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leiyedeth AW Leiyedeth

Yuri ha estado sospechando de que algo no anda bien con su cuerpo. Cuando esa mañana no puede comer el pirozhki del abuelo debido a las náuseas, sabe que necesita ir a un chequeo urgente. >>cosas bonitas, fluff y autoindulgencia, nada de dramas.


Fanfiction Anime/Manga Todo público.

#Yoi-Fanfic #yuri-plisetsky #otabek-altin #pareja-establecida #comedia #humor #crack #omegaverse #yurionice #otayuri
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La Maldición de los Anticonceptivos

Iba a ser un día normal, como cualquier otro: iría a entrenar a sus protegidos en la pista, por lo que iba en su vehículo como todas las mañanas, apurando el té con canela en los semáforos en rojo antes de comer el pirozhki que su abuelito había preparado el día anterior (después de años de lucha, había logrado que Nikolai viviese bajo su techo en San Petersburgo), cuando sintió que algo no estaba del todo bien.


Tomó el primer mordisco de su pirozhok y pareció atorarse en su garganta. Tuvo que escupir la masa tierna y el relleno condimentado en un pañuelo de papel.


Asco.


Las náuseas lo golpearon como un tren y el olor de la comida agitó su estómago como si fuera a vomitar.


Su primer impulso fue mirar lo que había estado masticando, pero el solo pensamiento retorció sus tripas horriblemente. Encima el semáforo estaba cambiando a verde.


Sin pensárselo dos veces, decidió conducir hasta un lugar donde pudiera estacionarse; puesta que aún le quedaban unos quince minutos hasta la pista y no estaba dispuesto a vomitar en el tapiz de su automóvil (lo había mandado a lavar solo la semana pasada).


Encontró plaza fuera de un centro comercial, y su primer impulso fue abrir la ventana y sacar su cabeza.


El aire frío lo ayudó a calmar su estómago revuelto; cerró los ojos un momento, pero el olor de la bolsa de pirozhki lo mareó aún más.


Aguantando la respiración, tomó una de las masitas y la partió por la mitad, mirando con cuidado el relleno, pero era lo de siempre: cebollas, patatas y carne; incluso era la versión light con carne desgrasada cocida en agua, leche descremada y manteca vegetal, además de estar horneado no frito.


Tomó un pedacito y se lo llevó a la boca.


Ni medio segundo en su lengua y ya sentía el impulso de expulsarlo, el ácido subiendo hasta su garganta y su abdomen contorsionándose con dolorosos espasmos.


Salió de su automóvil y, con mucha pena, se los ofreció a un señor que hacía la limpieza de las calles; le costó un poco convencerlo de que los pirozhki no tenían nada extraño, que solo eran su desayuno, que ahora no podía comerlos por que su estómago no los soportaba y no quería tirarlos porque los había hecho su abuelito.


El señor, algo mayor, tomó la bolsa de papel aún desconfiado.


—Lo digo en serio, si pudiera, los comería todos, pero el solo olor me da náuseas.


—Oh, ¿es usted un omega?.— le preguntó el hombre y comprendió de inmediato hacia donde irían con esa conversación.


Solo pudo llevarse las manos a la cara y gruñir.


Lo sabía, lo sabía… maldición, ¡lo sabía!


Y ese día, que iba a ser como cualquier otro, Yuri Plisetsky, empezó a creer que su sospecha de embarazo, ya no solo era una sospecha.



━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━

Llegó a la pista diez minutos tarde, podría haber sido más debido a su aventura con la comida, y Sasha, su primer alumno del día, ya estaba haciendo estiramientos y preparándose para patinar.


—¡Profe Yuri!.— gritó el adolescente y se acercó a saludar a su entrenador.— ¿está bien? es raro que llegue tarde.


—Sí, solo complicaciones con el tráfico.


Tiró su abrigo en las gradas y masajeó su cuello un poco, se había contracturado completamente con el estrés de la realización de la traición que su cuerpo había cometido. Sasha aún lo miraba con sus grandes ojos avellana esperando indicaciones.— puedes seguir calentando, dame un segundo y retomamos en lo que quedamos ayer.


—¡Sí, señor!.— Sasha hizo un saludo militar y se lanzó a la pista como un rayo.

Aunque Yuri no quería, sonrió de todas maneras: le caía bien el mocoso, a pesar de que era todo alborotado, alegre y conversador, con un carácter demasiado suave y muy típico de los omegas, pero muy raro de ver en los competidores del Team Rusia.


La mayoría de los patinadores eran omegas, puesto que tenían una elasticidad y flexibilidad únicas, además de ser de estructura más delicada, lo que les permitía un mayor rango de movimiento y una destreza única para el baile. Había habido algunos alfas y betas en el team, pero en su mayoría fueron omegas y eran reconocidos por ser implacables y perfectos.


Yuri fue hasta la máquina para sacar otro té con la esperanza de menguaran las náuseas, aunque pensar en que debía sacar una cita con el médico de inmediato las aumentaba.


—¿Pasó algo?


Genial ahí llegaba Viktor.


Si bien con el paso de los años había aprendido a soportar a Viktor, ahora que estaba esperando a su primer hijo, estaba intolerable; lo único que hacía era hablar de lo precioso que sería su cría, de cómo se parecería a Yuuri, de que ya tenían listo su cuarto, que era unisex, obvio, porque querían que el sexo del bebé fuese sorpresa, que solo esperaban que naciera sano, porque ya eran un poco mayores, que… una infinidad de cosas que lo tenían algo molesto.


—Problemas de tráfico.— respondió apenas, no queriendo hacer contacto visual con el otro omega.


