raquelcollin14 Raquel Collin

Prakva es una ciudad donde todas las identidades se controlan a través de un dispositivo anclado a la muñeca, llamado Vivem, donde portan todos sus datos personales y las memorias más trágicas de sus vidas. Kara, una fugitiva sin identidad, se enfrentará ante lo que sea para descubrir quién mató a su familia, desde filtrarse hasta robar identidades y así ganar el nombre de la ladrona de espejos. Marxel es el próximo heredero de la presidencia, con un gran sentido de amor hacia su patria y con una nueva misión por cumplir; atrapar a la ladrona de espejos. Pero cuando sus caminos se entrecrucen se darán cuenta de que sus vidas en Prakva tan solo formaban parte de un retorcido juego y tendrán que enfrentarse a un enemigo aún más engañoso, poderoso y enmascarado que se esconde dentro de la ciudad.


Ciencia ficción Todo público.

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Capítulo 1

K A R A

Vivir con una máscara era muy entretenido.

La gente no me reconocía, tan solo veían un rostro distinto y tenía el dominio de manipular a los demás a mi agrado. A mí me encantaba, dado que era el único poder que tenía en la sociedad y sobre todo, nadie podía quitármelo.

Me adentré al vestíbulo principal del edificio Honor, una monumental urbanización de sesenta pisos con salones esculpidos de millones de praks adornado por muebles de lujo y alfombras carmesíes. Era una zona de negocios, ya sean justos u obscenos, pero al fin y al cabo, eran negocios que conformaba a la sociedad de élite.

El edificio era notorio por el acercamiento de los miembros del Estado, un sitio que en mi plano de vista, se asemejaba a una revuelta de peces listos para ser atrapados.

Un vigilante de seguridad se acercó y me ordenó que le mostrara mi Vivem. Le tendí la muñeca mientras le lanzaba una mirada de lado y le ofrecía una tímida sonrisa. El joven arrastró el dispositivo de detección por el Vivem y no pudo evitar echarme un ojo. Sus pupilas quedaron consumidas por las facciones de mi rostro: unos labios gruesos pintados de rojo, mejillas llenas de pequeñas pecas y unos ojos increíblemente claros. Esta era una de las apariencias más atractivas que muchos gustaban vislumbrar.

Cuando el dispositivo de detección confirmó el registro del nombre Elizabeth Waller, el vigilante dejó de sujetarme la muñeca y me permitió el paso. Continuó a verificar el siguiente sujeto de la fila, y aproveché en echarle un vistazo al ordenador del segundo vigilante, quién estaba sentado a unos metros con las piernas estiradas bebiendo de su café mientras procuraba ver la pantalla. El nombre de mi apariencia apareció junto a una foto. Cualquiera que cruzara por estas puertas iba a quedar en la base de datos del edificio.

A mí me agradaba ser Elizabeth, era bella, le gustaba vestir bien con esos típicos sombreros alargados y tacones altos, y toda su imagen podía dejar claro lo adinerada que era. Era fácil imitarla, en parte, porque me habría gustado tener esa vida. Conocí a Elizabeth hace dos años en un club de prestigio, charlamos y me ofreció trabajo en su agencia de modelaje. No acepté a su oferta, pero si tomé robada su identidad y me sentí afortunada de tener una pieza más de mi entretenido trabajo. Ser Elizabeth también me brindaba ventaja, porque mientras cruzaba los extensos salones sentía que formaba parte de todas las personas que trabajaban en el edificio Honor. A los elitistas les encantaba admirar la belleza externa, la originalidad de apariencia y la moda. Como me había esforzado en recalcar esas tres reglas el día de hoy, nadie podía sospechar de mis planes, lo cual había preparado por semanas, y tenía la certeza de que todo saldría bien si continuaba pretendiendo ser una mujer poderosa con tacones altos.

