_zeitbombe_ Zara Salazar

Diría que los polos opuestos se atraen, pero en este caso estaría mintiendo muy descaradamente. Lo menos que son Ailith y Jared son polos opuestos; aunque ellos quieran negarlo, se parecen en muchas cosas. Una de esas que más tienen en común es el odio, cada uno a cosas diferentes, pero eso es lo que los une. Jared odia el otoño. Ailith odia los colores. Ambos quieren hacer ver al otro que aquellas cosas que detestan no son merecedoras de su odio, ambos se niegan a dar su brazo a torcer, pero aún así lo siguen intentando porque otra cosa que prevalece en ellos es la determinación con la que buscan lograr lo que se proponen; en pocas palabras... Lo ven como un reto. Así es como comienza nuestra querida historia, dos almas tan parecidas que buscan mostrarle al otro como apreciar las cosas. ¿Qué mejor manera de enamorarse que esta?


Ficción adolescente No para niños menores de 13.
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Prólogo

Un pitido en mis oídos se hizo presente al escuchar esas palabras. No hubo una reacción inmediata, simplemente me quedé en mi sitio viendo aquellos ojos que tenían su vista fija en mí, me miraban con cautela. Sabía que estaba sintiendo lastima por mi después de ver lo que había causado con unas simples palabras. Me repetía constantemente en mi mente que era mentira, que solo era un mal sueño, o quizás había escuchado mal; cuando no dormía lo suficiente me pasaba demasiado.


Un movimiento de parte de la persona en frente de mi hizo que ahuyentara cualquier pensamiento para convencerme que no era real. Inspeccioné de arriba abajo sus prendas y luego me detuve en su rostro; definitivamente no era solamente yo quien lo había pasado mal. Ojeras y ojos rojos de tanto llorar era lo que destacaba.


Por alguna razón— quizás fueron los nervios— me eche a reír, relajándome en el proceso. Lagrimas había salido de mis ojos y me había agarrado fuertemente el estomago a causa de las risa; definitivamente aquello era una crisis nerviosa. Mi risa se desvaneció cuando sentí un fuerte golpe en mi mejilla, una cachetada. Volví a tensarme y esta vez di un paso hacia la persona que me proporcionó el golpe, deteniéndome rápidamente cuando noté que el labio de esta temblaba un poco.


Negué y di varios pasos hacia atrás tratando de alejarme, viendo la habitación en la que me encontraba. Se habían creado tantos momentos en esta como fuera de la misma, de cierto modo se había vuelto mi lugar seguro y el solo pensar que ya no podía volver me destrozaba. Me di la vuelta y agarré mi cabeza entre mis manos, apretando ligeramente; me dolía como si se estuviera llevando una batalla a cabo ahí mismo, solté varias respiraciones y cerré los ojos. No quería tener un ataque de pánico en ese momento, no si sabía que no lo iban a poder controlar. Cuando abrí los ojos apartando las manos de mi cuero cabelludo, mi vista se empezó a nublar y la garganta me ardía.


¿Dolor? ¿Furia? ¿Desesperación? ¿Eso es lo que siente cuando se rompe tu corazón?


—Lo siento mucho, Jared.


Un apretón en mi hombro que llevaba la intención de ser reconfortante era lo único que necesitaba en ese momento. Un grito que me lastimó la garganta salió de mis labios mientras que caía de rodillas al suelo, volví a agarrarme la cabeza esta vez con lágrimas recorriendo mis mejillas y después de unos segundos en los que agarré más aire otro grito mucho más fuerte salió. Estaba casi convencido que después de eso no iba a poder hablar bien por unos días.


Sentía pasos acercarse y mucho ruido en el cuarto, manos tratando de agarrarme a las cuales yo simplemente golpeaba mientras que me arrastraba por el piso para alejarme, al chocar con la pared me di cuenta que no tenía escapatoria y apoyé mi cabeza en esta, cerrando los ojos. Respiré y masajee mi cabeza, parecía que había una multitud en la habitación o así lo sentía yo, escuchaba todo con más intensidad.


"Es por el dolor de cabeza" me repetí mentalmente mientras que sentía que mi respiración se estaba normalizando. Limpie las lágrimas de mis mejillas y carraspee un poco, abriendo un poco los ojos para visualizar a las personas que había entrado. Lo cierto era que me costaba, los tenía hinchados.


—No puede terminar así —susurré, ganando que todas las vistas se posaran en mí.


—Tristemente si va terminar así y no puedes hacer nada al respecto... Por mucho que así lo quieras —me respondió la misma persona con la que estaba hablando antes de todo, su tono era frío y también resaltaba la molestia en el. Miré a mí alrededor sin decir nada y suspiré, quería seguir deshaciéndome de lo que sentía en esos momentos, pero me sentía sin fuerzas. Aunque eso no impedía que las lágrimas bajaran por mis mejillas.


Físicamente me encontraba bien. Mentalmente estaba en las ruinas.


Siempre me habían dicho que la vida se podía acabar en cualquier momento, que tenía que vivir mi vida y quizás una de las mejores formas de hacerlo era con la persona que amara. Me habían dicho que el primer amor era único y que disfrutara cada palabra, cada canción dedicada, cada beso, cada abrazo, cada acción que demostrara amor, cada momento... Lo único que nunca quisieron decirme era que podía doler cuando todo el amor terminara.


Me había imaginado que lo iba a hacer, pero no sabía que ese dolor iba a ser tan fuerte como el que estoy sintiendo ahora.

24 de Mayo de 2020 a las 04:20 0 Reporte Insertar Seguir historia
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