—Oh, espero que el tráfico ande bien más tarde, a las nueve tengo cita con el médico, hoy es la cita de los seis meses, estamos tan ansiosos... aunque no sé si mi Yuuri podrá acompañarme, porque Mila aún no me confirma si puede venir a reemplazarme con Alyosha, no quiero que entrene solo y se lastime.


—Seguro Mila te llama en algún momento.— ¿por qué tenía que hablar tanto?, gosh, lo que faltaba, ahora venía el dolor de cabeza.— no te preocupes, sabes que la bruja ni usa su teléfono.


—Oh, claro… .— a pesar de lo dicho, Viktor seguía con su enorme sonrisa.— por cierto, ¿cómo está Niko? Leí en su instagram que se sentía ansioso.


—Está bien, solo necesita hacer cosas para ocupar su mente y no pensar demasiado en lo que le trae ansiedad.


—Supongo, aunque, si quieres, puedes decirle que podemos tener una charla de patinador a patinador.


—No dejaré a Nikolai contigo otra vez.— Yuri recogió su vaso de té y volvió a la pista llamando a Sasha.



━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━


Tres horas más tarde, Viktor se retiraba dándole un montón de instrucciones a un confundido Alyosha, mientras Yuuri lo esperaba en la puerta de la pista, saludando como un idiota (había más de un par de juniors que estaban deslumbrados con Yuuri y se armaba un gran escándalo cuando estaba presente; afortunadamente, a ninguno de sus protegidos les gustaba el katsudon). Cinco minutos después, Mila llegaba a la pista con un café extra grande en un vaso de papel y gafas.


Yuri solo levantó una ceja a modo de saludo y la pelirroja movió la mano como restándole importancia.


Como si no la hubiese visto con resaca antes.


Las chicas que entrenaba Mila eran salvajes, así que podía asegurar que ayer por la noche se habían ido de fiesta, se aprovechaban de que utilizaban el hielo en un horario más tarde y tenían gran parte de la mañana libre. Las patinadoras eran muy buenas, pero poco disciplinadas, para su gusto.


A estas alturas de la mañana, Sasha revisaba su secuencia de pasos y Yuri no podía estar más orgulloso por su dedicación. Lo mismo podía decir de Baran, que quizás era un poco más lento para memorizar sus rutinas, pero se esforzaba como ninguno y, a pesar de ser un beta, tenía una buena flexibilidad y delicadeza, y las sabía aprovechar.


Tanto Sasha como Baran estaban en la división senior, y de poco avanzaban en el ranking nacional e internacional, estuvieron bien posicionados en junior, más alto que los chicos de Viktor, incluso, sin embargo, les había costado habituarse a la división de adultos.


Y también estaba Niko, que este año debutaba en senior con apenas catorce años, lo que le preocupaba un poco…


Intentaría no ocuparse por eso hasta una hora más, cuando Niko llegara, por ahora tenía suficiente con aquello que podía estar creciendo en su barriga.



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A pesar de sus veintinueve años, casi treinta, a Yuri aún le avergonzaba sacar una cita médica con el médico de… asuntos omegas.


Sasha practicaba su rutina del programa corto, con audífonos y a bastante distancia, Baran estaba concentrado haciendo rotaciones de bajo impacto antes de empezar a repasar sus saltos y Niko no llegaba hasta en unos quince minutos; así que aprovechó de ir por el tercer té de la mañana y marcarle a la clínica.


Inspiró un par de veces para darse valor y marcó. Lo atendió una mujer de voz falsamente dulce dando el nombre de la clínica y preguntando que necesitaba, le costó demasiado decir que necesitaba cierto especialista por cierto el motivo; la recepcionista se puso aún más empalagosa cuando le pidió los datos y le preguntó qué día y qué hora le convenían.


Si fuera por Yuri, iría de inmediato.


Pidió una hora para el mismo día, con la intención de ir en el break del almuerzo; no podía dejar pasar mucho tiempo o no soportaría la incertidumbre de no saber qué le pasaba a su cuerpo y acabaría desquitándose con sus alumnos o cualquier persona que lo hiciera enojar un poquito.


Ya no estaba en edad de hacer esas cosas.


Mientras confirmaba su seguro de salud, se preguntó mentalmente si Otabek podría acompañarlo. Se suponía que hoy daba clases hasta las una de la tarde y, en algún momento después de las dos, tenía que dar una charla, pero no recordaba exactamente a qué hora.


Quizás podría llamarlo o mandarle un mensaje… ¿Y si era falsa alarma? Tampoco quería sacarlo de sus labores si resultaba ser solo, no sé, una indigestión o algo así.


Y ahí volvían las náuseas.


Ni siquiera se atrevía a tomar una domperidona para bajarle al malestar, porque en caso de… no sería bueno.


Hasta que la mujer cortó la llamada, Yuri no se sintió con la capacidad de respirar en paz. Y como no tenía nada de suerte, su tranquilidad se esfumó cuando Mila se acercó a hablarle.


—Tienes cara de no haber dormido una mierda.— dijo la pelirroja, tratando de robarle el vaso con té, pero la esquivó lo suficiente para que no sucediera.— estoy deshidratada, compadécete de mí.


—No es mi culpa que hayas salido a beber anoche.


—Ya, es cierto, pero tengo un motivo


—¿Cómo se llama el motivo?


—Markov.— rió Mila y estiró sus brazos al cielo, haciendo crujir su espalda y cuello.— pero creo que no es lo mío, el tipo quiere establecerse y formar una familia… y yo no estoy preparada para eso, hay cosas que aún debo hacer.


—Te quedarás solterona, bruja.— bromeó Yuri, solo por molestarla, porque en realidad poco le importaba que hicieran los demás con su vida.


—No todos somos como tú, que apenas cumpliste los dieciséis corriste hacia el matrimonio.


Yuri se sonrojó profundamente y farfulló una maldición.


