pol4rizedghost Sabine Karazija

Antoine nacido para herir a intentado amar, y en una ocasión casi lo logró, pero su naturaleza, la naturaleza de alguien con raíces en presencias solitarias, mentes divagantes y frialdad congénita, lo ha hecho cometer actos crueles, y él lo sabe, por lo que cuando pierde a quien más ama, a quien lo ha contenido, su futuro parece lejano, sin embargo, al encontrar a Oscar, un joven risueño y amable, él intentará comprender quién es y hacia donde se podría dirigir, si al menos pudiera deslindarse de su naturaleza...


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Lazos.

Cuando Maxine, con sólo veintinueve años de edad, daba a luz a su segundo hijo, sabía que algo no andaba bien. Tal como se percibía el olor a tierra húmeda antes del arrivo de una tormenta; ella había percibido algo en él.

Antoine, de piel macilenta y ojos oscuros, había nacido sin el espectáculo que se espera le siga a un recién nacido. Al parecer, él había renunciado al llanto y pataleos y se había enfrascado en una mirada curiosa y ligeramente consternada.


El silencio que reinaba en aquella habitación se había solidificado a manera de carne y huesos.


Al crecer, Antoine era visto como alguien ajeno.

Ajeno. Esa era palabra que mejor lo describía.

Antoine, quien era ajeno a cualquier actividad realizada comúnmente por un niño de su edad, como mirar televisión y jugar a las escondidas, era inteligente y educado, sin embargo, de vez en cuando se deshacía en rabietas que cumplían su cometido; obtener lo que quería. Él lo sabía. El poder del llanto, la lástima que éste provocaba, Antoine lo sabía, y su hermano lo permitía.


En la familia Michaud a Antoine se le amaba de manera fragmentada. Con el tiempo, un joven Antoine aprendió que no sólo el amor podía ser dado de esa manera, sino la también la verdad de uno, así que aprendió con rapidez. Creció durante su adolescencia sobre una verdad que él, incansable, forjó.


Él se desenvolvió ante los ojos de los demás siendo amable y gracioso, seguro de si mismo, y fue tan veraz que incluso, por un tiempo, sus padres le creyeron, pero no Félix.


Félix era inteligente, pero de una manera distinta a la de Antoine. Quizá por eso se amaban tanto el uno al otro. Habían nacido en diferentes tiempos, pero de la misma madre y bajo el peso de la misma vida y eso los unía más que nadie.


Félix era la lluvia que caía sobre un pueblo en sequía, Antoine era aquel pueblo en sequía que se erguía, orgulloso, sobre los hombros tambaleantes de sus pueblerinos ermitaños y asustadizos. Y Félix lo sabía.

18 de Mayo de 2020 a las 00:08 0 Reporte Insertar Seguir historia
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