Tomé el elevador y fue un alivio cuando nadie se atrevió a acompañarme. Apreté el botón hacia penúltimo piso, el salón de reuniones del Estado. Mientras esperaba aproveché la oportunidad de estar sola para acomodar el arma que tenía encubierta entre las costillas, la tenía oculta gracias al abrigo de plumaje que compré en una de las tiendas de segunda mano. El arma no era precisamente pequeña, tenía una buen moldura y era mi favorita, pues siempre me daba la suerte de tirar en el blanco.

Mi padre solía ser muy bueno en defensa cuando formaba parte del cuartel militar del Estado, lo cual lo conllevó a enseñarme a disparar un arma y a pelear. Él quería que estuviera preparada ante cualquier circunstancia. Me entrenó con el objetivo de convertirme en una mujer fuerte y valiente, merecedora de un buen reconocimiento y no reducida a las ideas sexistas que anteponía la sociedad.

Una luz anunció mi llegada al penúltimo piso y las puertas del elevador se abrieron. En este piso asistían una sección de los más populares miembros del Estado. Normalmente quienes atendían a este edificio eran, como a mi me gustaba llamarles, los maestros del dinero. Los dueños millonarios de las mejores empresas, hoteles y casinos. Por otro lado, estaban los maestros del dinero que la gente no sabía que tenían su coalición con el Estado, era un secreto que bien conocía, que había unos cuantos dueños de las tríadas. Si bien el Estado no aparentada relacionarse con estos asuntos, era una pieza importante para la economía. En este edificio, los reyes de la mafia tenían su lugar en una de estas oficinas y nadie lo sabía.

Nuestro Estado, Prakva, estaba regido por una constitución donde los miembros eran valiosos y el concejo era el único que prometía proteger a la sociedad de los males. Las personas creían en eso, incluso yo lo creí de pequeña, hasta que abrí por primera vez los ojos y me di cuenta de la realidad. El Estado de Prakva solo era un maldito negocio, nunca mantendrían la promesa de protegernos de los atentados de los rebeldes, porque solo lo harían con los más valiosos.

Caminé por el pasillo en busca de mi objetivo: el salón de reuniones 445s. Busqué entre los números pero parecía encontrarme un poco desubicada. Por un momento asomé la cabeza por una de las habitaciones y un señor de lentes en su escritorio levantó la vista y frunció el ceño. Sus ojos se desviaron hacia mis piernas, lo que me llevó a apartarme.

Suspiré frustrada. No tenía mucho tiempo. No tuve de otra que presionar el disco transparente en mi oído. El pitido de conexión me sobresaltó.

—No esperaba tu llamada, Kara. —Se escuchó la voz de Dante al otro lado de la línea de conexión, un gran aliado que tenía una especialidad para ayudarme con frecuencia.

—No encuentro la habitación, este lugar es un laberinto.

—Te dije que estudiarás el mapa, pero no, a ti siempre te gustan las cosas en apuro —masculló molesto—. No tenía idea de que te fuiste tan temprano.

Me mordí el labio inferior.

—Sabes que no me gusta esperar. No te pongas así, te lo explicaré cuando termine. Ahora, ayúdame. —demandé frustrada, continué el paso de forma cautelosa tratando de no llamar la atención de las personas que cruzaban a mi lado.

Dante resopló.

—Está bien.

—Te enviaré mi ubicación.

—No, ya la tengo. —Sonreí al escucharlo, era una razón por la cuál me agradaba bastante, era bueno y rápido para hacer su trabajo.

Dante estudió computación y llevó varios cursos para mejorar sus capacidades. Cuando llegó a mí era un experto para acceder a los datos de las empresas y a hackear cualquier dispositivo que tuviera de frente. Él era un genio.

Logré escuchar el repiqueteo de sus dedos habilidosos en el teclado de su computadora. Una computadora bien amaestrada.

—En diez metros dirígete a tu izquierda —me ordenó y al instante comencé a seguir sus indicaciones—, cuando llegues al siguiente pasillo, toma la derecha y luego vuelve a tomar la derecha.

Bufé mientras seguía caminando.

—Qué piso más aburrido.

—Te estás acercando, ¿Lo notas?