Sí, se había casado joven ¿y qué?, estaba muy enamorado de su marido, además, había sido marcado un año antes. Quizás se habían apresurado, pero cuando tuvo la primera conversación con Otabek, supo que jamás lo dejaría ir y que quería estar con él a cada momento, lo que fue dolorosamente obvio cuando tuvieron que separarse luego de Barcelona y tuvieron que sobrevivir a base de videollamadas y mensajes.


En un principio, mucha gente estuvo en contra de su relación: qué eran muy jóvenes, que sus carreras, que lo arruinarían, que no iban a durar que solo era por el momento…


¡Já! Yuri podía hablar por él y Otabek al decir que se enamoraban todos los días, por cursi y horrible que sonara eso. Si bien su abuelo había sido uno de los máximos detractores en el inicio de su relación, supo que no le quedaba más remedio que aceptar a este atípico alfa patinador venido desde Kazajistán; lo mismo la familia de Otabek, que no creían que la admiración que sentía el omega ruso fuese a convertirse en un amor tan profundo.


Otabek era considerado un alfa atípico, ya desde el hecho de estar en un deporte que era considerado para omegas (Katsuki también era un alfa, pero no importaba para esta historia), era un poco más bajo que el promedio, más flexible… es decir, jamás como Yuri, pero más que el promedio de los alfas; no le gustaba llamar la atención y era del tipo silencioso, era disciplinado y controlado, amante de la música y el arte. Nunca trató de imponerse como alfa y respetó cada opinión que le dio, era amante del consentimiento entusiasta y atento para escuchar... era lo más parecido a la perfección, en su humilde opinión.


Se mudaron a San Petersburgo después del matrimonio, Otabek seguía patinando en representación de su país y habían conservado sus apellidos de soltero por el tema de sus carreras deportivas y patrocinios.


Puede que estuviera al borde de los treinta y ya tuviera catorce años de matrimonio, pero estaba bien para él, para Otabek y para su familia, así que no importaba lo que el resto del mundo quisiera decir.


Sólo que ahora se sentía inseguro por el tema de… bueno, el incidente del pirozhki.


—Es una broma, gatito.— Mila revolvió el cabello, pero notó algo en los ojos verdes.— ¿algo anda mal?


—No es algo malo… pero, hum… tengo ciertas sospechas.— miró el rostro de su amiga y aún tenía esa mirada confusa, así que decidió aclararlo.— creo que estoy esperando.


Mila era una de sus pocas amigas de confianza, pero solo por insistencia de la mujer.


—¡OMG!.— se llevó la mano a la boca, y volvió a ver a Yuri, ahora con nuevos ojos, con sus ojos pegados a su aún inexistente panza, como si pudiera ver a través de las capas de ropa.— ¿Otabek lo sabe?


—No, no le he dicho. Hice una cita a médico para la hora de almuerzo, hay algunos… síntomas, pero pensé que era por el estrés, ya sabes, la competencia está cerca y Niko entrará a los senior… pero en la mañana venía desayunando y….— Yuri inhaló y exhaló, como si lo que estuviese a punto de decir fuera imperdonable.— me dieron asco los pirozhki del abuelo, casi vomito.


—Oh, Yura… ¿eso había pasado antes?


Se bebió el resto de su té antes de responder, y cuando estaba a punto de explicar el motivo de su miedo a rechazar los pirozhki, escuchó la voz de Niko llamándolo.


—No digas nada aún, hasta que me saque la duda.— susurró, caminando hacia el borde de la pista, donde lo esperaba su alumno.


—Si quieres te puedo acompañar a médico, sé que prefieres que sea Otabek, pero si es todo tan encima, quizás no le de tiempo o algo. Puedo pedirle a Georgi que vigile a Alyosha durante el almuerzo.


—Gracias, bruja.



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Yuri miraba su teléfono una y otra vez, revisando redes sociales y abriendo su correo, como esperando encontrar algo nuevo a pesar de haberlo chequeado hace medio minuto.


No sabía si llamar a Otabek o a Shara, o a su abuelito o a su suegra. Sinceramente, prefería esperar hasta tener una confirmación oficial antes de dar la noticia y que todo el mundo se pusiera patas para arriba, pero la ansiedad se lo estaba comiendo, sobre todo al explicarle a sus alumnos que tenía que salir a unos trámites durante la hora del almuerzo.


Ugh.


Treinta años aún era una buena edad para un bebé, o sea, Viktor estaba cerca de los cuarenta cuando, junto al katsudon, decidieron que querían un hijo, como ambos eran deportistas, no tuvieron complicaciones, lo más difícil que tenían que pasar era que el calvo ganaba peso rápido. Eran una pareja de bolitas ahora.


Mila estaba a su lado tratando de no parecer tan preocupada, pero de vez en cuando le acariciaba el cabello y le sonreía. Afortunadamente no quiso hacer comentarios o bromas acerca de su situación, no hubiese podido soportarlo.


—¿Yuri Plisetsky?


Se puso de pie cuando una enfermera lo llamó.


Esos cinco pasos hasta la puerta se sintieron como la milla verde.


El consultorio del médico estaba pintado de un pegajoso color rosa y carteles con diversas campañas sobre salud omega y embarazo. Desafortunadamente, no había conseguido una cita con su doctora habitual y tuvo que conformarse con el único que tenía disponibilidad horaria.


—Buenas tardes.— saludó lo más educadamente posible y tomó asiento en la silla dispuesta para que ocuparan los pacientes.


—Buenas tardes, señor Plisetsky.— el médico era un omega de apariencia estirada, sus anteojos de montura dorada solo lo hacían ver más viejo de lo que era en realidad.— soy el doctor Lébedev, ¿a qué debemos el placer de su visita?


