leiyedeth AW Leiyedeth

Algo tan inocente como una clase de historia despertó una parte de Yuri Plisetsky. Bueno, más que una parte. Demasiados pensamientos impuros hacia su mejor amigo cada vez que lo imaginaba como este maravilloso hombre de las estepas. Una fantasía de Yuri Plisetsky™


Fanfiction Anime/Manga Sólo para mayores de 21 (adultos).

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I

Una Fantasía de Yuri Plisetsky


Entonces, Yuri tenía este problema.


O sea, no era un gran problema. Era un adolescente con una conexión a internet, por lo que era completamente normal y saludable que le ocurrieran estas cosas (evitemos la parte en que yahoo respuestas no es una fuente confiable).


Además, no era ni la primera ni la última persona que fantaseaba con follarse a su amigo, ¿verdad?


Sin juicios, por favor.


Quizás tendrían una postura similar si su (mejor) amigo era Otabek Altin. Ya saben, ese Otabek Altin: moreno, musculoso, bien formado, brazos fuertes, durito, con cara de hombre serio y un trasero que debería ser patrimonio de la humanidad; material de novio, material de esposo y material de sueños húmedo.


Sí, bueno, quizás estaba el detalle de los dos eran hombres y todo eso, además de que Otabek era su primer amigo, eran muy cercanos, vivía en Kazajstán y...


Y esa era la raíz de los problemas.


Las clases particulares de Historia y Sociedad eran las culpables de que tuviera sueños impuros con el mentado Héroe de Kazajstán:


El profesor había empezado a contar sobre los constantes conflictos que tenía Rusia con sus vecinos; de curioso, Yuri le preguntó cómo eran las relaciones entre su país y Kazajstán.


El señor Mikhail, su tutor privado, se había reído entre dientes y le había preguntado si su interés era debido a su mejor amigo era kazajo. Yuri puso los ojos en blanco, o sea, ¿qué otro motivo podría tener para profundizar en las relaciones internacionales? Él patinaba y estaba en contacto con un montón de competidores de muchos países diferentes, pero no importaba lo que pasara en Suiza o en Tailandia, o en China o en cualquier otro país de por allí. No eran sus amigos, no importaban.


Otabek era su amigo, por lo tanto, Otabek era importante. Otabek era de Kazajstán, por lo tanto, Kazajstán es importante.


Fácil, ¿no?


De todos modos, el señor Mikhail estuvo gran parte de la tarde de ese día jueves contándole la historia de su salvaje vecino nómade (hablamos de Kazajstán, no de Otabek).


Tenían la segunda frontera internacional más larga del mundo, la alianza Astaná-Moscú, el desarrollo económico siempre en alza, cómo el presidente de Kazajstán no permitía que el Kremlin se meta demasiado en su política y cómo los kazajos son una importante aliado para que Rusia pueda mejorar sus relaciones con los antiguos países que conformaban la Unión Soviética.


Yuri bostezó un par de veces. No era tan interesante la política actual, donde solo se hablaba y sostenían larguísimas reuniones insulsas; no como antes, cuando cualquier cosa terminaba en guerra. El señor Mikhail vio su aburrimiento y se fue a la parte más entretenida de la historia (para Yuri, por lo menos): batallas, invasiones, problemas bélicos, anexión, guerras civiles, liberación, concesión de derechos, independencia, más problemas y otra pizca de guerras.


También se fue más atrás en la historia, con la Ruta de la Seda, Genghis Khan, Atila y toda esa mierda genial.


Muy divertido y todo, pero lo que más atrajo su atención fue cuando comenzó a hablar de la cultura kazaja, lo que los hacía significativos y diferentes de otros pueblos de las mismas tierras. La identidad kazaja, Kazajstán como "tierra de hombres libres e independientes ".


La puta madre, hasta el nombre sonaba rudo y genial.


El señor Mikhail insistió en que muchos kazajos tuvieron y tenían un odio profundo por Rusia, pero, a la vez, sentían una gran admiración y fascinación por como se mantenía un país tan grande.


