odette01 Odette Sandoval

Desde pequeña fue una persona fría y aparentemente incapaz de sentir emociones. Ahora la tachan de loca. La encerraron en un psiquiátrico al sospechar que sufre de algún trastorno mental, porque ninguna persona normal le arranca la vida a otro ser vivo por gusto. Y ella es normal, ¿verdad? Max decidió trasladarse al hospital psiquiátrico de su padre para seguir ejerciendo su trabajo como psicólogo allí. De haber sabido que aquella chica rodeada de secretos iba a poner su mundo patas arriba, quizás lo hubiese pensado un poco. ¿Su relación de paciente-doctor pasará a algo más?. La verdad no puede ocultarse para siempre y Max la descubre más temprano que tarde, ¿acaso la odiará? ¿guardará todos sus secretos? Y si decide delatarla, ¿vivirá para contarlo?.


Paranormal Lúcido Sólo para mayores de 18.
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CAP 1.


Ahí se encontraba otra vez, frente a la ventana, daba la impresión de que miraba hacia aquel enorme jardín lleno de coloridas flores, aquel que amaba tanto como odiaba y aún no sabía el porqué.

O quizás si.

Pero solo miraba a la nada.

Siempre se perdía en sus pensamientos, se quedaba estancada en aquellas lagunas llenas de recuerdos.

Recuerdos que no la dejaban olvidarse de lo que en realidad es.

Un monstruo.

Si, claro que lo reconocía e incluso creía que la palabra "monstruo" no alcanzaba para describirla. Era mala, despiadada, cruel, fría, calculadora y siempre le ha irritado su carencia de emociones.

Ni siquiera se enojaba...

Ni mucho menos sabía lo que era estar feliz.

Una vez leyó que los sentimientos son un estado del ánimo que se producen por causas que lo impresionan, estas pueden ser alegres y felices o dolorosas y tristes. Todas las páginas de internet y libros dicen lo mismo.

Es curiosa la manera en la que describen los sentimientos, como si fueran actos inconscientes, que nadie los puede controlar.

Quisiera saber cómo rayos ella si los puede "controlar" aunque no sabe si lo hace a propósito o de manera inconsciente, nada la impresiona, nada le causa ni el más mínimo sentimiento, los únicos estados de ánimo que tiene son el aburrimiento y la irritación.

No siente tristeza, conmoción ni lastima por absolutamente nadie, sabe que su fuerte carencia de empatía es la gota de derrama el vaso.

Esa pequeña gota hace que el vaso se quiebre y haga cosas que una persona "normal" no haría.

Le irritaba de sobre manera el hecho de que no se le permitiera sentir tan siquiera dolor, si sintiera dolor tal vez podría entender un poco a los demás, podría tener una idea de cómo se sienten, pero eso no era posible. No sabía si era una deficiencia genética o si alguien era el responsable de que no fuera capaz se sentir cosas que todo el mundo debería, cosas necesarias.

No recuerda haber llorado ni una sola vez, se calló muchas veces cuando era niña, se raspó las rodillas, se cortó, la trataron mal una que otra vez y nunca soltó una sola lágrima.

Lo peor de todo el lío que es su vida, son los psiquiatras o loqueros como les llama ella, no la dejan en paz, siempre están ahogándola con preguntas y se ha vuelto una rutina. Desde que llegó a aquel hospital psiquiátrico esos loqueros han intentado sacarle palabras de todas las formas posibles, incontables veces han tratado de manipularla para que les cuente el porqué ha asesinado a tantas personas.

Animales también....

Bueno, el caso es que no tiene ni la más mínima intención de hacer lo que ellos quieren, a lo mejor llega a volverlos locos a ellos también, porque la verdad es que ha estas alturas ya no estaba segura de estar totalmente cuerda.

A veces llegaba a pensar tenía algún trastorno mental, pero no era eso, no se sentía enferma...