—Tengo la sospecha de que estoy embarazado y quiero confirmarlo.— ser directo era lo mejor en estos momentos, ya que estaba ahí dentro.


—Por supuesto, la enfermera le tomará una muestra de sangre y en unos quince minutos, tendremos los resultados, mientras esperamos, actualizaremos sus datos en el sistema y hablaremos un poco sobre su posible embarazo.


El doctor Lébedev le dio una sonrisa y llamó a la enfermera, la señorita Zaitsev, para que trajera la parafernalia para la muestra.


Esta parte era la que no le gustaba, aquí es donde tenía que tratar de no quejarse cuando no podían encontrar una vena de la que extraer sangre y le dejaban el antebrazo como alfiletero y de un tono moreteado.


La enfermera arrastró una mesita con los implementos hasta al lado de su silla y, con toda la delicadeza del mundo, le ató el jodido elástico en el brazo para golpear con sus dos dedos buscando la dichosa vena; cuando no encontró lo que estaba buscando, le dio una media sonrisa y le obligó a descubrir su otro brazo, repitiendo el proceso y obteniendo el mismo resultado.


Iba a decir algo, pero la enfermera insistió con el brazo, golpeando un poquito más fuerte y diciendo que apretara aún más su mano.


—Aquí.— murmuró la señorita Zaitsev y preparó la aguja. Yuri solo suspiró, preparándose mentalmente para recibir más pinchazos de los que necesitaba.


Buscó al médico con la mirada, pero este estaba más concentrado tomando notas en la computadora. Genial.


Cómo sea.


Quince pinchazos y una aguja mariposa más tarde, la enfermera consiguió su sangre y se retiró, no sin antes disculparse por la cantidad de piquetes que le dio.


—No hay problema.— murmuró, evitando mirar sus antebrazos y el dorso de su mano que empezaba a adquirir el tono morado horrible, era lo único que no le gustaba de tener la piel tan clara (eso y el sol en verano).


—Entonces, señor Plisetsky, necesito que me ayude a completar los siguientes datos: su nombre completo.


—Yuri Nikolaievich Plisetsky.


—¿Tiene un compañero actualmente?, y, si es tan amable, ¿puede darme su nombre?


—Sí, con un alfa, su nombre es Otabek Altin.


—Oh, ¿no cambió su apellido o tiene otro tipo de… acuerdo?

Yuri no pudo evitar rodar los ojos. Odiaba ese tipo de preguntas, aún había un montón de prejuicios para los omegas que no tomaban el apellido de su esposo o compañero, o asumían de inmediato que fue por un calor mal cuidado o por algún otro motivo irresponsable.


—Estamos casados.— gruñó Yuri.— pero nos movemos en el circuito deportivo, él competía por su país y yo por este, era más fácil para todos si manteníamos nuestros apellidos de familia.


—De acuerdo. ¿Sus edades?


—29 años, mi compañero tiene 32 años.


—¿Aún se dedican a este tema del deporte?


No quería frustrarse, pero extrañaba a su médico de siempre, con ella no tendría que estar respondiendo estas cosas otra vez.


—Un poco, quiero decir, Otabek actualmente es maestro en una escuela de artes y da charlas deportivas de vez en cuando; yo me dedico a entrenar y preparar a futuros competidores, y de vez en cuando nos invitan a alguna gala o un evento benéfico.


—¿Qué deporte...?


—Patinaje sobre hielo.


Por supuesto, el doctor Lébedev no tenía ni la menor idea de quién era, podría aventarle todo su currículum y decirle que fue abanderado olímpico, tiene dos oros olímpicos, fue campeón muchas veces, tiene una colección de medallas en el ático, entrena a tres figuras que harán historia y, próximamente, sería llamado para participar el comité deportivo de Rusia.


—Oh, interesante.— dijo el médico, pero era obvio que no ahondaría más en eso.— ¿cuándo fue tu último celo?


—Hum… hace tres meses.


—¿Algún método de anticoncepción? ¿supresores?


—Sí, estoy tomando la píldora, como estábamos fuera de los períodos de celo de ambos, no nos preocupamos por usar… hm… preservativos.


—A veces sucede que la píldora falla, quizás ha tenido algún desbalance hormonal. Pero casi un 10% de los omegas o betas que consumen comprimidos anticonceptivos puede quedar en estado.


—Eso he notado.— Yuri trató de parecer serio, pero se sonrojó profundamente como un adolescente.


El médico siguió tomando notas en su computadora mientras lanzaba una que otra mirada a su paciente.


—Entonces, pedí una copia de sus últimos exámenes para saber su estado de salud general, pero como me cuenta que es deportista, debe estar sano.


—Sí, solo una lesión de rodilla, nada más.


—Muy bien, muy bien….— Lébedev se acomodó en su asiento, poniéndose recto y acomodando sus estúpidos anteojos.— este es un tema que tenemos que tratar y es completamente confidencial, en caso de que ustedes esté en estado, ¿seguirá el curso del embarazo o pretende interrumpirlo?


—Claro que quiero a mi hijo.— dijo Yuri sin dudar.— tengo 29, creo poder lidiar con un bebé, y estoy seguro de que mi marido también, así como el resto de nuestra familia. Además, era posible que esto sucediera en algún momento.


—Me parece bien, pero debe saber, que como padres primerizos…


—Oh, no, no.— lo interrumpió Yuri con una mueca que estaba en medio de la diversión y la molestia.— no sería mi primer hijo.


—Oh, por supuesto, mi error, debí preguntar en vez de asumir. ¿Nombre y edad de su hijo?.— el médico se volvió a su computadora para escribir.— Nikolai Yurievich Altin-Plisetsky, tiene 14 años.


El doctor lo miró sorprendido, Yuri casi podía ver como estaba haciendo los cálculos mentales.


