yoruphantom Yoru Phantom

Dos jóvenes con metas diferentes en la vida se ven unidos por un destino que parece ponerlos aprueba. Mientras uno desea obtener poder para ser respetado, el otro lo desea para proteger a aquellos que han puesto su fe en él. ¿Qué estarán dispuestos a sacrificar cuando sus sentimientos se interpongan? Arte Gráfico por: @JealousCartoonist


Fanfiction Juegos Sólo para mayores de 18.

#leagueoflegends #Settphelios
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Casualidad o Destino

“Estúpido niño bestia” o “Bastardo lampiño” eran peyorativos que Sett estaba acostumbrado a oír a donde quiera que fuera. Cuando era más pequeño no entendía porque la gente mayor ya fuera vastayas o humanos, lo señalaban con sus garras o dedos llamándole: Abominación. Su inocencia no fue capaz de identificar por qué le causaba tanto conflicto a los miembros de la tribu vastaya de su madre y a los noxianos con los que se codeaba su padre. ¿Por qué su simple existencia parecía alterar a quien lo viera? ¿Acaso el ser diferente era algo malo? Las constantes miradas despectivas y habladurías le herían y aunque su madre lo consolaba; sabía que en el fondo que aquello también le afectaba. Esto por supuesto le tenía sin cuidado a su padre, quien parecía más preocupado por su carrera de luchador del foso que en el bienestar de su propia familia, por eso cuando desapareció sin decir nada dejándolos a su su suerte, un odio por su progenitor se gestó en él y esto, aunado a la constante discriminación y acoso del que era víctima hizo de él una persona insensible y violenta. Una vez que vio las luchas del foso entendió que las personas solo razonaban a través de la violencia; solo seguirían al más fuerte. Entonces, él sería el más fuerte de todos, se convertiría en EL JEFE de la arena.

Para lograr su cometido, se dedicó a fortalecer su cuerpo mestizo en el bosque. En las calles de la pequeña ciudad donde vivía ya no existían chicos de su edad que no hubiera derrotado y humillado; hacía un tiempo que sus acosadores habían desistido de enfrentarse a él y ansiaba batirse en la arena con los luchadores expertos pero antes de ello, debía asegurarse de ser lo suficiente fuerte para no ser derrotado. Una sola derrota implicaría un problema para la reputación que comenzaba a construirse, debía ser invencible. Por ello, con la excusa de conseguir empleo para ayudar a su madre, se iba lejos de casa para adentrarse al bosque y derrotar algunos bichos para vender sus pieles. Así entrenaba y conseguía dinero para llevar regalos a su madre que tanto amaba.

Un día mientras intentaba escalar un árbol de gran tamaño hasta lo alto de su copa, le pareció escuchar detrás de él, escondido tras los arbustos, una voz. Pensó que tal vez se trataría de alguno de los chicos que había enfrentado y lo había seguido desde la ciudad hasta el bosque para vengarse de él. Le daría una lección ejemplar para que cualquiera que tuvieran la misma brillante idea se lo pensaran dos veces. Se acercó sigilosamente para tomarlo por sorpresa cuando entre los arbusto el brillo del filo de una espada abanico muy cerca de la punta de sus orejas, apenas y había alcanzado a reaccionar para evitar que lo cortara. Sett furioso aprovechó el descuido de su atacante y metió su brazo al arbusto para jalarlo hacia él y darle un cabezazo que lo desoriento. Su agresor soltó su espada pero se asió de él y cayó de espaldas para levantarlo con su pierna y mandarlo a volar. Así habría sucedido de no ser que Sett antes de salir despedido se sujetó de su pierna y lo jaló junto con él, haciendo que ambos cayeran rodando hasta una zanja cercana. La caída fue estrepitosa, primero cayó Sett de espaldas, quien resintió el golpe pero la peor parte fue cuando el chico que lo había atacado cayó sobre él, quedando cara a cara. Ambos chicos quedaron vapuleados y les tomó un segundo recomponerse, el primero fue Sett que aprovechó para empujar al chico a un lado y se giró para ponerse sobre él e inmovilizarlo.

