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Vincent es el menor de una familia de vampiros y el que aún no ha salido al mundo... ni salido del closet. Para abandonar el nido, primero deberá acostumbrarse a la presencia de un humano y controlar sus instintos, sólo así podrá vivir en sociedad como uno más entre ellos. Pero no es tan fácil, su familia ha elegido a un hombre para él, lo ha secuestrado con el único propósito de que sea fácilmente reemplazable si es que Vincent lo mata por accidente. Después de todo, lleva años controlar la sed desmedurada de un vampiro. Sin embargo, nadie planeó que de esa convivencia entre "vampiro inexperto y humano escalvisado" podría salir algo tan improbable como el cariño. Y Vincent... bueno, nunca imaginó que su esclavo podría ser tan temperamental... y sexi, pero a la vez tan sensible y con tanto para enseñarle.


LGBT+ No para niños menores de 13.

#Humor #drama #sexo #amor-odio #Famila-Disfuncional #sangre #boyxboy #gay #secuestro #vampiros
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Capitulo 1

Alguien golpeó su estómago y de repente estaba despierto, todos sus sentidos alertas, sangre bombeando a través de su cuerpo y músculos tensos, a la espera de cualquier ataque. Sin embargo, su mente tenía problemas para seguirle el paso. ¿Dónde estaba? ¿Que estaba pasando? Alguien lo había golpeado. ¿Quién? ¿Porqué?

Al segundo siguiente el terror lo estaba consumiendo. Su cuerpo estaba prendido fuego por la adrenalina pero en lo único que podía concentrarse era en el ardor de su piel donde las sogas inmovilizaban sus brazos y piernas. Intentó controlar el pánico y dejarse llevar por el instinto de supervivencia. Aún así, la desesperación no era fácil de ignorar. Era lo más frustrante que había experimentado en su vida, era una sensación de sofocamiento y angustia que mantenían su cuerpo temblando. Más aún cuando descubrió que su cuello era lo único que podía mover más de un centímetro.

Respiró profundamente, entrecortado, pero le dio la claridad necesaria para analizar sus alrededores pero su frustración solo creció; No veía a nadie, todo estaba en silencio, la habitación estaba excesivamente decorada, nada le daba pistas sobre lo que estaba sucediendo.

¿Iban a matarlo? ¿vender sus órganos? ¿Algo peor que vender sus órganos?

  • Deja de moverte - alguien habló desde sus espaldas, sobresaltándolo. ¿Lo había estado viendo retorcerse todo ese tiempo en silencio?

La persona apareció en su periferia. Lo sorprendió descubrir que se trataba de una mujer con no más de treinta años de edad, esbelta y pulcra con su vestido ajustado y su cabello perfectamente liso, pero era lila, como el de una adolescente en lugar de un adulto. Y eso no era lo único que llamaba la atención, sus ojos eran como el hielo, celestes, casi blancos, e igual de fríos. Lo retaban a apartar la mirada, lo desafiaban.

  • Dan ¿Verdad?
  • ¿Qué mierda está pasando? - por más terrorífica que fuera la situación, no era inteligente mostrar miedo. La adrenalina y su terquedad no se lo permitirían. Si esos ojos lo estaban desafiando, no iba a echarse para atrás, se rehusaba a jugar su papel de víctima y agachar la mirada en sumisión - Dime por qué me secuestraste - demandó con enojo.
  • oh, eso - la mujer miró con desinterés su cuerpo atado e hizo un gesto con la mano casi con desdén -. Hablemos de negocios.
  • ¿Qué?

Dan la miró con confusión, olvidando su actitud defensiva por un instante mientras procesaba las palabras de la mujer. Sin embargo, esta le devolvió la mirada con sorna y chasqueó los dedos. Automáticamente, alguien más entró en la habitación.

  • Verás Dan, desde generaciones-
  • No puedo creerlo - se hundió en su silla con un resoplido. Ni siquiera se molestó en voltear a ver quién había entrado. Si se trataba de un asesino, estaba seguro que no haría nada hasta que la mujer terminara su monólogo, el cual no pensaba escuchar. Si iban a matarlo, venderlo o algo peor, entonces disfrutaría sus últimos momentos pensando en sus logros y no escuchando a una psicópata, no le daría el gusto.

