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En un triste triángulo amoroso, Tony se enamora de su mejor amigo Felipe, quien ama a Erin, amiga y enamorada de Tony. Lo más importante para Tony es la felicidad de la persona a quien ama. ° Romance ° Drama ° Oneshot ° LGBT °


LGBT+ Sólo para mayores de 21 (adultos).

#triángulo #amistad #drama #boyslove #gay
Cuento corto
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LO LLAMO AMIGO

Mi madre limpiaba casas desde que era niña, así se ganaba la vida hasta que su patrón la violó y la embarazó de mí pero él tenía una familia, por eso nos botó a la calle. Mi mamá de dieciséis años era huérfana, ella no me abortó porque no supo cómo, no me dio en adopción porque no se le ocurrió y no me abandonó porque sentiría mucha culpa, pero era muy desdichada viéndome cada día.


Cuando fue mayor de edad, mi madre se convirtió en mesera en un bar, ahí conoció a un hombre que acababa de enviudar y se enamoraron, tuvo mucha suerte porque él poseía una carnicería y ganaba bastante para mantenerla a ella, a los tres hijos que le quedaron de la mujer fallecida y a los nuevos hijos que tuvieron. Mi madre estaba feliz cuando se casó, por fin hizo una familia pese a que la ensombrecía mi presencia. Un día le contó a mi padrastro sobre mi origen, le confesó que no me soportaba porque le recordaba las penurias que vivió, en consecuencia, mi padrastro me ordenó que no fuera a casa excepto para dormir y eso hice porque no quería molestarlos, me iba temprano a la escuela y esperaba hasta que entrara bien la noche para volver y dormir ahí. Yo quería que mi madre fuera feliz.


Conocí a Felipe cuando teníamos seis años, era un niño rico en un colegio privado. Yo era pobre, llevaba los libros en una bolsa de plástico o en la mano, pero Felipe arrastraba una mochila con ruedas de personajes de moda y unos zapatos nuevos. Él no comía nada en la escuela, le quitaban su dinero y su almuerzo, le escondían los zapatos y sus útiles. Y un día, mientras yo buscaba latas de aluminio en los botes de basura, lo vi llorando pegado al cerco tubular del colegio, sentado en el pasto, el cabello lleno de mocos que le escupieron, me dijo que odiaba ese lugar y sentí mucha compasión. A mí nadie me quitaba nada porque no tenía nada que ofrecer.


Los padres de Felipe murieron y sus tíos lo enviaron a vivir a ese internado mientras crecía porque no lo querían. Pienso que Felipe era un buen chico.


Como yo requería dinero para solventar mi comida, le ofrecí a Felipe un generoso trato: protegerlo de los chicos que lo molestaban si me daba unas monedas.


Yo sabía pelear porque vivía en la calle, podía brincarme la barda del colegio y defender a Felipe, al final del día él me daba el dinero que yo evitaba que le quitaran los otros niños y compraba comida y jugaba videojuegos en las tiendas antes de regresar a casa para dormir.


Fue muy bueno hacer negocios con Felipe.


Cuando cumplimos doce años, Felipe se cambió de escuela finalmente y se acabó mi cómodo estilo de vida, trabajé en distintos lugares después de estudiar para poder subsistir. Felipe y yo seguíamos en contacto, él era muy importante para mí y creo que yo era su único amigo.


En uno de mis tantos trabajos vespertinos conocí a Erin, solía vestirse como chico con ropas grandes y una gorra, un día le pregunté por qué se vestía como lesbiana y ella me respondió: “Púdrete, bastardo”. Nos agradamos enseguida.


Erin era de los barrios pobres como yo, su padre fue un borracho que terminó en prisión, su madre se esforzaba cada día para alimentar a sus otros hijos y como Erin era la mayor un día le dijo que necesitaba que dejara la escuela, así que ella consiguió ese trabajo de cajera en un autoservicio. Erin quería seguir estudiando porque anhelaba ser alguien importante, pero no se pudo.


No pocas veces me metí en aprietos y Erin me ayudaba a resolverlos porque sabía muy bien desenvolverse en la calle. Yo terminé con malas amistades, mal aconsejado o como sea, unos amigos y yo robamos un carro y la policía nos atrapó, yo era menor de edad aún pero mi padrastro no respondió a los llamados, les dijo a los oficiales que me dejaran en barandillas para que aprendiera la lección. Erin sabía que Felipe era muy adinerado, se comunicó con él para que pagara la fianza. Me molestó, claro, yo nunca quise deberle nada a Felipe, le reclamé a Erin pero ella argumentó que fue necesario. Así, Felipe conoció a Erin.