—¡¿Quién diablos eres?! ¡Contesta maldito!— le gritó el joven mitad vastaya mientras lo examinaba. No le parecía conocido pero quizás era pariente de alguno de los chicos que había golpeado la última vez.

El joven tenía una tez clara y su complexión era delgada, a Sett le sorprendió que a pesar de ser tan delgaducho había tenido la fortaleza para levantarlo en vilo y lanzarlo por los aires. Su rostro no era para nada varonil, era ovalado y tenía un extraño tatuaje de luna creciente que cruzaba desde la ceja de su ojo derecho hasta por debajo de sus labios; de no ser por su cabello corto y oscuro y su pecho plano, Sett podría haberlo confundido con una chica.

Sett aguardo por una respuesta pero el muchacho no se dignó en mirarlo, al contrario ladeo su rostro y lo ignoró. Aquello molestó de sobremanera a Sett, lo que más odiaba era que lo tratarán como alguien inferior. Así que tomó el rostro del muchacho y lo obligó a mirarlo.

—Escucha maldito, si vas a atacarme al menos dime tu nombre. Quiero saber a quién le voy a partir la cara— gruñó el chico muy cerca de su rostro y le mostró sus colmillos.

—Me llamo Aphelios —contestó finalmente el chico.— ¿Puedes quitarte de encima o planeas quedarte ahí para siempre?

—Depende de tu siguiente respuesta ¿Por qué me atacaste?— preguntó el muchacho.

—Pensé que querías atacarme, sentí tu sed de sangre. Así que ataque primero— explicó Aphelios.

—¿Qué? Yo no buscaba pelea— explicó Sett— Al menos no esta vez—agregó pasándose una mano sobre el cabello— Como sea, yo estaba entrenando y tú me interrumpiste.

—Puff, a eso llamas entrenamiento— se burló Aphelios desde el piso. —En mi hogar a eso le llamarían estar perdiendo el tiempo.

—Bueno, yo no soy el niño con rostro bonito que está en el piso—Soltó Sett.

Un incómodo silencio se apoderó de ellos mientras se miraban con altivez, finalmente Sett lo liberó y se sacudió las hojas secas que se habían pegado a su ropa.

—Bah, no pienso perder mi tiempo contigo. Tengo mejores cosas que hacer— dijo Sett dándole la espalda.

Aphelios se sentó en el piso y también se sacudió el polvo que se había adherido a sus ropajes. Al principio, había confundido al chico vastaya con algún miembro de los Solari, su clan le había advertido que en su viaje de entrenamiento enfrentaría algunos peligros y que incluso, tal vez encontraría asesinos Solari que intentarían acabar con él. Por eso, en cuanto percibió la sed de sangre del chico, pensó que se había encontrado con alguno de esos asesinos de los que le habían advertido. De haberlo visto antes, tan solo lo hubiera ignorado y continuado con su viaje pero ahora que había peleado contra él, se había dado cuenta que aunque el chico no tenía técnica,era bastante fuerte y tal vez le serviría como un adversario para practicar lo que había aprendido durante su viaje.

—Espera— le dijo Aphelios poniéndose de pie.

—¿Qué quieres?— dijo Sett girándose hacia él.

—Quiero volver a pelear contra ti— le pidió Aphelios caminando hacia él.

Sett alzó una ceja confundido y luego se cruzó de brazos.

—¿Y qué gano yo con eso?— preguntó Sett tratando de aparentar que no le interesaba pelear nuevamente contra él. Lo cierto, es que se sentía emocionado. No conocía ningún chico de su edad que pudiera hacer lo que Aphelios había hecho, tomarlo por sorpresa. De no ser por su extraordinaria resistencia heredada por su sangre vastayana, Aphelios le hubiera ganado en una pelea un poco más justa.

—Te harás más fuerte— Aphelios pronunció las palabras mágicas.— ¿No es por eso que entrenas? Porque quieres derrotar a alguien— agregó.

Sett lo miró y una sonrisa felina se dibujó en su rostro.

—Muy bien, Aphelios. Creo que tienes un trato— dijo el mitad vastaya estrechando su mano.