No era tonta, sabía perfectamente que algo andaba verdaderamente mal con ella, pero no sabía lo que era.

¡Ni siquiera los loqueros!

La han analizado los mejores especialistas, recuerda los incontables análisis de sangre y también de su comportamiento, ¿con qué dieron? Con nada. Solo la mantenían allí esperando que confesara que era una asesina por gusto y luego encerrarla en la cárcel para siempre. Era lo único que les quedaba, amenos que hubiese desarrollado alguna enfermedad nueva y por ende ningún especialista sabe qué es lo que no le permite comportarse completamente como una persona normal.

Tampoco estaba segura de querer luchar para tener un final distinto al que le esperaba, se había planeado pensarlo y ya después vería qué hacer.


🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀



- ¡Hola!

- Maldita sea - Siseó Ayla al ver el vaso de cristal que se le acababa de caer por la impresión.

- Ay lo siento, veo que tienes la capacidad de asustarte pequeño iceberg.

Ignoró el vaso roto y se volteó hacia la intrusa recién llegada, la miró frunciendo el ceño.

- ¿Qué haces aquí? - preguntó con hastío.

Malia le dedicó una gran sonrisa y empezó a gesticular con las manos.

- ¿No es obvio? Al igual que tú estoy encerrada aquí - contestó mirando a la pelinegra con obviedad.

- No seas estúpida - se quejó - me refiero a "aquí" ¿por qué estás en el mismo espacio que yo?.

- Oh no, no te esfuerces en tratarme mal para que me aleje de ti. Te guste o no, somos amigas y sé que en el fondo me quieres mucho.

Ayla suspiró. Malia siempre hacía eso, por más que la echaba de su lado y le expresaba su desagrado hacia cualquier ser humano, ella nunca se iba y si era así, siempre volvía. Aún no entendía a que venía su insistencia en que fueran amigas, pero admitía que no le desagradaba por completo que la chica insistiera tanto en estar cerca de ella, obviamente nunca lo diría en voz alta y tampoco es que importara porque Malia lo percibe. A pesar de las incontables veces que la hecha de su lado, ella...

Ella siempre le muestra una gran sonrisa y le repite una y otra vez que en el fondo siente algún tipo de afecto.

- Oye, Lay. Siento mucho lo de tu vaso y qué raro, ¿no? Estamos rodeadas de flores, pasto blando y el condenado vaso viene y se parte la madre en una pequeña piedra. Irónico, peroooo lo bueno es que no tendrás que recogerlo.

Ayla salió de sus pensamientos, se sentó en el suelo y observó las incontables flores de todos los colores y tipos que había en el jardín del hospital. Aún no entendía el porqué de su obsesión con las flores, sus favoritas siempre fueron las rosas, de cualquier color, pero todo el tiempo ha creído que son las más bonitas.

- ¿Qué te hace pensar que me importaba el vaso? - preguntó rodando los ojos.

- Oh, el vaso no, pero lo que había dentro quizás si. ¿Qué estabas tomando?

Ayla la miró como si de repente le hubiese salido una tercera cabeza.

- ¿No crees que has hecho demasiadas preguntas por hoy?

- Anda dime y no haré más preguntas, hoy.

- Solo era medicina - se limitó a responder.

Malia cumplió con su promesa y no volvió a abrir la boca.

Ambas chicas se acostaron en el pasto y así se hicieron compañía, porque aunque no le prestaban demasiada atención, las dos estaban completamente solas.

Si tiene trastorno de personalidad, ¿por qué es tan amable todo el tiempo? No había un solo día en el que no le viera aquella sonrisa que tanto la caracterizaba, desde que la conoció se ha comportado como una chica normal.

La mayoría de las veces...

Sabía perfectamente que Malia había asesinado a un que otro compañero. Es bastante peligrosa, Morgan se lo dijo sin querer. A pesar de que es una chica que está alegre todo el tiempo, hay algo extraño con ella. Algo que también sabía era que como no la podían meter a la cárcel porque estaba enferma, la castigaban, pero ella siempre salía del área de castigo con esa estúpida sonrisa y la envidiaba, envidiaba esa felicidad que parecía brotarle del cuerpo.

