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Frederick Victoria


Lírica de una psicología sexual, narrada con estilo impersonal con el propósito de involucrar al lector de forma directa, el escrito aborda la ontogénesis sexual de un personaje sin nombre, la historia tiene contexto en un país tercermundista y contiene jergas colombianas. Encontrará un estilo narrativo experimental propio.


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Brandon no me viole

Prólogo:

No habrá cosa dramaturga en el texto, apenas tendrá buena redacción y habrá prosa y estructura lineal; no habrá simbolismo, ni grandes cosas, habrá fetiche.
Todo lo escrito aquí no está hecho para ser considerado arte, está condicionado por diferentes agentes, es contenido masivo.
Deseo transmitirles un formato que me gusta escribir y que desde un principio abandona las pretensiones de ser juzgado, reputado, es para consumo y no esconde intenciones ocultas.




Capítulo 1: “Brandon no me viole”


He querido hacer el bien desde que tengo memoria, la vida como concepto tiene un deber ser, hacer el bien; si tiene algún fin, no estoy en condiciones de mencionar palabra. Existen, por supuesto, personas a las que no les cruce por la mente hacer bien o que no presenten necesidad de encontrarse lúcidas en suficiente medida para encomendarse una filosofía de vida, deficientes mentales o con algún embrollo psicológico, no estoy en condiciones de mencionar palabra.


De pequeño escuché mucho sobre la biblia y Jesús, estaba claro allí: La sexualidad no es buena, en ninguna medida aquello que esté viciado a ser un interés privado es bueno. Aquella ley entró como una bala en mi cabeza, pero tenía once años cuando pequé y en la misma iglesia, veía los traseros de las fieles tan apetecibles, ahora que vienen aquellas impresiones, estoy seguro, no eran motivo de exalto o cuerpos atractivos, era yo, emanando esas formas redondas e instintivamente llamativas; en ese entonces me reprendí con fuerza a aquello, no estaba bien, (hace mucha falta la educación sexual adecuada en las escuelas tercermundistas de mierda). Volteé a ver a Brandon, su mirada era fija y contemplaba el culo de la mujer en frente de su asiento, eran bancas largas, a día de hoy permanecen en esa iglesia; el ambiente en una iglesia es formidable, la atención está en el padre, en lo que dice, van únicamente familias y ancianos, nadie particular, Brandon era un familiar, estaba sentado al lado de mi hermana, miraba el cuerpo con malicia, preparado para actuar. Volteó a verme, me había quedado perplejo fue natural que lo hiciera, sonrió con malicia, dirigió su mirada al padre.


Brandon tenía dieciséis años, al salir de la iglesia en familia fuimos a comer helados, de camino, cruzando el parque, el aspecto de unas empanadas me pudieron, advertí que prefería comer allí ya que no me apetecían helados, aceptaron y Brandon coincidió en comer conmigo y en acompañarme, a alguien debían encargarme, me senté en la barda a comer y Brandon me tiró de la camisa con fuerza, me dijo que necesitaba ir a hacer una vuelta rápido, que le acompañara y comiera de camino, cerca del parque se ubicaban unas canchas, era de noche y el ambiente era iluminado por faroles amarillos hoy extintos; las canchas estaban vacías, mientras comía en una bardilla, Brandon sacó unos cueros, para mí, papeles cualquiera, pegó un bareto y se dispuso a fumar, nuevamente me quedé perplejo. La justificación sobre la maldad de las drogas es más brusca: Son malas porque son malas, porque dejan a la gente loca y las envician, dan asco. No podía creerme, fumaba, pero no le vi gran cosa, no sabía que era marihuana, habría deducido en ese entonces como máxima que era una especie de cigarro casero. Yo comí y él fumó en la distancia, al terminar y volverse a mí, tenía un tufo muy fuerte y embriagante: -Pito.-, Me dijo, -¿Usted sabe qué es esto?-, –No.-, Contesté, -Mariguana, esto es pa sentirse bien, pero cuidao le dice algo alguien.-, Había oído ese nombre antes, aquello estaba mal, no le respondí palabra alguna.


Llegando a casa en la entrada de mi cuadra nos encontramos un escenario desagradable, algo traumante, en la calle yacía un hombre de avanzada edad con un charco enorme de sangre muy densa fluyendo desde su cabeza, a día de hoy no sé la naturaleza de la escena, no pregunté, tengo recuerdos de una posible explicación que involucra una caída desde un árbol, pero estaba en mitad de la calle, no había cabida para ello. Al llegar a casa el día transcurrió con normalidad, esa época fue para mí una etapa de expectante, no recuerdo haber tenido mucha voluntad, aunque sí era complacido en buena medida de mis placeres de niño. Al otro día salí a andar cicla por los alrededores de mi casa, en el camino me encontré con Brandon, me dijo: -Lléveme allí.-, Pasé al cuadro y él manejó, me llevó a un límite del barrio, donde habían unos conductos de los canales de desagüe; sacó otro bareto y comenzó a fumarlo, me resultó insípido contemplar aquello, se me quedó viendo, de repente sacó una pistola de entre el pantalón, y me la puso en la frente: -Carechimba.-, exclamó con furor. –Lo voy a matar, me oyó-. Me sacudió un corrientazo invasivo, quedé pegado en el aire, se descubrió el miembro. –Hágale mijo, mámemelo-, amenazó empujando fuerte la boquilla del cañón contra mi sien al tiempo que empujaba su prepucio en mis labios tratando de entrar en mi boca. De ninguna manera me dispondría a añadir algo a riesgo de cualquier reacción rápida por apresurar la felación. No dije ni hice nada en lo absoluto, aunque haber quedado estático fue resultado de una contracción de nerviosismo infinito, así que en mí pasaba demasiado y a la vez nada. –Mire hijueputa-, dijo mientras me metía las manos fuertemente en la boca abriéndola con violencia y técnica, lastimándome con sus uñas y brusquedad. –Si se mueve se muere- gritó al tiempo que golpeaba la culata del arma en mi cabeza, golpe que me privó de mi resistencia, la diferencia a los raspones que me pudiere haber hecho jugando o a cualquier chichón de alguna caída era interminable, sangré. Me agarró del pelo y metió el miembro con violencia en mi garganta, una y otra vez, con tal fuerza que hasta el vómito quedó atascado de la contracción, sentí un chorro vertiéndose en la garganta y de repente se detuvo, se lo guardó y me disparó en la cabeza.



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28 de Julio de 2020 a las 08:02 0 Reporte Insertar Seguir historia
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