Durante el resto del día, Aphelios hizo ejercicios de calentamiento con Sett y le enseñó cómo mejorar su postura para que cada golpe que diera, aprovechará el impacto de sus puños al máximo. Cada que Sett no lo hacía correctamente, él lo golpeaba con la funda de su espada hasta que la piel del chico quedó marcada por varios moretones.

—¡Lo estás haciendo a propósito! ¡¡¿Verdad maldito?!!— gritó Sett al vigésimo golpe mientras intentaba mantener la postura que Aphelios le había indicado.

—Claro que no, chico bestia. Pero tienes una terrible postura al pelear. Cómo eres tan torpe siendo así de fuerte—se quejó Aphelios.

—Oye, no me llames así— dijo Sett bajando la cabeza. Odiaba que le llamaran de esa forma, le recordaba a sus años de infante cuando era débil y llorón.

—Cómo quieres que te llame si nunca me dijiste tu nombre— masculló Aphelios sentándose en un tronco cercano.

En ese instante, Sett cayó en cuenta que no se había presentado y bajo sus orejas apenado. Aphelios le causó gracia aquello. El chico vastaya grande y musculoso era tan fácil de leer a través del movimiento de sus pequeñas y pelirrojas orejas de origen animal en la parte superior de su cabeza. De cierta manera, era algo inocente para un chico que no dejaba de soltar maldiciones cada 3 segundos y mantenía el ceño fruncido constantemente. Aphelios se sintió relajado a su lado y por un momento, olvidó el propósito de su viaje. Nunca había tratado con chicos de su edad y no tenía más amigos que su hermana Alune. Su clan lo había entrenado para ser un asesino experto y el viaje en solitario tenía como finalidad forjarlo para las futuras batallas que tendría que librar contra los Solari. No había tiempo para ser un niño, su clan necesitaba un guerrero, un asesino de sangre fía. Lo entendía, pero por un breve instante, ansiaba tan solo ser un chico como cualquier otro.

—Sett. Mi nombre es Sett — se presentó finalmente el chico mitad vastaya y se sentó a un lado de él.

—Bueno Sett, dejemos el entrenamiento para mañana, ya casi anochece y debo buscar donde quedarme, también algo para comer. Mañana veámonos aquí—dijo Aphelios parándose arriba del tronco y luego bajó de un brinco para alejarse caminando.

Sett miró Aphelios con curiosidad, sin duda era fuerte, tanto para hacerle frente pero él conocía ese bosque como la palma de su mano. Había pasado algunas noches cazando y fortaleciéndose; sabía que ese lugar, durante la noche era visitado por ladrones y violadores. Con ese rostro tan poco viril que tenía el chico con el tatuaje de luna sin duda atraería la atención de esos pervertidos.

—Oye— pronunció antes de que pudiera pensar por qué se sentía preocupado por un chico que recién estaba conociendo.

Aphelios volteó a verlo y fijó su atención en sus orejas, no podía evitarlo; aquello era tan simpático.Se preguntó en silencio si las orejas de Sett serían tan suaves como se veían.

—Sígueme, me quedo cerca de aquí— Dijo Sett apuntando con su pulgar detrás de él y sin esperar su respuesta, comenzó a andar.

—Eres inesperadamente amable— pronunció Aphelios con una sonrisa.

—Tú también cuando no intentas matarme—añadió Sett.

Ambos chicos rieron. Sett no recordaba la última vez que se sintió cómodo con alguien que no fuera su madre, nunca había convivido con chicos de su edad, al menos no de la manera adecuada. Sus únicas interacciones era aporrear sus nudillos contra la cara de esos bastardos que osaban llamarlo “Mestizo” o “Chico bestia bastardo”. Nunca había tenido amigos y tampoco era como si los necesitara. Estaba acostumbrado a estar solo y que lo odiaran; no le importaba. Su meta era ser respetado y también, temido. Pero Aphelios lo trataba como un igual, reconocía su fuerza e incluso deseaba enfrentarlo nuevamente a tal grado que le enseñaba cómo aprovechar su fuerza al máximo. A él no le importaba su origen o quizás ni siquiera dudaba que fuera un vastaya impuro. Como fuera, Sett se sentía bien a su lado, era agradable no tener que estar a la defensiva y aunque no quisiera admitirlo, era bueno escuchar otra voz aparte de la suya.