Eso le dio un par de ideas raras a su imaginación.


Quizás, en secreto, Otabek le tenía alguna clase de animadversión y quería hacerle cosas... cosas de manera ruda.


El sonrojo se pintó en sus mejillas ante sus pensamientos catalogados para mayores.


Fue un desliz del momento, o eso quería creer.


Solo que al finalizar su clase de historia, la única imagen que había en la cabecita rubia era la majestuosidad de Otabek vistiendo un tradicional zhargak shapa, un grueso kara ton tuki con patrones dorados, su rostro estoico y recio, montando un fuerte caballo por las estepas. Así como algo sacado directamente de un documental de National Geographic.


La imagen le produjo más de un escalofrío agradable.


La misma imagen también se coló en su mente mientras hablaba con Otabek por skype antes de dormir, y volvería a aparecer en sus sueños durante la noche.


💥💥💥


Ya habían pasado unos buenos tres meses desde esa clase de historia y todo simplemente empeoró. Por curiosidad investigó un poco más e internet amplió más su conocimiento.


Así fue como la mente de Yuri Plisetsky transformó esta imagen mental muy tradicional y cultural de su mejor amigo en algo... en una versión pornográfica del NatGeo.


Porque ahora le pasaban cosas cada vez que pensaba en Otabek como un guerrero kazajo de las estepas, un poderoso batyr .


Mierda. Nunca en sus diecisiete años de vida había estudiado tanto.


Fue aún peor cuando, durante una videollamada, se le ocurrió preguntarle a Otabek si tenía, de casualidad, ropa tradicional kazaja. El moreno se había reído mientras decía que sí, se movió hasta su armario y no halló nada mejor que ponerse un zhargak shapa azul rey (como el de su imaginación), sobre su pijama y se atrevió a lucir muy sexy sentado descuidadamente sobre su cama


Combustible de más sueños húmedos.


Al principio se imaginaba a él follando en Otabek, y ahora todo en lo que podría pensar era en abrirse las piernas para el kazajo.


Yuri lo aceptaba. Siempre había considerado que Otabek era atractivo, tendría que ser ciego para no verlo; y era atractivo de una manera completamente diferente al Viejo Calvo y al Katsudon (y a él mismo), nada de líneas suaves y elegantes, Otabek era de espalda amplia y contextura fuerte; una vez tuvo la oportunidad de verlo en el gimnasio, levantando pesas, explicando la importancia de trabajar la parte superior del cuerpo... y tal vez sacó un par de fotografías mientras respondía los mensajes.


Era como ... uff, Otabek era el patinador más varonil del circuito y el primero en su lista. Tenía una lista, y ¿qué? (si estaban curiosos, en segundo lugar estaba Cara Delevingne, tercero, Stephen Hendry y cuarta, Alyona Subbotina). Aunque eso no era lo importante ahora.


Lo realmente importante era que tenía este enamoramiento, este deseo de que Otabek fuera rudo con él, que lo tomara sin preguntarle, con violencia, que abusara de su flexibilidad y lo cogiera hasta que no recordara su nombre. Cada vez que se despertaba a la mitad de la noche, después de soñar que su mejor amigo lo tomaba casi por la fuerza, terminaba por necesitar un cambio de ropa interior.


Vale. Le gustaba Otabek.


Sí, podría no ser normal que las rodillas le fallaran pensando en lo masculino e imponente que se vería Otabek en el momento en que lo robaría, así como en esa tradición kazaja donde podrían tomar a la novia que quisieran. Lo sujetaría por la cintura con sus fuertes manos y le impediría moverse, lo llevaría hasta su yurta y lo mantendría allí, a su merced, para hacer cuanto quisiera con él.


Yuri se lo permitiría. Quizás forcejearía un poco para sentir la fuerza del kazajo sobre él.


Con esos músculos debía ser muy fuerte. Podía recordar esa vez que lo sostuvo del brazo cuando se tropezó, lo sujetó con tanta firmeza que los dedos quedaron marcados en su piel blanca.


