criandomalvas Tinta Roja

¿Precuela o secuela? ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? En "Un nuevo comienzo" conoceremos por fin a la "Inspiración" y el origen de otros tantos personajes. De un tono más realista, sin renunciar a lo fantástico, que "El Castillo de Naipes", nos moveremos por el pasado ¿o quizás es el futuro? ¿Quien sabe? Seguimos inmersos en un mundo de sueños y los sueños no tienen porqué tener sentido.


Fantasía Todo público.
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Prologo. La niña y el sapo.

Plena la luna, noche estrellada. Monótono canto el de sapos y ranas, todos están de fiesta en la pequeña charca. Sobre una piedra, contento, se encuentra el sapo Batracio. Con el estómago lleno tras una opípara cena, que si ahora una mosca, ahora una libélula, contempla a sus vecinos sabiéndose a salvo. Demasiado gordo y venenoso, no entra en la dieta de la pérfida culebra. Despreocupados, juegan los renacuajos. Un escarabajo despistado se arriesga al acercarse demasiado al alcance de la lengua de don sapo.
Se aproxima una extraña luz y cunde el pánico, todos buscan cobijo en el fondo del barro, menos el pobre Batracio. El escarabajo fue el colofón, demasiado lleno le faltan reflejos y sobre el desafortunado sapo, cae la desgracia en forma de red. Atrapado en las manos de dos cachorros de humano, sabe que se ha acabado su suerte. Sin duda le espera la muerte tras un largo suplicio. Una vida de excesos y vicios, poco ejercicio, lo han convertido en presa fácil por lo lento. Contentos, los niños lo miran divertidos.

—Es feo y verde, de piel verrugosa, tu mamá te miente. ¿Qué puede tener de príncipe semejante cosa?
La niña se enoja con la pregunta del chiquillo.

—Mi mamá no me engaña. Todas las noches cuando estoy en la cama me cuenta su historia, yo cierro los ojos y sueño que lo beso. Toma forma el príncipe, alto y hermoso, cabellos de oro y en la cabeza una corona. Me lleva a su castillo donde seré reina cuando crezca, y así acabarán nuestras miserias y penas.

Batracio los mira, rubio y pecoso el niño, morena de ojos verdes y vivarachos ella. Visten con harapos y están sucios, los piececitos descalzos embadurnados de barro. Reconfortado por el cálido tacto de las manos del chiquillo, el sapo se relaja. Una mueca de desagrado en el rostro del muchacho.

—¡Es asquerosoooo! Solo de pensar en acercar los labios se me revuelve el estómago.

—¡No es una princesa, no debes besarlo! —Le recrimina ella.

—No tengo ninguna intención de hacerlo. ¡Toma, quédate con tu sapo!
Pasa de manos Batracio, las de ella son mucho más cálidas y suaves, se le escapa un suspiro.

—Croac.
La niña ríe divertida y se le sonrojan las mejillas, el sapo la mira con sus enormes ojos redondos.

—Croac.

—¿Qué es lo que pretendes decirme mi príncipe? ¿Deseas que rompan mis labios el hechizo que te mantiene encerrado bajo el aspecto de un sapo? No tengas miedo, huiremos donde la bruja malvada no pueda alcanzarnos. Comeremos perdices y patatas todos los días, no pasaremos nunca más hambre ni yo ni mi familia. —Le sacó la lengua al niño rubio. —Tú te quedarás aquí junto a la charca, quizás alguna de esas ranas sea tu princesa, pero tendrás que besar a todas ellas.

Se rio y de nuevo sus pálidas mejillas recobraron el color.

—¿A qué esperas entonces, tienes miedo de quedar en ridículo? Eso no son más que cuentos, mentiras.

—¡No, no lo son y ahora lo verás!

Aferrada a la esperanza de que la ilusión todo lo puede, acerca despacio los labios a la enorme boca del sapo. Toma contacto y el calor del aliento de la inocente muchacha reanima la sangre fría de Batracio. Se siente extraño, y por unos momentos, también él cree que se obrará el milagro.

La niña lo arroja con fuerza contra las piedras, a los pocos segundos se le hinchan los labios y alrededor de ellos la piel adquiere un tono morado. La ponzoña del sapo la ha envenenado.

Rie cruelmente el muchacho mientras se llenan de lágrimas los verdes ojos de la niña.

Batracio, herido de muerte panza arriba, la mira.


—¡Nunca más creeré en cuentos de hadas! —Grita decepcionada al tiempo que le propina una patada a la pobre rana.

—¿Qué culpa tengo yo si de pequeños os engañan? ¿Merezco el castigo por ver defraudadas vuestras infantiles ilusiones? Yo era más que un príncipe, el rey de mi charca, el monarca de las ranas. Pero para vos no soy nada.

