danae13 Daniela Corzo

Suzanne estaba completamente segura de que las sirenas existían, luego de vivir una experiencia sobrenatural a los siete años. Es por eso, que dedicó cuatro años de su vida a recorrer los mares en la búsqueda de aquello seres. Pero a veces, cuando los deseos se tornan en obsesión, no hacen más que destruirte. ¿Qué pasará cuando Siena aparezca de nuevo en la vida de Suzanne?


Cuento Todo público.

#fantasia #sirenas #cuento
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SIENA

Siena,

Siena, de belleza imperturbable y sonrisa cautivadora.

Siena, cuya mirada seduce y labios estremecen.

Siena, tan alegre como mordaz, tan dulce como peligrosa.

Siena, cuyas olas se mezclan entre sus curvas, y seducen al enemigo.

Siena, cuál hermoso canto, y melodiosa voz, han dejado sordos a los marineros; e hipnotizado a sus herederos.

Siena, ladrona de las almas puras, y aprisionadora de pensamientos.

Siena, cuya soledad ha provocado depravados propósitos.


El mar estaba embravecido ese día, las olas hacían una danza entre volteretas y saltos. Las gotas salpicaban a los marineros, que celebraran un evento en la cubierta.

Los ojos de Suzanne estaban perdidos en tan majestuosas olas, lo que la llevó a pensar en ella; tenía la esperanza de que hoy la encontraría.

Esperaba que no tardaran demasiado en llegar a la Isla, estaba cansada de navegar.

Ésta vez, se habían tardado diez días en llegar a tierra. Ansiaba sentir el suelo firme bajo sus pies, el viento agitando su pelo castaño mientras se bebía una piña colada, o el sol tostando más su piel canela.

Últimamente, comenzaba a cuestionarse el por qué había iniciado ese viaje en primer lugar.

Hoy se cumplían cuatro años.

Cuatro años desde que empacó sus cosas prometiendo no regresar hasta que le hallara sentido a lo acontecido aquel día. Su madre había llorado y suplicado, mientras su padre la veía sobre sus anteojos y le recalcaba que si salía por esa puerta contra su voluntad no regresara jamás.

Al principio, se cuestionó lo que hacía, preguntándose si realmente valía la pena. Era solo una corazonada, después de todo. Mezclada con un recuerdo borroso de su niñez.

Recordaba estar navegando en el yate de su abuelo, con su padre frente al volante. Cuando los delfines saltaron, ocasionándole un susto de muerte, que provocó que perdiera su sombrero y que su padre soltara una fuerte risotada. Ella se echó a reír también, hasta que el yate se agitó fuertemente debido a una fuerte oleada. El padre de Suzanne hizo una mala maniobra, lo cual la hizo perder el equilibrio y caer al mar. Para entonces, no era tan buena nadadora como lo era ahora, lo que hizo que se asustara y entrara en pánico. Comenzó a hundirse entre las aguas saladas y sintió que algo le golpeaba por la espalda. Al ver al lindo e inofensivo delfín creyó que estaba a salvo, tomó su aleta y el delfín le ayudó a salir a la superficie.

Pero entonces, sintió que algo la tomaba del tobillo y tiraba de ella, arrastrándola de nuevo hacia el fondo del mar. Gritó con todas sus fuerzas, sin poder contener el pánico; provocando que el agua entrara hasta su garganta. Cuando abrió los ojos, vio que la criatura le sonreía y le hacía muecas, burlándose. Era una niña como ella, de ojos azul cielo y cabello azul cristalino, su piel era de un tono plateado y sus orejas sobresalían con una pequeña terminación en forma de aletas. Ella no agitaba las extremidades, pero se mantenía de pie bajo el agua. Movió sus labios rosados y Suzanne puedo escucharla como si le susurrara al oído.

“No te asustes, solo quiero jugar contigo. Me llamo Siena. Te he observado desde hace mucho tiempo y te he elegido”

Aquel ser extraño la tomó de la mano, hundiéndola un poco más.

“Ven conmigo, o sino almas inocentes han de pagar.”

Es cuando Suzanne sintió que una mano la cogía y la impulsaba con fuerza de vuelta a la superficie. El aire se le acabó y quedó inconsciente.

Despertó en el hospital, con una maquina comprobando sus signos vitales.

Le dijeron que había sufrido una contusión y que lo que recordaba era producto del trauma cerebral. Suzanne nunca lo creyó, y desde entonces estuvo obsesionada con encontrar a aquella extraña niña de orejas en forma de aletas.