Tan rudo.


Anhelaba que lo marcara como su propiedad, que llamara suyo y lo usara para satisfacerse.


También podía imaginarlo claramente:


Otabek sujetando su largo cabello en un puño, obligándolo a mantener su mejilla contra el piso mientras sus caderas se mantendrían alzadas, rasgaría su ropa y le diría algo como: “voy a joderte, Yuri. Como la puta rusa que eres ".


Definitivamente no le importaría que le engendrara tres o cuatro niños kazajos.


No podría, eran hombres. Lo sabía. Claro. Pero, oh, Otabek podría intentarlo... las veces que quisiera.


¿Era sano sentirse caliente al imaginarse a su correcto amigo degradándolo verbalmente?


Que lo llamara zorra moscovita mientras lo cogía contra un árbol, que le dijera cómo no podría vivir sin su polla en el culo a la vez que lo inclinaba contra la baranda de un sucio corral. Su gruesa voz llamándolo sucia ramera cuando le follara la boca, manteniéndolo de rodillas en el piso de su yurta.


¿No? ¿Muy raro? Hum ... de acuerdo, tal vez había visto mucho porno.


Pero tenía que sacarlo de su sistema.


A veces se imaginaba que Otabek le decía algo como:


Te gusta esto, ¿no ?, eres solo una pequeña ramera rusa, deseosa porque te llene. Me gustaría poder embarazarte, poner un niño en ti y verte lleno con mi semilla, pero puedo doblegarte a ti ya tu estúpido orgullo nacional, convertirte en una muñeca para follar. Quizás publicar una foto después de que termine contigo, para mostrar tu desvergonzada cara de puta satisfecha o tu culo chorreando mi semen, que todos vean la clase puta necesitada que eres ... "


Sip, así era su cine mental con imágenes de Otabek follándolo sobre su motocicleta (o sobre un caballo), sin importarle si estaba incómodo o si las lágrimas brotaban de sus ojos verdes. Toda una postal de paisajes de la estepa adornaba ese discurso que su mente había creado.


Ugh.


Era terrible para su salud física y mental que Yakov le diera como tarea ver las rutinas de patinaje de Otabek, le indicó que se fijara en la ejecución de sus saltos y en cómo aprovechar su actitud fría de buena manera.


Si Yakov supiera lo acalorado y distraído que lo dejaban las rutinas de Otabek, no permitiría que nunca más las viera. Ni viera a Otabek.


Apenas y podría resistir a verlo por sus llamadas en skype, si llegaban a ver en persona... dioses, Yuri se arrojaría a sus pies y la dirección que tenía dispuesto a ser su esclavo sexual ruso, su perra y todo lo que quisiera.


No con esas palabras, pero sí con ese significado.


¿Todo esto se debía a que era un jodido adolescente caliente por su mejor amigo?, aunque, ¿quién demonios podría tener fantasías sexuales con connotación cultural?


Estaba enfermo ...


Enfermo por ver a Otabek encima de él.


No. Calma.


Pensaba dos o tres veces al día en esta fantasía, a veces en diferentes situaciones, incluso en una final de patinaje, Otabek llevándolo con él, jodiéndolo con furia por haberle arrebatado la medalla de oro, susurrándole que para lo único que era realmente bueno era para tomar su polla, que podrían reducirse a una zorra con tal de estar lleno de su semen ...


Ya, Yuri está consciente de que debe dejar el porno.


¿Era buena idea haber empezado a coquetear con Otabek?


Ni siquiera estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero había comenzado a notar que tan tenso se ponía su amigo cuando se mordía su pulgar o comía un plátano de forma sugerente mientras hablaban en sus videollamadas (sutil como un ladrillazo en la ventana, Plisetsky). Una vez le respondió vistiendo una camiseta de gran tamaño y, la excelente cámara de la computadora del kazajo, le permitió ver cuán sonrojado estaba y cómo sus ojos se perdían más allá del dobladillo inferior de la prenda.


