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Vida, un humilde pensamiento.

Vida. ¿Qué es la vida? Es un concepto extraño ¿verdad? Un regalo, dicen algunos, quienes han tenido la suerte de disfrutarla. Una maldición, quienes la odian con un profundo rencor. Vivir no es más que la prolongación de una existencia. La certeza de que no estamos muertos, la sensación de que hay algo más, aparte de la nada. Una nada lúgubre y mísera. Hace mucho tiempo que vivo, hace mucho tiempo que me pregunto, ¿qué es vivir? Vivimos constantemente y nunca somos conscientes. Nunca pensamos en el final ni en el comienzo. Nada nos indica que estemos a punto de terminar, nada parece querernos arrastrar de nuevo a la inexistencia.

Vivir, una palabra demasiado banal. Se le da mucha importancia, se le da poca estima. No valemos nada pero lo tenemos todo a nuestro alcance. Todo está aquí, pero todo es polvo. Cerca, lejos. Abocados a la constante sensación de que morimos, de que fallecemos, desfallecemos en nuestro propio recuerdo. Varias conversaciones recientes me han hecho pensar que, lejos de un concepto abstracto, no sabemos nada más de la vida. De nuestra existencia. Me han llegado a decir que nuestra propia vida no nos pertenece y arrebatárnosla es, nada más, que un acto de egoísmo.

Yo soy tan responsable de mi vida como el presidente de su estado y el padre de su familia. Nadie elige por mí ninguna de mis decisiones y sin embargo estamos constantemente subordinados a las decisiones de otros que a su vez, también son meros títeres de alguien superior. Si algo tengo como elección es decidir si sigo viviendo, si muero o desfallezco dentro de mi propio recuerdo. Tengo una oscura visión de la vida pero no es odio lo que anida en mí, es una simple y llana indiferencia. Es decepción por las experiencias vividas, falta de ánimo no para continuar, sino para seguir esforzándome en encontrar algo que me haga sentir viva de nuevo.

¿Qué es la vida? La vida es un concepto abstracto. ¿Qué es vivir? Un estado. Nunca permanente, porque lo único permanente es la muerte a pesar de que ambos vengan ligados. Ya he hablado de ello, ya he expresado todo lo que siento ante la muerte y aunque haya sido algo mucho más elaborado y elegante, tengo que pedir perdón, la vida no me suscita ninguna inspiración. Se habla demasiado de la vida, se habla demasiado de vivir, de sobrevivir, de no dejarnos arrastrar y de seguir adelante. ¿Un camino? ¿Quién habló de un camino? No es un camino, es una constante sucesión de escenas sin sentido que sin querer se quedan almacenadas en nuestro recuerdo. Nosotros no pisamos la tierra, esta nos consume poco a poco y nos hunde hasta dejarnos sin respiración. Nos ahogamos en nosotros mimos aferrados a la idea de seguir viviendo. Que aburrido.

¿Por qué es siempre el polo positivo de la muerte? ¿Por qué siempre es el bien, lo feliz? Qué constante obsesión con clasificar las cosas según unas propiedades absurdas. ¿Qué tiene de bueno vivir con dolor? ¿Qué tiene de malo morir por amor? Que conceptos tan abstractos, que malsano hábito de emparejar a cada color con un determinado sentimiento. ¿El amor es rojo? ¿El odio negro? Qué diablos importa. Para mí el amor es una masa podredumbre de un oscuro color parecido a un petróleo recién extraído. La vida es una prolongación de una depresión en un estado de inconsciencia que nos aleja completamente de la felicidad. ¿Qué color tiene la vida? ¿Qué sabor? ¿Qué expresión gráfica en un oleo?

Se habla de vivir, pero no de cómo hacerlo. No se habla de la muerte, pero sí de cómo alcanzarla. Hablemos de cómo vivir, de cómo es la figura que nos aguarda al final de nuestras vidas. Pero da igual, al fin y al cabo solo se habla de lo maravilloso que es vivir, de lo feliz que nos hace la existencia, y del miedo que le tenemos a la muerte. Solo somos eso. Palabras sin sentido. Palabras sin un pensamiento y pensamientos que no nos atrevemos a expresar en palabras. Vivir es hermoso, morir, también lo es. No menospreciemos a la muerte, no nos exaltemos con la vida. Ambas son dos facetas de una hermosa existencia que a cada día se nos escapa un poco más de las manos.

10 de Junio de 2020 a las 17:57 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Cynthia Macchiato ¿Saben por qué comencé a escribir? Porque los ataques de ansiedad provocados por el nivel de mis estudios eran cada vez más frecuentes y me vi en la obligación de encontrar un mundo alternativo donde poder desahogar todos mis demonios.

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