Vale, puede que haya tenido a su primer hijo una semana antes de cumplir los dieciséis, pero nadie podía reclamarle nada; había salido adelante, fue el padre más responsable, Otabek se mudó a vivir con él y apenas cumplió la mayoría de edad, se casaron. Bueno, Nikolai, su abuelito, no estaba muy feliz con la noticia, pero en cuanto nació su bisnieto lo amó totalmente; Lilia y Yakov se molestaron por los meses que pasó fuera del hielo, pero se encargó de retirarse y volver cuando le dieron la oportunidad (patino con cuatro meses de embarazo).


La familia Altin se mudó a San Petersburgo para ayudar con la crianza de su retoño y Shara, la antigua nana de Otabek, cuido muy bien a Niko cuando ellos estaban en las competencias y no podían llevarlo.


Ahora, nadie puede decir algo, Niko es un patinador excelente, tan bueno que sus puntajes fueron suficientes para que se mudara a senior antes de que cumpliera los quince. Iba a arrasar con la competencia y no podían estar más que orgullosos de él.


—Un poco temprano para tener un hijo.


—Supongo, pero todo salió bien.— respondió cruzándose de brazos.— fue mi primer celo y no sabía nada, mi abuelo es un beta y no tuve contacto con mis padres, no había alguien que me guiara en ese aspecto.


—No estoy juzgando.— el doctor Lébedev sonrió levemente y continuó.— retomando, habrá una diferencia de edad importante entre sus dos hijos y…


—Sobre eso.— Yuri se mordió el labio, un poco indeciso.— Amir Malih Altin-Plisetsky, tiene once años, es mi segundo hijo.


Bien, por muy extraño que sonara, aquí si habían usado protección, pero de alguna manera el condón se rompió y acabaron con la noticia de que venía otro niño en camino; por suerte, Niko ya estaba más grande y era muy tranquilo, por lo que recibió al huracán Amir con los brazos abiertos a pesar de que fue un llorón.


¿Tuvieron problemas? Claro que sí, ahora eran padres de dos criaturas y tenían que compatibilizar su carrera con su familia. Fue complicado, a veces tuvo que dejar pasar algunas competiciones, pero se aseguraba de ganar cada medalla posible; incluso, Otabek renunció a algunos torneos para cuidar de sus hijos.


—Eso fue inesperado. Entonces esperemos que, si es que hay un bebé en camino, sea una niñita.


—Sí… ah.— Yuri se pasó la mano por el pelo, preocupado, aquí es cuando las cosas solían ponerse cuesta arriba con los médicos y las personas en general.— Farida Naira y Evgenia Yurievna Altin-Plisetsky, tienen nueve años, son gemelas.


Se supone que estaban en anticonceptivos, se había puesto implante intradérmico que se supone lo iba a proteger mejor y Otabek estaba tomando pastillas, no deberían haberse embarazado, pero sucedió.


No estaba seguro si era un omega super fértil y Otabek era una especie de super alfa, pero allí estaban de nuevo, con una cría en camino… bueno, dos.


El embarazo fue un poco más complicado al ser doble, por lo que tuvo que retirarse un poco antes de la competencia y vivir acostado en su departamento. Para ese entonces, Nikolai se había mudado con ellos, además tenían a Shara, y con los Altin viviendo cerca, una de las hermanas o una de las madres de Otabek se pasan por la casa para ayudar con Niko y Amir.


También, una vez que las gemelas cumplieron un año, tuvieron que mudarse a una casa, puesto que el departamento se les estaba haciendo pequeño.


Lilia y Yakov miraban con desaprobación la creciente familia Altin-Plisetsky, tan jóvenes y con cuatro hijos. Claro que ganaron algo de reconocimiento con patrocinadores en otras áreas, hacían publicidad de pañales y otras mierdas que pagaban bien, y los fans celebraban cada pedacito de perfección que los talentosos padres le legaban al mundo.


Así como Niko era un patinador excepcional, Amir prefirió jugar tras una computadora (el mocoso podía armar y desarmar sus trastes, incluso reparar algunos), y, por otro lado, Farida y Evgenia fueron amadrinadas por Lilia y estaban locas con el ballet, aunque Otabek, creía secretamente que Evgenia se dedicaría a la música.


—Vaya, son una familia muy grande, a pesar de lo jóvenes que son.


—Sí, hemos tenido suerte y mucho apoyo. No creo que hubiésemos podido manejar todo esto solos.


—Me imagino, de todos modos, me parece que su futuro bebé llegará a una familia muy amorosa.


—Eso espero.— Yuri medio sonrió.— además, Dima ha estado pidiendo un hermanito.


—¿Dima?.— el tono del doctor salió más alto de lo esperado a causa de la sorpresa, y el rubor se arrastró a las mejillas del patinador.


—Dima por Dimash, Dimash Yurinovich Altin-Plisetsky.— explicó mirando el mesón.— tiene seis años.


Habían pasado tres años y se estaban asegurando con casi todos los métodos anticonceptivos que no interfirieran con el dopping o algo, pero tanto químico, hormonas y la mala suerte combinada de ambos padres, desencadenó un celo temprano e inesperado, que empujó al alfa a su rutina y pues… Dima se había unido a su familia.


Cuando anunciaron la llegada de Dima, su abuelito solo pudo reír con incredulidad y las madres de Otabek estaban casi en shock y la pregunta que rondaba a todos: ¿cómo era posible?


Eran una pareja joven, eran patinadores, entrenaban la mayor parte del tiempo y a veces entre competencias ni se veían.


Yakov estaba recomendándoles la abstinencia completa, para que pudieran terminar sus carreras con toda la gloria.


