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El túnel

Había perdido la noción del tiempo, no era consciente de las horas que llevaba caminando en la más absoluta oscuridad. No sabía donde ponía los pies y la palabra espacio ya no tenía el menor sentido. Desconocía si el lugar donde se encontraba era ancho o estrecho, lo único verdadero es que era largo y cerrado, puesto que podía oír el eco de sus pasos.

Cuando estaba a punto de abandonar aquella caminata sin sentido y sin objetivo la vio. La luz, allí delante. Era solo un punto ante sus ojos pero fue su motor y su esperanza, su meta.

Clavó la mirada en ella y aceleró el paso, ¡por fin tenía un destino!

Conforme se acercaba, la luz iba creciendo de tamaño hasta convertirse en una salida, o eso creyó.

Y efectivamente, se trataba de un orificio lo suficientemente grande como para pasar por él. Así que, como solo le faltaban unos metros, corrió, corrió poniendo en está acción todas sus ganas, sus últimas fuerzas. Ya casi podía distinguir una calle atestada de gente que paseaba.

En la recta final, dio un salto vaciando sus pulmones y contenido la respiración para llenarlos con el aire fresco del exterior.

Entonces su cara choco violentamente y la fuerza del impacto lo dejó sentado en el suelo. Un grueso e impoluto cristal cerraba el agujero. Veía el exterior pero nadie parecía verle a él. Gritó, golpeó sin resultado alguno.

Y allí se quedó, con la cara pegada al vidrio como un niño ante el escaparate de una pastelería, mientras gruesos lagrimones rodaban por sus mejillas.


3 de Junio de 2020 a las 17:29 0 Reporte Insertar Seguir historia
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