Felipe era patético: bajo en estatura, delgadísimo, una épica cara de bobo, usaba anteojos gruesos, su rostro lampiño, el cabello oscuro peinado cuidadosamente, se fajaba la camisa, se encorvaba amedrentado y tartamudeaba, con solo verlo se le antojaba a cualquiera meterle unos puñetazos. Erin era linda, tenía el cuerpo bien formado, aun en esos andrajos lucía muy bien, Felipe se dio cuenta rápidamente.


Y luego de que pagó mi fianza, Felipe me frecuentó demasiado, me buscaba en el trabajo, me obsequió un teléfono, me procuraba con insistencia y al final me preguntaba por Erin. Felipe era muy tímido, cada vez que mencionaba el nombre de ella reía escondiéndose detrás de su mano, se encorvaba y se arrebolaba.


Un día, luego del trabajo, acompañé a Erin a su casa, caminábamos como de costumbre.


—¿Qué opinas de Feli? —le pregunté a ella por Felipe; Erin hizo una mueca graciosa.


—Es un buen amigo —contestó, mirando dónde pisaba—. ¿Por qué?


—Yo creo que le gustas. —confesé. Ella se detuvo en seco y me sonrió enseñándome todos los dientes.


—¿Él te lo dijo, Tony?


—No concretamente, es una conclusión mía.


—No me gusta Feli —aclaró ella inmediatamente, fue tan tajante que yo me cohibí—, es buen amigo, pero me gustas tú, Tony.


Yo no sabía si ella me gustaba, en realidad nunca medité sobre eso, tenía tantas ocupaciones que no reflexionaba en mis propios gustos. Teníamos dieciséis años y nunca me metí en una relación ni pensaba en eso, me dormía en cualquier parte y siempre estaba exhausto como para ponerme a meditar. Erin era preciosa, desde luego, no le dije que me gustaba pero sí nos besamos, fue mi primer beso… no sentí nada.


Erin actuaba como si fuéramos novios, yo le pedí que ante Felipe no me abrazara porque él la quería y no deseaba herirlo, ella lo comprendió. Felipe asistía a un prestigioso colegio, él planeaba demandar a sus tíos por la posesión de la empresa de su difunto padre, así que sumergía mucho en sus estudios.


Un día, Felipe me invitó a comer y confesó finalmente que estaba enamorado de Erin, no me atreví a decirle que ella lo consideraba solo un buen amigo, no quise herir sus sentimientos. Me preguntó qué pensaba ella y yo le respondí que casi no hablábamos sobre él.


Felipe no cambiaba con el paso del tiempo, seguía siendo un enclenque cuatrojos, bobo, tímido y medroso, pero nunca me desagradaron sus gestos sandios, me divertía cuando se mordía las uñas, la forma en que se encorvaba y cuando Erin lo avergonzaba con algún comentario suspicaz. Felipe no agradaba al ojo, pero tenía algo especial para mí.


Erin y yo nunca tuvimos sexo, yo le dije que la respetaba pero en realidad, cuando nos besábamos y la tocaba, no sentía nada; ella se estremecía, le gustaba que tocara sus senos y su entrepierna, pero mi cuerpo no reaccionaba, ella no me excitaba.


No obstante, yo me masturbaba con frecuencia. Cuando lo hice antes no pensaba en nada en particular, simplemente relajaba mi cuerpo, las sensaciones eran buenas; luego intenté pensar en Erin pero no lograba eyacular. Y una noche, de la nada pensé en Felipe, lo recordé sonriéndome, lo imaginé besándome, lo vi desnudo en mi mente… Entonces, cuando me masturbaba pensaba en Felipe y cuando tocaba a Erin lo percibía a él, lograba tener erecciones pensando en él.


Cuando Felipe y yo salíamos lo veía detenidamente, hallaba en su rostro ángulos lindos, me acercaba para tocarlo un poco, incluso varias veces le retiré los lentes para memorizar sus gestos. Sí, tenía lindas facciones. Me percaté de que Felipe me gustaba.


En una ocasión, Felipe y yo veíamos una película en su casa, recuerdo que apareció en escena una pareja gay, yo observé cuidadosamente porque quería entenderlos, supuse que yo era gay porque me gustaba Felipe aun si nunca me fijé en otro hombre. Él hizo una mueca de desagrado y lanzó al aire “¡Qué tipos sucios!”, y yo lo vi de soslayo un poco avergonzado, un poco sucio. Felipe no era gay, le gustaban las mujeres como Erin. Nunca le dije que yo era un tipo sucio.


La madre de Erin ya no pudo pagar la renta, así que se quedaron en la calle. Yo le ofrecí mi cuarto de alquiler -que era más económico- pero no pude hacer más por ella, mi situación también era precaria. Me comuniqué con Felipe para explicarle la desgracia de Erin y a los dos días, él apareció frente a Erin con un anillo de compromiso, le dijo que la amaba desde que la conoció y deseaba casarse con ella, que intentaría hacerla feliz el resto de su vida. Erin estaba horrorizada pero la madre de ella, al saber que Felipe era un futuro abogado y contador y además legítimo heredero de una gran fortuna, le sugirió que no fuera estúpida y aceptara el matrimonio.