Nunca nadie la ha visto enojada ni nada parecido, es como si nada le molestara, entonces, ¿por qué lo hace? ¿Mata a la gente porque le gusta?. Ayla solo se hace cuestiones, pero no la juzga.

Después de todo ella es igual.

Pensándolo bien, a diferencia de Malia, ella no había atentado contra la vida de nadie desde que llegó al hospital.

La cosa es que la morena a su lado si hacía cosas que una persona con trastorno de personalidad haría, pero le irritaba no verla decaída alguna vez.

Así como ella que todo el tiempo estaba seria y sumida en sus pensamientos. No se consideraba una persona desatenta, pero si era algo distraída...

- Oye, Lay - Ayla rodó los ojos, tal y como hacía cada vez que la llamaba de aquella forma - ¿escuchaste lo que se anda diciendo en todo el hospital?

- No...

Malia se sentó de golpe haciendo que se sobresaltara y la mirara con el ceño fruncido.

- Se dice que pronto vendrá el hijo del doctor.

-¿Del doctor? - achinó los ojos - Malia, sabes que aquí hay muchos doctores así que sé especifica, o mejor no, no me interesa saber nada sobre un nuevo loquero.

- No seas aburrida, Lay - Se acercó a ella para susurrar - hablo del director, el doctor Kane.

- ¿Por qué susurras? - la miró con interés mientras le hacía la pregunta.

Y como era de esperase la morena sentada a su lado empezó a gesticular con las manos.

- Pues, es que el director no permite que todo el mundo lo llame por su nombre, ni siquiera su apellido - contestó con obviedad.

- ¿De qué estás hablando? Yo lo llamo por su nombre desde que llegué aquí...- Malia la interrumpió.

-Uhhh, en eso estuve pensando hace poco, ¿por qué a ti si te deja llamarlo por su nombre cuando a los demás nos lo prohibió rotundamente? - soltó un grito y se llevó las manos a la boca - ¿acaso tienes una relación secreta con el? Ay amiga y yo pensando que andabas en abstinencia total y por eso tu carácter... - Ayla la interrumpió de un manotazo.

- ¿Estás tonta o qué? Mejor ve a tomarte tus pastillas porque estás diciendo incoherencias.

- Entonces, ¿no hay nada entre ustedes? - hizo un puchero - que decepción, yo quería hacer una historia sobre su relación, hasta título tenía...

- No me interesan los viejos.

- Pero admite que sería interesante la experiencia, deberías tener sexo y así tal vez consigas estar de mejor humor.

- Cállate. Algunos si podemos vivir sin sexo, ¿sabías?.

Sin querer se imaginó las veces que Malia se habrá tirado a quién sabe cuántos guardias y no dudaba que hasta doctores. Es bonita, tiene un color de piel que ella no tendría nunca, no todos corrían con la suerte de vivir en un lugar en el que hace frío todo el tiempo y tener la piel morena.

La morena se puso de pie y la siguió, como siempre. Por más que dijera que no la quiere cerca, ella seguiría haciéndole compañía, la necesitaba aunque no lo admitiera en voz alta.

Las chicas no estuvieron solas en ningún momento, habían varios guardias, un poco alejados, pero las vigilaban. Así era todo el tiempo.

- Lay - se detuvo y miró a la morena instándola a hablar - ¿si sabes que aquí nos temen?.

Por reflejo Ayla divisó a los guardias que las seguían a todos lados, cuando ellas se separaban, ellos también lo hacían. Quizás Malia tuviera razón. Morgan temía por la seguridad de las personas presentes. Nunca se había detenido a pensar en eso ya que no notaba la presencia de ningún guardia cuando Morgan la llamaba a su consultorio, hizo una nota mental, tenía que preguntarle sobre el tema y tal vez le diga algo interesante.