En los próximos años, se escuchaban las noticias de niños desaparecidos en el mar, en distintas partes del mundo, debido a eventos misteriosos. Niños de los que nunca más se volvió a hallar rastros.

A los 18 años, Suzanne emprendió aquel viaje por los mares, como parte de una investigación sobre las especies del océano de una universidad local. Recorrió todos los continentes, con su equipo de buceo.

Siempre era la primera en ofrecerse para sumergirse bajo el mar y buscar las especies más peculiares que habitaban en cada lugar.

Escuchó la voz del capitán por los altavoces anunciando que acaban de arribar en la Isla Calavera y se dirigió hacia el piso cuatro para empezar el desembarque. Allí, haciendo fila, encontró a Conor. Su compañero de aventuras.

¿Lista para una nueva experiencia? Conor le sonrió, produciendo en Suzanne un cosquilleo. Llevaba tiempo sintiéndose así respecto a él, pero no se atrevía a confesárselo. Lo había rechazado múltiples veces en el pasado, y ahora se sentía avergonzada por el rumbo que habían tomado sus sentimientos.

—Sabes que siempre lo estoy.

—Oficial, ésta es la chica más temeraria que he conocido. Se ha enfrentado a medusas, tiburones, lobos hambrientos…

—…Surfistas malhumorados y piratascompleta Suzanne con una sonrisa—. Pero hoy solo quiero relajarme.

—Pues llegaste con la persona indicada —le dice Conor.

El oficial le hace check out a sus identificaciones, registrando su salida.

La pareja baja por la rampa, aspirando el aire mañanero. Era una Isla repleta de vegetación, pero con una infraestructura elegante. Muy similar a las ciudades europeas que Suzanne visitó decenas de veces. Con la diferencia de que ésta estaba rodeada por el inmenso mar.

Se pasaron el día recorriendo la isla hasta que la hora de embarcar llegó.

—Ésta isla es preciosa, desearía poder quedarme un poco más —dijo Conor en un suspiro.

¿Te éstas poniendo melancólico?

—No me malinterpretes, amo mi trabajo. Pero no siempre es sencillo sacrificar tanto. Y menos cuando… se detiene mirándola a los ojos.

— ¿Y menos cuándo?

—Nada, no es nada —se excusa, apartando la mirada y continuando por el camino. Él notó que ella miraba el mar con anhelo—. ¿Todavía la buscas?

— ¿A quién?

Suzanne sabía a quién se refería, hace un tiempo le contó sobre aquella primera experiencia en el mar que la llevó a querer recorrerlo. Entonces la había tomado por loca, lo que hizo que no volviera a mencionarlo.

Conor esboza una sonrisa, creyéndola despistada.

—Ya me respondiste.

Cuando llegaron al puerto, repararon en un alboroto. Se abrieron paso entre la gente aglomerada, alrededor de una niña. Para darse cuenta que estaba inconsciente. Un hombre la había rescatado del agua, cuando algo la había arrastrado hasta el fondo.

—…Era algo extraño… parecía un animal pero a su vez no lo parecía…no tenía cola…era más bien humana… —desvariaba el hombre—… Pensé que la ahogaría.

Al escuchar el relato, Suzanne corre de vuelta hacia el barco, sin detenerse ante el llamado de Conor, ni ante el oficial que le pedía su identificación. Llegó hasta su cabina, y tomó su equipo de buceo, para luego subir a la cubierta.

Conor la alcanzó cuando estaba a punto de lanzarse al mar.

¿Qué piensas hacer, Suzanne? —ella no le responde. Conor la toma del brazo, intentando detener lo que entonces parecía un suicidio. El mar seguía agitado y cualquiera que se internaba en él estaba en riesgo de no regresar—. No lo hagas, no puedes bajar allí sola. Es muy peligroso.

Suzanne lo mira solo por un segundo antes de regresar su mirada al frente. Desde el mar, puede escuchar el canto de la sirena invocándola.

“Suzanne, ven conmigo vieja amiga.

Juguemos juntas, no desistas.

Si te niegas a mi condición,

de más niños serás la perdición”

Suzanne se coloca el oxígeno y salta.

Una vez dentro del mar, observa a su alrededor, hallando nada más que pequeños peces de colores. Era una visión hermosa, que nunca dejaba de sorprenderla. Pero distraerse no era el objetivo entonces, así que nada más al fondo, decidida a no rendirse.

“¿En dónde estás, Siena?”, piensa.

“Aquí, Suzanne…”

Escucha la risa de la sirena, burlándose de ella.

Gira hacia el sonido de su voz. Hallándola en medio de una intensa luz azulina, con medusas de colores moviéndose a su alrededor.