Erin aceptó casarse con Felipe.


El día de la boda, ella me miró angustiada, tenía un hermoso vestido que Felipe compró, estaba peinada y maquillada como una modelo de pasarela, nunca la vi más hermosa pero su tristeza se reflejaba entre las pestañas rizadas, tomó mi mano y me susurró:


—Dime que me amas y no me casaré con Feli —Me hubiera gustado decírselo para que él no se casara, pero su felicidad era importante para mí antes que la de Erin—. Dime que me amas, Tony. —insistió ella; sonreí, le acaricié la mejilla y besé su frente.


—No te amo, Erin. Cásate con Feli.


Y apenas contuvo el llanto para no arruinar su maquillaje.

En cambio, Felipe estaba feliz, se veía encantador en su traje, engalanado, radiante en alegría. Me abrazó por la cintura y me miró a los ojos, me dijo:


—Gracias por estar aquí el día más importante de mi vida, Tony.


—Soy tu mejor amigo, Feli, es mi deber.


Erin y Felipe se casaron ese otoño.


Felipe se graduó como abogado y demandó a sus tíos, no tardó nada en obtener su herencia y la compañía de su finado padre. Por amor a Erin, Felipe ayudó a la familia de ella, les compró una casita y cada dos semanas les daba una pensión para mantenerse; Erin entró a la escuela para adultos porque ese era su sueño. Yo tomé un trabajo en un bar por la noche y en las mañanas continuaba en el autoservicio. Felipe me ofreció laborar en su empresa al menos en el área de limpieza, pero yo deseaba poner un poco de distancia, me enamoré de Felipe y aun si me alegraba mucho verlo casado con una buena chica, me dolía no poder tenerlo.


Esa distancia, no obstante, no sirvió de mucho, Erin comenzó a buscarme, me enviaba mensajes diciéndome que seguía enamorada de mí y detestaba el matrimonio con Felipe. Yo me encolerizaba, sentía tanta envidia de ella porque podía abrazarlo y besarlo a su antojo y ella lo repudiaba, qué tristeza que el infortunio de algunos es el objeto de deseo de otros.


“Feli me trata bien, es bueno conmigo”, me escribía en los mensajes de texto, “Pero es tan idiota”, y yo moría de dolor, “Es malísimo en la cama”, “Es un bobo, no se parece nada a ti”, “Cuánto te extraño, Tony”. Y yo extrañaba a Felipe.


“La amo tanto”, me mensajeaba Felipe, “Ella es tan hermosa, no hay día que no me sienta afortunado de ser su esposo”, escribía. Y yo respondía “Ella te ama”, porque no quería herirlo.


Erin se volvió más insistente, se decía atrapada en un matrimonio horrible, Felipe no lograba satisfacerla, le repugnaba como hombre, y un día fui a visitar a mi amigo pero él aún estaba en la empresa, ella me recibió contándome cuán desdichada era, me aclaró que solo estaba con él porque era rico pero seguía enamorada de mí, me sugirió que fuéramos amantes, “Feli confía en ti, nunca sospechará”, pero yo jamás podría traicionar la amistad de Felipe y en principio, Erin no me atraía.


Finalmente, Erin estalló, le escupió en la cara a Felipe que era infeliz a su lado, que no lo amaba, ni siquiera le gustaba y se casó con él por el beneficio económico, le reveló además que estuvo enamorada de mí desde que teníamos quince años. Felipe sufrió muchísimo, lloró suplicándole a Erin que no lo dejara, que haría cualquier cosa por ganarse su afecto, y la convenció de quedarse, pero ella ocasionó un daño del que no se percató: Felipe me odió.


Luego de que Erin le dio una oportunidad más a Felipe, él fue a buscarme al cuartucho donde vivía, estaba enojado conmigo como si yo hubiese sonsacado a Erin, me reclamó llorando que lo traicioné, “Eras mi mejor amigo y enamoraste a mi esposa” y yo le dije “Lo siento, Feli”. ¿Por qué no le aclaré la verdad? Pues era menos doloroso pensar que su mejor amigo lo traicionó a entender que él no era suficientemente hombre para Erin. Yo amaba a Felipe, me dolía verlo llorar por ella, y cuando me gritaba yo sonreía en mis adentros porque él tenía una oportunidad de ser feliz con la mujer amada.


Yo lo amaba a él.


Me exigió que me alejara de ellos para que Erin se olvidara de mí y lo acepté, al día siguiente renuncié a mis trabajos y me enlisté en la Marina. Desaparecí de sus vidas por dos años.


