atenas atenas

Huyendo de su destino, sus dominantes padres y aquel inminente y aburrido futuro, Steven Whitaker logra huir de Europa, usando el estudio como excusa perfecta. Aunque ni allí puede lograr escapar de las costumbres elitistas, un grupo de amigos sin escrúpulos ni ideas, y ese asqueroso pasado que parece perseguirlo a donde quiera que vaya. Pero cuando se propuso cambiar el rumbo de su vida, jamás imagino que sería por uno que lo transforme en alguien mucho peor. Por error, casi por casualidad, termina intrínsecamente enredado con una banda de maleantes que no tendrían problema alguno en matarlo. Pero, contrario a ello, terminan hundiéndolo en la más peligrosa realidad y quitándole aquella venda con la que siempre había vivido. Y mientras se inmiscuye en un mundo de drogas, violencia e ilegalidad, poco a poco comienza a poner en jaque todo lo que él había creído conocer. Pero nada fue tan malo, nada pareció tan terrible, hasta que conoció a Janis. Una muchacha exótica que tiene una extraña relación con esa pandilla, y con la cual siente un intenso magnetismo, que lo pondrá en riesgo más de una vez. Steven jamás estuvo en el infierno, pero conoce a todos sus demonios. ------------------------------------------------------------------- Historia no apta para todo público. Se desarrollan escenas explicitas de sexo, violencia, etc. Queda a consideración del lector.


Drama Sólo para mayores de 18.

#erotismo #drama #mafia #romance #acción
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Janis

Seis meses antes...

Sus tacones resonaban en el fino suelo de mármol que brillaba bajo sus pies. Cogió tanto aire como podía antes de cruzar esa puerta, abandonado a su mano derecha en la entrada. Jack la miró con pena y hasta compasión, y no la dejó ir sin antes susúrrale al oído "Todo va a estar bien, yo estoy contigo". Ella podía sentir los latidos de su corazón, fuertes como puñetazos, resonando en su pecho nervioso. Todavía se estaba cuestionando a si misma porque había aceptado la invitación de Patrick Whitaker, todavía estaba preguntándose porque no lo había mandado a cagar cuando la llamó el jueves anterior...

Cuando la puerta se cerró detrás de sí, se topó con un salón enorme. Los techos se alzaban sobre metros arriba de su cabeza, vigas de madera de marfil rojo sostenían las paredes. Un tapiz gigantesco se erguía de extremo a extremo en una de ellas, mientras que las otras estaban decoradas con cuadros de grandes pintores. Ella los conocía, tanto como la palma de su mano, supo reconocer un cuadro de Ernst expuesto allí.

Sobre un sillón de cuero marrón, debajo de la cabeza de un jabalí que colgaba sobre una chimenea encendida, Patrick Whitaker la miraba divertido. Sus ojos marrones brillaban como un cazador enloquecido por la vulnerabilidad de su presa. Fue en ese momento, aquel instante donde observó ese gesto entre tenebroso y ameno, que se recriminó a si misma el hecho de no haber entrado allí con Jack. ¿Cómo podría haber sido tan imbécil de encontrarse a solas con el psicópata más grande del Reino Unido? Un mano a mano con ese hombre sería como una lucha de gladiadores, como ella sola contra un león hambriento.

Patrick hizo un gesto con su mano, invitándola a sentarse en el sofá que estaba frente al suyo. Todavía no se decían una sola palabra, siquiera un mínimo sonido salía de sus bocas. Todo lo que se oía allí era el ruido del fuego quemando la leña en el hogar del salón. Ella miró al hombre con atención mientras tomaba asiento; su esmoquin color beige y la corbata azul claro lo hacían relucir en aquel ambiente de tonos oscuros; el cabello rubio, casi platinado, y aquel peinado tan elegante y sobrio. Un reloj delicado se lucía en su muñeca izquierda, con la que sostenía un vaso de whisky sin hielo. Los ojos cafés de él estaban como anclados a su figura, inspeccionaba cada detalle, cada minucia de la mujer que tenía delante.

Por un instante, por un fragmento de minuto, ellos supieron que estaban actuando de la misma manera; analizaban desde las joyas hasta la posición del cuerpo que tenían enfrente. No querían que nada se les salga de control, necesitaban registrar los pormenores y descifrar el porqué de cada decisión que había tomado el otro, por más insignificante que parezca.

-Sabes que no soy así. – Le dijo él, mientras buscaba entablar una conexión con su mirada. Sabía lo que aquella mujer creía de él.