Viktor solo se burlaba, pero Yuri sabía que estaba envidioso porque aún no habían acordado con Katsudon cuando sería el tiempo para bebés. Mila estaba fascinada con sus sobrinos, como ella les llamaba y estaba feliz de jugar con ellos, mimarlos y apoyarlos cuando las cosas iban cuesta arriba.


Tenían que coordinar la escuela de Niko, de Amir, la guardería para Farida y Evgenia y cuidar de Dima. Su hijo mayor, Nikolai, era el mejor hermano del mundo, ayudaba mucho y, con su temple tranquilo lograba calmar a Amir y entretener a las gemelas. Dima era un bebé bastante más callado que sus hijas, pero demandaba comida todo el tiempo.


También por esas fechas, los llamaron para hacer una publicidad en Kazajistán, sobre algo de la importancia de la familia o algo así; allá amaban a las familias numerosas y bonitas, y qué mejor que la del Héroe Kazajo.


Allá fueron recibidos por todos la mitad de Kazajistán, que eran los primos, tíos, sobrinos, abuelos y bisabuelos del clan o algo.


La abuela de Otabek lo miró como un águila a su presa cada vez que tenía alguna interacción con sus hijos; después de dos días lo llevó aparte y le dijo que lo aprobaba para su nieto. Porque, claro, la abuela Gulshara no pudo viajar a su boda porque tenía una movilidad reducida, y se conocían sólo por skype (además de que se suponía que Gulshara no hablaba ruso), de todos modos, nadie había tenido un tiempo para ir de vacaciones al país vecino, así que calzaron el trabajo con sus días libres y consiguieron estar tres semanas allá.


—Bueno, esto es más inesperado aún.— Lébedev se quitó los anteojos y los limpió con el borde de su bata blanca.— ¿algún otro hijo que deba mencionar, señor Plisetsky?


Sabía que lo había dicho en tono de broma, pero…


—Aún falta Damira Rayza Altin-Plisetsky de cuatro años, y Yelena Yurievna Altin-Plisetsky de un año.


—Tiene siete hijos, señor Plisetsky.— dijo el doctor un poco atontado.


—Sí, créame que lo sé. Convivo a diario con Niko, Miro, Farushka, Genushka, Dima, Mira y Lena. Si viene otro bebé, vamos a tener que cambiarnos de casa por cuarta vez y quizás ahora si terminemos de enloquecer.


—¿Cómo lo hace?


Yuri resopló y se recostó en la silla, con más confianza que al principio.


—No lo sé. Es complicado, me levanto antes de la seis de la mañana, dejo algo de desayuno preparado y me voy a la pista. Mi esposo se despierta a las siete y termina la otra mitad del desayuno, mientras Shara, nuestra nana, ayuda a despertar a los niños que tienen escuela; Otabek se va a la escuela a las ocho y treinta, lleva a los chicos a sus clases y él se va a la suya. Niko va a la pista a que lo entrene y los menores se quedan con mi abuelo y Shara; regreso a las cuatro de la tarde a mi casa, espero a los niños para hacer sus tareas, jugamos, vemos una película, algunos días las chicas van al ballet. Niko llega una hora antes que Otabek, descansa y juega con sus hermanos; cuando llega mi esposo, cocinamos la cena entre los dos, comemos, hacemos un poco de ejercicios todos juntos, vemos alguna serie o película y nos vamos a dormir temprano.


—Es como… conducir una rebaño, sin ofender.


—No hay ofensa. Es difícil, pero si un nuevo integrante de suma, solo tendremos que acomodarnos mejor; hemos demostrado que somos una familia unida, amo a mis hijos, a mi esposo y a quienes nos rodean; quizás empezamos demasiado jóvenes, pero no me arrepiento y ambos nos esforzamos en ser los mejores padres, en trabajar para los niños y darnos el tiempo de estar con ellos, de jugar, de alentar sus intereses y talentos, que puedan ser libres y bien educados.


—Me gusta oír a padres que hablan así.


Un suave golpe en la puerta y la señorita Zaitsev entró al consultorio con un montón de papeles.


—Los resultados de examen.— anunció con una sonrisa y depositó los folios en el escritorio del médico.


El doctor Lébedev revisó las hojas calmadamente, mientras Yuri sentía que el nudo en su estómago se apretaba; para disminuir la tensión, le mandó un mensaje a Mila diciéndole que ya esperaba los resultados.


Su amiga no alcanzó a responderle porque el médico se aclaró la garganta para atraer su atención.


—Bien, señor Plisetsky, permítame felicitarlo: está esperando a su octavo hijo.


Gosh, iba a llorar.



━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━

Mila conducía para ir de vuelta a la pista cantando animadamente alguna canción al azar de la radio. Yuri le había contado y la pelirroja lo había felicitado calurosamente, para después largarse a llorar, chillando que tendría otro sobrino y que no podía esperar para ver lo bonito que iba a ser.


Después del momento de emoción, decidió marcarle a Otabek.


Estaba un poco nervioso y, aunque había tratado de pensar una manera graciosa de darle la noticia, sólo podía imaginar la cara que pondría él y sus hijos al saber que tendrían un nuevo hermanito o hermanita.


Dos tonos más tarde, Yuri escuchó su voz favorita.


"Diga"


—¿Beka?


"Hola, Yura, ¿pasa algo?, es raro que me llames a esta hora"


—Pasa una cosa, sí.


"¿Puedes decírmelo? ¿Estás bien?".— la voz de Otabek sonó un poco preocupada así que dijo lo primero que se le vino a la cabeza:


—Los pirozhki del abuelo me están dando náuseas.


Esperó la respuesta de su marido, conteniendo la risa. Solo podía escuchar la respiración de Otabek y un ruido de música de fondo, seguramente venía de algún salón de la escuela de artes.


