david88s David Segura

Historia de las ideas politicas traza la evolución de las concepciones, teorías e ideas de la filosofía política, social, económica y ética de Occidente desde sus albores en la antigua Grecia hasta el presente. Esta obra expone las diversas vertientes de la reflexión sobre la sociedad humana, y muestra las distintas corrientes teóricas y doctrinales en un amplio abanico de dimensiones morales, políticas, económicas y culturales


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ARISTÓTELES






ARISTÓTELES

Aristóteles nació en la ciudad griega de Estagira, cercana al actual monte Athos, perteneciendo al reino de Macedonia (actual Macedonia griega) en el año 348 a.C.

Su padre, Nicómaco era el médico del Rey Amintas III de Macedonia, hecho que generó un estrecho lazo entre Aristóteles y la corte real. No solo su padre fue médico, sino también sus antepasados, viniendo de una familia con numerosas dinastías médicas en su haber, hecho que explica el gran interés de Aristóteles sobre la biología

Luego de la muerte de Platón, cuando Aristóteles contaba con aproximadamente 38 años, ejerció como maestro de Alejandro Magno y en el año 335, Aristóteles funda su propia escuela en Atenas, llamada el Liceo (por encontrarse situado dentro de un recinto dedicado al dios Apolo Likeios. Sus clases abarcaban amplios temas, y la mayoría de ellas solían ser dictadas en los jardines que rodeaban el establecimiento. Es por eso que sus estudiantes fueron llamados peripatéticos (itinerantes

Durante su vida, se desarrolló en numerosos campos que trascendieron la filosofía, siendo también la biología, matemática, física, metafísica, ética, política, estética, entre otros, siendo considerado una de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad clásica. Sus influencias pesaron tanto sobre el resto de la humanidad, que se considera que Ariatóteles, junto a Platón crearon el cuerpo inicial de las creencias del Pensamiento Occidental del hombre corriente (lo que hoy llamamos como sentido común).


La política según Aristóteles

Para Aristóteles el objetivo de una persona en la vida era alcanzar la virtud, para así poder lanzarse a una vida totalmente contemplativa, la cual consideraba la base de la felicidad.

En lo que respecta la política, Aristóteles considera al ser humano como un “animal político” que debe ejercer y ejerce su voz dentro de la comunidad. Para Aristóteles la política desciende de la ética. En este sentido, en la política solo tiene validez la palabra de aquella persona que mejor sepa imponer su retórica, ya que esa es la manera de imponer las leyes al resto de la comunidad y hacer que se respeten y queden recogidas en el imaginario colectivo.

Aristóteles distinguía entre 6 tipos de organización política, aunque no los consideraba como una forma de pensar abstracta, sino una forma de organización que se basa en la forma de actuar en base a casos prácticos. Estas formas de gobierno eran:

Monarquía: El poder lo ostentaba una sola persona, que era la más virtuosa.

Aristocracia: El gobierno era ejercido por unos pocos mandatarios, aquellos que demostraran ser más virtuosos.

República: Era considerada como la mezcla entre la Oligarquía (gobierno de unos pocos ricos) y la Democracia (gobierno de muchos y pobres).

Se podría decir que estas tres eran las formas políticas que Aristóteles extendió como “buenas”. Sin embargo, también añadió un reverso “oscuro” a cada una de esas formas de gobierno:

Tiranía: Sería la degradación de la monarquía, en la que una persona ejerce un poder autoritario sin tener en cuenta la ética, la lógica o la virtud.

Oligarquía: Para Aristóteles sería algo así como la expresión de la degradación de la aristocracia, es decir, el gobierno de unos pocos, pero no virtuosos.

Demagogia: Sigue siendo una palabra que hoy en día tiene connotaciones muy negativas. Para Aristóteles sería la corrupción en la democracia.

El estudio de la política siguió a partir de estos momentos las bases de los postulados iniciados por Aristóteles y, de hecho, las ideas del pensador heleno han pasado por los siglos manteniéndose como cimientos básicos para entender las organizaciones políticas.


Ética

De estas observaciones se desprenden sus grandes obras en materia política, metafísica y moral. Para Aristóteles, la ética debía fundamentarse en la persecución de la felicidad, y aunque reconoce que esta felicidad toma diversas formas de acuerdo al individuo, Aristóteles enseña que la verdadera felicidad a la que el hombre sabio debe aspirar es aquella que busca la verdad.

