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Gabrielle Lewis


Sinopsis: Trevor Se puede decir que mi vida últimamente es bastante aburrida y predecible, así que cuando a mi mejor amigo se le ocurre, que el fin de mi inexistente vida sexual es conseguirme un Sugar Baby, decido hacerle caso. Es así como termino colgando un anuncio en una red de citas, y como termino conociendo a el chico que me hace romper todas mis reglas. Nuestros encuentros son divertidos, de repente comienzo a disfrutar su compañía, sus ocurrencias y la sensación de plenitud que me da tener el control. Zachary Conocer a Trevor me hizo cuestionar todo lo que creía saber de mi, Su anuncio buscando un Sugar Baby se quedo en mi cabeza, no pude evitarlo y le escribí. Así comenzamos a enviarnos mensajes subidos de tono, que pronto se convirtieron en un acuerdo formal entre los dos. Sería diversión, ¿Qué podría salir mal? Sin darme cuenta cada vez fui necesitando más de él, solo había un pequeño problema. ¿Olvide mencionar que soy heterosexual?, bueno pues resulta que, para obtener un ascenso como escritor, acepte infiltrarme en el mundo de los Sugar Daddys en Nueva York. Es así como conozco a Trevor y la razón por la que entro en una relación como su Sugar Baby. No se supone que me terminara gustando y no se supone que aceptara seguir junto a él cuando acaban los seis meses de mi investigación. Pero de todas formas no hay manera que se entere de la verdad, ¿oh sí?


LGBT+ Sólo para mayores de 18.

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Trevor


Capítulo 1


Mire horrorizado a Marcus, en todos nuestros años de amistad estaba acostumbrado a sus grandes ideas sin sentido, pero definitivamente acababa de superarse a él mismo. En momentos como este, es cuando más me sorprendía que el hijo de puta fuera uno de los empresarios más importantes de la ciudad de Nueva York.

Hemos sido mejores amigos desde antes del jardín de niños, de hecho, posiblemente estábamos destinados a ser amigos antes de nacer, nuestras madres han sido inseparables desde la universidad. Fuimos juntos a la escuela, compartimos nuestra primera borrachera y cuando descubrí que iba más por el lado de los chicos, él estuvo ahí para mí. A pesar de haber tomado caminos distintos en la universidad, donde él fue por el derecho y yo por la administración, una vez nos graduamos decidimos asociarnos y crear nuestra primera empresa. Tiempo después decidimos venderla para invertir en un negocio de mayor escala. Una vez más logramos levantar esa empresa y fue en ese entonces cuando entramos en el mundo de las fusiones y adquisiciones. Gracias a las habilidades como abogado de Marcus y mis conocimientos en administración nos hicimos un lugar dentro de este competitivo mundo. Hoy día contamos con una sólida corporación que se dedica rescatar empresas al borde la quiebra, fusionamos las que son de ventaja y desmantelamos a nuestro favor las que no dan un margen de ganancias estable. Aparte de esto, poseemos una sólida cartera de acciones en múltiples empresas en el mercado nacional, lo que nos sitúa dentro de los empresarios de mayor prestigio del país.

Por tal razón me es imposible entender cómo estoy aquí, sentado en mi despacho escuchando todas las cosas sin sentido que Marcus a dicho en los últimos minutos.

Esta mañana mientras me encontraba en mi acostumbrada carrera matutina recibí una llamada de Marcus, me pidió vernos antes de nuestra reunión acostumbrada de los viernes en la mañana. Pensando que se trataba de un tema importante, ya que nunca me pedía vernos tan temprano, acorte mi carrera y llegué antes de las 8 de la mañana a la oficina.

Cuando llegue incluso me estaba esperando, lo que realmente me impresionó, pues Marcus no era especialmente madrugador. Normalmente nuestras reuniones de los viernes comenzaban después de las 10 de la mañana a menos que se tratara de algún tema de importancia. Luego de pedirle a Sarah mi asistente, que nos trajera café, me senté intrigado a escuchar que era lo tan importante que Marcus quería decirme.

“Hombre la realidad es que me impresiona verte tan temprano”, fue lo primero que le dije al sentarme.

“Anoche estuve cenando con Melissa”, tomó su café. “Lleva unos días compartiendo apartamento con su mejor amigo shane”.

“¿Esta no es otra intervención de Melissa para hacerme una cita a ciegas con shane verdad?, dije como una súplica.

“No hermano, no es ahí a donde va esto”, sonrió.

“Entonces a dónde va?, pregunté realmente intrigado.

“Me llamo la atención el estilo de su apartamento, tiene una gran variedad de cosas de última moda y una decoración un tanto elaborada”, continuo.

“¿Desde cuando te interesas por el diseño de interiores?, no pude contenerme y me burlé.