—Llegamos— anunció Sett frente la cueva de un oso.

Aphelios volteo a verlo confundido.

—¿No es peligroso? Podría haber un oso adentro— comentó preocupado.

—¿Por qué? ¿Acaso tienes miedo?— Preguntó Sett malicioso cruzándose de brazos.

—¿Por qué debería estarlo?— preguntó serio el joven.—En Monte Targon hay criaturas peores.

—¿Monte Targon?— preguntó Sett curioso. — ¿Qué eso no está al otro extremo de Runaterra?— Y luego como si entendiera lo lejos que estaba cayó en cuenta de todo lo que había viajado Aphelios por si solo

—¡¡¿Viajaste desde Monte Targon?!!— preguntó casi en un grito.

Aphelios no contestó a sus preguntas. Había cometido un error garrafal al contarle a Sett sobre su verdadero origen. Era la primera vez que se dejaba llevar por provocaciones y se sintió avergonzado. Aquel descuido podría haber costado el exponer donde se ocultaba su clan. Sett analizó su rostro y vio como estaba empañado por la preocupación.

—No tienes por qué angustiarte, no le diré a nadie. — dijo como si hubiera adivinado sus pensamientos y el rostro de Aphelios se relajó.

—Te contaré algo sobre mí para quedar a mano— dijo Sett y se sintió nervioso con lo que iba a pronunciar. —Yo no soy un vastaya de sangre pura, mi padre es noxiano y mi madre es una vastaya. Soy un mestizo, espero que no te incomode compartir la cueva con un “niño bestia bastardo”.

Aphelios miro de abajo para arriba a Sett. Si no le hubiera dicho acerca de su origen habría pensado que era un vastaya hecho y derecho. En Monte Targon casi no había visto a aquellos seres pero sabía que una de sus características principales eran tener elementos animales, los había de muchos tipos e incluso tenían tribus. Algunas casi extintas por el robo de magia salvaje en el ambiente; sin magia, los vastayas morían. Lo mismo sucedía con los Lunari, obligados a vivir entre las sombras por ser considerados traidores; una vida de exilio. Tal vez él y Sett eran más parecidos de los que ambos creían.

—¿Qué tiene de malo que seas un mitad vastaya o un mitad humano?— preguntó Aphelios como si reflexionara consigo mismo.— Las personas creen que tienen el poder de juzgar lo que es bueno o malo, nunca piensan como sus creencias y ambiciones lastiman a otros. Todo lo que es diferente a ellos lo odian y buscan erradicarlo—

Sett se dio cuenta por cómo se expresaba Aphelios que hablaba de sí mismo, tal vez él no era el único que se sentía fuera de lugar.

—Oye— dijo Sett posando su mano sobre la cabeza de Aphelios — Estás llorando.

El lunari no se había dado cuenta que había un rastro de lágrimas en sus ojos. Durante mucho tiempo se había obligado a guardar su dolor y frustración, primero frente a Alune y luego, frente a su tribu. Ahora estaba ahí sacando todo frente a un extraño; se sintió apenado. Limpió rápidamente su rostro con la manga de su camisa y le dio la espalda a Sett.

—Lo siento, me entró una basura en el ojo— trató de excusarse.

Sett lo miró y fue como mirarse así mismo tiempo atrás. Aquello le hizo tener simpatía por el chico y quiso animarlo un poco.

—Ajá, basura...—repitió Sett no muy convencido y revolvió con suavidad los cabellos de su cabeza.— Verás, cuando me siento mal, mi madre hace esto y me hace sentir mejor. Aunque tienes suerte, yo no tengo garras como ella, así que no te dejaré arañazos.Ella luego puede ser un tanto tosca—explicó el musculoso chico con una amplia sonrisa.

Aphelios hundió su cabeza entre sus hombros ante la tosca caricia de Sett y trató de apartarlo con suavidad.

—Bien— dijo Sett y avanzó hacia la cueva.— Como te he consolado, te toca a ti cocinar.

—¿Eh?— pronunció Aphelios confundido.