-Y tú sabes qué yo no debería estar aquí...-

Patrick asintió con la cabeza, puesto que conocía a la muchacha. Había investigado a la joven con rigurosidad y supo que no era una persona muy diplomática y correcta, al contrario, llevaba en su sangre siciliana toda la pasión y ardor que caracterizaba a su familia. Ella no era una oveja negra, claro que no, por obvias razones tenía esa jerarquía dentro de la mafia.

-Ya hablé con tu padre...-

"Claro que sí, claro que ya hablaste con mi padre", pensó ella. Si había alguien que podía convencerla de haber cometido esta locura era su padre. Nadie más en la faz de la tierra podía ordenar sobre ella, a nadie más obedecía que ese hombre. Cuando él le otorgó su rango, ella hizo un juramento que duraría hasta su muerte (quizá luego también) y una de las cláusulas era acatar sus mandatos sin rechistar, sin lugar a objeciones. Aunque eso significara reunirse con Patrick Whitaker a solas y bajo un concilio con el que ella no estaba de acuerdo.

-Ya lo sé. - Lo enfrentó con el tono más duro y feroz que pudo salir de su garganta.

-Entenderás, entonces, porque te llame...-

-Sí. Quieres protección. – Ella se relamió los labios con diversión.

- No la quiero, la necesito. Y no es para mí...-

Hubo un silencio entre los dos. Patrick no se atrevía a hablar y ella disfrutaba de su falta de valentía para hacerlo. Gozaba verlo tan desnudo e indefenso, tan desesperado que tenía que recurrir a ella.

- ¿Cómo no detuviste a tu hijo? – Le preguntó luego de un rato. – Lo dejaste hacer y deshacer a su antojo. –

- Tenía problemas más grandes que los caprichos de Steven. –

Patrick recordó lo cerca que estuvo de perderlo todo hace unas semanas, cuando uno de los medios de comunicación más grandes del Reino Unido había amenazado con divulgar la corrupción de la justicia por su parte. Le pedían una cantidad de dinero desorbitante para no hacer público su trabajo. Siempre que se había enfrentado con la prensa él salió ganando, pero esta vez los mismos que siempre lo habían encubierto amagaban con echarlo a los lobos. Por supuesto que tuvo que tomar medidas para que no lo hicieran y no se atrevieran a amenazarlo nuevamente...

Pero hasta ese entonces su hijo tuvo tiempo para desordenar su vida y salirse de su control.

- ¿Y por qué no contrataste a alguien más para protegerlo? –

-Mi hijo tiene derecho a tener una vida normal. Tú más que nadie debes saber lo valiosa que es la oportunidad que le estoy dando. – Ahí estaba, primera puñalada. – Lo mantuve bajo vigilancia toda su vida, no sería natural si no quisiera irse de aquí. – Segunda, directo a las costillas.

- ¿Y es natural que seamos nosotros quienes velemos por él? – Dijo ella, haciendo énfasis en aquella palabra.

-Lo veo más común que contratarle guardaespaldas. No es lógico. – Bebió un poco de whisky y plácidamente continúo hablando. – Sinceramente no confié en ti, sino que en tu padre. Sé que cuando él hace una promesa no la rompe, por ende, tú tampoco. –

Ella tragó saliva. Si bien sabía que su padre había pactado algo con el demente que estaba frente a ella, no le gustaba saber que estaba haciendo lo que Patrick Whitaker quería. Se sentía sucia, asqueada de sí misma.

-Steven necesita estar a salvo. Y tú eres un as, Janis. – Soltó con seguridad. – Tu padre un tiene territorio tan extenso y firme gracias a tu trabajo. Eres infalible. Cuando supe que mi hijo estudiaría en la universidad donde también lo hacen los de Jasha Vólkov y Anik Toussaint supe que serias tú, el as de la mafia siciliana, quien cuidaría a Steven. –

-Eres tan patético, Whitaker. – Contestó ella. – Repugnante. –

-Pero el trato está hecho. – Patrick le guiñó un ojo. – Y tú y tus hombres van a proteger a mi hijo. –

Janis soportó las ganas de resoplar. Se hallaba derrotada, rendida ante las inquisiciones de ese hombre. Ella jamás lo hubiera permitido, nunca habría dejado que ese tipo se saliera con la suya. Pero su padre había dado el sí...Su estúpido padre le ordenaba, manejaba sus decisiones, y sobre todas las cosas (y tal como lo había dicho Patrick Whitaker) él no quería que ella tuviera una vida normal.

-Steven no estudiaría en Europa y eso significa que no puedo acudir a socorrerlo con rapidez. Y estando tan lejos de mi es presa fácil...Pero eso tú ya lo sabes. – Tercera puñalada. – Necesito que cuiden de él constantemente, nunca se sabe dónde hay un traidor. – Cuarta.