“No seas idiota, no me interesa un pepino los diseños de interiores, pero si me interesó como un estudiante universitario de clase media puede costearlo”, contestó.

“Me parece que no es asunto tuyo”, tomé un sorbo de mi café.

“Pasó a ser mi asunto cuando mi hermanita se fue a vivir ahí”, resopló. “Sabes que Melissa está decidida a llevarme la contraria todo el tiempo y no quiere aceptar que pague por sus cosas”.

“Sigo sin ver cual es el problema, pero bien”, sabía que estaba obsesionado con controlarlo todo.

“En la cena tomamos algunas copas de vino y aproveche para preguntarle a Melissa”, su expresión se torno un tanto maquiavélica. “Resulta que Shane tiene todas esas cosas por que es un Sugar Baby, ¿me sigues?”.

“¿Un sugar baby?”, ahora si estaba sorprendido.

“Sí, según la información que logre sacarle a Melissa está en una relación como Sugar baby con un importante médico de Manhattan, el le hace compañía en reuniones, cenas, eventos importantes y a cambio shane obtiene protección económica” me explico.

“¿Prostitución?”, pregunté sorprendido.

“Prostitución es una palabra muy fuerte hombre, aquí no estamos hablando de sexo por dinero”, usó su tono de voz de sabelotodo.

Terminé de tomar mi café, puse la tasa sobre el escritorio y le dije: “aun así sigo sin entender porque teníamos que vernos a primera hora, ¿no podías esperar para venir de chismoso?”.

“¿No ves?, es la solución a tus problemas de compromiso, debes tener sugar baby Trevor”, lo dijo como quien te da la combinación de los números de la lotería.

Lo miré espantado, desde hace algunos meses Marcus estaba empecinado en que la solución a todos mis problemas se resolvería si trabajaba menos y follaba más. Al principio me había parecido algo gracioso ver a mi mejor amigo obligándome a ir a clubes gay en busca de conexiones. Meses después ya no me pareció tan gracioso, de hecho, me parecía muy exasperante. Melissa su hermana menor había accedido maravillada a ayudarle y había tenido más citas a ciegas fallidas que actor de un reality show. Pero entre todas las cosas sin sentido de Marcus, esta era la mayor de todos los tiempos.

“No sé dónde traes la cabeza, pero no se me apetece dañar mi reputación entrando a ser parte de una red de prostitución”, esto realmente me enojo.

Paso sus manos por la cabeza en un gesto de pérdida de paciencia y replicó: “Un sugar baby y un prostituto no son la misma cosa”, resoplo. “Con un prostituto follas, le pagas y cada cual a los suyo. Un sugar baby es la posibilidad de tener una relación a largo o corto plazo según sé este buscando, pero basada en un acuerdo previamente estipulado por ambas partes”.

“Deja de usar tu terminología legal para adornar el asunto, se está dando dinero a cambio de sexo, en lo que a mí respecta es lo mismo”, conteste.

“En este tipo de acuerdos el sexo no siempre está presente, algunas personas solo buscan compañía, no digo que tu lo que necesitas es compañía, porque obviamente lo que más necesitas es un polvo, pero estarías sacando del medio todos los aspectos molestos de una relación a corto plazo”, continúo defendiendo su punto tan apasionado como si estuviera ante un jurado o un juez.

“¿Qué tipo de relación sería esa?, ¿Qué sentido tiene estar con alguien que solo esta contigo con dinero?, pregunté.

“Todas las relaciones están basadas en beneficios egoístas, simplemente la gente se miente todo el tiempo. Piensa detenidamente, la mayoría escoge una pareja dejándose llevar de aspectos financieros, físicos, profesiones, etc.”, su cinismo distintivo en su máximo esplendor.

Aunque no me gustaba darle la razón Marcus tenía un punto, a la hora de comenzar una nueva relación siempre en el fondo las personas tienden a ser un poco egoístas. Por otro lado, que tuviera razón en esto, no significaba que yo tuviera interés en convertirme en un Sugar Daddy, por Dios de solo pensar en esa expresión me hacía sentir como un viejo verde. ¡joder, que solo tengo 42 años!

“Tienes tu punto hombre, pero sigo sin querer pagarle a un chico veinte años menor que yo para que salga a cenar o me deje follarlo”, mi voz salió más alta de lo que tenía intención.

“No tendrías que volver a fingir ser de una forma para impresionar a nadie, por primera vez una relación te duraría más de una semana, no tendrías que excusarte cada vez que no puedes llegar porque surgió algo en la oficina y por no decir que no tendrías que estar pensando si solo quiere tu dinero.”, Prosiguió. “Lo único que tendrías que hacer es decidir que estas buscando, escoger que chico se acoge a tus gustos, concertar una cita para conocer si realmente es lo que estás buscando, se hace un ofrecimiento, se ponen de acuerdo y listo”.