En realidad, Sett no sabía cocinar nada, tan solo asaba todo lo que cazaba y así se lo comía siempre. En su interior, deseo que Aphelios supiera cocinar algo casero como lo que le preparaba su madre cuando estaba en casa. Se le antojaba algo rico que cenar para variar.

Los chicos no tardaron en acomodarse dentro de la cueva. Sett traía suficiente herramientas útiles para hacer sus viajes al bosque un poco más cómodos. Con el dinero que había ganado con la venta de pieles y en las peleas clandestinas en las que se metía, había ahorrado los suficiente para hacerse de un modesto equipo para acampar al aire libre. Aphelios también tenía algunas cosas en su mochila de viaje y mientras Sett despellejaba los conejos que había cazado por la mañana, el Lunari recolectaba algunas especias y hongos no venenosos para intentar recrear el guisado que Alune le preparaba. Para suerte de ambos chicos, Aphelios había aprendido a cocinar antes de partir de viaje; su hermana había insistido en ello para que comiera adecuadamente durante su viaje. El chico pico con un cuchillo la carne y algunos vegetales y luego, tomó algunas hierbas de su mochila para sazonarlo; un dulce aroma salió de la cacerola en la que preparaban su comida.

—Esto huele delicioso ¿Cómo es que lo llamas?— preguntó Sett aspirando el olor a través de sus fosas nasales mientras señalaba el contenido de la cacerola con su dedo índice.

— Mmmm mi hermana solo lo llama guisado— dijo el chico revolviendo con suavidad los ingredientes.

—¿Tienes una hermana?— preguntó curioso el joven mitad vastaya.

—En realidad, es mi hermana gemela. Su nombre es Alune—comentó el chico absorto en su tarea.

—Oh ya veo— dijo Sett recostándose en el piso de la cueva y apoyó su codo para recargar su cabeza en la palma de su mano. — Entonces, ella debe ser bonita— inquirió.

—¿Eh?—expresó Aphelios confundido.

—Si es tu hermana gemela, supongo que ambos se parecen ¿no es así?— explicó Sett un poco abochornado moviendo sus orejas con nerviosismos ante la mirada atónita de Aphelios.

Un incómodo silencio se apoderó de ambos chicos y sus rostros se tiñeron de rojo.

—¡¿Qué tiene?!—.gritó Set sentándose nuevamente y sosteniendo su cabeza para aplastar sus orejas. — No conozco muchas chicas, la mayoría me ve como si fuera un monstruo y si es tan bonita como tú, me gustaría conocerla.

—¿Bonita como yo?— repitió Aphelios cabizbajo. —¿Piensas que soy “bonito”?—

Sett se dio cuenta de su terrible error y trató de enmendarlo

— A lo que me refiero, es que tienes un rostro muy atractivo y tus ojos son...lo que quiero decir… es que tu cabello es...—

Aphelios se dio cuenta que entre más hablaba Sett, más se hundía en un hoyo de desesperación; intentaba ocultar su vergüenza haciendo ademanes exagerados. Sus orejas subían y bajaban de forma nerviosa. Pensó que tal vez, como él, Sett tampoco tenía practica hablando con otros. Además, no era la primera vez que él escuchaba que su rostro era bello, algunos miembros de su tribu decían que él poseía el rostro de su difunta madre, que era mucho más parecido a ella que Alune. Por ello, cada que veía su reflejo, se sentía feliz imaginando que en sus facciones aún quedaban rastros de su madre.

—Tranquilo no pasa nada— dijo Aphelios colocando la palma de su mano sobre la cabeza de Sett y revolvió sus cabellos con suavidad. Justo como él había hecho antes.

Sett se quedó tieso ante su contacto. Un escalofrío le recorrió desde la rabadilla hasta la punta de sus orejas y se quedó completamente callado ante la caricia del chico. Aphelios rió quedamente y sonrió feliz; por fin había tocado las pequeñas orejas de Sett . Eran tan suaves, justo como las había imaginado.

Sett intentó decir algo cuando Aphelios se dio cuenta que ya estaba lista la comida.

—Creo que ya está —le informó el chico y tomó un cuenco para servirle. —Espero que sepa bien.