La ética de Aristóteles se clasifica así generalmente como una ética eudemonística o como una ética que tiene como objetivo la felicidad. Este último es, para el hombre, el resultado de la implementación de su propia naturaleza o la realización de su propia perfección. Dado este principio general, es necesario especificar que, en la práctica, diferentes hombres tienen diferentes fines para alcanzar la felicidad. A pesar de esto, Aristóteles deja en claro que ni el placer ni el dinero o el éxito realmente pueden permitir que se logre la felicidad; El único objetivo final que el hombre debe perseguir, para llegar a la verdadera felicidad, es realizar su propia naturaleza (la intelectual), luego la vida teórica y la contemplación de la verdad inteligible.

El logro de la felicidad también está vinculado a la práctica y al cultivo de las virtudes entendidas como la mitad correcta entre dos excesos y distintas en dianoético (que perfecciona el intelecto) y ético (que perfecciona la práctica).

La ética de Aristóteles no se desvía mucho de la de Platón en el sentido de que es una ética centrada en el agente, en la cual el agente moral determina la acción moral correcta. Aristóteles pensó que ninguna regla o apelación a las consecuencias podría darle a una persona pautas correctas para responder a todas las situaciones. Su punto de vista ético no se tuvo en cuenta en gran medida en el período medieval, donde se suponía que la ética tenía su base en la voluntad de Dios, y en el período moderno temprano los puntos de vista más éticos sobre la ética comenzaron a competir con los conceptos religiosos. Después de que los debates en los siglos XIX y XX no pudieron resolver los conflictos entre la ética deontológica de Emmanuel Kant y el punto de vista utilitario de John Stuart Mill, muchos filósofos comenzaron a volver a la Ética de la Virtud de Aristóteles como una buena alternativa.

Los defensores de la ética de la virtud argumentan que, dado que las teorías éticas proceden de intuiciones morales compartidas en primer lugar, las reglas o criterios universales no solo son ineficaces sino innecesarios para la persona que desea lograr una vida moralmente virtuosa en la que pueda alcanzar la felicidad plena.


Política

Las teorías políticas de Aristóteles, aunque inevitablemente fechadas, dan una imagen exhaustiva de las principales posiciones doctrinales presentes en el mundo clásico. Para Aristóteles, el hombre es un animal político y, por lo tanto, se caracteriza por una sociabilidad innata que hace de la sociedad un elemento necesario, incluso para la realización de sus propios fines.

Sin embargo, la teoría política más conocida de Aristóteles es la de las formas de gobierno; los privilegiados son aquellos que se erigen como un medio justo entre diferentes opuestos y que permiten lograr no el mejor gobierno sino el mejor gobierno, con respecto a las circunstancias específicas: la monarquía sobre la tiranía, la aristocracia sobre la oligarquía, la politeia en demagogia

LIBERTAD Y DEMOCRACIA

En el capítulo dos del libro VI de su Política, Aristóteles afirma que «el fundamento básico del sistema democrático es la libertad (pues esto se suele decir, como si sólo en ese sistema se gozara de libertad, ya que a esto aseguran que tiende toda democracia) y un rasgo de la libertad es el ser gobernado y gobernar alternativamente». En el paréntesis se puede escuchar una queja por lo bajo del maestro de Estagira... Pero lo que ahora nos interesa es que ser gobernado y gobernar alternativamente no es el único rasgo de la tan proclamada libertad democrática. Pero entonces surge una pregunta ineludible: ¿cuál es el otro rasgo? Esto también lo precisa Aristóteles: «Otro ras-go también es el vivir como se quiera: pues afirman que esto es la obra de la libertad, si es que es propio del esclavo el no vivir como quiera». Estas palabras nos ponen de manifiesto que debía de haber diversos modos de vida privada particular también en la polis y que lo propio de la mentalidad democrática era respetarlos y potenciar-

los, mientras que otras formas de gobierno solían más bien comba-tirlos y promover la uniformidad de costumbres. Si ignorásemos la distinta proporcionalidad cuantitativa y cualitativa entre la vida pú-blica y privada en la Antigüedad frente a lo conseguido en la mo-dernidad, nos equivocaríamos. Pero también caen en el error no menos perentoriamente quienes sostienen que la democracia originaria no reconocía otra autonomía que la de la participación política y consideran perverso que el sacrosanto nombre de la libertad democrática se aplique hoy al mundo de los negocios y caprichos individualistas. La libertad republicana y la liberal, lejos de oponerse en su proyecto, nacieron juntas y nunca han sobrevivido sino de esa manera.


VENTAJAS Y DESVENTAJAS DEL AMOR PROPIO

En este marco debemos entender el amor propio como filautía de la que habló Aristóteles, o sea, el afán de llegar a ser lo que es recomendando por el oráculo, la búsqueda de la excelencia y la plenitud, el desempeño en lograr la vida buena según lo posible y razonable, la consideración teórica y norma práctica de lo más conveniente, la mejor estrategia de resistencia frente al cerco de la muerte, la procura del gozo y de la serenidad, el egoísmo ilustrado.