Enlistarme en la Marina fue una buena opción para un vago como yo, gracias a que era un tipo grande y fuerte destaqué rápido y le hallé gusto a la libertad de viajar, hice nuevos amigos y aprendí un montón de cosas. Pensaba mucho en Felipe, me preguntaba si por fin era feliz junto a Erin, el amor que sentía por él no se perdió.


Yo no tenía familia ni nadie fuera de la Marina, así que cuando me dijeron que llegó una visita a la base naval me pareció sumamente extraño, incluso mis colegas estaban curiosos porque no sucedía ni siquiera en navidad o año nuevo, yo aprovechaba los días festivos para perderme en los bares y buscar un chico que tuviera algún parecido a Felipe para llevármelo a la cama y soñar con que era él.


Fue sorprendente ver a Felipe ahí, con esos gruesos anteojos y el gesto de bobalicón. En cuanto me vio salir se puso en pie, se acomodó el saco y el cabello, me sonrió y se encorvó intimidado.


—Hola, Tony, ha pasado mucho tiempo, ¿ah? —Yo asentí en respuesta, pero no hablé, me parecía fascinante estar frente a él de nuevo, pensé que soñaba y no quería hacer algún movimiento brusco que me despertase— Me dijeron unos amigos que te enlistaste… Tienes el cabello muy corto ahora —Y se rió de la nada; yo seguía encajándole los ojos, supuse que en cualquier momento él se daría la vuelta para marcharse—. Y estás muy alto, Tony… —Calló un momento, bajó la cara y apretó los pliegues de su saco— Oh, Tony, lamento todo, lamento no preguntarte qué fue lo que sucedió —Tal vez mi mudez lo intimidaba, pero es que yo no tenía nada que decir que no fuera cuánto lo amaba y lo extrañaba cada día desde que me fui—. Tony… Erin murió hace un año, ella saltó por la ventana de un hotel… —Esta noticia me arrebató, pues a pesar de todo yo quise mucho a Erin, ella fue lo más parecido que tuve a una familia, por eso desvié la mirada y me entristecí— Yo vi los mensajes, Tony… Leí todo lo que se escribían… Leí cuánto la rechazaste incluso antes de que nos casáramos. Y lamento tanto que orillé a Erin a cometer semejante locura… Yo la amaba y acepté divorciarnos, pero ella solo te amaba a ti, ella no quiso vivir sin ti, ¿entiendes?


—Feli, lo siento tanto —respondí al fin—, yo solo pensé en ti todo este tiempo, solo quería que tú fueras feliz.


—Lo sé —murmuró, tragó saliva e intentó sonreír—. Yo aún medité muchas cosas antes de encararte, ¿sabes? Quise venir antes pero no me sentía fuerte, pero sí te necesito a mi lado de nuevo, Tony.


De todo cuanto dijo, esto último me alegró, me dolían sus ojos rebasados en lágrimas, pero adoré que me requiriera. Y lo abracé.


Felipe guardó luto por Erin durante bastante tiempo. Cuando yo tenía días libres y durante las vacaciones, volvía a la casa de él y siempre estábamos juntos bebiendo, charlando, viendo películas…


Una noche mientras bebíamos, Felipe se quitó los anteojos para limpiarlos con un paño y lanzó una pregunta que jamás nunca me hizo.


—Oye, Tony, ¿por qué no te has casado? —Y respondí alzando los hombros.


—No lo sé.


—Somos amigos desde hace casi veinte años y no te he conocido ninguna enamorada. —recapacitó; le sonreí restando importancia a eso y destapé otra lata de cerveza.


—Existen personas que no están hechas para el amor, Feli, quizá soy una de ellas. —Él hizo una mueca insatisfecho con mi contestación.


—¿Nunca te ha gustado alguien, Tony? —Felipe aún no se colocaba sus anteojos, yo miré fijamente el tintineo de sus pupilas oscuras y pausé tanto que él se inclinó para distinguirme— ¿Tony…?


—Sí, una vez me gustó alguien… hace mucho tiempo. —Lo vi sonreír mientras se colocaba de nuevo las gafas.


—¿Y qué sucedió?


—Nada, no sucedió nada. —Creo que me notó afligido porque en un amable gesto me ofreció una lata sonriendo con ese gesto bobo.


—Yo conocí a alguien, Tony… Ella es linda.


Me alegró que superara el duelo por Erin y ser parte de sus días otra vez.


Yo no planeo decirle mis sentimientos y arriesgar nuestra amistad, no quiero perderlo, fue tan doloroso no saber de Felipe por dos años que no resistiría su ausencia el resto de mi vida.


Puedo seguir imaginándolo en otras caras, en otros cuerpos, puedo seguir escuchando su voz llamando a otras personas, puedo seguir junto a él siendo su amigo, su mejor amigo.

18 de Mayo de 2020 a las 03:44 0 Reporte Insertar Seguir historia
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