Aphelios le extendió su porción a Sett y éste la tomó sin poder olvidar lo que recién había sucedido. Trató de tranquilizarse concentrándose en lo que tenía delante de él, sin más, probó una cucharada del guisado. Sus sentidos se vieron invadidos por el sabor de los vegetales y la carne de conejo, eso fue más que suficiente para olvidar todo y entregarse a la glotonería. Ambos chicos comieron hasta saciarse y se recostaron en la tierra en sus bolsas de dormir alrededor de la fogata que habían empleado para cocinar su comida.

—Eso estuvo delicioso, Phel— dijo Sett feliz desde su bolsa sobando su abdomen.

—Me alegro que te gustara, no estaba seguro si saldría como el que mi hermana prepara— confesó el chico mirando el techo de la cueva pensativo. Sett recién lo había llamado Phel y le agradó, Alune también lo llamaba así.

—Tienes que enseñarme,mi madre se sorprendería si un día llegó y le cocino algo así. —

— ¿Cómo es ella? ¿Se parece a ti?—preguntó Aphelios.

— ¿ Mi ma? No, para nada, ella es super hermosa; no sé cómo le hizo mi viejo para que ella se fijara en él. Tiene un hermoso cabello y es bastante femenina. Es delicada como una flor pero eso sí, no la hagas enojar porque hasta yo salgo huyendo— rió Sett al recordar las veces que su madre lo había regañado por haberse peleado con otros chicos.

—Debe ser agradable, tener alguien así— comentó Aphelios con nostalgia. — Yo nunca conocí a mis padres. Mi madre murió a darnos a luz a mí y a Alune y mi padre, fue asesinado por los Solari. La única familia que tengo es Alune y mi tribu.

—Ella tiene suerte de tenerte. La familia lo es todo...— dijo Sett y se envolvió entre sus mantas para dormir.—Cuando no tienes un lugar al cual pertencer.—agregó en un murmullo.

A la mañana siguiente, Sett fue el primero en despertar, se desperezó y fue al río a lavarse la cara. Restregaba las palmas de sus manos sobre su rostro para despabilarse cuando sus sentidos les advirtieron que había alguien más. Por la dirección del aire, pudo calcular que no estaba muy lejos, caminaba sigilosamente hacia él. Decidió fingir no darse cuenta para tomarlo por sorpresa y cuando estuvo lo suficientemente cerca, Sett se preparó para darle un fuerte puñetazo. En cuanto se giró para golpearlo, el tipo cayó inconsciente sobre él pronunciando únicamente un quejido.

—¡¿Eh?!— expresó Sett cuando cayó al agua junto con su agresor. Al emerger, vio a lo lejos a Aphelios con un shuriken resplandeciente en su mano.

— ¿Estás bien?— preguntó el chico corriendo hacia él.

—Yo iba a encargarme de él— gruñó Sett caminando hacia la orilla y sacudiéndose el agua.

Aphelios le extendió su mano para ayudarle a salir pero Sett lo apartó de un manotazo.

—¡No soy débil, no necesito que me protejas!—Sett se encontraba molesto, no tanto porque Aphelios lo hubiera ayudado si no porque no había sido capaz de detectar su presencia. Aphelios se había ocultado de una forma tan magnífica que sus sentidos desarrollados de Vastaya no pudieron detectarlo; aquello lo hizo sentir irritado.

—...Y a propósito—dijo girándose hacia el hombre que yacía en el río.— ¿Quién es este tipo y por qué me atacó?

Aphelios se inclinó hacia el hombre y lo tomó por sus ropas para jalarlo hacia la orilla, Sett lo imitó y en poco tiempo el hombre estaba recostado sobre el pasto. Era un hombre de edad adulta, vestía una capa de color blanco y en su cuello llevaba un medallón con el símbolo del sol. Aphelios al ver el artículo, enseguida se puso a la defensiva. El hombre despertó y sacó de su talón una navaja con la que intentó apuñalarlo de no ser porque Sett intervino.

—Vaya, vaya parece que la bella durmiente despertó. Me alegra, quería ajustar cuentas contigo— dijo el chico apretando su muñeca con fuerza para que soltara el arma.