—¿Beka?.— preguntó cuando pasaron casi treinta segundos sin una respuesta.


"La única vez que los pirozhki te dan nauseas es cuando..."


—Sip.— completó con un risita. Sintió que Mila apretaba su rodilla y Yuri le mostró los dientes de una manera que se suponía era amenazante.


"Estoy… emocionado, es hermoso… quiero abrazarte ahora mismo, zhanym"


—No seas cursi, no es como si fuera el primero


"Me emociona como si fuera el primero"


—Pffff, gay.


"Yura, eres… espera, no se supone que estabas tomando anticonceptivos"


—Sí, pero creo que somos la pareja más fértil y con peor suerte del universo.


"O mejor suerte"


—O mejor suerte — repitió, tratando de no sonreír como el idiota enamorado que era.


"¿Quieres que vaya a verte?"


—No, haz tu trabajo, ahora más que nunca necesitamos ahorrar. En la tarde les contamos a todos.


"Ok. Te amo, Yura. No sé cómo tuve tanta suerte de tenerte junto a mí"


—Me mordiste y me preñaste en mi primer celo, creo que así pasó.


"Eres un idiota, aún así te amo. Nos vemos en la tarde"


—Guarda el secreto, nos vemos. Y también te amo.


Yuri suspiró y se recostó sobre el asiento del conductor cerrando los ojos.


—¿Otra vez falló el anticonceptivo?


—Sí, la verdad, ya no sabemos que probar. Lo hemos intentado casi todo.


—Gosh, Yura, creo que el único método infalible que tienes para no salir embarazado, es estar embarazado.



━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━


Sanya Yurinovich Altin-Plisetsky apareció en varias publicaciones el día de su nacimiento, muchos especulaban sobre el impacto que tendría una vez que creciera, ya que su hermano mayor, Nikolai, había ganado oro en su debut en la categoría senior, Amir se destacaba en un equipo de robótica, Farida y Evgenia componían un encantador dueto en desarrollo de danza moderna y sax y Dimash estaba dando sus primeros pasos en el hielo. Mientras que las más pequeñas aún estaban descubriendose aún: Damira quería dibujar todo el día y Yelena aún quería jugar y dormir.


Yuri estaba orgulloso de sus hijos, verlos crecer fuertes, sanos y confiados; haciendo lo que les gustaba y destacándose por su esfuerzo y perseverancia.


Ahora Sanya se unía a su familia en la nueva casona de tres pisos que consiguieron dos meses después de enterarse de la llegada del nuevo integrante. Gracias al gran patio que tenían, instalaron un invernadero para que el abuelito de Yuri le enseñara a los niños a cultivar vegetales, también pudieron adoptar dos perros y tres gatos y planeaban poner una pequeña piscina para el verano.


Los Altin también se mudaron al barrio, incluso las dos hermanas de Otabek que ya se habían casado; así que estaban todos cerca.


A veces, Yuri se emocionaba pensando en cómo pasó de tener una pequeña familia compuesta sólo por su abuelito y él… a este gran grupo de personas dispuestas a apoyarlo y ayudarlo en el camino.


Treinta años y ocho hijos no es lo que su hubiese imaginado en su infancia, pero era feliz, logró todo lo que deseó en sus años de patinaje y tuvo a Otabek para acompañarlo en cada paso de su vida.


No había nada que lo hiciera más feliz que comer pirozhki con su familia reunida.



━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━

EXTRA: dos años más tarde

━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━◦○◦━


Se miró al espejo esa mañana, se sentía un poco extraño y no era por las estrías que cruzaban parte de su abdomen y muslos, ya no se avergonzaba por esas marcas (Beka le decía que eran como las rayas de un tigre y estaba pensando en ir a un salón de tatuajes para teñirlas como su felino favorito), tampoco eran las picaduras de insectos en sus brazos producto del picnic que hicieron el día anterior.


Se ubicó de costado y vio que su estómago sobresalía de forma extraña.


Yuri se aterró un poco ante la perspectiva de un nuevo embarazo, pero era imposible, después del nacimiento de Sanya se había hecho ligar las trompas y Otabek había estado en su seguimiento por una vasectomía.


No había manera de que otra vez estuviese… nop, imposible, ¡imposible!


Además, podía seguir comiendo pirozhki como si nada. No tenía náuseas, ni mareos, ni nada.


Su pecho tenía una curva ligera producto de sus embarazos anteriores (nunca recuperó la planicie total), así que no era nada raro.


Tampoco el hecho de que sintiera su vejiga del tamaño de una nuez, porque con Mila estaban probando estos jugos detox que vieron en línea.


Pero...


Ok.


Solo porque su paranoia eras fuerte agendó una hora al médico.


Cuatro horas más tarde, una médico muy sonriente sostenía el ultrasonido sobre su panza, diciéndole que estaba por cumplir tres meses de embarazo.


—Oh, ¡y son dos!


Yuri solo pudo maldecir a todos y cada uno de los métodos anticonceptivos existentes.


FIN





-Cosa nueva, para casa nueva -yays-

Gracias por llegar hasta aquí.