442, 442s, 443, 443s. Bingo.

Se escucharon voces al otro lado, suponía que estaban teniendo un grandioso momento de reunión. Golpeé con fuerza la puerta silenciando las voces al tiempo que mi otra mano despojaba el arma bajo mi abrigo.

Tres pares de ojos me miraron sorprendidos. Era una mujer de estatura media con cabello corto y oscuro, y dos hombres altos, ambos con lentes. Al instante, soltaron los papeles en la mesa y levantaron las manos. Levanté el arma y le disparé a los dos hombres.

Fue rápido y sencillo. A veces no lo dudaba mucho.

La mujer restante bajó la vista hacia los hombres tirados en el suelo y en efecto, le comenzó a temblar el cuerpo. Luego su mirada se atrevió a desviarse hacia mí, con temor. Tenía un tic nervioso en el ojo.

—T-e Te lo suplico —comenzó a decir con la voz cortada—, déjame ir y no diré nada.

Me adentré a la habitación.

—Conozco el tipo de persona que eres, Felicia White —levanté la voz provocando que se estremeciera y retrocediera unos pasos para alejarse de mí. Sus botines chocaron contra una de las extremidades de la mesa de reunión—. No dejarías pasar algo así. Eres muy temerosa.

Ella tragó saliva.

—Te daré lo que sea —sus ojos se atrevieron a fijarse en los míos—. Tengo mucho dinero.

—Lo sé —susurré, jugueteando con su atención—. pero estoy en busca de algo más. Algo mucho mejor.

Sus labios se entreabrieron.

—¿Cómo... como qué? —balbuceó.

—Bueno, para empezar….

Estuve de avanzar hacia ella cuando escuché una interrupción en mi oído.

—Kara, deja de jugar y céntrate —me regañó Dante al otro lado de la línea conexión, la cuál olvidé apagar. Mi mano estuvo a punto de tocarle la muñeca a la mujer, pero retrocedió a su lugar.

Solté un suspiro de impaciencia.

—No me jodas —palpé con mi mano el dispositivo y corté la conexión.

La mujer comenzó a darme una mirada curiosa. Señalé a los hombres derrumbados en el suelo.

—Para que quede claro, no están muertos —avisé—, solo están un poco dormidos. —me acerqué a ella y sonreí. —Y también debo dormirte.

Levanté el arma y disparé en su pecho. La mujer al instante se derrumbó en el piso, donde su muñeca quedó a mi disposición, exactamente donde estaba su Vivem.

Lo mejor comenzaba.

Saqué del bolsillo de mi abrigo dos pequeños artefactos que a mí me gustaba llamar, bolígrafos, y es que, tenían una forma similar, solo que al presionarles el botón una diminuta cuchilla salía de sus extremos. Eran increíbles para abrir cerrojos o arreglar artilugios. En este caso, tenían mucha utilidad para retirar un Vivem.

El dispositivo Vivem era extremadamente delicado y complejo. Un brazalete que se ajustaba de manera directa con la piel del individuo. Estaba enlazado a un chip dentro del tejido de la muñeca y era casi imposible retirarlo, especialmente porque estaba enredado a sus capilares sanguíneos y nervios que una errónea manipulación podría provocar que el individuo se desangrara.

Sin embargo, mi hermano mayor estudió casi toda su vida en la empresa TecLife que creaba dispositivos Vivem y había aprendido todos los conocimientos de esta tecnología, por lo que halló una forma de retirarlo con el sumo cuidado. Él me enseñó todo lo básico que necesitaba saber para llevar a cabo el trabajo.

Con el tiempo, me familiaricé con el labor. Saqué una pequeña cajita de mi bolsillo y la activé sobre el brazalete con el fin de paralizar su funcionamiento y evitara mostrar su ubicación actual al menos hasta que lograra retirarlo. Con esto, me era más fácil operarle la muñeca. Realicé un corte pequeño justo en su bulto que indicaba la presencia de su chip y con la ayuda de mis bolígrafos hurgué en su interior. Normalmente este procedimiento me llevaba unos cuantos minutos y necesitaba muchísima concentración.