- Quizás, no lo sé. Me voy a mi habitación y tú a la tuya - suspiró - véte a dormir, Malia. Deja de meterte en problemas, si te matan en alguno de los castigos Morgan me obligará a asistir a tu funeral y odio ese tipo de cosas, ¿vale? - la susodicha sonrió.

- Yo sé que te preocupas por mi.

Rodó los ojos.

- Adiós.

Tras decirle eso, se dirigió a su pieza. Tenía que tratar de descansar porque al día siguiente la llevarían a hacerle más pruebas. Ella sabía que no encontrarían nada, como siempre.

Al llegar se metió a la ducha y se quedó bajo el grifo por unos minutos. Tenía ganas de meterse a la bañera y quedarse bajo el agua por un buen rato y así, quizás conseguiría callar los pensamientos que no dejaban de hacer un ruido insoportable, pero tenía que descansar o al día siguiente se quedaría dormida durante sus exámenes. Salió de la ducha, se puso un camisón y se tiró en la cama.

- Ya sé que no podré dormir más de cuatro horas, pero habrá que intentarlo. Solo espero no ver a esa mujer otra vez, de verdad que me quita el sueño.

Después de media hora se quedó dormida.


🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀🥀


Genial. Sólo a mi me pasan estas cosas, mi primer día de trabajo y estoy llegando tarde. Solo espero que papá no se enoje conmigo. Y es que tampoco fue mi culpa, me avisaron a último minuto que tenía que ir al hospital.

Me acomodé en el asiento y miré por la ventana. No podía creer que empezaría a trabajar con mi padre, mi vida sería diferente ahora. Me encantaba mi trabajo en Los Ángeles, me iba de maravilla y justo ahora tenían que cerrar la clínica, ¡qué fastidio! Mi opción más fácil fue aceptar trabajar para mi padre.

Suspiro aliviado cuando logro observar el lujoso Hospital Psiquiátrico Kane.

- Quédese con él cambio - le digo al taxista mientras salgo del auto y me encamino hacia mi el interior de mi nuevo lugar de trabajo.

- Buenos días señor Kane, su padre lo está esperando en su oficina - me informa una enfermera apenas pongo un pie dentro, perfecto, ahora me ganaré un sermón de mi padre. Sin decirle nada a la chica me dirijo a su oficina.

Mientras me dirijo a la oficina siento una mirada pegada a mi nuca, así que miro a todas partes hasta dar con la responsable.

En uno de los asientos del área de espera se encontraba una chica, que por cierto era muy joven, no le calculo más de 18. Lo más curioso no es que se encuentre mirándome fijamente, como si tratara de ver a través de mi, sino los cientos de guardias que se encuentran custodiándola y de verdad que no exagero, hay muchísimos guardias a su alrededor, observando cada uno de sus movimientos.

Me quedé mirándola más tiempo del necesario, lo suficiente como para darme cuenta de que sus ojos son tan oscuros como su lacio y largo cabello, también de sus rasgos extremadamente delicados, joder, parece una muñeca.

Y cuando creo que no puede verse más hermosa, me sonríe, pero fue una sonrisa extraña. Hermosa, pero extraña.

- Joven, su padre lo está esperando - la voz de una mujer que parece una doctora me saca de mi ensoñación.

- Si, si ya voy.

Cuando estoy frente a la puerta me tomo unos segundos para respirar, esa chica me hipnotizó con solo una mirada y además, posee la sonrisa más encantadora que jamás había visto.

-¿Quién será? Y ¿por qué me habrá sonreído de esa forma?

Salgo de mis pensamientos y abro la puerta, mi padre se encuentra sentado frente a su escritorio.

- Hasta que decides honrarme con tú presencia.

- Lo siendo, se me hizo tarde - me excusé.