14 de Mayo de 2020 a las 00:10 29 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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© Esel Queen © Esel Queen
Casi exploto de la risa jajajaj
G Giov
Jajajajaja esto es demasiado divertidoಡ ͜ ʖ ಡ no puedo con esto me he tenido cuando iba mencionando a sus hijos uno por uno y b cuando le decían que esperaba a otro xD ヾ(*’O’*)/
July 28, 2020, 22:46
Kiri Giri Kiri Giri
¡Me alegra que hayas vuelto a publicar! :D
June 29, 2020, 19:42
JG Jessica González
Si no hubiera ido a explorar tu perfil en facebook....ni me entero de esta belleza...😂😂😂😂😂 Me mato de risa...me puse en el lugar del doctor y en lo personal no habría podido estar sería ante alguien así😂😂😂😂😂...en mi casa somos tres y algo así en éstos dias es... bastante 😅 no me imagino con 8 o 10 hermanos... pero fuera de mi susto al verme en esa posición....ME MUERO DE AMOR...igual que Mila 😎 Tus obras, JAMÁS decepcionan👌😎 Ojala puedas subir las obras que se borraron de Wattpad 😅🤗
June 24, 2020, 20:27

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Me alegro que hayas llegado hasta aquí entonces. Bueno, el doctor fue profesional, a pesar de que Yuri le salía con otro integrante de la familia cada tres frases. Ay, me imagino, pobre, si ya tres son multitud. Afortunadamente esto es ficción, pero tendrían a los críos como escuela militar para que no se maten entre ellos. de nuevo, muchas gracias y gracias por tus palabritas ;3; y sí, aquí estaré poniendo las historias que estaban en wattpad y las nuevas que estoy escribiendo. June 30, 2020, 02:03
Javi Michea Javi Michea
Ay no sabes lo que me reí leyendo esto ! Lo ame
May 31, 2020, 07:32
Marseille Regis Marseille Regis
Fue tan hermoso, que vomite arcoíris 🌈 Gracias por seguir vigente.
May 26, 2020, 14:33

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Gracias a ti, por llegar hasta aquí Y sí, bueno, en estos momentos necesitamos muha azúcar para ser felices xD así que me alegro de que hayas vomitado arcoiris ♡ May 27, 2020, 23:51
Rosemarie Aguirre Rosemarie Aguirre
Omg!! 😍 xD Yuri y Otabek son tan valientes. Me ha gustado mucho la idea de que fueran tan fértiles juntos; siempre me ha llamado la atención eso en el Omegaverse, que el celo no solo llama al sexo sino a esa necesidad primitiva de generar descendencia c: Gracias por esta historia tan divertida! Me he quedado con las ganas de saber como fue el primer celo de Yuri 😏 xD
May 21, 2020, 19:08
Nami Kitsu Nami Kitsu
Que bonito x3 pero pobre Yuri, tiene una paciencia enorme para tener tanto hijo xD
May 21, 2020, 18:51

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Awww pero Yuri igual quería muchos hijos y ha aprendido a ser una persona paciente a punta de sus cachorros xD Pero son felices asi May 27, 2020, 23:49
Melody Altin Melody Altin
Jodeeeeeeer Es Yuri fábrica de bebés Plisetsky 😂😂😂😂😂😂
May 21, 2020, 17:26

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Esta tratando de hacer su propio equipo de futbol (?) May 27, 2020, 23:50
  • Melody Altin Melody Altin
    Mas barato por docena 😂😂😂 May 27, 2020, 23:53
VA Vania Arrieta
Gracias por seguir aquí
May 21, 2020, 04:04

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Gracias a ti, por venir hasta acá :3 ♡ May 21, 2020, 19:52
YP Yuki Plisetskaya
😹 😹 😹 Pobre Yuri! Pero me dio mucha risa. ❤️Qué bueno que hayas vuelto ❤️ espero que esta nueva plataforma sea más friendly.
May 18, 2020, 00:03

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Awww por ahora se ve más friendly, sobre todo para subir contenido para mayores (jijijijiji). Y nada de pobre Yuri, que también le gusta hacer bebés xD Gracias por llegar hasta acá May 21, 2020, 19:50
M. Forbit M. Forbit
La he amado tanto!!! Me he reído taaaanto!!!
May 15, 2020, 20:49

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    ahora lo estaba revisando, para ponerle espacio a los párrafos y también me estaba riendo sola, soy lo peor. May 20, 2020, 22:48
Samael Benoit Samael Benoit
Jajajajajajajaja Sigo muriendo de la risa, pobre Yuri... Aunque tengo una tía a la que le ha pasado algo similar, sólo que ella tiene nada más 4 hijos xD
May 15, 2020, 20:26

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Ufff menos mal que llegó hasta cuatro Es que igual aquí el parcito no se contiene mucho y agrandan la familia cada vez que pueden, así que ni tan pobre xD Graciaa por llegar hasta acá ♡♡♡ May 21, 2020, 04:10
Samael Benoit Samael Benoit
Jajajajajajajaja Sigo muriendo de la risa, pobre Yuri... Aunque tengo una tía a la que le ha pasado algo similar, sólo que ella tiene nada más 4 hijos xD
May 15, 2020, 20:26
Korina Lua Korina Lua
Lo ameee!! Pero pobre Yuri jajaja
May 14, 2020, 04:31

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Ah, pero ni tan pobre, igual le gusta agrandar la familia jajajajaja Graciaa por llegar hasta acá May 21, 2020, 04:09
magdalena magdalena
Amoooo!!!! Es lo mejor que he leido me alegra que puedas volver a publicar tus fics♥♥♥
May 14, 2020, 02:54

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    yaaaays gracias por venir acá también /o/ y que bueno que te haya gustado a pesar de un posible trauma con tantos hijos May 20, 2020, 22:36
MG Mirian González
🤣🤣🤣 que miedo, ahora le tengo miedo al sexo 🤣🤣🤣🤣 pero solo quiero decir que me alegro mucho que tengamos nueva casa en serio, enserio amo tu trabajo ❤❤❤
May 14, 2020, 02:42

  • AW Leiyedeth AW Leiyedeth
    Jajajajaja, nooou, pero siempre tiene que ser con protección, y nadie puede tener más mala suerte de lo que ellos tienen. Yays, me alegro que hayas llegado a la nueva casa también, muchas gracias por leer y estar aquí <3 May 20, 2020, 22:34
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