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Dos amigas se sumergen en una travesía por el pueblo de Brihestone, donde nadie está a salvo.


Suspenso/Misterio Todo público.
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Efímero

Valeria y Verónica, niñas de trece años, con muchas interrogantes en sus cabezas.

Te preguntarás, ¿Quiénes son y por qué hablo de ellas? Ahora lo averiguaremos.

Un día cualquiera en el pueblo de Brihestone, ambas amigas salieron a pasear. Pasajes y avenidas muy complejas, por lo que las personas en las calles son escasas, al igual que los turistas.

Valeria y Verónica han vivido toda su vida en este pueblo, y por más tranquilo que sea aun así, todos corren peligro.

Ambas amigas, caminaban por una calle poco transitada, donde las personas no se atrevían a mirarse las caras. De un momento a otro comenzaron a escuchar pasos acelerados que provenían detrás de ellas, cuando voltearon, vieron a dos niñas, se podría decir que de unos ocho a nueve años, y al alzar sus cabezas, observaron que un señor de unos cincuenta venía persiguiendo a las pequeñas. Sin saber qué hacer, entraron a un pasaje angosto para perder al caballero, esperaron mucho tiempo, casi unos diez minutos, hasta que decidieron salir y asegurarse de que éste ya no estuviera ahí. Cuando lo hicieron las niñas que venían detrás de ellas, ahora caminaban de manera pasiva, sin preocupaciones, y el señor había desaparecido. Valeria y Verónica se encontraban muy confundidas. ¿Cómo desapareció el señor?, ¿por qué las niñas se encontraban tranquilas?, ¿cómo sucedieron pocas cosas en tanto tiempo?

A pesar de sus preocupaciones, ambas siguieron su camino y fueron al centro comercial que se encontraba a unas cuadras.

Al estar a una calle por llegar, notaron que había gente armada sin uniforme policial y estaban disparando a todo aquel que deseaba entrar al recinto. Las amigas con mucho temor, buscaron sus teléfonos para contactar a sus padres, pero no los hallaron, acto seguido buscaron dinero para volver a sus casas, pero éste tampoco estaba. Pensaron en regresar caminando, pero después de esconderse del viejo, ya no querían presenciar algo semejante.

Luego de pensar un buen rato, decidieron ir a refugiarse al centro comercial, y entrar por la puerta de los trabajadores, ésta se encontraba oculta, tras unos arbustos ya que no era muy concurrente.

Al ingresar notaron que había un olor a quemado, algunos muebles rotos y otros hechos cenizas, todos desordenados, algunos en medio del pasillo, otros con ropa en el suelo, mucha mercadería se encontraba dañada, en mal estado, y desordenada, las cerámicas del piso se encontraban rotas y dispersas, unos vidrios trizados y las paredes rayadas con pintura en aerosol.

Era impresionante, Valeria y Verónica no sabían en qué momento había ocurrido esto. No lo escucharon en ninguna noticia o en la radio.

Invadidas por el miedo, la angustia e interrogantes en sus cabezas, vieron a través de un vidrio roto que un grupo de gente comenzaba a acercarse, deprisa se escondieron detrás de un mueble que se mantenía de pie. Desesperadas, sus respiraciones iban en aumento, Verónica puso su mano en medio de su nariz y boca para que ésta no se escuchara. Cuando las personas pasaron, se fueron moviendo de a poco, escondiéndose detrás de los demás muebles.

Cuando se estaban acercando a la puerta principal, no sabían qué hacer, no podían permanecer ocultas todo el tiempo, necesitaban un plan de escape. Después de pensar en varias posibilidades, la única que podía resultar era esperar a que un gran grupo de personas decidiera salir y camuflarse entre ellos.

Esperaron mucho tiempo, casi una hora. Todos salían de dos a cinco personas, pero necesitaban mayor cantidad de gente para pasar de ser percibidas. Hasta que lo lograron, divisaron a un grupo de quince personas, cada una de éstas tenía las manos amarradas y la boca vendada. Cuando el grupo se acercó, ambas corrieron entre lágrimas de desesperación a la puerta y cuando lograron infiltrarse, caminaron al paso de los demás.

El plan iba perfecto, hasta que una chica de unos veinte años comenzó a contar cuántas personas estaban saliendo. Notó que cuatro se encontraban sin vendas y con las manos sin atar, los tomó del pelo a cada uno de ellos y los quitó de la fila, Verónica y Valeria habían sido descubiertas.

Uno de los cuatro individuos se dio a la lucha, comenzó a pelear y gritar en contra de los que se encontraban armados, segundos más tarde se hallaba en el piso sangrando y con una bala en su cabeza. La mujer comenzó a gritarle a los otros tres, pero éstos no alcanzaron a reaccionar, la chica de unos veinte años los había roseado con un líquido tóxico. Valeria, Verónica y un desconocido se encontraban inconscientes en el suelo.

Cuando ambas despertaron, estaban recostadas en el suelo en un callejón oscuro y angosto. Se miraron de una manera muy confundida y agotada, se sentían muy débiles. Cuando salieron del callejón un viejo de unos cincuenta años pronunció las palabras “Bienvenidas a Brihestone”.

25 de Mayo de 2020 a las 20:46 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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