En ese momento dado, reparé del pequeño sonido que provenía de la habitación. La televisión estaba encendida y se escuchaban unas voces muy molestas. El holograma de la mesa también presentaba el mismo canal. Se trataba de la entrevistadora Susan, una rubia veinteañera, que le hacía preguntas a una persona que repugnaba por su falsa personalidad, el hijo del presidente de Prakva.

Marxel Leví.

Tenía una actitud muy arrogante, como la de su padre y siempre sonreía, como si estuviera contento de vivir siendo rico y perfecto, totalmente ajeno de la pobreza extrema de los barrios marginados, las hambrunas, la falta de recursos para la salud sanitaria, el contrabandismo, la violencia, y los grupos terroristas. La familia Leví lo tenía absolutamente todo y no estaban al tanto de lo que sucedía en el Estado, o quizás si lo estaban, pero no pretendían hacer nada al respecto.

—Tu siempre eres tan aplicado. Escuché que por varios años formaste parte de la academia militar, ¿Cómo te va con eso? —preguntó ella al joven de diecinueve años que se hallaba delante reposando sobre un lujoso sofá con los brazos sobre las extremos.

Noté como Marxel se aclaró la garganta y mostró una de sus grandes y seductoras sonrisas, estaba segura de que había sido intencional para sacarle unos cuantos suspiros a las chicas jóvenes que soñaban con casarse con él.

—Bueno, es cierto que por años he estado entrenando, incluso cuando estaba estudiando en la secundaria asistía a mis entrenamientos. A decir verdad, es un papel que me llama la atención y tiene muchos privilegios, pero más allá de todo, considero que es mi deber como ciudadano es proteger a la sociedad y garantizar la mayor seguridad, por ello, deseo continuar con este trabajo durante más tiempo.

— ¿La mayor seguridad? —bufé—, claro.

Conseguí alcanzar su chip, el cuál era muy pequeño, con la ayuda de mis bolígrafos intenté que no se resbalara para lograr sacarlo.

—Eso es maravilloso, nos alegra a todos tu dedicación por traer el bien a Prakva—se escuchó la respuesta de Susan—, y dinos, Marxel, esta pregunta va en sugerencia del público, quién está interesado en un tema peculiar y bastante esperado. ¿Cómo te va con el amor? ¿Es cierto que tienes novia?

Necesitaba apagar esa televisión para poder terminar con esto. Esta era la primera vez que tardaba más del tiempo esperado y me estaba irritando.

No pude evitar poner los ojos en blanco al escuchar la risa de Marxel. Por el rabillo del ojo noté como se había pasado la lengua por el labio inferior como si meditara sus próximas palabras.

—No, Susan, no tengo ninguna chica. Creo que no ha llegado todavía el momento para mí —admitió, se tomó una pausa y se tardó unos minutos en terminar su respuesta—. Aunque espero tener la suerte de encontrar al amor de mi vida pronto.

Y con esas palabras, señores, Marxel aseguraba dejar a las chicas aún más emocionadas. Hacía un trabajo excelente para que el programa fuera todo un éxito, por esos recibía tantas entrevistas al mes.

Cuando terminé de retirar el chip de su muñeca me encargué de quitarle el brazalete y luego por coserle la herida. El funcionamiento del brazalete permanecía estático hasta encontrar un lugar estable para poder extraerle la información del Vivem.

El Vivem era prácticamente la identidad de cada persona. Sin él no eras nadie. Este contenía toda información de las cuentas bancarias, los sitios de actividades, los contratos, los procesamientos de negocios. Lo guardaba todo, incluso grababa las experiencias de tu vida y eso era algo que yo necesitaba. Era el tipo de información que solía extraer, especialmente de lo miembros del Estado.

