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Clásico chico malo y chica buena se conocen y se enamoran, o quizás no tan clásico? Por cierto, si os gusta la historia dejar un comentario, un me gusta o seguidme. Me haría mucha ilusión. Y ahora, espero que os guste la historia y que la disfruteisss.


Erótico Sólo para mayores de 18.
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VIENBENIDA

Voy de camino al trabajo. Hoy es el primer día y sinceramente no siento ningún nervio, ni tan siquiera padezco la intranquilidad que siente la mayoría de personas cuando empiezan a trabajar aquí.

Nada mas llegar me encuentro con un edificio bastante grande de un tono grisáceo y con unas pintas horrorosas. Este debe tener mas años que matusalén.


- Buenos días, me puede enseñar su DNI y decir el motivo de su visita a la Prisión de Holzminden ? - me pregunta el jefe de seguridad de la prisión con el ceño fruncido.


El hombre tendrá unos 50 años, es alto, barrigón y tiene una impresionante cara de asco. Sinceramente me produce mas rechazo él que lo que me pudiera encontrar ahí dentro.


- Buenos días, tome mi DNI. Mi nombre es Úrsula y soy la nueva médica.

- Vale. Me imagino que ya sabrás las normas.

- Sí, nada de meter droga o utensilios prohibidos, cerrar siempre la puerta cuando yo no esté, no favorecer a ningún preso y ...

- Nada de relaciones con ellos. - Me espeta

- Tranquilo, ni que tuviera otra cosa mas importante que hacer hijo de mi vida - le digo con cara de desagrado.

- Ni se te ocurra volver a referirte a mi en esos términos. Me debes un respeto. - Me dice con unos humitos que si estuviéramos en la calle me encargaría de bajar en cero coma.

- De acuerdo Señor.

- Así me gusta bonita.


Lo dicho, menudo ascazo de tío por dios. Si está mas para jugar a la petanca que para cuidar de presos peligrosos. En fin ...


El hombre, tras este escueto diálogo, me acompaña a mi nuevo despacho. Al llegar observo todo con mi natural cara de asco. Está todo súper sucio y desordenado.


El de seguridad que no tiene ni un pelo de tonto, bueno, ni de tonto ni de otra cosa porque está mas calvo que la suela de un zapato, se da cuenta en seguida del rechazo que me produce aquel lugar.


- JAJAJAJA, ya se quiere ir la señorita?

- Por qué querría irme?


Él, sin dejar de reírse de mí, se aleja unos cuantos pasos y cuando ya se va, como no, se gira para soltar otro comentario que no venía a cuento:


-Ah, se me olvidaba, intenta que no te separen la cabeza del resto de tu bonito cuerpo.


Ni me molesto en responderle, la verdad. Esque es mas tonto que pellizcar cristales. Osea, quién se cree? Yo si fuera él me preocuparía mas por mi vida que por la de los demás.


Tras una hora de limpiar y modernizar aquel cuchitril me siento en mi pequeña butaca a leer expedientes mientras espero a mi primer paciente.


- Hola muñequita, se puede?


Edwin Lehner: 47 años. Entró en prisión por tenencia de armas, drogas, secuestro ... Bueno, lo típico. Dentro de este maravilloso hogar llamado prisión es el encargado del contrabando de droga. Es un hombre alto, fuerte, de ojos verdes con mirada un tanto inquietante y en sus brazos apenas queda hueco para otro tatuaje.


- Punto número uno: me vuelves a llamar muñequita y te reviento la puta cara idiota. Punto número dos: Mi nombre es Úrsula. Ú R S U L A. Lo has pillado o te lo tatúo en la frente?

- Vale vale, discúlpame muñeq ... Úrsula.


Te juro que estoy por meterle un guantazo que le saco los pocos dientes podridos que le quedan. Por el momento me controlo. Eso sí, la mirada que le echo cagándome en sus muertos no se la quita nadie.


- A ver ¿alguna enfermedad o alergia que deba tener en cuenta?

- No

- Vale, ¿qué te pasa?

- Me duele la cabeza desde que me levanté.

- ¿Cómo por dónde?

- Por la parte derecha. Siento como palpitaciones.

- Creo que ya se de que se puede tratar pero aún así necesito que me respondas un par de preguntas mas. ¿Pareces ceguera o ves borroso? y la segunda pregunta, ¿alguna vez te había pasado?

- De vez en cuando me pasa pero nunca había sido tan fuerte como hoy. Y sí, si que veo borroso ahora que lo preguntas.

- Vale, creo que puedes tener migrañas.

Cojo un vaso de agua y un ibuprofeno y se lo doy.

- Es lo mejor que te puedo recetar ya que no existe un tratamiento para eso. Es una enfermedad crónica, normalmente hereditaria y que por tanto, es muy probable que hayas heredado de alguno de tus progenitores.

Se lo toma rápidamente y al tenderme el vaso me dice:

- Pero no me vas a explorar un poco? Si quieres me quito ...

- Como te quites algo te juro que te comes una ostia y pírate ya, que no es que me agrades con tu presencia.


Ya se va cuando se gira en mi dirección y dice con una media sonrisa bastante inquietante:


- Quizás sería mejor que cuidaras esa lengua no vaya a ser que un día la pierdas.


Te voy a ser sincera, miedo miedo, lo que se dice miedo, no siento. Yo ya sabía a lo que me atenía cuando solicité este trabajo.


Después de este vinieron otros tantos.


Johann Meller: 53 años. Es también un tio alto, muy fuerte y con cara de mala ostia. Su barba kilométrica indica que no es que le encante la higiene personal. Entró a la cárcel por extorsión, tenencia de armas, asesinatos con premeditación ... Muy completito el chaval. Junto al que os voy a presentar ahora y algún que otro pringao que busca la protección de estos, son los que mandan en el patio. Y si te tienen que rajar pues te rajan, ya ves tu que problema.


Roger Forther: Este es mas bajito que el otro, rubio y con apenas algún que otro tatuaje. Es todo lo amigo que un preso puede ser de otro, de Meller, asique ya os podéis imaginar por qué entró.


Tras estos, vino algún que otro pringadillo que entró por hurtos menores o por malentendidos por la justicia. Pero ninguno relevante.


- Doctora, doctora !! - gritaba una voz desconocida para mi, al otro lado del pasillo.






7 de Junio de 2020 a las 19:35 0 Reporte Insertar Seguir historia
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