Sin motivo me matas de una patada.

Se cansó el niño de escuchar el agónico croar de don Batracio y lo aplastó con su pie descalzo.

La niña lloraba desconsolada.

Allí, oculta entre los árboles, estaba el monstruo de piedra dispuesta a tragarse la infancia de la pequeña.


—¡El mundo es un asco, ya no creeré nunca más en nada! Padecerán mi venganza todos aquellos que engañan, los que regalan alegremente a la gente esperanzas, para, al despertar del sopor, arrebatárselas de forma cruel.

El chaval pecoso la miraba asustado.

Desde su escondrijo, la gárgola aspiró toda la ira de la niña.

En la cima de la montaña del mago, Criando Malvas observaba contrariado al anciano que apenas se mantenía en pie aferrado a su báculo. Tenía una larga barba blanca que le llegaba a los tobillos. También el pelo era canoso y muy largo. Tras todo el cabello de la cara, apenas se distinguían unos ojos, coronados por unas pobladas y… claro está, blancas cejas.

—¿Por qué me cuentas esto?

—Debes de saber a qué te vas a enfrentar.

—¿Yo? Yo solo abandoné la cabeza de la maldita gárgola porque así me lo ordenó de malas maneras. Eskatologico se negó en redondo, dijo haber tenido suficiente con salir una vez y que no tenía intención de hacerlo nunca más, y ahora comprendo el motivo. ¡Aquí hace frío! ¿Dices que Magenta estaba allí?

—Se alimentó de la decepción de la pequeña, luego regresó satisfecha a su catedral con la panza llena.

—Ella me ordenó que te pidiese ayuda, dijo que solo tú puedes deshacer el entuerto en el que nos hayamos inmersos.

—Así que la mente del Hacedor de Historias se secó. Supongo que es por eso que os encontráis prisioneros en el limbo. ¿Y por qué cree el monstruo de piedra que retroceder en el tiempo puede solucionar este embrollo?

--Dice, que si aparecemos antes de que perdiese a la Inspiración, quizás podamos evitar que los acontecimientos transcurran como están establecidos. Si conseguimos mantenerlos juntos seguirá ideando historias, seguiremos vivos.

—Entrometerse en el pasado para variar el futuro es muy peligroso, suele ser peor el remedio que la enfermedad.

—Solo soy un emisario, un mandado. En cuanto me des respuesta volveré a la cabeza de Magenta, de donde jamás debí de haber salido.

El mago se rio a carcajadas. —Pobre infeliz, recae en ti todo el peso de esto y aun no te has dado ni cuenta.

—¿En mí? ¿De que estas hablando? —Malvas tenía la apariencia de un bufón, los colores chillones y alegres de su indumentaria contrastaban con su siempre serio semblante.

—No puedo mandar a la gárgola y que se encuentre consigo misma, ni a ningún otro que existiera por aquel entonces, sin embargo, tú…

Los ojos de Malvas se entrecerraron mostrando su susceptibilidad.

—¿Yo qué?

—Ni tú ni Eskatologico habíais sido creados aun por la mente enferma del monstruo de piedra, y teniendo en cuenta que el gruñón no se encuentra aquí, solo me queda un aspirante.

—¡Ni hablar, no pienso embarcarme en esto solo! Solo quiero regresar a la seguridad del cabezón de mi dueña.

—¿Regresarás con las manos vacías? ¿Estás dispuesto a enfrentarte a su ira?

—Correré el riesgo, a fin de cuentas… ¿Qué es lo que puede hacerme?

—Puede desterrarte para siempre.

—No se atrevería a tanto.

—Me permito dudarlo. —El mago sonrió maliciosamente.

—¿Qué tiene que ver en todo esto la niña de tu cuento?

—Es a ella a quien buscáis, será algo mayor que en mi historia. Tendrás que tener mucho cuidado con ella, aquello pudrió su alma y Magenta aprovechó para robar su infancia. Todo junto la convirtió en un monstruo sin corazón.

—¡La Inspiración! —Exclamó Malvas y el mago asintió con una sonrisa.

—Debes emprender tu viaje ahora. —El mago miró el cielo. —Va a haber tormenta, es el momento.

—¡No pienso ir a ningún sitio!

—Tranquilo, no estarás solo, sabrás lo que es que alguien se instale en tu cabeza. Yo guiaré tu camino.


Los rayos sobresaltaron a Malvas, empezó todo de improviso. El rugir de los truenos ahogaban las protestas del payaso triste.

—Es hora de irse. —El mago alzó su báculo y un relámpago alcanzó la punta. Bufón y anciano desaparecieron como si se los hubiera tragado la tormenta.

25 de Mayo de 2020 a las 07:38 0 Reporte Insertar Seguir historia
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