Prakva me lo quitó todo, me arrebató a mi familia hace dos años. Recordaba ese día como si fuera ayer, un miembro del Estado apareció en nuestra casa con su traje azul oscuro y le disparó a mis padres, luego a mi hermano mayor. Nunca percató de mi presencia oculta en los cajones de la cocina y yo no tuve la oportunidad de echarle un vistazo a su rostro. El sujeto había huido demasiado rápido.

Era por ello que robaba la identidad de los miembros, necesitaba acceder a todos los recuerdos de sus vidas para hallar al culpable que mató a mi familia. Desde que comencé con este trabajo no pretendía dejarlo hasta encontrarlo, aunque me llevara tiempo o las cosas se pusieran difíciles. No iba a detenerme.

El artefacto en mi oreja vibró y supe que se trataba de Dante en su intento de volver a contactarme.

—Vas a tener compañía pronto, tengo a unos cuentos oficiales militares en la mira —me soltó él tras haberlo puesto en la línea de conexión.

Reparé que me faltaban algunas puntadas para poder terminar de coserle la muñeca a Felicia.

—¿Qué? —contesté—, ¿Cuanto me queda?

—Un minuto y medio.

—¡Carajo!

Intenté hacer el trabajo lo más rápido posible y coloqué su muñeca sobre su pecho. Contemplé su rostro dormido.

—Tranquila, no quedará cicatriz —le susurré a pesar de que ni siquiera podía oírme. Fue en ese momento en que se escuchó la alarma de emergencia.

—Date prisa —me dijo Dante con la voz entrecortada—. Tienes treinta segundos para salir de ahí. Te recomiendo no tomar el elevador.

Solté un suspiro y guardé los artefactos en mis bolsillos. Con el arma en mano, salí de la habitación y me apresuré en encontrar la puerta de emergencia. Me iba a tardar más tiempo bajar las escaleras, pero era mejor tomar las sugerencias de Dante.

—Kara —se escuchó el jadeo desesperado de Dante—, están por todos lados. Saben que estás en el edificio. —Lo último me aceleró el corazón.

Mientras descendía los escalones escuché el repique de los zapatos de varios oficiales. Tenía razón, pero intenté no entrar en pánico como le estaba sucediendo a Dante. Escuchaba su molesta voz en mi oído. Comencé a avanzar más rápido e incluso me saltaba unos cuentos escalones.

Una vez que alcancé la puerta que conducía al primer piso, esta se abrió antes de yo llegara a hacerlo y dos hombres corpulentos me bloquearon la salida.

—Oh, no.

Saqué el arma y le disparé a la pierna a uno de ellos. De inmediato, se derrumbó en el suelo, pero él otro intentó despojarme la pistola provocando que se me resbalara de la mano y cayera al suelo. No tuve más remedio que golpear mi puño con fuerza en su mejilla y propinarle la punta de mi tacón en su estomago.

Él se derrumbó mientras se quejaba en el suelo. Tomé el arma del suelo y corrí del lugar para adentrarme al piso principal del edificio.

—¡Maldición! ¡Está escapando! —anunció una voz a mis espaldas.

Era una ventaja que en aquel momento las oficinas y el personal estaba sobrecargado. Habían muchas personas en ida y vuelta, y eso me daba la oportunidad de parecer lo más discreta posible. Habían unos cuentos oficiales buscándome desde lo alto, por lo que bajé la mirada y continúe caminando entre la multitud de personas.

Cuando me encontré en la salida ni siquiera notaron mi presencia, pues la apariencia era capaz de camuflar cualquier sospecha, aún cuando mi seudónimo «ladrona de espejos» advertía en todos los rumores sobre mi trabajo al robar identidades.

Salí del edificio con una sonrisa plantada en el rostro por haber conseguido lo que quería, después de todo, yo nunca fallaba.

Nadie había logrado atraparme.