- No eches esto a perder, Maximiliano. Sé que no será fácil adaptarte ya que desde que terminaste la universidad estuviste trabajando en la clínica, pero si te esfuerzas lograrás tus cometidos. Ya tengo listo tú horario de trabajo, ya estás familiarizado con esto, después de todo lo has hecho antes - me dijo tendiéndome una hoja.

Ignoré su comentario sobre la clínica. Sé perfectamente que nada le causa más felicidad que el hecho de tenerme trabajando aquí con él, así lo quiso desde un principio y no me sorprendería que él tuviera algo que ver con la culminación de mi antiguo trabajo.

-¿Debo empezar justo ahora? ¿Qué tipo de pacientes atenderé?

- Kelly será tú asistente, te ayudará en todo lo que necesites, ya le pedí que te mostrara todo el lugar y que te hablara un poco sobre los pacientes con los que tratarás - mi padre seguía dándome instrucciones - suerte hijo, sé que lo harás bien.

-Gracias.

Cuando salgo del despacho me encuentro con la misma enfermera de antes.

- Señor, no me presenté antes porque su padre tenía prisa de verlo, soy Kelly Wilson, un placer - me tendió la mano y la tomé rápidamente.

- Un gusto, Por favor, sólo Max.

- Trataré, no le prometo nada. Sígame le mostraré su oficina - dijo mientras caminaba por él pasillo.

Mientras la seguía me tome mi tiempo para estudiarla, era de estatura media, pelirroja y de piel aceitunada. Pude notar que Kelly tiene un bonito trasero...

- Bien, aquí es - Kelly abrió una puerta y me hizo una seña para que pasara - Aún no está decorado, pero puede hacerlo cuando guste. Ahora le hablaré un poco sobre los pacientes.

- ¿Ahora? - la interrumpí.

- Si, ahora. Es importante, luego le iré mostrando el hospital, tome asiento y revisemos los expedientes que su padre dejó aquí.

Hice lo que me pedía y tome asiento a su lado mientras ella tomaba un expediente, lo abrió y comenzó a leer.

- Ese es Zack, nada del otro mundo, un adolescente con esquizofrenia - empezó a hablar - suele tener muchas alucinaciones, pobre chico, tiene buena conducta y está aquí desde hace cinco meses.

-Hablas como si pasaras mucho tiempo con el.

-Y si, pasó mucho tiempo con el - lo miró por un segundo - me importa el niño - pero sigamos - alargó el brazo y buscó otro expediente - escucha, esta es Malia y aunque no pasarás tanto tiempo con ella es mi deber advertirte que es una chica muy, emm, yo diría que coqueta.

La miré sin entender nada.

- ¿Coqueta dices? ¿Por qué debería preocuparme eso?.

Carraspeó y me miró como si fuera un bicho raro.

-¿Qué?.

Negó con la cabeza y empezó a hablar.

- Oh, es que se las ha ingeniado para acaparar la atención de todos los que están a su alrededor, ni las mujeres han logrado salir ilesas de sus garras.

La miré aún más confundido, ¿y yo qué tenía que ver con eso?.

- Es que ¡de verdad! Pareciera que la chica ha tomado clases de seducción, seguramente eso se lo enseñó su amiga. La cosa es que ha hecho que expulsen a más doctores de los que me gusta admitir, se supone que son muy profesionales, si, pero de alguna forma esa arpía logra enganchar a todo el mundo.

- Oye agradezco tu preocupación, pero creo que no hace falta que me digas todo esto, yo nunca mezclaría mis relaciones personales con el trabajo y mucho menos con una paciente.

- Lo siento, sigamos.

Kelly siguió hablándome de pacientes, hasta que arrojó lejos el expediente que tenía en las manos.

La miré sorprendido.

- Esto se está poniendo aburrido - me explicó al ver la confusión en mi rostro - busquemos algo más interesante. A ver...

Kelly se tomó unos minutos buscando entre los expedientes que se encontraban en el escritorio, hasta que abrió los ojos como platos y sonrió.