Estaba actuando como un desesperado, sí. Pero quería la atención de Otabek y la parte positiva de su cabeza le decía que podría tener una oportunidad.


Quizás el tigre de hielo se estaba convirtiendo en un gatito de nieve.


Sin embargo, si lo pensaba fríamente, todo era culpa de Otabek, de su manera de ser tan genial y misteriosa, la forma en la que imponía su presencia. Por algo le llamaban el Caballo Oscuro de Kazajstán.


Y Mila había oído rumores de que no era solo por la potencia de su patinaje que merecía tal apodo. Que algo de eso se traslucía en los ajustados atuendos de patinaje.


Eso destruyó su psiquis y lo obligó a pasar horas enteras en sexshops en línea buscando algo para aliviarse; era una tarea complicada encontrar lo que necesitaba al no tener el tamaño exacto del "asunto" en cuestión. Aunque, de todos modos, no se atrevía a comprar nada por miedo a lo que descubrieran.


En fin.


Se estaba masturbando demasiado seguido con la imagen de su amigo y toda su fantasía de hombre de las estepas. El vídeo del "twink rubio en chaqueta de cuero destruido por su papi ", ya no ayudaba como a principios de este problema; había logrado mantener todo eso fuera del hielo hasta ahora, y tenía miedo de que Lilia descubriera su historial de internet, a pesar de que solo tenía acceso a páginas con información de Kazajstán y... bueno, búsquedas extrañas y muy específicas en páginas porno.


Oh, y eso era otro tema: cuando los ojos de bruja mayor lo atravesaban cada mañana en el desayuno, le daba la impresión de que estaba leyendo absolutamente todos sus sueños indecentes. Intentaba no sentirse avergonzado por el hervidero de hormonas en el que se había convertido, pero era difícil.


Por eso, cuando esa mañana Lilia le preguntó si tenía intenciones de viajar a Kazajstán, casi se atora con su granola.


También le dijo que, como su cumpleaños estaba cerca, había hablado con Nikolai y decidieron regalarle una semana de descanso para que fuera de visitar al muchacho Altin.


(Una muy buena influencia, ese muchacho Altin. Decían.)


Es tarde, con Otabek, quien solo le dijo que estaba encantado de recibirlo en su departamento y que, con su repentino interés en las tradiciones kazajas, lo que llevaría a que tomaran unos días de turismo cultural, donde podrían montar por la estepa, ver a cetreros expertos, degustar platillos tradicionales y dormir en una yurta en medio de la nada.


Yuri solo miró el calendario, mordiéndose el labio, preguntándose si en estos meses que faltaban para su cumpleaños podría convencer a Otabek de follarlo en medio de toda esa mierda tradicional.








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Hemos vuelto con Kazajo, ahora corregido y con un par de cosas agregadas yyyyy una sorpresita al final XD


mientras leía esto me decía: no puedo creer que escribieras esto.


Gracias por llegar hasta aquí, por votar y comentar :)

1 de Junio de 2020 a las 21:18 4 Reporte Insertar Seguir historia
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JG Jessica González
NUNCA..ME... CANSARÉ...DE...ESTA... HISTORIA.... Me identifico con Yuri en mis años de juventud...solo que no tenía la suerte de desear a alguien como el y ser correspondida 💔 Está es de las obras que más me gustan 😉😎👌 tu eres otro nivel en la creación de obras otayurio 😎😎😎
M. Forbit M. Forbit
Omg no me aviso esta cosa, y llego tarde, pero aunque no suelo releer cosas, decir que me valió la pena la relectura recordé porque es tan Bueno!!!
Samael Benoit Samael Benoit
Sigo amando ésta historia como la primera vez que la leí... Jamás podré superar a Yuri y sus fantasías eroculturales xD
June 03, 2020, 22:01

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Hola, pues me alegro que la sigas amando, la verdad, no recuerdo exactamente porque escribí esta cosa, pero al releerlo me dio muchas vergüenza ajena. gracias por leer de nuevo :3 4 weeks ago
~

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