—¡Suéltame mocoso mestizo!— gritó el hombre y soltó su arma ante el fuerte agarre de Sett. Con su mano libre soltó un manotazo para golpearlo pero Sett fue mucho más rápido y estampó sus nudillos sobre su rostro.

—Maldito, no sabes quién es él… es un hereje, tiene sangre de asesinos… ¡debo matarlo!—masculló el hombre con un rastro de sangre en sus labios.

—¿Ah sí? Que interesante pero no me importa—soltó Sett con desdén.— Lo que me molesta es que un cualquiera como tú crea que tiene una oportunidad contra mí— y a continuación le dio un puñetazo tan fuerte en el vientre que lo dejó inconsciente.

—Ese fue un noqueo, “noqueo” que te levantes— se burló el chico dejándolo en el suelo.

Aphelios lo miró sorprendido.

—Tomemos sus cosas, será nuestra paga— sugirió Sett tomando el bolso del hombre y rebuscó en sus bolsillos para ver si encontraba dinero en ellos.

—Debería irme, aquí ya no es seguro— declaró Aphelios.

—Oye— dijo Sett tomándolo del hombro— ¿Qué sucede?

—Me siguieron desde Targon y no pararán hasta matarme. No quieren que complete mi viaje— le explicó el chico.

—¿Te refieres a que mandaron a tipos tan débiles como éste para matarte? Podemos encargarnos de ellos, te ayudaré—

Aphelios miró a Sett y luego contestó:

—No, está misión es solo mía. Tú no tienes nada que ver con esto,recogeré mis cosas y me iré—

Estaba a punto de dar la vuelta cuando Sett lo detuvo.

—No tienes porque hacerlo solo, te estoy ofreciendo mi ayuda, lo mínimo que puedes decir es “Gracias”—

—No— dijo Aphelios soltándose de él de forma tajante y se dirigió hacia la cueva.

—¿Crees que no soy tan fuerte como tú o ellos?— preguntó Sett siguiéndolo.

— No es eso, no debí detenerme… Fui descuidado...— se lamentó el chico.

—¡Phel! ¡Déjame ayudarte! Además qué pasó con nuestro duelo ¿Te irás sin darme un segundo round?—le instigó Sett.

—Lo lamento, de verdad. No quería involucrarte. Te doy mi palabra que algún día volveré y te lo compensaré—

Sett se cansó de perseguirlo y le cortó el paso de un brinco.

—¿Por qué tienes miedo?—Preguntó sujetándolo con ambas manos de sus hombros para mirarlo de cerca.

—¡Yo no tengo miedo!— lo empujó Aphelios para hacerlo retroceder pero el chico no se movió ni un ápice.

—¡¿Entonces, por qué huyes?!—

—No lo entenderías, así que apártate— dijo Aphelios y le dio la vuelta.

—¡Bien! ¡Entonces lárgate! ¡No me preocuparé por ti!— gritó Sett y se alejó de ahí.

Aphelios no pudo evitar darse la vuelta para ver como la espalda de Sett se alejaba. Sintió que con cada paso que daba, el breve instante que había compartido juntos se disolvía en el aire como si fuera un sueño. Podría haber aceptado su ayuda pero esa era su misión, su deber, no el de Sett. Debía demostrarse así mismo y a su tribu que era capaz de lidiar con los Solari por su cuenta. Al llegar a la cueva, guardó sus cosas en su mochila de viaje y echó una fugaz mirada al saco de dormir de Sett y las cacerolas que habían empleado para cocinar anoche. Aún recordaba como Sett le había dicho que era “bonito” y que le había gustado su comida; se sintió desconsolado. Nunca había sentido apego a alguien más que no fuera Alune y le sorprendió lo rápido que Sett había atraído su atención.

—Alune… Dame fuerza para continuar con mi misión— dijo en una plegaria posando su mano sobre su corazón.

Estaba tan absorto en sus pensamientos que no pudo prever lo que vino a continuación. Sintió un fuerte golpe en su nuca y cayó al suelo produciendo un sonido sordo; todo se volvió oscuro.

2 de Junio de 2020 a las 23:44 0 Reporte Insertar Seguir historia
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