- Esto sí que es interesante - dijo con alegría y vi otra expresión en su rostro que no pude descifrar, mientras abría el expediente - Ayla Bech, diecisiete años, la ingresaron hace unos meses - sigue dictando información sobre la chica y la interrumpo.

- ¿Qué tiene ella de interesante?.

- Oh querido, ni te imaginas. Ayla es una asesina a sangre fría, bueno eso es lo que algunos pensamos - empieza a contar - se le acusa de haber matado a dos familias y sin embargo, le han realizado infinidades de pruebas, análisis y no sale con ninguna enfermedad mental, aunque la tienen en el área de psicopatía...

- Espera, ¿cómo qué asesinó a dos familias? - pregunte con interés.

- Ayla vivió con sus padres biológicos hasta los nueve años, fueron asesinados y en ese entonces no se pudo descubrir quién cometió el crimen, no fue hasta hace poco qué vincularon la muerte de los Bech con Ayla...

- Así que ella tiene el apellido de sus padres.

- Deja de interrumpir - se quejó - y si, los padres adoptivos de Ayla decidieron dejarle su nombre y apellidos, ya estaba grandesita cuando la adoptaron y no querían que tuviese que lidear con un nuevo nombre. Tras la muerte de sus padres Ayla fue enviada a un orfanato, donde estuvo por año y medio, tiempo en el que sucedieron cosas horribles con algunas niñas.

La miré con duda.

- Si, la culpable fue Ayla, pero en ese entonces no lo supo nadie. Los señores Smith tenían un niño de unos diez años, intentaron tener más hijos pero no se pudo, así que decidieron adoptar, como te imaginarás, de alguna forma dieron con la chica psicópata - la pelirroja me narraba aquella historia con mucho entusiasmo y yo sólo la escuchaba pasmado.

Noté que hizo una pausa para permitirme procesar toda la información que me estaba brindando, ¿toda esa información se encuentra en ese expediente?.

- ¿Puedo seguir o ya tuviste suficiente por hoy?.

- Soy un profesional, Kelly. Se supone que debo estar preparado para este tipo de situaciones.

- ¿Se supone? - alzó una ceja - nunca antes trataste con algo así, ¿verdad?

- Pues, una vez tuve un pariente con trastorno paranoide. Este reaccionaba muy violentamente cuando sentía que estaba en peligro, una vez lo mordió su perro y lo mató. Eso es todo.

-Eres algo así como un principiante y siento lástima por ti porque aquí hay de todo.

-Ya basta - me quejé - continúa por favor.

Ella asintió.

- Pues, los Smith corrieron con la mala suerte de cruzarse en su camino, ella estuvo con ellos por unos años. Todo estaba aparentemente normal hasta que la familia fue hallada muerta. Los detectives a los que se les fue asignado el caso vincularon todas las tragedias con la chica, ya sabes unieron todas las pruebas y eso.

Se acercó un poco y empezó a susurrarme.

- ¿Sabes? Aquí entre nosotros, yo pienso que ella lo hace por gusto. O sea, lleva bastante tiempo aquí y aún no le detectan ninguna enfermedad mental. Creo que está más que cuerda y lo más conveniente para todos es que la metan a la cárcel, no te imaginas el miedo con el que andan la mayoría de los doctores, el único que acepta quedarse a solas con ella es tu padre, pero nadie más.

- Esto es escalofriante - dije con honestidad, ¿cómo una persona puede ser capaz de quitarle la vida a su propina familia? De verdad que no me cabe en la cabeza.

- Pues, será mejor que te vayas acostumbrando.

-¿Qué? ¿Por qué dices eso? - la miré confundido.

- Porque es la paciente con la que más tiempo pasarás.








Hasta aquí el primer capítulo, les agradezco que hayan llegado hasta aquí ❤️

24 de Mayo de 2020 a las 06:12 0 Reporte Insertar Seguir historia
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