Patrick le sonrió maliciosamente, como un demonio quitándose la máscara. Él sabía que Janis no era imbécil, esa mujer era de las personas más inteligentes de la mafia y lo entendía todo. Tanto que no había ningún secreto entre ellos dos. Ella sabía de lo que Patrick Whitaker era capaz.

- ¿Y a cambio qué? – Si bien Janis conocía los detalles del trato, quería oírlos de su boca. Necesitaba escucharlo vencido y abatido por ceder tantos derechos a su familia.

-Janis...- Pronunció su nombre de la misma manera que ella querría haberlo oído admitiéndose arruinado. – Tú conoces muy bien los beneficios que obtendrán por la desobediencia de mi hijo. Y es el amor por él lo que me impide dejarlo a la deriva y transar con un ustedes. Nada más eso. – Quinta.

Ella sintió el puñal clavándose en su pecho, podría jurar que el dolor era real. Cada una de sus frases dolía de manera inimaginable, y él lo sabía. Patrick sabía que decir, como y cuando; disfrutaba de percibir, aun estando en las peores, que su enemiga sufría por sus palabras.

-Lo único que espero...- Continúo Patrick, mirándola fijamente. – Es que se cumplan todas las partes del contrato. Sin falencias. –

- Yo no fallo. – Respondió ella, notando en su interior el ardor del rencor, como le quemaba en el pecho su odio por él. – Mis disparos son exactos, sin margen de error. Si no fuera de esa manera no me confiarías la vida de tu hijo. –

- Lo sé. Pero a lo que me refiero no es eso...- Bebió con lentitud, sintiendo el líquido calcinar su garganta. – No van a hacerle nada. No podrán lastimarlo. Es intocable para ustedes. –

Janis sonrió en su interior. Ella sabía cada detalle de ese trato que había hecho Patrick Whitaker con su padre, con la mafia. Conocía cada vacío, cada lugar donde no había nada especificado. Ella tenía planeado absolutamente todo, y sabía que no podía lastimar al descendiente del monstruo que tenía frente a sí, pero también comprendía que ahí había algo no escrito, algo que ella iba a utilizar a su favor.

-No lastimo sin necesidad. Si voy a matar a un animal es para comérmelo. – Dijo ella, mirando con atención la enorme cabeza de jabalí que colgaba arriba de la chimenea. – No juego con la vida ajena. Si tenemos un trato lo cumpliremos. ¿Para eso me llamó? ¿Para cerciorarse de que no voy a dañar la mercancía? –

-Mi hijo no es mercancía. –

-A mis ojos es un paquete bajo mi cuidado. Prometo devolverlo sin un solo rasguño. – Janis le guiñó un ojo. – Me voy. –

-Recuérdalo, Janis...- Le dijo Patrick, mientras observaba con sumo interés como la mujer se levantaba del sofá. – Sin un solo rasguño...-

Janis siguió su camino sin girase ni una sola vez. Podía sentir la mirada de ese hombre, sus ojos marrones clavados en su figura. Pero apenas le importaba, ella tenía todo finamente calculado. Había estudiado cada fragmento de su plan, examinó cada probabilidad de equivocación, y para cuando Patrick Whitaker la mandó a llamar ya no había vuelta a atrás. Janis vengaría la muerte de su madre.

-Por cierto...- Oyó la voz de aquel hombre ingenuo queriendo detenerla.

Ella, con el picaporte todavía en su mano, se giró. Encontró a Patrick aún sentado, con una pierna encima de la otra. Su lengua bailaba sobre sus dientes mientras le sonreía y la observaba con lascivia.

-Estas bellísima. –

Y eso fue lo último que escuchó antes de salir al corredor, cerrando la puerta de aquella sala tras de sí. Apenas Janis respiró un aire distinto sintió las lágrimas aflorar, descontroladas. Lo que antes quemó su pecho ahora le hacía temblar por la intensidad de cada emoción ahí dentro vivida. Con los ojos colorados y llorosos miró a su compañero, Jack.

- ¿Qué coño pasa, Janis? – Su guarda, asustado, la sostuvo por los hombros.

Ella no lo dudó un instante y lo abrazó con fuerza, generando entre ellos un nudo imposible de separar. Lo llevó en silencio hasta la salida, obligándolo a no decir ni una sola palabra. Una vez en su coche, camino al aeropuerto, ella se dignó a confesarle la verdad de lo sucedido. Y aunque Jack respetaba su silencio, ansiaba oírla.

-Está todo listo, Jackie. – Le dijo, con la voz temblorosa y la mirada rebosante de lágrimas. – Voy a vengar a mamá. -

30 de Mayo de 2020 a las 21:24 0 Reporte Insertar Seguir historia
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