En el libro IX de su Ética, el estagirita constata que son dignos de censura aquellos individuos que sobre todas las cosas se aman a sí mismos, considerando vergonzoso ese sentimiento. A propósito de eso señala: «Parece que el hombre vil lo hace todo por amor a sí mismo, y tanto más cuanto peor es —y así se le reprocha que no hace nada sino lo suyo—, mientras que el hombre bueno obra por lo noble, y tanto más cuanto mejor es, y por causa de su amigo, dejando de lado su propio bien». Aristóteles está en contra de este criterio. Es cierto que la utilización del término a manera de reproche puede aplicarse a aquellos que «participan en riquezas, honores y placeres en mayor medida de lo que les corresponde», algo que apetece a la mayoría. Pero «aquel que se afana sobre todas las cosas por lo que es justo, o lo prudente, o cualquier otra cosa de acuerdo con la virtud», ése es el más amante de sí mismo. Además, es aquel que en general «toma para sí mismo los bienes más nobles y mejores y favorece la parte más principal de sí mismo». Quien siga ese camino «será un amante de sí mismo en el más alto grado, pero de otra índole que el que es censurado, y diferirá de éste en tanto en cuanto que el vivir de acuerdo con la razón difiere del vivir de acuerdo con las pasiones, y el desear lo que es noble difiere del deseo de lo que parece útil»

La forma de vida de este amante de sí mismo, en caso de gene-ralizarse, sería lo más beneficioso para la comunidad: «Si todos los hombres rivalizaran en nobleza y se esforzaran en realizar las acciones más nobles, entonces todas las necesidades comunes serían satisfechas y cada individuo poseería los mayores bienes, si en verdad la virtud es de tal valor». De ahí que «todas estas cosas puede aplicárselas cada cual, principalmente a sí mismo, porque cada uno es el mejor amigo de sí mismo y debemos amarnos, sobre todo a nosotros mismos». Estas sugerencias tienen, desde su misma formulación, limitaciones, porque, mientras el bueno se guía por la razón, el malo lo hace por las pasiones: «De acuerdo con esto, el bueno debe ser amante de sí mismo —porque se ayudará a sí mismo haciendo lo que es noble y será útil a los demás—, pero el malo no debe serlo porque, siguiendo sus malas pasiones se perjudicará tanto a sí mismo como al prójimo»

En alguna ocasión, analizando el tema del arte de vivir, me he referido a lo refrescante de recordar los titubeos y precauciones de Aristóteles en un texto fundacional como Ética a Nicómaco, cuyo ri-gor realista difícilmente guarda parentesco con ningún relativismo posmoderno. Recordaba sobre todo cuando dice «que hemos de actuar según la recta razón», ya que «es un principio común y que damos por supuesto... Quede convenido de antemano, sin embargo, que todo lo que se diga de las acciones debe decirse en esquema y no con rigurosa precisión; ya dijimos al principio que se ha de tratar cada caso según la materia, y en lo relativo a las acciones y a la conveniencia no hay nada establecido, como tampoco en lo que se refiere a la salud.Y si la exposición general ha de ser de esta naturale- za, con mayor razón carecerá de precisión la de lo particular, que no cae bajo el dominio de ningún arte, ni precepto, sino que los mismos que actúan tienen que considerar siempre lo que es oportuno, como ocurre también en el arte de la medicina y en el del piloto

Para Aristóteles, la política es el prototipo de toda capacidad hu-mana, ya que su objetivo es la vida feliz y digna de los ciudadanos. La finalidad del Estado es la promoción de la virtud y también la felici-dad de los ciudadanos. En ese sentido, la política es la continuación y la culminación de la ética, es la ciencia del bien más deseable y de los medios para obtenerlo: la vida noble. Para Aristóteles, creerse feliz es afirmar una intensidad positiva suprema, estable e invulnerable. No hay felicidad en el desasosiego de perderla. Por tal razón, la felicidad es un momento del pasado, donde ya nada ni nadie nos la puede quitar, o el futuro, cuando aún nada ni nadie la amenaza. El presente, en cambio, está demasiado expuesto a las eventualidades como para transformarse en algo tan maravilloso. Cualquiera es capaz de afirmar convencido que ha sido feliz. Aristóteles no concede otra felicidad que la que se predica de alguien cuando ya ha muerto y por tanto está totalmente a salvo de perderla. Muchos son los que aseguran que esperan ser felices, y muy pocos los que se atreven a asegurar que ahora mismo lo son...