“Muéstrate ante mí, si tienes agallas”, la reta Suzanne. Ahora que sabe que puede leer sus pensamientos, está dispuesta a usarlo a su favor.

La sirena se le acerca, danzando alrededor de ella. Suzanne la ve tan risueña y alegre, que siente deseos de arrancarle los ojos, para usarlas como piedras preciosas en un collar de perlas.

“¡Suzanne! ¡Oh Suzanne! Viniste a buscarme”

“Te he buscado por años, hasta que por fin te he hallado ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué le has arrebatado la vida a inocentes?, ¿solo para que venga hasta ti?”

La sirena suelta otra irritante risa, sin dejar de girar. Suzanne puede ver que ha crecido para convertirse en una joven como ella, pero sigue teniendo la actitud de una niña.

“Lo hice porque es lo que tengo que hacer”

“¿A qué te refieres?”

“Ven conmigo, vamos a jugar”.

Toma su mano, tal cual lo hizo cuando Suzanne era niña, y la arrastra con ella hasta el fondo.

En eso, Suzanne siente que alguien más tira de ella. Voltea encontrando a Conor en su traje de buceo.

“Haz que se vaya, o más almas pagarán las consecuencias”, amenaza la sirena. Comienza a cantar, provocando que los tímpanos de Suzanne palpiten. Conor se agita de dolor, la sangre brota de sus oídos.

Suzanne le hace señas a Conor para que salga a la superficie. Éste, comprimido por el dolor, le obedece.

La sirena deja de cantar.

“Apresúrate, o no llegaremos”, le dice riendo.

“¿Llegar a dónde?”.

Suzanne la sigue, notando que de su respirador de oxígeno comienza a parpadear una luz roja, indicando que no le queda mucho tiempo antes de que se agote.

“Siena, debo regresar. Me quedo sin oxígeno”.

“No, no puedes volver. No puedes abandonarme.”

“Por favor, no sé cuánto más aguante.”

La sirena penetra sus ojos azules en ella. Le acaricia los cabellos y su piel oscura.

“Me gustas mucho Suzanne, posees un lindo cuerpo ¿Qué se siente, dime?, caminar con él sobre la tierra”.

“No es nada especial. Yo te envidio, vivir bajo el agua, en medio de estas maravillas. Nada puede ser mejor que eso”.

“Vivir en la tierra es mejor. Yo lo hice por un tiempo, hasta que el mar me llamó y me convertí en parte de él. Ahora estoy atrapada aquí”, por primera vez Suzanne siente compasión por la sirena. “Deben ser sensaciones hermosas; sentir el sol en la piel, tocar la arena con los pies, besar a un muchacho”, habla con total algarabía.

Suzanne comienza a sentir que no puede respirar.

“Te lo imploro, Siena. Déjame ir. Déjame ir o moriré”.

La sirena le sonríe, con sus labios seductores.

“Está bien, te irás. Pero a cambio debo obtener algo de ti.”

Ya sin poder respirar, Suzanne asiente. Comienza a sentir el dolor en sus pulmones y se lleva las manos a su garganta, en un intento desesperado por abrirla.

“Haré lo que sea”.

***

Los ciudadanos de la Isla Calavera se encuentran sorprendidos. Aquella tarde, se han encontrado los cuerpos de treinta niños, en las orillas del mar. Todos han sido examinados para descubrir que murieron de formas naturales, devorados por el océano. Las extrañas causas de sus desapariciones, siguen sin conocerse.

Quizás, como muchos dicen, fueron sacrificados por alguna criatura que deseaba conseguir algún tesoro a cambio.

Aquella sería la leyenda que viviría entre los marinos, por muchas generaciones.


Siena, quien ha despertado entre los humanos, dejando a la bestia entre los mares.

Siena, quien ha tomado el cuerpo de una valiente marinera, para poder hacer de las suyas.

Siena, quien camina ahora con la arena entre sus dedos, y el sol sobre su piel.

Siena, quien ha besado a su amado Conor, probando el néctar prohibido para las sirenas.

Siena, quien astutamente robó el cuerpo de Suzanne, mientras le entregaba a cambio el cuerpo de sus víctimas.

Siena, quien dejó a Suzanne nadando en el océano, condenada a una vida cómo ladrona de almas.

3 de Junio de 2020 a las 15:32 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Daniela Corzo Hola, en este perfil encontraras desde cuentos clásicos hasta novelas de misterio, suspenso y terror. Te invito a seguirme y a leerme, prometo sorprenderte con los giros en mis tramas y mi originalidad.

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