoy algo ebria.

–Si quieres divertirte necesitaras algo más fuerte– Dice y una sonrisa pícara escapa de sus labios.

–Tienes una linda sonrisa– suelto sin pensar, y luego me cubro la boca para callar mis carcajadas.

–Sí, me lo han dicho– Alardea el muy egocéntrico.

–Bueno, iré a buscar a mis amigas– le informo, ya que su compañía no está siendo como esperaba.

–Espera– me toma del brazo – ¿Quieres bailar un rato?– me mira a los ojos esperando mi respuesta.

–Eh, cla-cl-claro– acepto a medias.

Bailamos casi por una hora. Y fue lo más divertido que hice en toda mi vida. Nuestros cuerpos casi totalmente unidos. Su perfume inundaba mi nariz. Sus fuertes brazos se amoldaban a los míos… Perfecto.

–Debo irme– dije antes de ver la hora. En treinta minutos debía estar en casa.

–No no, nada de eso– negó con la cabeza. –Te quedarás otro rato– ordenó.

–Oye, me divertí, pero he de irme. Voy a buscar a las chicas– cuando me dispongo marcharme su mano toma mi muñeca con demasiada fuerza.

–He dicho que te quedarás– sentencia. Ha desaparecido todo rastro de simpatía de su cara.

–Suéltame– comienzo a forcejear pero no afloja la mano – Me haces daño– digo para ver si me suelta, pero no. Para mi desgracia, me toma de la otra muñeca y me levanta del piso al tiempo que me coloca sobre su hombro. El pánico se apodera de mí.


– ¡Bájame!– grito mientras pataleo sin parar. – ¡Ayúdenme por favor! – exclamé a la multitud, pero todos nos veían y se reían.


–Tranquilos chicos– dice mi agresor. –Es mi novia, está algo alterada– miente.


Yo seguía negando y gritando. No me quedaban fuerzas, el alcohol en mi sistema me había debilitado más de lo que imaginé. No tengo ni idea de dónde están Mónica y Violet. Pero ojalá estén bien.

Él sigue caminando a paso rápido, yo forcejeo con las fueras que me quedan. Llegamos a un auto en las afueras de la playa. Para ser una playa llena de gente, no hay ni una persona en el estacionamiento.

Me pone en el suelo y yo intento correr pero me coge de la cintura e intenta meterme al auto a la fuerza. Yo sigo peleando y me resisto lo más que puedo.


–Entra… al… mal… maldito auto– Me grita pero yo sigo sacudiéndome.


–No por favor – suplico mientras mis piernas bloquean la puerta del auto.


De repente caigo al suelo con fuerza. Intento darme vuelta aunque es muy difícil, pero lo consigo. Me pongo de pie y veo a mi agresor tendido en el suelo, derramando sangre por un golpe contundente que recibió en la cabeza. Levanto la vista y me encuentro al guardia de la entrada, tiene una piedra filosa en la mano. Está a dos metros de mí.

–Muchas graci…– comienzo a decir. Pero un brazo rodea mi pecho desde atrás con fuerza, y una aguja se clava en la parte inferior de mi cuello y caigo al suelo.

Lo último que logro escuchar es la voz del guardia diciéndole al agresor herido:

“Ella es nuestra” –.

24 de Junio de 2020 a las 13:59 0 Reporte Insertar Seguir historia
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