“Oh sí y me preparo para salir en todas las revistas de chismes”, suspire.

“Esa es la parte en la que entro yo, preparamos un acuerdo de confidencialidad lo suficientemente estructurado para protegerte de cualquier posible situación y con un control de daños anticipado en caso de que decidas dar por terminado el acuerdo”, me dio su sonrisa encantadora.

“Realmente pensaste en todo”, me reí.

“Solo digo que deberías pensarlo, no tienes nada que perder Trevor, pierdes menos que cada vez que vas a un bar o cada vez que conoces a un desconocido en la calle sin saber que resultará de eso”, defendió su argumento.

Marcus podía ser algo insistente y como siempre estaba a punto de salirse con la suya. Tenía una gran habilidad para venderme sus ideas, así que pregunte: “¿Y que tendría que hacer?”.

“Realmente hay solo algunos detalles que discutir, tengo un modelo del acuerdo de confidencialidad, así que solo debes leerlo y hacer tus modificaciones, ya te hice una cuenta en Grindr, necesitamos poner una buena foto de perfil, redactar el mensaje de que estas buscando, rango de edad y listo” explicó.

“¿Cómo tienes todo listo en tan poco tiempo?”, pregunte.

“Digamos que investigue mucho en la madrugada e hice algunas preguntas aquí y allá a Shane”, se encogió de hombros.

“Bien, muéstrame lo que tienes”, segundos después tenía una carpeta en mis manos.

“Este es el acuerdo de confidencialidad, puedes hacerle las modificaciones que creas”, sacó una carpeta igual en la que al parecer tenía una copia. “Lo único que debes añadir es la cantidad que asignamos a gastos mensuales, beneficios adicionales que desees otorgar si alguno, establecer el periodo de tiempo y decidir si se mudará a tu casa o no”.

“¿No te parece que son demasiadas cosas para decidir?, de repente me sentí algo abrumado por tanta información y comencé a dudar.

“Simplemente míralo de la misma forma que analizarías un nuevo contrato o como si se tratara de una nueva adquisición”, dijo.

“Pues manos a la obra, imagino que investigaste lo suficiente como para tener la respuesta a todas estas cosas”, miré de reojo hacia Marcus, quien en efecto sacó una segunda hoja de la carpeta.

“En gastos podemos comenzar asignando diez mil dólares, aparte se incluirán de gastos de vivienda, comida y seguro médico. En tiempo de duración me parece que seis meses es el mejor rango de tiempo para comenzar, te dará el tiempo suficiente para decidir si es lo que buscas o no. Una vez terminados los seis meses, si ambas partes están de acuerdo, se extenderá por tres años con una cláusula que permitirá cancelarlo por cualquiera de las dos partes”, hizo esas anotaciones en el margen del borrador.

“De acuerdo”, asentí, era algo justo, a fin de cuentas, daría algo y recibiría algo a cambio como en cualquier negocio.

Una vez con las notas en el borrador del contrato de confidencialidad, pasamos a lo siguiente, elabora el mensaje que pondría el Grindr para escoger al chico ideal. Otra taza de café, varios papeles en el zafacón y sobre todo muchas discusiones después, el mensaje estaba listo para ser publicado.

¡En busca de un Sugar Baby!

Si quieres disfrutar de los placeres de esta vida y a la vez sentirte protegido, yo puedo hacerlo posible. Soy un hombre moderno en la búsqueda de un chico con quien disfrutar y a quien cuidar en todos los aspectos.

¡Si ese hombre eres tú! escríbeme a: [email protected].com

Requisitos:

  • 22-29 Años
  • Complexión atlética
  • Educación universitaria completada o en proceso
  • Negativo a E.T.S y dispuesto a someterse a PrEP

Una vez el mensaje estuvo listo solo faltaba la foto de perfil, según Marcus una foto de torso completo era lo ideal. De hecho, Sus palabras exactas eran (hay que promocionar la mercancía). Busque entre las fotos recientes que me había sacado en mis intentos fallidos de conectar con alguien. Tenía una foto que me había tomado tras una sesión en el gimnasio, pantalones negros de chándal, torso desnudo y los abdominales algo perlados por el sudor del ejercicio, en general era una buena foto y debía servir.

Tras subir la foto, mi perfil estaba listo, así que solo quedaba esperar que tuviera éxito y alguien viera mi anuncio. Instale la aplicación en mi teléfono, según Marcus esto haría que pudiera monitorear mejor la operación (Trevor sugar baby) como lo había nombrado. Luego acorde mantenerlo informado de los detalles jugosos sin importarle la hora. Justo al terminar todo Sarah me anunció la llegada de un proveedor que tenia citado, dando así por terminada la conversación con Marcus.

31 de Mayo de 2020 a las 19:10 0 Reporte Insertar Seguir historia
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