SER VIRTUOSO, ¿QUÉ SIGNIFICA? ¿Dónde situar las virtudes? Aristóteles piensa el mundo de la acción humana como un lugar donde es tan malo ir demasiado lejos como no hacer lo suficiente. Al mismo tiempo, es malo ser valiente, sin medir ningún tipo de riesgo, ya que nos convertimos en temerarios y morimos en la primera de las empresas que afrontamos. Pero tampo-co es bueno ser cobarde, pusilánime y no atreverse a hacer lo que exigen ciertas circunstancias, quedando paralizados y superados por los hechos. Por lo tanto, Aristóteles cree que las virtudes están en una especie de justo término medio entre el exceso y el defecto, en un campo o un área determinada de acción. ¿Cómo podemos aprender cuál es ese término medio? Para Aristóteles, no se halla sólo en defi-niciones de tipo teóricas. Tenemos que verlo en la práctica, puesto que la ética tiene que relacionarse con ella, para buscar el modelo de nuestras acciones. Hay que fijarse en los excelentes, en los magnífi-cos. Es decir, cuando me pregunto qué es el coraje debo pensar en quién quisiera yo tener a mi lado en un momento de peligro. Aquel en quien pienso es el que me puede indicar cuál es la dimensión del coraje, porque esa persona es un valiente. Si yo me interrogara sobre la generosidad, pensaría en a quién recurriría si estuviera en un apuro, si necesitara alguien que me apoyase, que me acompañara, que me prestara dinero o lo que fuese. Ese individuo en el que pienso es el generoso. El es quien puede enseñarme en qué consiste la generosi-dad. En otras palabras, la reflexión sobre la acción de la virtud no es meramente teórica, sino que busca modelos en la vida práctica.

Como ocurre en el caso de Platón, es imposible caer en la exa-geración al hablar de la gran influencia que Aristóteles ha tenido en los siglos posteriores. Podemos decir que intelectualmente venimos de él, porque además de aportar una serie de elementos que todavía hoy seguimos utilizando cuando hablamos de sustancia, de accidente, de potencia, de acto; o del mecanismo lógico cuando repasamos los silogismos o las conclusiones que se sacan de una premisa.8 Todo esto nos lo ha brindado Aristóteles. Una extraordinaria caja de he-rramientas conceptuales que seguimos utilizando; que primero se vieron en su discurso en griego, después se tradujeron al latín, luego a cada una de nuestras lenguas y hoy ya manejamos esos términos como si fueran algo dado, como si fueran comunes, evidentes por sí mismos, cuando todos ellos aparecen en la obra de Aristóteles, quien además tenía la genialidad de brindar definiciones precisas y de montar y desmontar las piezas del gran rompecabezas mental, pasando por el análisis. Es decir, de la separación de las partes a la síntesis, la reconstrucción de los diversos elementos de un razonamiento, de un planteamiento discursivo. Por supuesto, aunque todo eso sigue vi-gente, inevitablemente han cambiado gran cantidad de cosas. La ló-gica, de la que Aristóteles fue el gran organizador (y a la que presentó no como una ciencia, sino como una preparación para las ciencias, un instrumento, un órganon9 que servía para reconocer formas válidas e inválidas del pensamiento) ya no es propiamente la aristotélica como lo fue durante siglos, sino que hoy ya tenemos otros tipos de lógicas, más formales, basadas en principios diferentes. Pero la base lógica, lo que todavía la mayoría de los profanos entendemos como «razonamiento lógico», es y deriva de lo que planteó Aristóteles. La ciencia ha avanzado una enormidad y ya no responde a lo que planteó el filósofo. Pero el vocabulario, los temas, las intuiciones que él creó todavía siguen vigentes. Valga una prueba de hasta qué punto podía ser un científico minucioso y exacto: es evidente que en su obra existen errores sobre algunos temas, como en las de cualquiera. Sin embargo, en uno de sus libros afirma que existen unos peces que hacen nidos. Durante mucho tiempo se consideró esa afirmación una de esas equivocaciones que incluso un genio como Aristóteles podía cometer. Pero a comienzos del siglo xx, en unas pequeñas islas jonias, se encontró un tipo de pez que hasta entonces era desconocido y que efectivamente hacía unos nidos semejantes a los que describía Aristóteles con las hojas de los árboles que caían al agua. De modo que hasta ese punto, Aristóteles todavía puede dar sorpresas al cabo del tiempo. En el campo conceptual, su magisterio continúa hasta hoy intacto.

10 de Julio de 2020 a las 04:03 0 Reporte Insertar Seguir historia
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