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David Fernández


Año 217 a.C., más de un siglo después de la conquista de Oriente por Alejandro Magno y de su prematura muerte en Babilonia, sus generales y sus descendientes todavía se disputan tanto el legado como los pedazos de su Imperio. Mientras tanto, cientos de colonos griegos inundan las tierras del Oriente atraídos por sus riquezas y por las oportunidades que ofrece éste nuevo mundo, muchos de ellos sirviendo a cambio en los ejércitos de cada uno de los sucesores del conquistador macedonio. Ésta historia narra las peripecias de Nicanor, uno de esos colonos y soldados helenos que vivieron, lucharon y deambularon a lo largo y ancho de este mundo Helenístico plagado por intrigas, conflictos, luchas por el poder,reyes guerreros y científicos y pensadores brillantes y de un profundo intercambio cultural entre Oriente y Occidente que hará peligrar la concepción del mundo que nuestro protagonista posee. Acompaña a nuesto heleno particular en su odisea desde las arenas de Siria pasando por la maravillosa Alejandría hasta la India, en los confines del mundo conocido y descubre las luces y sombras de un mundo brillante pero ya desaparecido, que creó los gérmenes de la modernidad.


Histórico Todo público.

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Los tambores de la guerra (217 a.C.)

Año 323 a.C., Alejandro Magno, conquistador de Asia, muere de unas fiebres en Babilonia. Antes de que su cuerpo llegara a enfriarse sus generales ya conspiraban para hacerse con su Imperio y sus riquezas... . Años de incesantes guerras llevaron al desmembramiento del Imperio del conquistador macedonio y al fin de su dinastía. Tras todo este caos, tres grandes monarquías griegas, fundadas por varios de los generales del macedonio, fueron las que se alzaron triunfantes. Por un lado los Ptolomeos en Egipto, los Antigónidas en Macedonia, patria de Alejandro y por último los Seléucidas en Siria, Persia y las regiones más al este como Bactria o Sogdia, en la frontera con la lejana y exótica India, tierra que visitó el mismísimo Dioniso.


Cada uno de estos Estados necesitaba hombres para nutrir sus ejércitos, y puesto que no se fiaban del todo de los nativos recurrían cada vez más a soldados procedentes de Macedonia y del resto de la Hélade a los que le prometían tierras a cambio de su servicio. Yo, soy uno de ellos. Mi nombre es Nicanor, natural de Fócide, soldado a las órdenes del rey Antíoco III de Siria, y ésta, oh extraño que me escuchas, es mi historia.


Hace ya tiempo, que mi aventura empezó, en una calurosa mañana de primavera, a orillas del río Orontes, en Siria, en una pequeña aldea a las afueras de Antioquía, allí tenía mi parcela de tierra, concedida por el rey. Llevaba ya más de 3 años a su servicio cuando recibí la noticia de que nos preparábamos para otra campaña. No era la primera desde luego, ya había luchado antes bajo las órdenes del rey estos últimos tres años, pero me encontraba cómodo ahí, labrando mi tierra, que era mucho más de lo que tenía en mi Fócide natal. Deseaba que esta paz durase por lo menos un poco más, no era de esos que se sienten extraños durante la paz y que añoran volver a la guerra. Por supuesto que me tomo mi trabajo en serio, pero....esta sensación de paz que me daba trabajar mi pequeña parcela... la brisa que corría por los márgenes del río y que aliviaba por momentos el creciente calor ... cuanto la añoro.


En fin, dejemos a un lado la melancolía para continuar con la historia. Al cabo de una semana me encontraba ya reunido con todos mis compañeros de armas listos para partir en cuanto se nos diesen las órdenes. Yo formaba parte, como muchos otros griegos, de las falanges de piqueros , esos erizos de lanzas impenetrables que habían conquistado Asia hacía más de un siglo. Mi arma principal era la sarissa una larga pica de seis metros, dioses.... todavía recuerdo la primera vez que vi una, y de como tuvimos que aprender a manejarla bien con las dos manos, sin duda, un arma formidable. Pero de nada sirve tu destreza si no la combinas con la maravillosa formación que es la falange macedonia, dieciséis filas por dieciséis, como he dicho antes un muro de lanzas, un erizo humano, ahí el individuo no vale, lo que cuenta es la formación en si, todos éramos un equipo. Y hablando de equipo.... cómo no hablar de mis camaradas, de mis amigos del alma, compañeros de fatigas, muchos ya en el Hades, cuyos nombres han sido olvidados.

Cómo no acordarse del valiente Cleómenes, el espartano del grupo, un hombre que nació y se crió sólo para la guerra, Casandro, el macedonio, que había sido capturado por los bárbaros celtas cuando estos cruzaron el Helesponto e invadieron Asia, a veces nos mofábamos de él, bueno, yo no, si que le gastábamos bromas con eso de que había sido capturado, pero os digo que no he conocido a alguien tan valiente como ese macedonio, más adelante os contaré de lo que era capaz. Cómo no olvidarse tampoco de Lysias, nuestro epirota, antiguo pastor de las regiones montañosas al norte de Grecia, en la frontera con los Ilirios, nunca tuve como amigo a un hombre tan humilde, sincero pero a la vez tenaz y astuto como él, su inteligencia era digna del mismísimo Odiseo, y más de una vez nos sacó de un apuro, como aquella vez que se las ingenió para colarnos en una fortaleza enemiga en plena noche para luego acabar con los guardias y abrirles las puertas a los nuestros. Sin duda el recuerdo de todos estos hombres, me trae a la vez felicidad y nostalgia, pero también pena, porque años ha que los dejé en el otro lado del mundo. Pero no adelantemos acontecimientos... .


Finalmente, a finales de abril-principios de Mayo el gran ejército seléucida partió hacia el sur, hacia las tierras de fenicios y hebreos para enfrentarnos al otro gran poder helénico en la región, a los Ptolomeos en Egipto. Si nos alzáramos con la victoria, la mayor parte del Imperio de Alejandro, incluida la tierra de los faraones y sus riquezas, sería nuestro, y el monarca seléucida se alzaría como el legítimo sucesor del gran conquistador. Finalmente, en Junio, llegó el momento, la batalla decisiva, que determinaría no sólo el destino del Oriente controlado por los griegos, sino también, mi propia vida, aunque en ese momento, no lo sabía.

28 de Mayo de 2020 a las 22:42 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Leer el siguiente capítulo Cenizas y Sangre ( Rafia, 22 de Junio de 217 a.C.)

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