Pero para su sorpresa, la mujer chasqueó la lengua y se acercó a él hasta estar a centímetro de su rostro.

  • Nada de discursos entonces.
  • Al punto, madam - dijo con sarcasmo.

En ese momento, la persona que había entrado entró en su campo de visión, caminó lento y tímidamente y se detuvo a una considerable distancia de él. Dan alzó las cejas sorprendido. No era un asesino, ni un sicario, ni un cirujano corrupto, era un adolescente. ¿Que diablos estaba pasando?

  • Pues bien - dijo la mujer -. Mi nombre es Marigold. Te hemos traído aquí porque-
  • Secuestrado - interrumpió Dan. Quizás no era intervención inteligente, pero sus nervios sacaban lo peor de él.
  • ¿Qué?
  • Me secuestraron.

La mujer parpadeó dos veces antes de asentir.

  • Claro. Te hemos secuestrado, abducido, como quieras llamarlo. Pero no por la razón que tú crees - el cinismo de la mujer le causaba escalofríos, hablaba como si estuviera comprando en el mercado -. Felicitaciones. Trabajarás para nosotros, Dan.

Dan se quedó estático, sin saber qué decir. La observó de arriba a abajo, recorrió la habitación de un lado a otro, miró sus manos atadas. No comprendía. Y probablemente su rostro lo demostraba, por lo que la mujer se acomodó el cabello despreocupadamente, como si le estuviese dando tiempo a que lo procesara, y luego continuó.

  • Verás, te hemos estado observando. Eres la persona perfecta para lo que estamos buscando.

Dan frunció el ceño ante el torrente de palabras que corrieron en su mente: "stalker" "mafia" "venta de órganos" "prostitución". Cada una peor que la anterior.

  • ¿Siempre secuestran a sus futuros empleados? - su corazón palpitaba con demasiada fuerza, pero no pudo evitar ser sarcástico. La situación le resultaba ridícula por no decir espeluznante.

Por otro lado, Marigold rió.

  • No es un trabajo común, por lo que las formas de contratación nunca serán comunes cariño - la mujer le dedico un sonrisa oscura -. Porque no te daré la opción de decir que no.

Algo cambió en el ambiente. O quizás solo era su sangre helarse en todo su cuerpo, pero algo cambió. La mujer ya no se veía de treinta años, ni tan bella ni tan esbelta, el aire a su alrededor se había cargado con algo cínico y depredador. Dan se sentía inmóvil bajo aquella mirada penetrante, sus ojos celestes lucían más pálidos, pero al mismo tiempo había algo oscuro en ellos, algo que mantenía a Dan atrapado en ellos.

  • Eso que sientes ahora es miedo - dijo con un tono lento y ronco, rasposo , propio de cualquier otra cosa menos de la de una mujer -. Y haces bien en tenerlo - continuó, postura imponente frente a él, acercándose lentamente, tapando la luz con su amenazante figura -. Déjame decir esto solo una vez. Las reglas son muy sencillas. Si te rehusas, mueres. Si desobedeces, mueres. Si huyes… Adivina.

Dan tragó saliva, paralizado. Su sangre bombeaba en sus oídos y sus extremidades hormigueaban de una manera desagradable. Algo dentro suyo gritaba que huyera, que se alejara del ente frente a él, que si se quedaba allí, tendría una muerte horrible.

No reconoció su propia voz cuando se atrevió a preguntar:

  • ¿Cuál es el trabajo?
  • Ha ¿Resignado ya? - Marigold rió melodiosamente, como si los pasados segundos nunca hubiera sucedido. La mujer lo miró con aprobación, quizás la sumisión le parecía algo divertido. Un buen rasgo para el que sería su futuro esclavo. El pensamiento cruzó su mente y la repulsión que sintió fue inmediata. Sin embargo, la realidad estaba lejos de lo que ella pensaba. Aún con su mente nublada por el miedo, la pregunta de Dan solo cumplía un propósito; necesitaba más información, necesitaba saber algo. Lo que sea. Nada de esa situación tenía sentido. Se rehusaba a pensar que su vida podía acabar en un abrir y cerrar de ojos a manos de esa cosa. Se rehusaba a ceder, a ser dócil.