23 de Junio de 2020 a las 22:20 26 Reporte Insertar Seguir historia
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Areli T. Areli T.
Me gusta la historia. Se ve bien trabajada
April 30, 2021, 14:02
Mavi Govoy Mavi Govoy
El capítulo está muy bien, pero me surge la duda de cómo es posible que las fuerzas del orden de esta civilización no tengan información de las Vivem robadas para que, de presentarse alguien con una de dichas Vivem, detengan a su portador en el acto, sin dejarle dar un paso más.
February 20, 2021, 14:43
Francisco Rivera Francisco Rivera
Buena historia y sostenido ritmo. Personajes iniciales en relación a acciones por separado y situaciones de enganche de aconteceres que hacen fluida la narración. En medida de lo posible, corrección a palabras que se escribieron de manera errónea -nos pasa a todos- ante relatos de cierta extensión. Buena trama e idea de suplantación de identidad que apoya lo descrito. Felicidades y a recomendarse esta lectura, ante un desarrollo de capítulos en espera de disfrutarse en todo momento.
December 14, 2020, 21:07
Gabriel Mazzaro Gabriel Mazzaro
Espectacular!
November 26, 2020, 23:15
I.N. Völur I.N. Völur
¡Hola! Me topé por casualidad con esta historia y me ha encantado 😍 Toda la adrenalina ha sido genial. Fue un muy buen inicio.
September 29, 2020, 18:17

  • Raquel Collin Raquel Collin
    Muchas gracias, que lindo mensaje (: October 01, 2020, 02:41
Litza Menendez Litza Menendez
Vaya, que emocionante el capítulo.
September 11, 2020, 19:04

Lisney Miranda Lisney Miranda
Que interesante es la historia te deja con ganas de más y me encanta la protagonista 💖
August 24, 2020, 03:19

  • Raquel Collin Raquel Collin
    ¡Gracias por leer mi historia!❤️ August 24, 2020, 19:19
Yéferson Muñoz Cardona Yéferson Muñoz Cardona
hola. muy buen trabajo!! me atrapó seré tu fan.
August 22, 2020, 17:10

Arlette Reynoso Arlette Reynoso
Wow la trama se ve súper bien trabajada 😱
August 21, 2020, 02:52

  • Raquel Collin Raquel Collin
    Muchas gracias. Me alegro que te guste♡ August 21, 2020, 15:43
Juan Zorrilla Juan Zorrilla
Super bueno me encantó!!! (creo que es robaba en vez de robada en el quinto párrafo)
August 02, 2020, 00:36

Cris Torrez Cris Torrez
interesante sigue así!!!
July 31, 2020, 13:10

Cris Torrez Cris Torrez
interesante sigue así!!!
July 31, 2020, 13:10
Rayito Fuentes Morales Rayito Fuentes Morales
A mí me gustó mucho, me parece súper interesante.
July 26, 2020, 04:50

  • Raquel Collin Raquel Collin
    Muchas gracias. Espero que te siga gustando❤️ July 26, 2020, 17:50
Ignacio Medina Ignacio Medina
Me crucé con una "o" en lugar de "u", aparte de eso muy interesante el planteamiento. Una duda, supongo que tu historia es en el futuro, en un lugar diferente a nuestro mundo, pero ¿no deberían las computadoras ser más avanzadas, no sé, manejarse con comandos de voz, una mejor tecnología digital y no teclados convencionales? No me hizo sentido imaginar que un brazalete como el que describes fuera programado con tecnología de una computadora de teclado normal. Saludos! #inkspired #inkspiredambassador #entrenamientoinkspired
July 25, 2020, 00:18

  • Raquel Collin Raquel Collin
    Me alegro que haya gustado. Muchas gracias, Ignacio. Tienes razón con respecto a tu observación, pronto estaré editando algunos detalles para que queden más claros. Supongo que al escribirla consideré qué, si bien existe una tecnología más avanzada, el amigo de la protagonista por su situación económica no puede costearse estos dispositivos, sabiendo lo caro y difícil de conseguir por la diferencia de zonas. Saludos. July 26, 2020, 17:48
maria Cristina maria Cristina
Sin saber que en la realidad nos quieren llevar a esta Etiopía .
July 03, 2020, 20:44
Helena Nin Helena Nin
Esta bien :3
July 02, 2020, 02:37

~

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