Pero luego Marigold se alejó de él, quitándole sus hipnóticos ojos de encima, y se acercó al joven que había mantenido silencio desde el principio, espectando todo desde un rincón. Dan los observó con recelo.

¿Qué está sucediendo?

Cuanto más pensaba, menos sentido tenía lo que acababa de pasar. Sin embargo, Marigold no permitió otro segundo más de reflexión, habló alto y firme, imponente.

  • Él es mi hijo, Vincent.

¿La perra tenía un hijo? ¿Porque se lo estaba presentando? ¿Por qué el ambiente era tan tenso entre ellos? ¿Qué tenía Dan que ver con todo eso?

Vincent mantuvo la mirada en el piso desde el minuto cero, pero cuando toda la atención estuvo sobre él, cuando la presión cayó en su hombro en forma de la mano de su madre, su rostro se alzó lentamente, y sus ojos se posaron en Dan, con cautela, con miedo y con algo más que no supo descifrar. Después de todo, estaba mirando al hombre que su madre había secuestrado y amenazado.

Dan se sorprendió al descubrir que en esa mirada había inocencia, como en los ojos de un niño. Tímidos, pero curiosos. Su primer pensamiento lo atravesó como un escalofríos: Alguien como él no debería estar en aquella habitación, no debería tener una madre psicópata, quien rozaba lo diabólico, quien secuestraba a alguien inocente y lo amenazaba con matarlo, todo frente a esos ojos tan celestes como los de ella, pero sin la crueldad que la mujer poseía.

  • Dan, lo único que harás será cuidar a mi bebé.

Algo no andaba bien con todo eso. Ella no podía ser alguien cuerdo.

  • ¿Por qué yo? - es lo único que pudo preguntar.

Marigold sonrió.

  • Porque nadie sabrá que desapareciste - sus delicadas manos acariciaron los rizos rubios de su hijo mientras hablaba - No tienes familia, eres nuevo en la ciudad, por lo que nadie te conoce. No tienes dinero, ni un futuro muy brillante. Pero eres responsable, trabajas duro, y además sabes cocinar. Quizás tengas algunos problemas, pero nada como un pequeño intensivo para mejorar esa actitud.

Dan apretó los puños bajo el efecto de un torrente violento de emociones.

  • ¿... Más amenazas?
  • Si eso es lo que hace falta, pues bien - le dio un pequeño beso a la mejilla de Vincent para luego acercarse a él - Pero pensaba más bien en dinero.
  • Dinero - dijo desconfiado - ¿Para que quiero dinero si estaré como esclavo haciendo de niñera? - la idea ponía su piel de gallina, pero ahora mismo el enojo ardía más fuerte que todo lo demás - ¿Y por qué tu bebé necesita que alguien lo cuide? - dijo con sorna - ¿Por qué debes secuestrar a alguien para ese trabajo?

No comprendía nada. No podía dejar de retorcerse contra las sogas que cortaban su piel cada vez más pero no importaba. Se estaba volviendo una situación incoherente y no podía soportarlo más. Se estaba volviendo loco de pensar en la gravedad de la situación, que ya en sí era una completa locura.

Pero escuchar el quejido repentino de Vincent lo hizo frenar en seco. Pero no tuvo tiempo de entender nada cuando de repente Marigold estaba frente a él de nuevo, dándole una cachetada que hizo arder todo el costado de su rostro.

Otra vez esos sos ojos gélidos estaban sobre él.

  • Puedes retirarte cariño - dijo sin apartar la mirada. Tono dulce aunque su rostro decía lo contrario.

Una vez que la puerta se cerró detrás de Vincent, Dan se dio el lujo de largar el aire que no sabía que estaba conteniendo.

  • No necesito cualquier niñera - empezó Marigold mientras retrocedía unos pasos, suspirando - Por eso es importante escuchar el monólogo del villano. No sabes con lo que estás tratando.

Dan se mordió el labio en un intento de calmarse. Su cuerpo vibraba nuevamente con adrenalina, miedo, frustración. Pero se obligó a escuchar.

  • Lo único que debes saber es que mi bebé puede matarte.

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30 de Mayo de 2020 a las 00:57 0 Reporte Insertar Seguir historia
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